Primera parte del artículo publicado en Trofeo Armas de Caza III edición, páginas 70-77

Consejos para destacar en la caza al salto y desde puesto fijo (I)

 

Técnica de tiro, escopetas y cartuchos para cazar al salto

 

Siempre que pueda, cace con el aire de cara y con el sol a la espalda".



La caza al salto, o en mano cuando es practicada por varios cazadores, junto con la de puesto fijo son las modalidades más populares de caza menor que se practican  en España, aunque no por ello las menos difíciles.
A la dificultad que supone localizar la pieza cuando se caza al salto o saber colocarse correctamente en el puesto, se suman un tiro que es generalmente muy rápido y difícil y que no suele derribar la pieza si el cazador desconoce la técnica o emplea una escopeta poco apropiada o bien cargada con una munición inadecuada.
En este artículo, Joaquín Bohórquez, instructor de tiro con escopeta
y cazador, escribe sobre las características que debe tener una escopeta de caza y sobre el modo de portarla y dispararla correctamente en la modalidad de caza al salto o en mano. Como colofón, José Ignacio Ñudi, experimentado cazador y director de TROFEO Caza, trata de manera resumida aquellos puntos más importantes que debemos tener en cuenta para salir airosos en esta modalidad.

Técnicas de tiro para cazar al salto

La caza en mano o al salto, considerada la más deportiva de todas las modalidades por el esfuerzo que supone el andar a rabo de perro, le presenta al cazador dos enormes dificultades: largas caminatas y un disparo que ha de ser rápido a un animal que se aleja. Para afrontarlas se necesita un equipo adecuado y una técnica de tiro depurada.

Joaquín Bohórquez

A muy grandes rasgos los tipos de escopetas que se pueden emplear en esta modalidad presentan las siguientes ventajas e inconvenientes: La “paralela” es la que tiene el mejor diseño para un disparo rápido; en contrapartida, la disposición de los cañones hace que el retroceso sea brusco.
n La superpuesta absorbe mejor el retroceso, es bastante sólida de cara al desgaste; pero la culata ha de estar adaptada al tirador y, por su configuración, se necesita cierta práctica para encarar con soltura.
n La semiautomática es la usada por la mayoría de los cazadores de esta modalidad. Si funciona por gases su retroceso es suave y cuenta con un tercer cartucho. Su mayor inconveniente es que dispone de un solo choque para todas las distancias.
n Las características comunes a todas han de ser:
Peso: entre 3.100 g. y 2.700 g., en este último extremo la escopeta ha de estar muy bien equilibrada, de lo contrario el culatazo será violento.
Longitud de los cañones: de 65 cms. a 71 cms.
Dimensión de la culata: debe permitir que suba de la axila al hombro sin engancharse. Al encarar con los ojos cerrados deberá verse centrado el punto de mira.
Choques: 3 y 1 estrellas en las de dos cañones y 3 estrellas en las semiautomáticas.n Se admitirá cualquier pequeña variación en lo anterior, pero la cantonera deberá ser obligatoriamente de plástico, madera o goma tratada para que “resbale” sobre el hombro al encarar.
n El cazador debe encontrarse satisfecho con su escopeta.

EL CARTUCHO.  36 gramos de carga de perdigón producen un retroceso considerable en una escopeta ligera, impidiendo doblar con precisión. 34 gramos siguen siendo en la mayoría de los casos sinónimo de demasiado retroceso. No tenga complejos, 32 gramos matarán de cerca y a media distancia. A las piezas que van largas mejor no tirarles para no herirlas, o, en casos excepcionales, se coloca el choque de 2 estrellas.
El problema del retroceso en las cargas pesadas es que se termina levantando la cara al disparar para evitar el culatazo, con lo que se dejan los tiros bajos.
El número del perdigón adecuado para un terreno con perdices, conejos y liebres es el del número 6. La perdiz que se arranca delante del cazador despega con toda la adrenalina de saberse acosada. Mientras la que se tira atravesada o de cara ofrece como blancos la cabeza, cuello, pecho y alas; la que rompe de culo presenta la menor superficie posible, estando protegidos cabeza y cuello por el cuerpo, y éste por el fuerte caparazón que cubre a modo de coraza los órganos vitales; las alas son una simple línea cuando planea, defendiendo las plumas a las articulaciones. El perdigón que la alcance necesita además de fuerza de impacto, poder de penetración, por eso el nº 6 es el adecuado.
Ahora bien, si Vd. es una persona corpulenta, que no es sensible al retroceso, tira rápido, con precisión, y le va bien con cargas de 36 gramos y plomo del nº. 8 ó del nº 7, no seré yo quien le contradiga.

PRUEBA DE PLOMEO. Es fundamental saber dónde y cómo es el plomeo de la escopeta. El lugar donde impacta dependerá fundamentalmente de la culata, mientras el plomeo Lo hace en función del choque utilizado y del cartucho. Para conocer estas dos circunstancias hay que disparar sobre un blanco de 75 cms. a una distancia de 35 metros.
Ayuda mucho en la técnica de tiro que los impactos vayan unos 15 centímetros por encima del centro al que se apunta.
Un cartucho que no distribuya los perdigones de forma homogénea, que deje claros o rosetas irregulares, nunca será bueno. Hay que tener en cuenta que un mismo cartucho no se comporta igual en todas las escopetas y que  es necesario hacer pruebas en cada nueva remesa de munición si los componentes son distintos.

CAMINAR SOSTENIENDO EL ARMA. No considero buena idea utilizar la correa portafusil. El cazador, en constante alerta mientras caza, sostendrá la escopeta con ambas manos, con el cañón en dirección al cielo si se buscan aves, y al suelo si en el terreno puede saltar un conejo o una liebre. En estas posiciones se tendrá controlada siempre la dirección del cañón, cosa que no ocurre cuando la escopeta se echa al hombro, o se hace descansar sobre el pliegue del codo, en ocasiones alineando al compañero involuntariamente cuando no se caza en solitario. No olviden nunca extremar todas las medidas de seguridad, portando el arma de modo que, en caso de un disparo accidental, el tiro no salga en dirección de ningún compañero.

COLOCACIÓN DEL CAZADOR PARA EL DISPARO. El perro está parado. La tensión de los músculos delata que la muestra es firme. El cazador procurará tener los pies bien asentados, con el pie izquierdo adelantado (en el caso de los diestros), dando el pecho en la dirección en que puede saltar la pieza, la culata a la altura de la axila, el punto de mira al nivel de la vista, el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante.
Con esta postura se controla a la pieza y al punto de mira, el cuerpo pude  pivotar con soltura y la economía de movimientos es completa.
Habría que extenderse en exceso para describir la posición adecuada de manos, dedos, pies, hombros, brazos y codos. Como mal menor procure situarlos siempre en el mismo sitio hasta que adquiera los conocimientos y el convencimiento necesarios para modificarlos.
 Es primordial no tensarse para evitar agarrotamientos al realizar el movimiento o swing, de apuntar y seguir la pieza con la escopeta.
No se encare apresuradamente y luego se ralentice apuntando. Encárese con naturalidad, llevando la escopeta a la cara no al hombro, sin movimientos bruscos; intercepte la pieza, siguiéndola, y adelantándole un poco más de lo que parece necesario. Aquí sí que es imprescindible que sus gestos se basen en la rapidez y que ¡nunca pare la escopeta!
Por favor, no haga el tercer disparo salvo en caso de remate o ajustar un doblete. El número de piezas abatidas no es sinónimo de buen cazador. Posadas o paradas se matan más piezas que volando o corriendo.

FALLOS MÁS COMUNES. El pájaro, la liebre, el conejo... se ha escapado ¿Qué ha ocurrido? Pues que usted se ha quedado corto en el adelantamiento o por debajo de la pieza. Efectivamente en el 90% de los casos el error se produce por no haber calculado adecuadamente el adelantamiento, no dejando espacio suficiente entre el punto de mira y la pieza para que los perdigones puedan efectuar su recorrido; a esto se le añade el defecto de detener el adelantamiento, “parar” la escopeta al apretar el gatillo. El cazador, una vez alineada la pieza y efectuado el adelanto, piensa “ahora” y se relaja como si el trabajo ya estuviera hecho, provocando que el adelantamiento bien calculado se retrase lo suficiente para que el haz de perdigones no llegue a tiempo. Suele ser un defecto que no lo percibe quien lo comete, provocándole desconcierto y desasosiego cuando son varias las piezas falladas, intentando enmendar los errores con otras correcciones que nada tienen que ver: adelantamientos extremos, ajuste de culata, cambio de munición, nueva postura, precipitación o apuntar en exceso, etc.


El otro supuesto es el de dejar los tiros bajos o traseros. Se genera instintivamente por querer “ver” la pieza, sumándose a ello la dificultad de un adelantamiento que se hace “al tacto”, ya que los cañones impiden ver exactamente la distancia que le estamos sobrepasando a la perdiz, la codorniz o la pitorra. También puede ser que la culata de la escopeta no tenga las medidas adecuadas al tirador e impacte los tiros bajos (culata demasiado quebrada, larga, etc.); un disparador demasiado duro, presión superior a 2 kg., provocará, al tirar fuerte de él, que los tiros también vayan bajos.
El otro 10% de los fallos es mal encare por precipitación, cuando la pieza salta sin esperarla. Curiosamente, cuanto más cerca peor es la postura y forma de encarar; quizás por exceso de confianza, sorpresa, precipitación.
Naturalmente se puede fallar la pieza por otras causas, pero solamente me estoy refiriendo a las principales. Voy a intentar resolverlas.

CORRECCIÓN DE ERRORES. El calculo del adelantamiento se puede calcular teóricamente teniendo en cuenta la velocidad de la pieza, la del disparo y la del disparo a la distancia de tiro, ya que más cerca la velocidad del disparo es más alta y en consecuencia el adelanto debe ser menor. Sin embargo, en la práctica esto es irrealizable ya que la velocidad de la pieza siempre es diferente, al igual que la distancia desde la que se realiza el disparo; aunque en determinadas modalidades, como el ojeo, puedan existir velocidades y distancias, digamos, similares. El haz de los perdigones, en forma de puro, corrige los defectos leves en las apreciaciones del adelantamiento, siendo normalmente este haz más homogéneo y equilibrado en los cartuchos suaves.
En piezas que van a ras del suelo es fácil percibir cuando el disparo se ha quedado trasero por la estela que los perdigones marcan en la tierra. En el caso de las aves hay que observar sus reacciones, soltando plumas sin cambiar de dirección cuando se le ha impactado trasero y cambiando de dirección o haciendo un extraño cuando los perdigones le han pasado por delante. Unas medidas muy subjetivas de adelanto para un inexperto serían: a 10 metros (conejos sobre todo), mínimo de 25 cm.; a 20 metros, ya volando o corriendo, mínimo 50 cm.; a 30 metros, mínimo 1 metro; a 40 metros mínimo 2 metros; a más distancia no se debe disparar sin experiencia en los tiros cortos y medios.
Vuelvo a insistir: hay que encarar correctamente, seguir la pieza, adelantar y disparar sin detener la escopeta. El cazador grabará en la memoria los resultados, quedando un archivo de distancias y adelantamientos positivos que la experiencia ratificará.
De sospechar que se para la escopeta, debe el cazador ser supervisado en la cancha de tiro al plato por un tirador veterano, que apreciará si suele incurrir en este defecto.
Para corregir los tiros bajos hay que plomear la escopeta sobre un blanco de unos 75 cm. de diámetro a unos 35 metros de distancia, de confirmarse la tendencia, hay que efectuar en la culata las correcciones necesarias para que la roseta de impactos se produzca sobre la parte superior del blanco.
El cazador que no sobrepase con el punto de mira el pájaro que se aleja de él, nunca conseguirá derribarlo, a excepción de que la culata esté muy recta y eleve el tiro por encima de la visual; y aún de esta forma, en aves que se arrancan fuertes y muy verticales, será preciso cubrirlas.
La experiencia me dice que el cazador sabe cuando incurre en este defecto, sin necesidad de supervisión, y habrá de mentalizarse para cubrir el ave en un seguimiento decidido y fluido, evitando dar un tirón o elevar impetuosamente los cañones en un adelanto excesivo.
Colocando el punto de mira sobre el ave y siguiéndola, la velocidad de ésta indicará al subconsciente del cazador la distancia aproximada de adelantamiento, debiendo pecar siempre de generosos, porque “pasándose” de la distancia, la “cola” de los perdigones puede matar perfectamente al ave. Dando un tirón, aunque se cobre la pieza, nunca se tendrá una referencia concreta del adelantamiento necesario.
En cuanto al encare correcto, se consigue practicando en casa con la escopeta descargada, cambiando la posición de pies y brazos hasta conseguir un desplazamiento armónico, con la premisa de que la escopeta sube a la cara; siendo incorrecto colocarla en el hombro y luego, metiendo el cuello, buscar el encare.

CONEJO O LIEBRE QUE SE ARRANCA DE LOS PIES. Es un disparo simple, donde el único factor de corrección consiste en cubrir la pieza.
Hay que encararse sin precipitaciones y dejar que el animal se aleje lo suficiente para no dañarlo con los perdigones, evitando al tiempo que vayan demasiado agrupados y el disparo se convierta en un “balazo”. Es muy importante “tapar” suficiente a la pieza, ya que si el conejo o la liebre va dando saltos, únicamente montarle el disparo por encima de las orejas supondrá dejar  el tiro bajo.
Cuando la pieza se arranca sobre un lateral o hacia atrás, es imprescindible enmendar la posición con el simple desplazamiento de un pie, que evitará que la postura sea retorcida e impida un correcto adelanto. No hay que temer moverse pensando que no va a dar tiempo a encarar y a disparar; los metros que gane en distancia la pieza serán recuperados en precisión y agilidad para corregir en su caso un segundo disparo.

CONEJO O LIEBRE QUE VA EN DIRECCIÓN AL CAZADOR. Antigua-mente se recomendaba, sobre todo a la liebre, chistarle para que se quedara parada y asegurar el disparo. Este truco no es deportivo, pero sí lo es el intentar que el conejo o liebre, una vez en la distancia adecuada (unos 20 metros), y si la vegetación lo permite, se gire y se le pueda disparar de costado. Este ejemplo lo conocen muy bien los monteros, ya que no es lo mismo una pieza que ofrece el 10% de su superficie que la que presenta el 100%.
Ocurre igual que en el caso anterior, que un disparo bien dirigido en adelantamiento se quede bajo porque la pieza ha saltado. Por eso el seguimiento, si las circunstancias lo permiten, no ha de ser largo una vez calculada la distancia de adelantamiento y altura, aunque existen virtuosos que matan la pieza en el aire.
Las liebres resisten los impactos del plomo del 7 aún dirigidos a zonas vitales, para ir a morir a unos centenares de metros,  por lo que en caso de utilizar esta munición es conveniente adelantar en exceso buscando la cabeza y el corazón, lo que le producirá un “shock” inmediato.
Atención cuando vienen gazapeando y parándose, un lance tan simplón puede dejar en gran ridículo al cazador si elige mal el momento del disparo. Éste ha de producirse o justo en el momento de detenerse, apuntando directamente a la pieza o en el instante en que inicia la marcha, con el consiguiente adelantamiento. He visto en muchas ocasiones como el tiro se quedaba donde había estado la pieza parada o al detenerse le pasaban por delante los perdigones, consiguiendo sólo levantar polvo. Que levante la mano al que no le haya pasado esto alguna vez.

CONEJO O LIEBRE ATRAVESADOS. Estas piezas deberían ser abatidas todas sin remisión cuando ofrecen los flancos al cazador por su tamaño, sobre todo si además vemos donde impacta el primer disparo, lo que permite corregir con el segundo.¿Por qué se fallan entonces? En primer lugar por una mala adaptación de la escopeta, que impacta muy alto o muy bajo; y de no ser por este motivo es porque el cazador ha tomado como referencia el conjunto de la pieza (en vez de la punta del hocico) y eso conlleva medio tiro de retraso, con lo que en el mejor de los casos nada más que se le romperá una o las dos patas.
Las escopetas paralelas suelen impactar algo por debajo de la visual de tiro. Superpuestas y semiautomáticas, por encima; es más, estos modelos que tan buenos resultados dan en el skeet, foso, pichón y algunos campos de recorridos, montan los tiros más altos de lo recomendable para la caza que se tira en rasante. Si este es el defecto, hay que hacer pruebas y modificar la culata de la nueva escopeta para que no impacte excesivamente alto, o cambiar la forma de apuntar y hacerlo más por debajo de la pieza, lo cual es complicado porque el desfase según distancia de tiro es acusado: a diez-quince metros se puede derribar la pieza apuntándole en línea (por el  chorreo de los perdigones), mientras que a  mas de treinta metros puede que se vaya 30 o 40 cms. por arriba, marchándose indemne.
Otros errores son: levantar la cara para ver mejor la pieza y menospreciar la velocidad de conejos y liebres, que si van seguidos de perros pueden alcanzar en el caso de la liebre los 60 km/h. Para corregir ambos defectos es conveniente observar donde han impactado los disparos, y si tampoco se ha podido averiguar donde daban los perdigones, preguntarle al compañero que haya observado el lance que quizá haya podido verlo mejor que el propio tirador.

 

PERDIZ QUE SE ARRANCA RECTA. Lo dicho para la perdiz es compatible con la codorniz, la becada y el pato. La agachadiza, el zorzal, la paloma y el faisán, tienen otras reacciones que trataremos en otra ocasión..
El primer mandamiento cuando el cazador escucha el fuerte aleteo de la pieza y los sonidos de alerta que emite, es no sobresaltarse. Ya sé que esto es inevitable, pero a lo que me refiero es que aunque acuse la sorpresa (bendita sea), no debe precipitarse. Tiene que encararse con tacto, la culata buscará primero la cara y luego el hombro, mientras se sube el cañón de la escopeta ya se va alineando con la pieza; una vez hecho el encare se buscará cubrirla con el punto de mira, calculando la altura según la elevación que va tomando el ave, procurando ser generosos. El segundo disparo a las perdices es aún más letal que el primero, porque la roseta del disparo va abierta en su total amplitud y la distancia de adelantamiento parece menor al haber menos ángulo, con lo que al cazador le es más fácil el calculo de adelantamiento y altura.

PERDIZ QUE SE ARRANCA DE COSTADO SUBIENDO. En este caso son dos las distancias a calcular: adelantamiento y ángulo de subida. Ojo, lo normal es dejar el tiro bajo. La pieza puede subir a igual velocidad que avanza, induciendo al error de pensar que el trabajo está hecho con el simple calculo del adelantamiento, olvidando el extremo ángulo, con lo que las plumas que suelta la perdiz no son porque el tiro haya enviado los perdigones traseros, como pudiera pensarse, sino que éstos, bien dirigidos en adelanto, han impactado bajos.
Si el siguiente lance se repite de forma parecida, el cazador que no se haya apercibido del ángulo de subida, adelantará aún más, pasándole a la perdiz los perdigones sin tocarla y provocándole un desconcierto bastante complejo.

PERDIZ QUE VUELA CERRO ABAJO. Una perdiz arrancada de lo alto del cerro que se descuelga como un cohete por encima de las jaras, es, desde luego, un problema. A la altísima velocidad hay que sumarle el hecho de que hay que “verla” para derribarla, tanto si se le dispara desde arriba, como si pasa por delante o viene directamente hacia el tirador.
Me atrevo a afirmar que, de todas las posibilidades de tiro que se pueden presentar en la caza y en distintas especies, aquí es donde el adelantamiento ha de ser mayor. El cazador que la derribe deslizándose hacia abajo y el que la cobre viniendo hacia él  pueden pensar que lo único que han hecho ha sido “meterle” el punto de mira por debajo. La distancia física de adelantamiento, al ser el más acusado de los ángulos, ha sido realmente, en ambos casos, de varios metros.

PERDIZ VENIDA DE FRENTE. La perdiz venida de frente ofrece al cazador todos sus puntos vitales: cabeza, cuello, alas, pechuga, con la particularidad añadida de que va a pasarle por encima. Bastará con apuntar al ave y luego taparla para que después de dispararle caiga muerta a sus pies.
¿Por qué se yerra entonces? La respuesta es sencilla: se va el pájaro porque se le ha disparado demasiado cerca y en la mayoría de las ocasiones el tiro se ha quedado por detrás. La técnica es la siguiente: Lo primero es estar bien oculto para que el pájaro entre franco; lo segundo, encarar y apuntar cuando la perdiz se encuentra a unos cuarenta metros, dispararle a veinticinco o treinta y en caso de errar, secundar el disparo cuando se pueda. Hay que ser muy rápido, evitar “parar” la escopeta y mantener un fuerte “swing” o seguimiento de la pieza. El adelantamiento ha de ser generoso, pero sin dar tirones, y hay que observar muy bien lo que se ha hecho, tanto lo negativo para no repetirlo, como para memorizar lo positivo e intentar automatizarlo, al menos, las maniobras de encare y seguimiento...
En este caso concreto bastaría utilizar perdigón de 7ª-71/2-8, resultando el de 6ª demasiado cerrado. Igual ocurre con los chokes, 3 y 4 estrellas sería la combinación adecuada, pero normalmente no dispondremos de ellos en la caza en mano.

PERDIZ VENIDA DE COSTADO. En un ojeo de perdices bien organizado los puestos están a una distancia que permite el tiro de frente y sesgado, tirarlas de costado significa que el pájaro nos ha rebasado el momento de tiro ideal y que los perdigones van a caer sobre los puestos vecinos, algo que se debe evitar, es más, cuando van bajas no hay que disparar, evitando así un accidente.
Ahora bien, cuando se da un ganchito, se coloca un tirador o varios tiradores sobre la punta de la mano, o entra un pájaro levantado por otro compañero, sí se da que la distancia que separa a los cazadores es grande, por lo que se produce con frecuencia el lance de disparar perdices de costado, tanto de frente como por la derecha y la izquierda.
A estas aves hay que adelantarle el tiro al máximo y cuidando de que el disparo no vaya bajo, ya que con la distancia los plomos tienden a caer aún más. Ya está dada la respuesta de por qué se fallan: disparos traseros y/o bajos.
Para esta circunstancia se debe conservar el  choque y perdigón con el que se caza a la mano, es decir 3 estrellas y plomo de 6ª, con mis respetos a los que utilizan 34 gramos de plomo de 7ª.

Consejos

Por José Ignacio Ñudi Director de TROFEO Caza y Conservación

Siempre que pueda, cace con el aire de cara y con el sol a la espalda. Con el viento de cara el perro marcará las perdices desde la distancia, previniéndonos. Además, nos oirán menos a la hora de acercarnos. También las perdices tendrán que volar con el viento de cara y a veces prefieren, si sopla con fuerza, volar con le viento de cola pero hacia nosotros. Y con el sol a la espalda, la perdices estarán más deslumbradas.

Intente ir siempre muy atento y preparado para encarar con la máxima rapidez, sobre todo si caza en terreno arbolado o con bastante vegetación. En este tipo de cazaderos las perdices intentarán salir tapadas o se taparán en segundos, por lo que tendremos muy poco tiempo para disparar.

Cuando tenga la suerte de que un bando de perdices se le arranque cerca, intente no ponerse nervioso y descargar la escopeta sin apuntar. Las perdices estarán a tiro durante el tiempo suficiente. Céntrese en una sola perdiz y apúntela con decisión. Si la abate y le queda munición, apunte otra.

A la hora de tirar conejos y liebres cruzados a medias o largas distancias, recuerde que tendrá que adelantar el tiro.

En las asomadas, máxima tensión. Y acostumbre a su perro a que no se le adelante.

Intente no disparar fuera de tiro. Plomeará a muchas piezas que luego morirán. Ya le saldrán otro día más cerca.

n Las perdices “arrancadas de culo” hay que taparlas, y a las cruzadas adelantarles el tiro más de lo que parece, sobre todo si vienen “descolgadas”.