Publicado en el Anuario Armas de Caza 2008. III Edición
Lo que siempre quiso saber sobre su cuchillo y nunca se atrevió a preguntar.
Cuchillos de caza
Si le gustan las armas blancas o está pensando adquirir un cuchillo o navaja de caza, no se pierda este artículo. El autor, un ingeniero de montes experto en cuchillería, define y analiza los distintos materiales, tratamientos térmicos, dureza, tipos de puntas, cierres y demás aspectos que debemos conocer sobre los cuchillos y navajas de caza.
I.- HECHOS, NO OPINIONES.
¿Acero al carbono o inoxidable? Composición de los aceros.
Tal vez habría que comenzar diciendo que todos los aceros contienen carbono por definición, porque si no lo tienen serán otra cosa, pero no acero. Por otra parte, tampoco existe un acero totalmente inmune a la oxidación. En todo caso, y mediante la adición de un porcentaje superior al 12 % de cromo, lo que se consigue es una mayor resistencia al ataque del oxígeno, pero en ningún caso cabe asegurar que esta resistencia sea absoluta. O por decirlo de otra manera, no existen aceros inoxidables, sino en todo caso más resistentes a la oxidación. El problema que puede surgir – y de hecho ocurría en los primeros aceros ‘inoxidables’ – es que por encima del 18 % de cromo se ven afectadas la tenacidad y la resistencia de la aleación. De ahí que aún quede gente convencida de que ningún acero inoxidable puede alcanzar el filo que es posible obtener con un simple acero al carbono. Sin embargo, hoy en día, la metalurgia está en condiciones de fabricar industrialmente aceros con altísimos contenidos en carbono y en cromo simultáneamente, o lo que es lo mismo, capaces de alcanzar una dureza, tenacidad y resistencia que sólo tratamientos artesanales de alto nivel son capaces de obtener en un acero al carbono.
Por lo que respecta a otros elementos presentes en los distintos tipos de acero, cabe destacar el molibdeno, que aumenta la capacidad de endurecimiento y aminora las tensiones internas durante el tratamiento térmico, el vanadio para eliminar impurezas y aumentar la resistencia, y el manganeso, que favorece la eliminación de impurezas. Existen otros muchos elementos que pueden estar presentes en aceros concretos, como el silicio, el tungsteno, el cobalto, el níquel o incluso el hidrógeno.
Es precisamente la composición química la que nos va a servir para clasificar y nombrar los aceros, según diferentes sistemas normalizados. Los más conocidos son el sistema AISI, el SAE y el DIN. Sin pretender ser exhaustivos, en cuadro aparte se refleja la composición en porcentaje de los tipos de acero más empleados en cuchillería.
Tratamiento térmico.
Se trata de un factor mucho más importante que el anterior: un acero de baja calidad puede transformarse en una hoja excelente con el adecuado tratamiento térmico, en tanto que sofisticadas aleaciones con un mediocre tratamiento térmico no alcanzan las prestaciones previstas. Las propiedades físicas de los aceros y su comportamiento a distintas temperaturas dependen sobre todo de la cantidad de carbono y de su distribución en el hierro, en tanto que los otros elementos modifican alguna de sus propiedades. Antes del tratamiento térmico, la mayor parte de los aceros son una mezcla de tres formas distintas de cristalización: ferrita, perlita y cementita. La ferrita, blanda y dúctil, es hierro con pequeñas cantidades de carbono y otros elementos en disolución. La cementita, un compuesto de hierro con el 7% de carbono aproximadamente, presenta gran dureza y es muy quebradiza. La perlita es una mezcla de las anteriores, con una composición específica y una estructura característica, y con propiedades físicas intermedias.
Al elevarse la temperatura del acero por encima del denominado ‘punto crítico’, la ferrita y la perlita se transforman en austenita, que tiene la propiedad de disolver todo el carbono libre presente en el metal. Si el acero se enfría despacio, la austenita vuelve a convertirse en ferrita y perlita, pero si el enfriamiento es repentino – templado- la austenita se convierte en martensita, con una dureza y resistencia que pueden llegar a ser tres veces superior a la de la aleación original. El problema es que este proceso genera una serie de tensiones internas, ya que el material ha sufrido una especie de ‘congelación’ sin poder adaptarse a las nuevas condiciones. Por ello pueden surgir grietas y deformaciones, a tiempo que se incrementa notablemente su fragilidad. Es necesario por tanto un segundo tratamiento, llamado revenido, que consiste en calentar de nuevo el acero a temperaturas inferiores al punto de transformación de la martensita y enfriarlo lentamente, permitiendo de este modo que se liberen las tensiones internas y, a costa de la pérdida de algo de dureza, ganar sustancialmente en tenacidad y resistencia.
Dureza y tenacidad
En Física elemental se define la dureza de un material como su resistencia a ser rayado por otro, midiéndose mediante la escala de Möhs. Pero que un material sea muy duro no implica que no pueda ser frágil: sólo el diamante raya el cristal, que por tanto es un material muy duro, pero al mismo tiempo es difícil imaginar algo más frágil. En el caso del acero ocurre algo similar: a mayor dureza, mayor fragilidad, y por ello precisamente se necesita la fase de revenido en el tratamiento térmico. El concepto que nos va a definir la robustez de una hoja en cuanto al material es la tenacidad, o resistencia a la deformación permanente y a la fractura. De ahí que el grado de dureza Rockwell (o HR, por Hardness Rockwell) que a veces intenta definir la calidad de una hoja, realmente no sea indicativo de su resistencia o prestaciones, sino tan sólo de su dureza, que por otra parte es lo que, como resistencia al desgaste, va a definir la capacidad de retención del filo de una hoja. Interesa señalar en este punto que existen varias escalas Rockwell, debiendo emplearse la C (HRC) para aceros tratados térmicamente: una dureza en la escala A o B dará valores mucho mayores, y por tanto engañosos. Para un uso normal en campo, valores de dureza superiores a 55 C son perfectamente válidos, y a partir de 60 podemos encontrar serias dificultades para el afilado.
Por tanto, nos encontramos con un compromiso entre dos aspectos deseables pero contrapuestos. Aceros muy duros resultarán más frágiles, y aceros más blandos soportarán mejor las tensiones pero se desgastarán más rápidamente. En último extremo, hay que ser consciente de que a mayor dureza del acero necesitaremos afilar menos veces, pero el afilado resultará más laborioso y necesitará piedras más duras.
Vaciados y filos.
Hay que distinguir entre el perfil de la hoja, que no es otra cosa que la forma de su sección, y el filo propiamente dicho como borde cortante. Este último casi siempre está formado por dos planos, denominados secundarios, que se cortan en cierto ángulo, que nos define precisamente el grado de afilado. De nuevo estamos ante una difícil elección, pues si bien cuanto menor sea este ángulo más afilada estará la hoja y necesitará por tanto menos presión para cortar, será también más delicado; un ángulo mayor nos dará un filo más resistente pero menos eficiente en el sentido de que hará falta ejercer mayor presión. En condiciones normales, un ángulo comprendido entre 30º y 50º será más que suficiente, correspondiendo la primera cifra a desolladores y la segunda a cuchillos empleados para cortar al golpe.
En cuanto a los perfiles de la hoja encontramos tres grandes grupos: hueco o cóncavo, plano y convexo. El primero, que es también el más fácil de ejecutar industrialmente mediante ruedas amoladoras y que en algunos lugares se conoce como ‘vaciado’, está formado por dos arcos con la concavidad hacia fuera de la hoja, en tanto que en el convexo se disponen hacia adentro, encontrándose y recordando su forma a la de una bala. En el perfil plano, que a veces se denomina ‘amolado’, estos arcos son sustituidos por líneas rectas, ejecutándose industrialmente mediante discos o cintas. La configuración más robusta es la de perfil convexo, siendo el vaciado hueco el que consigue filos más finos (pero también más delicados) y el vaciado plano la típica solución de compromiso. En todos los casos, este bisel principal que forma el perfil puede iniciarse directamente en el lomo de la hoja, o bien comenzar a determinada distancia del filo. También este factor interviene en la robustez y la resistencia de la hoja.
En determinados tipos de cuchillo – básicamente algunos de perfil plano o convexo- el plano principal llega hasta el mismo borde del filo: es lo que se conoce como ‘afilado cero’ o escandinavo, y resulta especialmente indicado para trabajar con madera.
En cuanto a las bondades de cada uno de ellos, y sin tener en cuenta el importante aspecto de los gustos, será la utilidad prevista la que aconseje uno u otro, y en último extremo siempre cabe el combinar perfiles y ángulos de afilado para obtener la combinación que más se ajuste a nuestras necesidades.
¿Filos lisos o serrados?
Otro tema a considerar es el de la pretendida superioridad de los filos aserrados o perlados que tan frecuentemente se ven en cuchillos y navajas de campo. Este tipo de filo, con diferentes configuraciones, resulta especialmente adecuado para cortar materiales fibrosos o –aserrando- especialmente duros, pero a cambio suele producir un corte menos limpio, y no corta tan bien como uno liso en determinados materiales compactos como la madera. Por otra parte, y si bien mantiene su capacidad de corte durante mayor tiempo, el reafilado resulta más difícil y requiere de equipos especiales. Hay quien dice que la mejor solución es la de los filos combinados, con un tramo aserrado y otro liso… pero también hay quien dice que esa es la manera de reunir lo peor de ambos conceptos, puesto que de esa forma no hay longitud suficiente de ninguno de los dos tipos para cumplir adecuadamente su función. Sea como sea, lo que hay que tener en cuenta es que se trata de un tipo de filo que puede resultar más o menos indicado para según qué tareas, pero que no resultan en absoluto tradicionales.
Una cuestión bien diferente es la presencia en el lomo de algunos cuchillos de un tramo de dientes de sierra. Si esta sierra está bien construida, con dientes cruzados o triscados y suficiente profundidad, puede resultar de utilidad a la hora de cortar madera o hueso, pero hay que vigilar que no se trate simplemente de un detalle cosmético que estorbe más que ayude. Estaríamos en el mismo caso que los ganchos de abrir (‘gut hook’), el gancho de punta roma e interior afilado que puede existir en el lomo, cercano a la punta. Su función es facilitar los cortes longitudinales en la piel a la hora de despellejar al animal, sin más que introducir el extremo del gancho en una pequeña incisión realizada con el filo principal, y tirar del cuchillo en la dirección en que se desee realizar el corte. La versión europea de este gancho se puede encontrar como una hoja especial de algunas navajas centroeuropeas, consistente en un filo cóncavo con la punta muy roma, y que se usa de la misma forma que su homónimo norteamericano. En último extremo, se debería sopesar cuidadosamente la necesidad de este tipo de complementos, ya que salvo que estén muy bien diseñados, restringen de algún modo el empleo normal del cuchillo o navaja.
Forja y desbaste.-
Forjar es dar forma a una pieza de metal golpeándolo en caliente, en tanto que desbastar consiste en quitar material mediante lima, piedra u otro tipo de abrasivo hasta conseguir la forma deseada. Habitualmente se integraba el proceso de forja con el templado, y durante mucho tiempo fue la única forma en que se fabricaba la cuchillería de cierta calidad. Con la mejora de los procesos industriales, actualmente es bastante infrecuente la cuchillería de forja, y sólo contadas marcas realizan algo similar, mediante una estampación en moldes. Sin embargo, y teniendo en cuenta que prácticamente la totalidad de la producción industrial se realiza troquelando las hojas sobre planchas de acero, y que estas planchas se originan por laminación en caliente, siempre existe un determinado grado de forja. Del mismo modo, todas las piezas forjadas requieren de un cierto grado de refino de los biseles y de los planos del filo que se realizan siempre mediante algún tipo de desbaste.
En cuanto a la controversia sobre la superioridad de uno u otro método de fabricación, se trataría en todo caso de comparar un proceso artesanal con uno industrial. En este sentido, el maestro forjador que con un equipo más o menos sofisticado es capaz de alcanzar una forma eficaz y bella, refinar el grano del acero, hacer un tratamiento térmico idóneo para el tipo de acero empleado e incluso diferente en cada zona de la hoja, y adaptar la forma y dimensiones de la pieza a lo que quiere su cliente, obtendrá un producto con una calidad impensable en una pieza industrial. En este sentido, es una alegría comprobar que no hace falta salir fuera de nuestras fronteras para encontrar artesanos que nada tienen que envidiar a los que en otros países son verdaderas leyendas. Pero eso en ningún caso puede significar que poniendo un trozo de acero al rojo y martilleándolo un par de veces se consigan mejores resultados que en un moderno taller con desbastadoras por control numérico y tratamientos térmicos avanzados.
Forma de las hojas.
Si hablamos de la punta de la hoja habrá que tener en cuenta el uso principal que se pretenda, ya que el lance del remate requerirá una punta aguda en tanto que para desollar y cuartear una pieza interesa que la hoja sea más redondeada a fin de evitar ojales y perforaciones en órganos internos. En cualquier caso, hay tipos de punta que resultan especialmente desaconsejadas en las hojas de caza, como puede ser la formada por dos tramos rectos que se denomina ‘punta en tanto’, en referencia a los cuchillos japoneses (y que curiosamente no son de esta forma).
Por lo que respecta al grosor o espesor, no conviene olvidar que mientras mayor sea éste tendremos una hoja más resistente, pero también más pesada, que presentará mayor resistencia a la hora de atravesar cualquier material y que necesitará un vaciado muy acusado o una cierta anchura para alcanzar un ángulo de afilado eficaz. Por esta misma razón, una hoja estrecha necesitará ser muy delgada para poder tener un filo adecuado, ya que en caso contrario el ángulo de afilado será demasiado grueso para ser útil.
Otro factor que interesa tener en cuenta al hablar de este aspecto tiene que ver con la curvatura del filo, ya que hay que tener en cuenta que las zonas curvas son las que se emplean para hacer cortes largos y precisos en tanto que las rectas son más aptas para cortar al golpe o haciendo presión. De aquí que los desolladores requieran un filo bien curvo, y las hachetas y cuchillos de uso general tengan filos con tramos rectos.
El bloqueo de las navajas.
Como diría uno de nuestros toreros más populares, en dos palabras: im-prescindible. En cualquier tipo de hoja plegable, resulta absolutamente necesario contar con algún tipo de mecanismo que impida que se cierre hasta que no se actúe sobre él. Y aunque durante siglos la gente de campo ha utilizado sin mayor problema navajas que no disponen de ningún mecanismo de seguridad – los clásicos modelos de Don Benito, Zalamea, Taramundi, Solsona e innumerables lugares de nuestra geografía son buena prueba de ello – y que si se saben emplear adecuadamente no tienen por qué ser peligrosas, hay que ser consciente de que en una navaja de campo cualquier factor que reduzca la posibilidad de accidentes es importante. De hecho, incluso en las clásicas navajas suizas resulta cada vez más habitual encontrar algún tipo de bloqueo para la hoja de corte.
Existen numerosos sistemas de seguro, más o menos ingeniosos, más o menos sofisticados, pero se ha de tener en cuenta que además de solidez, la necesidad de limpiar y engrasar la navaja es importante, así que la simplicidad es un factor importante. En este sentido, sistemas como el bloqueo por leva trasera, el de muelle exterior con ventana y teja, el de virola giratoria o el de lámina son los más habituales y resultan suficientemente efectivos. De todas formas, no conviene olvidar que una navaja es, por definición, algo que se puede plegar y que por tanto nunca resultará tan fiable como un cuchillo de hoja fija.
Navajas suizas y multiherramientas
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Desde finales del siglo XIX, las navajas de varias hojas con múltiples funciones y cachas rojas se han convertido en un símbolo del país alpino, pero también de la manera en que se pueden reunir muchas utilidades en muy poco espacio. La parte amarga de este gran éxito es que posiblemente sea uno de los modelos más copiados de todo el mundo, y que al tiempo que hay conocidas marcas que fabrican piezas con tanta calidad como las originales, por cada pieza ‘decente’ se pueden encontrar al menos mil que no sirven para nada. Cuidado con esas navajas sospechosamente baratas, de hojas fabricadas con un metal blando que no cogen filo y que se deforman al menor esfuerzo. Una buena navaja suiza - Victorinox o Wenger si no queremos correr riesgos- con bloqueo en la hoja de corte, un par de destornilladores, abrelatas y abrebotellas conforman una pieza que, sin abultar demasiado, nos puede hacer la vida un poco más cómoda en el monte.
Un paso más en esta línea de concentrar utilidades en poco volumen lo encontramos en las multiherramientas, normalmente construidas en torno a unos alicates en cuyos mangos se encuentran varias hojas. Leatherman fue la empresa pionera, si bien en la actualidad hay numerosas marcas que producen piezas de alta calidad: Gerber, Victorinox, SOG, Buck, etc. Y si las navajas suizas nos pueden facilitar la vida, las multiusos nos pueden sacar de más de un atolladero, sobre todo teniendo en cuenta que los modelos más avanzados son en realidad pequeñas cajas de herramientas que podemos llevar en el cinturón. Como en el caso anterior, las copias de pésima calidad abundan, y casi es peor no tener una herramienta que pensar que se cuenta con ella y se rompa en el momento en que tiene que solucionarnos el problema.
II.- MENTIRAS PELIGROSAS.
Guardamontes y pomos son simples adornos del cuchillo.-
La función principal de la guarda o guardamonte es evitar que la mano resbale hacia la hoja cuando se emplea el cuchillo o navaja para clavar, así que si no se prevé esta posibilidad, es posible que no sólo sea un adorno, sino que incluso se convierta en un estorbo si su tamaño no es adecuado. Un punto a tener en cuenta es que muchos cuchillos tradicionales de trabajo, como por ejemplo todos los nórdicos y los sudamericanos, carecen de guarda y de cualquier cosa que se le parezca.
Evidentemente, en cualquier cuchillo en que se prevea la posibilidad de su empleo para clavar o apuñalar - como es el caso del españolísimo cuchillo de remate- será recomendable una guarda de respetables dimensiones. En el resto de los casos, una guarda de reducido tamaño en el lado del filo, o incluso un simple rebaje en la parte anterior del mango en el que se pueda colocar el dedo índice será más que suficiente. Aunque tenga que ver bastante con los gustos personales, se debería considerar este elemento como un factor de seguridad que, si no recorta la utilidad del cuchillo, siempre resulta beneficioso.
Por lo que respecta a los pomos, sólo en cuchillos de longitud y peso considerables cumplen su función original de servir como contrapeso a la hoja y conseguir que el punto de equilibrio esté próximo a la mano. En el resto de los casos, este elemento tiene como función posibilitar que se pueda emplear el mango para golpear, o simplemente asegurar el extremo del vástago para conseguir que el conjunto quede fijo y asegurado. Como es lógico, no puede menospreciarse el papel estético de determinadas formas y tipos de pomo, como rosetas de cuerna o diferentes materiales.
Sólo los cuchillos enterizos son suficientemente robustos.
El primer punto a tener en cuenta es que el vástago o espiga debe formar parte de la hoja, y nunca una pieza soldada a ésta. Por otra parte, cuanto más se introduzca en la empuñadura y mejor se fije a ésta, mayor será la resistencia del cuchillo. Así, en los cuchillos denominados ‘enterizos’, con un vástago de la misma anchura que el mango, sobre el que se fijan las cachas, la robustez es máxima. Pero para el uso habitual de un cuchillo de caza bastará con que la espiga sea del mismo grueso que la hoja, anchura de 1 - 1,5 cm, y que llegue hasta el pomo, donde se fije sólidamente, o al menos hasta 2/3 de la empuñadura y siempre que quede firmemente remachado o atornillado a la misma.
De lo que hay que huir como de la peste es de aquellos cuchillos en que no quede claro cómo se unen hoja y empuñadura, porque podemos encontrarnos con que a la primera que se realice el menor esfuerzo salga cada uno por su lado.
Cualquier cuchillo o navaja antigua es mejor que los actuales.
Es ésta otra versión del conocido ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, y por lo tanto igual de discutible. Como en tantos otros aspectos, tanto la mano de obra como el tiempo tenían otro valor, y por ello la forja, el temple y el cuidado del detalle se llevaban a cabo de forma habitual. En la actualidad, todo ello ha de pagarse aparte. Por otra parte, la globalización ha hecho que la estructura de costes de determinados productos adquiera una importancia muy superior a unos mínimos de calidad, y por tanto el mercado esté inundado de productos de ínfima condición y precios escuetos.
Pero también es cierto que los materiales actuales son de una calidad muy superior a los de hace tan sólo unas décadas, que los procesos industriales permiten asegurar unos niveles homogéneos tanto en calidad como en prestaciones y que los volúmenes de producción que pueden alcanzarse permiten una relación calidad-precio más que ventajosa.
Por decirlo de alguna manera, en la actualidad existen medios suficientes como para fabricar cualquier pieza con los materiales y calidades presentes en cuchillos o navajas antiguas, siempre y cuando se esté dispuesto a pagar por ello. Pero en cambio, existen materiales y procesos que nuestros abuelos ni siquiera imaginaron.
Todo lo artesano o manual es mejor que lo industrial.
Ante esta afirmación, surge una cuestión fundamental, y es la de preguntar cómo es el artesano y cómo es el proceso industrial. O lo que es lo mismo, que no todos los artesanos son buenos, ni toda la industria es mala. Si estamos comparando los productos de un maestro cuchillero, que emplea los materiales y equipos adecuados, cuenta con la capacidad profesional necesaria para elaborar sus piezas y le dedica el tiempo y trabajo requeridos, es evidente que el resultado será muy superior al que se obtiene en una proceso industrial con materiales y procesos baratos y escaso control de calidad.
Pero eso no quiere decir de ningún modo que por el simple hecho de realizar una pieza a mano suponga superar los productos de fábricas que emplean materiales de primera calidad, con equipamientos avanzados, tecnología adecuada, control numérico, atmósferas controladas y estrictos controles de calidad.
Resulta evidente que, superados unos mínimos, el trabajo hecho a mano tiene unas connotaciones de humanidad, de personalidad propia, que resulta difícil encontrar en productos hechos en serie, pero de ahí a decir que es mejor por definición hay un buen trecho.
Todos los productos chinos son de mala calidad.
Siempre que sale a relucir el tema de la globalización se acaba mencionando que todos los mercados están inundados de productos chinos o de otros países de Extremo Oriente de pésima calidad y precio irrisorio. El tema de la cuchillería no es una excepción, y cada vez es más frecuente no sólo encontrar directamente mercadería oriental, sino incluso importadores poco escrupulosos que llegan a ocultar la procedencia china de algunos de sus productos. Pero esto, que en principio no es nada positivo, tampoco implica que todo lo chino sea de mala calidad.
Lo que ocurre es que, dados que los costes de mano de obra son ínfimos en comparación con otros países y que los incentivos a la industrialización suponen un importante atractivo, para un nivel de calidad dado los costes son muy inferiores. Es decir, que si el precio es muy reducido, también lo será su calidad, en tanto que hay buenos productos de origen chino, y a menor precio que lo que costarían si estuviesen fabricados en otros escenarios industriales. O por decirlo de otro modo, en China se fabrica con la calidad que se desee y se esté dispuesto a pagar. Prestigiosas marcas europeas y americanas fabrican en China manteniendo férreos controles de calidad, y obteniendo productos de una calidad más que aceptable a precios muy competitivos.
Otro tema bien distinto es la legitimidad – e incluso ética- de determinadas prácticas consistentes en copiar descaradamente el aspecto exterior de ciertos productos, fabricarlos con materiales de ínfima categoría y sin ningún control de calidad, e inundar con ellos el mercado.
Las hojas acanaladas son más letales.
La única función de la acanaladura o vaceo que presentan algunas hojas es la de eliminar material – y por tanto, peso- sin afectar significativamente a la resistencia. Nada que ver por tanto con ‘meter aire en la herida’, provocar gangrena, eliminar la succión al extraer la hoja ni cualquier otro truculento motivo. Reducir peso sin afectar a la resistencia, o como mucho mejorar el aspecto de una hoja: sólo eso.
Para portar un cuchillo hay que tener licencia de arma larga.
El vigente Reglamento de Armas encuadra, en su artículo 3, dentro de las armas de 5ª categoría “armas blancas y en general las de hoja cortante o punzante no prohibidas.” Por otra parte, se encuadran dentro de las armas prohibidas (art. 4, letra f) a “los bastones-estoque, los puñales de cualquier clase y a las navajas llamadas automáticas. Se considerarán puñales a estos efectos las armas blancas de hoja
menor de 11 centímetros, de dos filos y puntiaguda.” Y lo de ‘menor’ no es una errata: se considera a estos efectos que hojas de pequeño tamaño son ocultables y por tanto, más susceptibles de ser utilizadas en delitos. Por otra parte, en el artículo 5 se prohíbe “la comercialización, publicidad, compraventa, tenencia y uso de las navajas no automáticas cuya hoja exceda de 11 centímetros, medidos desde el reborde o tope del mango hasta el extremo”.
En cuanto a la necesidad de licencias, en el artículo 106 se establece claramente que “la adquisición y tenencia de armas de la categoría 5.1, es libre para personas mayores de edad”. No obstante, en el artículo 146 se refleja la prohibición de “portar, exhibir y usar fuera del domicilio, del lugar de trabajo, en su caso, o de las correspondientes actividades deportivas, cualquiera clase de armas de fuego cortas y armas blancas, especialmente aquellas que tengan hoja puntiaguda. (…) Y sobre todo hay que tener cuidado porque en este mismo artículo, se expone que “Queda al prudente criterio de las autoridades y sus agentes apreciar si el portador de las armas tiene o no necesidad de llevarlas consigo, según la ocasión, momento o circunstancia.”
Existen aceros que no requieren ser afilados.
Sencillamente falso. Otra cosa muy distinta es que haya aceros con una composición y un tratamiento térmico que le proporcionen una alta resistencia a la abrasión, y por tanto mantengan su filo durante mucho tiempo. Pero la otra cara de la moneda es que esta alta resistencia al desgaste obliga a que el afilado requiera equipamiento y técnicas especiales.
Damasco o damasquinado son maneras de adornar las armas blancas.
En primer lugar, son cosas totalmente distintas. El damasquinado consiste en embutir finos hilos de oro y plata en acero o hierro, normalmente pavonado, con fines de decoración. Se emplea pues en cualquier objeto de metal que se quiera adornar. El acero de damasco en sentido estricto se elaboraba y empleaba en Oriente Medio en la fabricación de espadas, legendarias por su dureza y su filo, desde el 1100 hasta el 1700. En la actualidad, se denomina acero de damasco al que se obtiene de forjar hojas compuestas de varios materiales distintos (habitualmente diferentes tipos de acero, acero y hierro o acero y níquel), que se van plegando sucesivamente hasta obtener numerosas capas. Una vez templado, se somete la hoja al ataque controlado por parte de ácidos diluídos, que al afectar diferentemente a cada material, origina las características aguas del material. Un acero de damasco bien realizado reúne una gran flexibilidad y capacidad de filo.
Pequeño glosario de cuchillería.
Guarda o guardamonte.- Pieza existente entre la hoja y la empuñadura que impide que la mano pueda llegar al filo.
Pomo.- Extremo del mango o empuñadura.
Recazo.- Parte de la hoja sin afilar, más próxima al mango.
Planos o biseles.- Lados de la hoja. Los principales son los que forman la sección de la misma, en tanto que los secundarios son los que forman el filo.
Lomo.- Parte de la hoja opuesta al filo.
Contrafilo.- Parte del lomo más próxima a la punta, que puede estar afilada o no.
Talón.- En las navajas, parte de la hoja opuesta a la punta, donde se engarza al mango y se sitúan los dispositivos de cierre.
Fiador.- Tira o cordón que pasa por un orificio de la empuñadura y sirve para asegurar el cuchillo a la mano, pasándolo por la muñeca..
Rabiza.- Cordón anudado que se dispone en el pomo o puntera de la navaja o cuchillo y que sirve para extraerlo de su vaina con mayor facilidad.
Forros o separadores.- En las navajas, láminas de hierro, latón o bronce sobre las que se disponen las cachas.
Cachas.- Piezas más o menos aplanadas que forman la empuñadura.
Espiga o vástago.- Prolongación de la hoja que se introduce en el mango.
Espaciadores.- Rodajas o arandelas que, al ser atravesadas por el vástago, forman parte de la empuñadura.
Cuño.- Marca existente en el recazo o en los planos que identifica al fabricante.
Vaina.- Funda que protege la hoja del cuchillo, y en ciertos modelos hasta parte de la empuñadura.
Virola.- Parte de la empuñadura más cercana a la hoja.
Clavillos, cintillas.- Inserciones decorativas en las cachas.
Cierre de ventana.- Cierre clásico de navaja española, consistente en un fleje exterior con una ventana donde encaja un diente presente en el talón de la hoja. El fleje se levanta mediante una palanquilla, permitiendo así plegar la hoja. Si en lugar de un solo diente hay varios el cierre se denomina ‘de carraca’.
Cierre trasero o de leva.- Cierre de navajas deportivas que consiste en una leva cuyo extremo anterior encaja en un hueco existente en la parte superior de la hoja. Al presionar el extremo posterior de la leva, se libera la hoja y puede cerrarse.
Cierre de virola giratoria.- Mecanismo que consiste en que la virola cilíndrica, al girar sobre el eje longitudinal de la empuñadura, impide que la hoja pueda cerrarse.
Cierre de lámina.- Mecanismo de bloqueo de navajas deportivas o tácticas consistente en una lámina interior a la empuñadura que sujeta el canto del talón de la hoja, impidiendo que se cierre. Al presionar sobre esa lámina retirándola de la hoja, ésta puede plegarse.
Composición de distintos tipo de acero
| Acero | Carbono | Cromo | Manganeso | Molibdeno | Níquel | Fósforo | Sílice | Azufre | Vanadio |
Al carbono |
|||||||||
| O-1 | 0.85-1.00 | 0.40-0.60 | 1.00-1.40 | -- | 0.30 | -- | 0.50 | -- | 0.30 |
| D-2 | 1.40-1.60 | 11.0-13.0 | 0.60 | 0.70-1.20 | 0.30 | -- | 0.60 | -- | 1.10 |
| 1095 | 0.90-1.03 | -- | 0.30-0.50 | -- | -- | 0.04 | -- | 0.05 | -- |
| 5160 | 0.56-0.64 | 0.70-0.90 | 0.75-1.00 | -- | -- | 0.035 | 0.15-0.30 | -- | -- |
| 52100 | 0.98-1.10 | 1.30-1.60 | 0.25-0.45 | -- | -- | 0.025 | 0.15-0.30 | 0.025 | -- |
| Inoxidables | |||||||||
| 420J2 | 0.15 | 12.0-14.0 | 1.00 | -- | -- | 0.04 | 1.00 | 0.03 | -- |
| 420 HC | 0.5-0.7 | 13.5-15.0 | 0.35-0.9 | 0.60-1.00 | -- | 0.035 | 0.80 | 0.03 | 0.10 |
| 440A | 0.65-0.75 | 16.0-18.0 | 1.00 | 0.75 | -- | 0.04 | 1.00 | 0.03 | -- |
| 440C | 0.95-1.20 | 16.0-18.0 | 1.00 | 0.75 | -- | 0.04 | 1.00 | 0.03 | -- |
| AUS-6 | 0.55-0.65 | 13.0-14.5 | 1.00 | -- | 0.49 | 0.04 | 1.00 | 0.03 | 0.1-0.25 |
| AUS-8 | 0.70-0.75 | 13.0-14.5 | 0.50 | 0.10-0.30 | 0.49 | 0.04 | 1.00 | 0.03 | 0.1-0.26 |
| GIN-1 | 0.90 | 15.50 | 0.60 | 0.30 | -- | 0.02 | 0.37 | 0.03 | -- |
| ATS-34 | 1.05 | 14.00 | 0.40 | 4.00 | -- | 0.03 | 0.35 | 0.02 | -- |
| 154CM | 1.05 | 14.00 | 0.50 | 4.00 | -- | -- | 0.30 | -- | -- |
| VG-10 | 0.95-1.05 | 14.50-15.50 | 0.50 | 0.90-1.20 | -- | 0.03 | 0.60 | -- | 0.1-0.30 |
| CPM-S30V | 1.45 | 14.00 | -- | 2.00 | -- | -- | -- | -- | 4.00 |
| Sandvik 12C27 | 0.60 | 13.50 | 0.40 | -- | -- | 0.025 | 0.40 | 0.01 | -- |
| ZDP-189 | 3.00 | 20.00 | -- | -- | -- | -- | -- | -- | -- |
