Publicado en Trofeo Armas de Caza IV Edición, páginas 76-81. Anuario 2009
Como tirar bien a la caza menor (Y III)
Jugando con chokes y cargas
Consejos sobre culatas, chokes, cartuchos y distancias a las que se debe y no se debe disparar, encaminados a que el lector consiga mejorar su porcentaje de aciertos en caza.
Para tirar bien, tanto en la caza como en las distintas modalidades de tiro. Sin embargo, creo que antes de aprender a tirar, o por lo menos al mismo tiempo, tenemos que aprender algunas nociones básicas sobre las relaciones existentes entre el cartucho –sus cargas y diámetros de los perdigones–, los chokes de la escopeta y las distancias de tiro."
José Ignacio Ñudi
Tirar bien siempre ha sido una de las grandes obsesiones del cazador. Me figuro que a nuestros antepasados les pasaría lo mismo con la lanza, la piedra, el arco o la ballesta, armas y proyectiles mucho más rudimentarios e imprecisos que las modernas armas que manejamos.
Para tirar bien, tanto en la caza como en las distintas modalidades de tiro al plato, sin duda hay que practicar. A tirar se aprende tirando. Quien tenga cualidades innatas aprenderá más fácilmente, pero en cualquier caso tendrá que practicar.
Sin embargo, creo que antes de aprender a tirar, o por lo menos al mismo tiempo, tenemos que aprender algunas nociones básicas sobre las relaciones existentes entre el cartucho –sus cargas y diámetros de los perdigones–, los chokes de la escopeta y las distancias de tiro.
Esto es básico. Ni el mejor tirador del mundo podrá abatir una pieza o romper un plato si tira con la munición o a la distancia inadecuada.
Sobre esta base, el pasado mes de septiembre Juan Francisco y servidor nos desplazamos a mi coto para
realizar con tranquilidad una serie de pruebas y demostrar una vez más sobre el papel –nunca mejor dicho– esas relaciones entre chokes, distancias y cartuchos a las que me referí al principio.
El fin de la prueba era comprobar, por un lado, hasta qué distancia y con qué chokes es efectivo un plomeo para abatir un ave; y por otro comprobar si estamos tirando a las distancias que de verdad creemos.
Pero vayamos por partes. Para empezar, las pruebas de plomeo no quisimos hacerlas sobre círculos ni nada parecido. Se nos ocurrió dibujar el contorno real de una perdiz, una tórtola y un zorzal, así que descongelamos estas tres piezas de nuestras reservas domésticas, las pusimos de costado o de espaldas con las alas abiertas sobre un folio DIN-A3 y las silueteamos.
Queríamos imitar así dos posiciones habituales de vuelo y de tiro: vuelo cruzado y vuelo “de pico”. Estos folios los íbamos luego pegando y sustituyendo sobre una plancha de material blando que nos sirvió de soporte.
No crean que era fácil siluetear las aves elegidas. Las plumas estorbaban bastante. Y a la hora de siluetear, a veces la posición del rotulador no era exactamente la correcta. Pero bueno, al final hicimos una siluetas válidas para lo que pretendíamos: ver el número de impactos que metíamos en el “ave” a distintas distancias.
Tiro a 25, 40 y 50 metros.
Las distancias elegidas para la prueba fueron tres: un tiro ideal (25 metros), otro en el límite (40 metros) y otro claramente fuera (50 metros) de lo razonable. A esta última distancia no disparamos sobre la silueta del zorzal por ser excesiva y muy fino el perdigón. Estas distancias las marcamos con un telémetro Leupold RX III.
Para disparar a estas distancias elegimos dos chokes Fabarm concretos: medio y extremo, equivalentes al de tres estrellas y full, los chokes que tradicionalmente han llevado las escopetas de caza cuando no existían los intercambiables. Ambos chokes cubren perfectamente las distancias a las que se puede tirar la caza, entre 15 y45 metros.
A la “perdiz” le disparamos con un cartucho muy utilizado para la caza al salto: 34 gramos del 7. Para el zorzal, 32 gramos del 8.
La escopeta utilizada fue la nueva Fabarm semiautomática XLR 5 con chokes hiperbólicos. Se trata de chokes mucho más largos de lo habitual que consiguen plomeos más homogéneos. La prueba la podríamos haber hecho con chokes intercambiables clásicos, pero Juan Francisco había recibido esa escopeta para probarla y aprovechamos la ocasión.
Y comenzó la prueba. Tiramos primero sobre la silueta de la perdiz a 25 metros con tres estrellas (medio) y luego con full (extremo), que lógicamente resultó excesivo y de haber sido una perdiz de verdad, posiblemente no hubiéramos podido aprovecharla.
Tirando, sin embargo, a 25 metros el choke de tres estrellas resultó ideal para esa distancia y la perdiz hubiera sido abatida perfectamente si un exceso de plomo en su cuerpo.
Luego nos fuimos a los 40 metros y disparamos de nuevo con tres y una estrellas, respectivamente. Para esta distancia, el choke de tres estrellas o medio resultó inadecuado, quedando muchos espacios sin un solo perdigón. La perdiz hubiera salido ilesa o, peor aún, herida y sin posibilidad de cobro. Por tanto, no es recomendable disparar a estas distancias con este choke.
Sin embargo, con 1 estrella o extremo, de haber estado bien apuntada, la perdiz hubiese sido abatida perfectamente. Hay estudios que afirman que una pieza, para ser abatida, debe recibir al menos cinco impactos en su cuerpo, y en este caso, como se puede ver en la foto, hubiese recibido bastantes más.
Por último, efectuamos un tiro a 50 metros con el choke más cerrado, distancia a la que mucha gente suele disparar, y comprobamos que más allá de los 40-45 no es recomendable apretar el gatillo.
Cargas y grosor de
los perdigones
Luego probamos con el zorzal repitiendo la misma operación. Con la carga de 32 gramos del 8 disparamos sobre su silueta a 25 y 40 metros con tres estrellas y uno o choke extremo, respectivamente.
El plomeo con tres estrellas y full fue magnífico. Hay que tener en cuenta lógicamente que en un cartucho de 32 gramos del 8 entran más perdigones (480 aproximadamente) que en otro de 34 del 7 (unos 370). Esto es muy importante conocerlo para sacarle el máximo partido.
Por ejemplo, un perdigón del 5 tiene un grosor considerable y por tanto una alta letalidad, y además llega más lejos. Sin embargo, el número de perdigones por gramo es bastante menor, aproximadamente unos 217 si hablamos de un cartucho de 34 gramos. Por tanto, cuando hay escasez de perdigones, siempre conviene disparar con chokes más cerrados.
También puede ocurrir que, por equivocación, traigamos para cazar en mano cartuchos de 32 gramos del 8, o si me apuran del 9. Tendremos muchos perdigones dentro de cada cartucho, pero su grosor es mínimo. La solución será también elevar el número de impactos por centímetro cuadrado recurriendo a los chokes más cerrados, aunque en este caso no podremos disparar muy lejos a la pieza porque los perdigones finos, al ser menos pesados, desarrollan menos energía, se frenan más rápido y penetran menos.
Esto lo pudimos también comprobar en la prueba. Detrás de la plancha colocamos otra de chapa para evaluar la penetración de los perdigones. Como esperábamos, cuanto más grueso era el perdigón más profunda era la marca dejada en la chapa, atravesándola incluso algunos perdigones.
Interpretación de las distancias.
La segunda parte de esta prueba práctica resultó original y emocionante, aunque bastante subjetiva. Tratamos de ver si coincidía la distancia real de un objeto con la que nosotros suponíamos.
Esto es clave en el tiro de caza. Supongamos que vamos cazando y tiramos una perdiz que creemos vuela a 40 metros pero realmente está a 52. Por muy bien que apuntemos, será difícil abatirla. Esto es algo que puede estar pasándonos a menudo.
Esta prueba la hicimos de la siguiente forma: Juan Francisco y yo caminábamos juntos por el campo, él con el medidor de distancia. De vez en cuando me paraba, le señalaba una chaparra, el tronco de una encina, un risco, a continuación le decía si tiraría o no una pieza que pasara por allí y a cuántos metros aproximadamente nos encontrábamos. A continuación Juan Francisco media con el telémetro y “cantaba” la distancia exacta.
La verdad es que la diferencia entre ambas mediciones no fue tanta, aunque a veces llegó a los diez metros. Generalmente los objetos estaban más cerca de la distancia que yo había dicho, sobre todo cuando se trataba de objetos o lugares situados en el suelo.
Me costaba mucho más precisar las distancias cuando se trataba de objetivos aéreos –la copa de una encina, por ejemplo–. Esto puede ser por la falta de otras referencias espaciales.
Imaginemos entonces lo que puede pasar cuando veamos una perdiz o una paloma volando sin otra referencia que el azul infinito del cielo. En este caso será la experiencia de cada uno la que, en función del tamaño del ave, nos permita aproximarnos a su distancia.
Por mi experiencia, un ave que vuela hacia nosotros a unos 25-30 metros, se juzga bastante bien. Se sabe que vuela a una distancia aceptable para ser abatida. Pero por encima de los 30 metros nos parece que vuela más alta de la cuenta. Sin embargo, si esta misma ave nos pasara cruzada a esa misma distancia la tiraríamos sin dudar porque no nos parecería tan lejana.
De este modo, esas palomas, zorzales o tórtolas que caen “de las nubes” y que tardan una eternidad en tocar suelo, difícilmente vuelan más allá de los 40-45 metros, pero por esa falta de referencias parecen que van por la estratosfera.
También es cierto que las aves altas “de pico” son menos vulnerables que las que vuelan cruzadas. Las primeras presentan como blanco sus gruesas pechugas, auténticos escudos de carne y plumas que absorben los impactos sin causarles heridas de muerte. De hecho, las aves que caen de estas alturas suelen presentar impactos en la cabeza o cuello, o traen un ala rota. Muchas veces escucharemos el sonido de los perdigones impactando en el ave y veremos como ésta sigue su vuelo sin muchas complicaciones.
Si embargo, las aves cruzadas presentan, además de cuello y cabeza, todo el costado por el que penetran con facilidad los perdigones y llegan a los órganos vitales. Los mismo les pasa, guardando las distancias, a conejos y liebres.
Un ejercicio que acostumbro a hacer en las ciudades es mirar las palomas que me sobrevuelan, sobre todo si estoy junto a un edificio alto. Cuando veo pasar una paloma la miro, me pregunto si la tiraría o no y observo cuál es el piso que sobrevuela. Cada piso suele tener unos tres metros, de modo que la cuenta es fácil. Si es un quinto hablamos de 15 metros, aproximadamente; si es un séptimo, de 21 metros. Por eso, para volar a 40 metros, tendría que pasar por el piso 13 ó 14, y les aseguro que a esa distancia, por el tamaño del ave, pesaremos que no es tirable, y ya hemos dicho que con un full y apuntando correctamente, tenemos serias posibilidades de abatirla. Por tanto, si viven en una gran ciudad, entrenen estos tiros pasivos que luego le vendrán muy bien cuando ocupen un puesto fijo.
El necesario adelantamiento
Tenemos el cartucho adecuado y también el choke, pero ahora hay que darle a la pieza. Yo les digo a amigos y familiares que “tiren a fallar por delante”.
Todavía me acordaré de un plato normal que, en un puesto de recorridos de caza, entraba de frente. Salía de una máquina situada en lo alto de un cerro y bajaba hacia un pequeño valle en el que nos encontrábamos los tiradores. Tú lo veías venir desde que salía y cuando lo tenías casi encima parecía tan grande y tan lento que pensabas que todo era cuestión de taparlo. Pero todos fallábamos. Era increíble. Comenzamos a hacer pruebas hasta que alguien lo rompió y reveló el misterio: nos estábamos quedan muy por detrás. A partir de ahí, cuando lo teníamos casi encima, dábamos un buen tirón de la escopeta y al rato –milésimas de segundo, pero suficiente para no ser instantáneo– el plato se rompía. Ese plato nos pasaba a unos 25-30 metros de altura pero debía de ir mucho más rápido de lo que aparentaba y nos estábamos quedando por detrás
Con la caza que vuela de pico pasa un poco lo mismo. A cuanta más altura vaya un zorzal o una paloma dentro de esos 40 metros que tenemos como límite, más lento nos parecerá que vuela. Fíjense en las grandes aviones de pasajeros, parecen que van parados.
Por tanto, hay que adelantar o correr la mano más de lo que creemos, o sea, “a fallar por delante”. También de esta forma tendremos más posibilidades de herir mortalmente a la pieza en la cabeza o en el cuello, su puntos vulnerables.
Conclusiones
Dicho todo esto, cada cazador debe adaptar cartuchos y chokes a sus necesidades, pero siempre es mejor cerrar los chokes un poco más de la cuenta pero sin pasarse. De esta forma aseguraremos la caza que nos salga cerca y la que tiremos a distancias medias y largas.
Los grandes tiradores de recorridos de caza, también grandes cazadores-tiradores, suelen tirar con chokes muy cerrados, incluso full y full en los dos cañones. Y su explicación tiene sentido. Por su nivel, están obligados a romper los platos cercanos que parten la mayoría de los tiradores, aunque usen unos chokes muy cerrados. Sin embargo este cerramiento les vendrá estupendamente para romper aquellos platos más lejanos que no rompen la mayoría de los tiradores. Aquí, lógicamente, hablamos de caza y por tanto a veces, si nos sale muy cerca, habrá que dejar a la pieza que corra o vuele unos metros. También influirá la modalidad y la especie a abatir.
Asimismo, cuanto mayor sea la carga de perdigones el disparo, siempre que se apunte bien, será más letal. ¿El inconveniente?: el desagradable retroceso cuando se tiran muchos cartuchos.
Para la caza en mano o al salto de caza salvaje también recomiendo chokes cerrados que aseguren un perdigonada contundente sobre un animal esquivo y muy musculado. Las cargas, desde 32 a 36 gramos con perdigón de 7 y 6.
En puesto fijo, aparte de llevar el perdigón adecuado, dependerá del día. Si las aves pasan cerca podemos ir incluso a las 4 estrellas, pero como las migratorias están cada vez más ariscas por la presión a la que las sometemos, más de una vez tendremos que recurrir a los chokes más cerrados.
Luego está el anverso, la necesidad de tirar muy cerca, caso de la becada o el conejo en zonas cerradas. Aquí nos tendremos que ir a chokes muy abiertos, de 4 estrellas y cilíndrico –ninguna estrangulación al final del cañón–, incluso a cañones rayados y a cargas de hasta 40 gramos. Pero tampoco hay que ponerse así, antes no había estas municiones y los cazadores de becadas las cazaban con idéntica efectividad.
Cómo funciona un chokes
Cuando se inflama la pólvora se producen una gran cantidad de gases de combustión que en un primer momento y en pequeña cantidad se adelantan al taco (viento balístico) y luego empujan al taco y a la carga de perdigones hacia la boca de fuego. Estos gases se propagan a muchísima velocidad e interaccionan con los perdigones en la boca de fuego, provocando que se dispersen más. Si embargo si el cañón tiene choke esto no ocurre o ocurre con menor efecto porque el choke frena el taco, sella el ánima, e impide que los gases abandonen el cañón al mismo tiempo que los perdigones.
Definición y tipos de chokes
El choke es una reducción del calibre (diámetro del ánima) que se practica en una zona cercana a la boca de fuego y que sirve para mejorar el plomeo.
n El choke se mide por la diferencia que existe entre el diámetro del ánima, medido a 22 centímetros del plano de cierre, y el medido en la boca del cañón.
n Se considera que un cañón carece de choke y se dice entonces que es “cilíndrico”, cuando la diferencia de ambas medidas es cero o 0,1 mm.
n Cuando la diferencia de diámetros es de 0,2 a 0,3 mm. el choke se denomina cuatro estrellas (también recibe los nombres de 1/4 de choke y de choke cilíndrico mejorado).
n De 0,4 a 0,6 mm. el choke es tres estrellas (también recibe los nombres de 1/2 de choke y de choke modificado).
n De 0,7 a 0,8 mm. se denomina choke de “dos estrellas” (3/4 de choke o choke mejorado modificado).
n De 0,9 a 1,1 mm se denomina de una estrella (choke completo o full choke).
n En el caso particular de algunas las escopetas Fabarm, el cañón no tiene una única medida sino tres diámetros internos diferentes y utilizan unos chokes especiales Inner HP que no son cilíndricos, sino que interiormente tienen un perfil hiperbólico. Estos chokes hiperbólicos se denominan corto, medio, largo y extremo y equivalen, respectivamente, a choke de cuatro, tres, dos y una estrella.
Diámetro y peso de los perdigones más habituales
Nº Perdigón Diámetro(mm) Nº de perdigones/30 gr.
9 2,000 645
8 2,250 453
7,5 2,375 390
7 2,500 330
6 2,750 249
5 3,000 192
