Actividades rurales y medio ambiente
27 septiembre, 2017 Trofeocaza . 492 Visualizaciones

Opinión Pablo Capote

Actividades rurales y medio ambiente

La aparición de la agricultura produjo un entorno seminatural muy diverso, hábitat durante milenios de una gran cantidad de especies que se adaptaron y evolucionaron gracias a él, entre ellas el hombre.

Este paisaje de gran valor ecológico en el que se interrelacionan actividades como la agricultura y la ganadería con la naturaleza salvaje y con los pequeños núcleos urbanos, que en conjunto hoy conocemos como medio rural, ha sido el escenario en el que se ha desarrollado una gran parte de la humanidad con una cultura propia que ha fomentado tradicionalmente la biodiversidad.

El hombre de campo, el ganadero y, sobre todo, el agricultor, además de contribuir a la salud de este entorno, tuvieron siempre un peso específico dentro de la sociedad y han sido colectivos a tener muy en cuenta política y económicamente.

A principios del siglo XX, el aumento de la población trajo consigo una demanda mayor de alimentos, y fue ese el momento en el que cambiaron las tornas. El proceso se inicia con la promoción, subvención y exigencia del aumento de las producciones agrícola y ganadera por parte de los Gobiernos para abastecer de alimentos a la población.

La conversión de las técnicas tradicionales, la aparición de la cosechadora-trilladora-empacadora y la estabulación masiva en las granjas fueron las herramientas. El campesino es la primera víctima de este proceso. Es forzado a centrarse en producir subvencionado con dinero público, sin preocuparse de otra cosa, y a traspasar otras responsabilidades como la comercialización.

La industria química se encargará de aportar productos fitosanitarios, fertilizantes y pesticidas para ‘paliar’ los perniciosos efectos de la superproducción en la tierra. La industria y los bancos, de proveer de la maquinaria precisa. Las distribuidoras y canales de comercialización, de vender los productos, convirtiendo al hombre de campo en un mero proveedor de materia prima.

Los precios del mercado son manipulados y el campesino percibe un ínfimo porcentaje. La industrialización provoca el abandono de muchos pequeños agricultores y ganaderos tradicionales y el incremento de las grandes explotaciones, además de una pérdida de poder y autosuficiencia del colectivo del campesinado, que se traslada a las grandes compañías.

La política se ve condicionada por los grandes lobbies agroalimentarios. La concentración parcelaria, el monocultivo y la producción industrial conducen a producir excedentes y al agotamiento de la tierra, lo que repercute en la calidad de los productos para un consumidor poco exigente.

Como consecuencia, la naturaleza hoy se ve afectada por una acusada pérdida de biodiversidad; el declive o la desaparición de especies animales y vegetales ligadas a la estepa cerealista –como la perdiz roja–, en ocasiones irreversible; el expolio del agua, el aumento de la contaminación; la sobrexplotación y degradación del campo, de los ríos y de las aguas subterráneas…

Si, como se afirma en el Parlamento Europeo, la agricultura no representa hoy en día más que una pequeña parte de la economía de los países desarrollados, incluidos los de la Unión, ¿por qué en el artículo 39 del TFUE, que establece los objetivos específicos de la PAC, sigue figurando como el primero incrementar la productividad agrícola fomentando el progreso técnico?

Los mayores retos de la próxima reforma de la PAC son el cambio climático y el medio ambiente; al menos esa es la opinión general que se desprende de la encuesta realizada por su Comisión, a la que han respondido más de 21 000 agricultores y ganaderos, 27 000 ciudadanos y casi 1000 organizaciones ligadas al campo en Europa.

Esta es la teoría, estos son los propósitos, hay dinero y subvenciones destinadas para implantar un modelo agrícola natural y sostenible, pero sigue siendo raro ver un humilde lindero o un saltamontes en nuestros campos.

Abordamos en este número de Trofeo este controvertido asunto y otros que se desprenden de la interrelación entre la caza y la agricultura, cuestiones de múltiples facetas, llenas de justificaciones económicas, de argumentos políticos e intereses encontrados; aunque por el momento, lamentablemente, con pocas soluciones en la práctica.

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