Buey almizclero en Canad√° y Groenlandia
22 marzo, 2017 Trofeocaza .

Caza mayor internacional

Buey almizclero en Canad√° y Groenlandia

Pese a que el objetivo que persegu√≠a el cazador era el mismo: abatir al esquivo y poderoso almizclero, el entorno y las condiciones climatol√≥gicas propias de cada zona eran muy distintas. El C√≠rculo Polar √Ārtico es esa delgada l√≠nea que condiciona totalmente el desarrollo de la cacer√≠a. Por encima de ella, el fr√≠o extremo es casi inhumano, mientras que al sur, la Corriente del Golfo dificulta la formaci√≥n de placas de hielo, dejando al descubierto la piedra y el pobre pasto de varios kil√≥metros de suelo y mostr√°ndose el mercurio algo m√°s cort√©s hacia sus habitantes.

CAZARLO EN CANAD√Ā, UNA EXPERIENCIA DURA PERO INOLVIDABLE

Concert√© la expedici√≥n a trav√©s de Cazatur, en julio de ese a√Īo, para cazar el buey almizclero y el carib√ļ √°rtico en la isla Victoria, por encima del C√≠rculo Polar, y cuya caza se abr√≠a el 15 de octubre. Y tambi√©n con el aliciente de cazar a continuaci√≥n el oso polar al amparo de tres licencias √ļnicas autorizadas para su caza en los islotes de la isla de Broughton durante el mes de octubre.

Al parecer, se llev√≥ a cabo una cacer√≠a experimental al oso polar en octubre de 2003 y comprobaron que podr√≠a sostenerse comercialmente, por lo que ese a√Īo el Gobierno autoriz√≥ tres licencias, una de la cuales tuve la suerte de conseguir.

UNA MISMA ESPECIE EN DOS ESCENARIOS DIFERENTES

A continuaci√≥n relatar√© dos cacer√≠as del mismo animal, el buey almizclero, en zonas completamente diferentes, con paisajes, condiciones climatol√≥gicas y m√©todos de caza incomparables por lo distintos que son, pero donde las caracter√≠sticas del animal y su comportamiento frente al cazador son muy semejantes. La primera se desarroll√≥ en Canad√°, por encima del C√≠rculo Polar √Ārtico, en el a√Īo 2004. Y la segunda, en Groenlandia, en 2011, en torno al Paralelo 61, o sea, ligeramente por debajo del C√≠rculo Polar. El animal canadiense es denominado por el SCI como Barren ground muskox (Ovis moschatus moschatus), es de mayor tama√Īo que el de Groenlandia y sus poblaciones se vieron muy diezmadas por cazadores de ballenas, tramperos y nativos en busca de pieles y carne. En la actualidad, sus efectivos parece que van recuper√°ndose. El animal de Groenlandia, denominado por el SCI como Greenland muskox y taxon√≥micamente como Ovis moschatus wardi, nunca se ha visto amenazado y se ha utilizado para repoblar distintas √°reas, entre otras en Alaska, Siberia y Noruega. Ambas subespecies han cambiado muy poco desde la Prehistoria y, junto con el takin de Asia, son las √ļnicas especies supervivientes de la antigua Tribu Caprini, que aparecieron al final del Mioceno, hace unos cinco millones de a√Īos, siendo los m√°s veteranos de la ‚Äútribu‚ÄĚ a la que pertenecen todas las cabras y carneros.

CASI TODO A PUNTO

Mucho preparativo, mucho mail y fax con Canada North Outfitters, los organizadores locales, laboriosa elaboración del plan de viaje y, por fin, el 14 de octubre de 2004, salí para Canadá vía Londres. Era una opción que no me gustaba, pues Heathrow es siempre una pesadilla aun sin llevar armas, como era mi caso, pero era la alternativa aparentemente mejor, así que embarqué con Iberia sin problemas (salvo no poder enviar directamente el equipaje a Edmonton) y en Heathrow tuve que pasar una aduana y realizar todos los trámites de billete y equipaje. El vuelo hasta mi escala en Calgary, de casi diez horas de duración, fue bien. Llegué a las 15.00 horas. Tuve que pasar la aduana, reexpedir mi maleta y embarcar para Edmonton a las 16.45 horas.

Caza-mayor-reportajes-internacional-caza-de-buey- almizclero-en-Canadá-17En Edmonton estaba nublado y había llovido, pero no hacía frío. Llegué, recogí mi equipaje, llamé al bus del hotel Ramada y a las 18.45 horas (2.45 horas del 15 de octubre en Madrid) estaba en mi cuarto para descansar y dormir hasta las 5.00 horas, cuando me llamarían para ir al aeropuerto y seguir a Yellowknife. Hasta ahora todo iba bien… ¡Quizás porque esta vez viajaba sin armas!

En el aeropuerto de Edmonton factur√© directamente a Cambridge Bay, mi destino final y principio de la cacer√≠a, y me encontr√© en la sala de embarque a unos espa√Īoles a los que salud√©. ¬°Result√≥ que iban a cazar donde yo‚Ķ y las mismas especies que yo! Eran un matrimonio, J.O. y C.G.M., ambos notarios de profesi√≥n, y un amigo suyo, S.R. ¬°Qu√© suerte tener compa√Īeros de viaje!

DE CAMINO AL CAZADERO

El vuelo hasta Yellowknife fue bueno y la espera para embarcar y continuar a Cambridge Bay duró solo media hora. Yellowknife estaba todo nevado y hacía un frío muy respetable. A continuación, realizamos una parada de 30 minutos en Coppermine (o Kugluktuk, como se llama actualmente) para repostar, dejar a pasajeros y recoger a otros, siguiendo en un vuelo de otra hora hasta Cambridge Bay, en la Isla Victoria.

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Pepe Madrazo, junto al gu√≠a, con un bonito trofeo de carib√ļ. El fr√≠o era extremo. Basta con observar el equipo de ropa que llevaban puesto para protegerse de las inclemencias del tiempo. Debajo, cargando otro carib√ļ en el trineo.

Entre los que desembarcamos estaban otros seis cazadores (todos americanos, salvo un alem√°n) que llegaban a cazar el buey almizclero y el carib√ļ √°rtico el primer d√≠a de la temporada, justo como mis compa√Īeros ib√©ricos y yo mismo. Nos recogi√≥ a todos la misma outfitter, Mabel Angotiauk, y en un microb√ļs nos condujeron al hotel Artic Island. Despu√©s de instalarnos fuimos en grupo hasta la oficina de wild life para obtener nuestras respectivas licencias de caza. El ‚Äúgrupo ib√©rico‚ÄĚ nos marchamos ‚Äúde tiendas‚ÄĚ y compr√© unas manoplas para encima de los guantes, pues la cacer√≠a se realizar√≠a en trineo, arrastrado por motonieve, y el fr√≠o iba a ser pel√≥n. El paseo por el pueblo (que es peque√Īo, con unos 1.300 habitantes, tres hoteles, dos tiendas, amplias calles, construcciones exentas sobre el suelo y barracones del tipo polar) me puso en guardia, pues el fr√≠o cortaba. Todo estaba helado y el poco viento que corr√≠a parec√≠a afeitarte en seco.

A las 18.30 horas, Mabel nos present√≥ a los nueve guardas que acompa√Īar√≠an a los nueve cazadores, que habr√≠an de ir por parejas para mayor seguridad. Obviamente, una pareja ser√≠an el matrimonio amigo, con sus dos gu√≠as, y a m√≠ me asignaron al grupo formado por S.R., su gu√≠a llamado Custler, y mi gu√≠a, George Kavanna, de 48 a√Īos, con gran experiencia, que me prestar√≠a sus rifles (un .223 para el carib√ļ y un .300 Savage para el buey almizclero). Cenamos un sandwich, ya fuera de hora, pues el restaurante del hotel cierra a las 19.00 horas , y nos retiramos a nuestros cuartos, pues no hab√≠a a esas horas ni sala de estar, ni bar ni sitio alguno para sentarse de tertulia en el hotel.

Y LLEG√ď EL ANSIADO D√ćA

Caza-mayor-reportajes-internacional-caza-de-buey- almizclero-en-Canad√°-4Dorm√≠ poco, con nerviosismo, probablemente por la cacer√≠a que se avecinaba, cosa que no me ocurr√≠a desde sabe Dios cuando. El primer d√≠a de caza me levant√© a las 6.45 horas, desayun√© fuerte, pagu√© el hotel (donde dej√© el grueso del equipaje) y salimos a las 9.00 horas todos los cazadores, en grupos de a dos y en trineos enganchados a motonieves conducidas por el gu√≠a respectivo. Los grupos fueron dispers√°ndose a la salida de la ciudad, y S.R. y yo nos topamos en nuestro camino con el matrimonio amigo que estaba fotografiando el carib√ļ reci√©n abatido por J.O. Nos detuvimos para felicitar al compa√Īero y ver el magn√≠fico ejemplar que hab√≠a conseguido, prosiguiendo luego en solitario. Como √≠bamos a cazar juntos, le hab√≠a propuesto a mi compa√Īero S.R. sortear el orden, correspondi√©ndome a m√≠ tirar primero, por lo que vimos un grupo de carib√ļes con uno de ellos tirable, y al no gustarme le pas√© el turno a S.R., que tampoco lo tir√≥ pero continu√≥ con la vez hasta ver uno de su gusto que abati√≥ a eso de las 11.30 horas. Fuerte abrazo y enhorabuena al emocionado compa√Īero, fotos a su bonito carib√ļ, de cuerna uniforme y oscura, que le dej√≥ muy satisfecho. Continuamos con la b√ļsqueda entre centenares de carib√ļes, en grupos muy grandes, hasta dar con uno que desde muy lejos, con los prism√°ticos, parec√≠a de gran cornamenta.

Dejamos atr√°s a S.R. con Custler y fuimos en el trineo hasta cerca del carib√ļ, que estaba solo con cinco hembras. Vi que era bueno. Con los carib√ļes huyendo a la carrera, tom√© el .223 de George, cargu√© con las manos ateridas de fr√≠o (ten√≠a los guantes puestos, pero no las manoplas de piel de carib√ļ) mientras √©l desenganchaba el trineo y, montados ambos en su motonieve, salimos en persecuci√≥n del macho que segu√≠a a su har√©n en la desbandada. Les dimos alcance cuando se detuvieron y, de un solo disparo, le alcanc√© en el codillo y cay√≥ patas arriba sin moverse de donde estaba. Lo tir√© a ‚Äúcascaporro‚ÄĚ, atravesado y sin gloria ninguna. La balita del .223 fue suficiente por la fortuna de darle en el coraz√≥n, aunque en todo caso parecen animales poco resistentes. Hermoso trofeo, cuerna larga y robusta, con much√≠simas puntas y un doble shovel (palas frontales) en las luchaderas, aunque de color claro por terminar apenas de tirar el correal. Hicimos fotos, aviaron el bicho y nos dirigimos con mucho fr√≠o y viento a buscar una caba√Īa donde pasar la noche.

LUCHANDO CONTRA EL FR√ćO

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El autor de la crónica junto al guía y el buey almizclero que abatió en Canadá.

Al descargar los trastes dentro de la caba√Īa, comprob√© la temperatura. En ese momento mi term√≥metro marcaba -19 ¬ļC y el sandwich y todo lo que llevaba en el macuto dentro del trineo estaba congelado. El jam√≥n y el queso del bocadillo eran hielo, la pasta de dientes no sal√≠a del tubo por m√°s que apretaras‚Ķ y menos mal que la m√°quina de fotos, la de repuesto, y el ‚Äútomavistas‚ÄĚ de v√≠deo los llevaba debajo del anorak, al amparo del calor corporal, pues de otra manera se hubieran congelado igualmente. Yo no pas√© fr√≠o, mi equipo normal para fr√≠o reforzado con pantal√≥n t√©rmico de peto, sobrebotas t√©rmicas cubriendo las m√≠as, marca Meindl, y manoplas de piel de carib√ļ √°rtico encima de mis guantes, me protegi√≥ sobradamente. El gorro de piel encima del verdugo de seda y mi bufanda me mantuvieron todo el tiempo muy a gusto, si bien el aliento se helaba delante de la boca y la nariz. Por otro lado, al tener una especie de cabina protectora en mi trineo, no me pegaba el viento directamente en la cara y no necesit√© las gafas de ventisca. √önicamente sent√≠ un poco de fr√≠o en piernas y pies al cabo de horas de inmovilidad dentro del trineo y todos los huesos desencajados de los golpetazos del trineo en los ‚Äúbaches‚ÄĚ y agujeros del terreno o la banquisa helados. El gu√≠a dijo que hab√≠amos estado alg√ļn rato a ‚Äď30 ¬ļC, pero yo solo sent√≠ fr√≠o durante la persecuci√≥n de los carib√ļes en motonieve.

Llegamos casi de noche a la caba√Īa, a orillas de un entrante del mar que formaba una laguna, mejor dicho, una peque√Īa bah√≠a congelada. La caseta, de contrachapado de madera, no ten√≠a nada en su interior y estaba fr√≠a como un cuerno, pero bien aislada, y en poco rato se calde√≥ algo con los hornillos de queroseno que llev√°bamos para guisar la cena. Sobre las planchas de goma espuma que utiliz√°bamos de asiento en los trineos pusimos los sacos de dormir y nos acostamos los cuatro. No pase fr√≠o, pero mi term√≥metro marcaba -12 ¬ļC a las 7.30 horas, cuando me levant√©.

A POR LA SEGUNDA JORNADA

La noche estuvo tranquila, estrellada, muy fr√≠a pero sin viento ni nieve, y el segundo d√≠a de caza amaneci√≥ despejado y con sol. Cambi√© mis botas por unas especiales que me prest√≥ George, aptas para -70 ¬ļC, y a las 10.00 horas salimos en los trineos a buscar el buey almizclero que √≠bamos a cazar. Pegando tumbos dentro de la barquilla del trineo, pues George conduc√≠a la moto como un endemoniado al que se le acabase el tiempo, doblando la velocidad del d√≠a anterior, dimos con una manada de bueyes almizcleros a eso de las 11.00 horas. Y como era mi turno, eleg√≠ uno muy grande de cuerpo, con buena cuerna, y tras una persecuci√≥n en la que se dispers√≥ el grupo, quedando √©l solo con una vaca, le sacud√≠ un tiro con el .300 Savage de George que le parti√≥ el brazuelo derecho pero no lo derrib√≥, obviamente por

el compa√Īero de caza de Pepe Madrazo con el carib√ļ que consigui√≥ abatir. A la derecha, el autor de la cr√≥nica en su trineo. Debajo, el buey almizclero que caz√≥ Pepe Madrazo, justo en el mismo lugar en el que cay√≥ abatido.

El compa√Īero de caza de Pepe Madrazo con el carib√ļ que consigui√≥ abatir. A la derecha, el autor de la cr√≥nica en su trineo.

no alcanzarle en un √≥rgano vital, y sali√≥ trastabillando d√°ndome la trasera. Cargu√© varias balas, pues como pude constatar al recargar, George solo hab√≠a metido un cartucho, y seg√ļn corr√≠a, le met√≠ otro tiro cerca del nacimiento del rabo que lo par√≥… pero no cay√≥. Nos acercamos en el trineo y tuve que rematarle en el codillo para derribarle y acortar su sufrimiento. Me sorprendi√≥ el aguante a los balazos, la resistencia de este animal (como despu√©s pude comprobar con el abatido por mi compa√Īero) y la dificultad de situar bien el disparo por la forma peculiar del animal y las lanas y melenas que le cubren. Por otro lado, la estupidez o candidez del animal te produce una sensaci√≥n inc√≥moda cuando le est√°s apuntando, y el disparar es la perpetraci√≥n, si no de un asesinato, s√≠ de una ejecuci√≥n sumaria de alguien que no tiene defensa. Si no fuera por la dificultad de llegar al C√≠rculo Polar y el fr√≠o que pasas, la caza de este animal no tendr√≠a justificaci√≥n de ning√ļn g√©nero.

Continuamos hasta que S.R. pudo abatir su buey almizclero, tambi√©n bueno y con muy buena testuz. Lo encontramos galopando en la llanura helada mientras hu√≠a de un lobo solitario, grande, blanco, que le persegu√≠a con sa√Īa pero que abandon√≥ sus intenciones al entrar nosotros en escena. El buey se detuvo y, mientras S.R. le ve√≠a bien, el bicho levantaba la pezu√Īa de la mano izquierda como dolorido o escarbando para cargar. A unos 10 metros de distancia tuvo que pegarle cuatro tiros para que cayera y muriese. Con sentimiento de complicidad, le di la enhorabuena a mi amigo, que tambi√©n me dijo tener cierto amargor despu√©s de ‚Äúperpetrar el asesinato‚ÄĚ. Al desollarlo comprobamos que el pobre animal ten√≠a la pezu√Īa delantera izquierda aspeada, con las chitas del casco agujereadas por abajo y la carne a la vista. Aparentemente, tendr√≠a que haber sufrido mucho. Ello explica que estuviera solo y fuera perseguido por el lobo, quien a buen seguro lo hubiera matado de no llegar nosotros, visto lo cual nos quedamos m√°s a gusto.

Tuvimos que volver a la caba√Īa para recoger nuestros enseres y despu√©s hacer las m√°s de 30 millas de regreso a Cambridge Bay, dando tumbos en el trineo durante cerca de tres horas. Fr√≠o no pas√©, pero acab√© lleno de magulladuras, con la columna molesta y un fuerte dolor de cabeza de tanto traqueteo en la barquilla del trineo.

TODO LO BUENO SE ACABA

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El autor de la crónica en su trineo. Debajo, el buey almizclero que cazó Pepe Madrazo, justo en el mismo lugar en el que cayó abatido.

Al siguiente día liquidamos el pago de tasas en la oficina de wild life, dimos propinas y nos explicaron las instrucciones a seguir para enviar los trofeos. ¡Y nos resignamos a esperar otras 24 horas para salir de aquel pueblito! Los pronósticos de vuelo eran malos, pues teníamos una borrasca encima, aunque, afortunadamente, tras horas de espera e incertidumbre, nos comunicaron que el avión había despegado del aeropuerto de origen y venía hacia Cambridge Bay.

Hicimos el embarque en medio de una ventisca de nieve y despegamos sin problema. Llegamos bien a Yellowknife, donde nos quedar√≠amos J.O. y yo para continuar con la cacer√≠a al oso polar, mientras nuestros compa√Īeros regresar√≠an a Espa√Īa despu√©s de una experiencia divertida por la compa√Ī√≠a e interesante por la lejan√≠a, los territorios visitados y el fr√≠o extremo soportado.

De esta cacer√≠a, que s√≠ me atrevo a calificar de extrema, destaco la distancia a la que se encuentra el territorio de caza, el fr√≠o, la niebla y la nieve, que son una constante durante la cacer√≠a, lo breve de la temporada de caza (dos semanas) y lo reducido del n√ļmero de licencias. Por lo dem√°s, la cacer√≠a del animal no presenta inter√©s, se trata de un buey que no teme a predadores como el hombre y que es de una candidez √ļnica.

EN GROENLANDIA: UNA AVENTURA MENOS EXIGENTE PERO¬†TAMBI√ČN¬†BONITA

Groenlandia, a diferencia de Canad√°, ofrece los territorios de caza para el buey almizclero en zonas del suroeste afectadas por la Corriente del Golfo y donde varios kil√≥metros tierra adentro desde la costa est√°n desprovistos de hielo. La piedra y el pobre pasto cubren toda la superficie visible y le dan un colorido verdoso muy bello. Todo ello, sumado a la belleza de sus costas y fiordos, hacen del entorno un lugar muy atractivo incluso para ir acompa√Īado de la familia. La temporada de caza coincide con el principio del verano y, aunque el clima en esas latitudes puede ser malo, generalmente en una cacer√≠a de una semana tienes d√≠as bonitos de sol y tambi√©n alguno con niebla o lluvia, pero nunca de fr√≠o intenso.

LA SUBESPECIE DE GROENLANDIA

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Pepe Madrazo, junto al jefe de la guardería, Per, con el trofeo de buey almizclero.

El buey almizclero (Ovis moschatus wardi) es algo m√°s peque√Īo de talla y peso que su cong√©nere de Canad√°, pero igual de ‚Äúest√ļpido‚ÄĚ, lo que te permite acercarte sin problema. La abundancia de animales, lo benigno del clima, la distancia a la que se encuentran los cazaderos y, sobre todo, la estolidez del animal hacen que no pueda calificarse como una cacer√≠a extrema, como s√≠ lo es la que se practica en Canad√°.

Contrat√© la cacer√≠a con el agente Hannes Rei para realizarla en los primeros d√≠as de julio de 2011 junto con unos amigos de Valencia, P.M. y P.F. Vol√© desde Madrid a Copenhague, donde en el aeropuerto me esperaban los valencianos y Hannes para ir al hotel Bella Sky, cercano al aeropuerto, en una zona muy moderna de la ciudad. Nos acomodamos y salimos en taxi a ver la ‚Äúsirenita‚ÄĚ y algo de la ciudad hasta el puerto viejo, donde cenamos.

Al d√≠a siguiente volamos con Greenland Air, de 10.00 a 15.00 horas, en vuelo de cinco horas hasta Narsarsuaq, en cuyo aeropuerto nos esperaba el outfitter, Biorne, de Islandia, que tiene la concesi√≥n en Ivituut, donde cazar√≠amos el buey almizclero. Nos llevaron en coche al puerto y embarcamos en una lancha motora, de unos seis metros de eslora, para ir a Narsaq, capital de la isla. En coche nos trasladaron hasta una casa alquilada por la organizaci√≥n para que nos instal√°ramos y dej√°semos el sobrante de ropa que no necesit√°semos en Ivituut. Nos trasladamos en coche a una casa alquilada por la organizaci√≥n, antiguo dispensario m√©dico, donde nos instalamos cada uno en un cuarto, con calefacci√≥n, cama y ropa limpia. En esta zona est√° el puerto y las oficinas e instalaciones de la antigua mina, pero la gente vive a un par de kil√≥metros, en casas multicolores y cerca de la base militar. Buen d√≠a, de sol en Ivituut: 61¬ļ 12‚Äô 4‚ÄĚ N; 48¬ļ 10‚Äô 28‚ÄĚ W; a seis metros sobre el nivel del mar. Probamos los rifles, yo un Tikka del calibre .300, y luego cenamos y nos acostamos.

¬°A POR EL BUEY ALMIZCLERO!

El primer día de caza nos levantamos a las 7.00 horas y vimos un buey desde la casa, pastando donde el día de antes habíamos probado los rifles. Llegaron los guardas locales y salimos a cazar. El jefe de la guardería es Per, antiguo alcalde y personaje local, que llegó con uniforme y prismáticos. Los auxiliares eran Einar y Knud, más dos skinners, todos ellos indígenas de Groenlandia.

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El autor con su trofeo de buey almizclero. Debajo, se√Īal que indica la presencia del animal.

Salimos en coche por un camino de tierra que conduce al poblado hasta donde ya habían visto un buey almizclero al borde del camino. Me habían asignado a mí el primer animal, así es que con Per y Knud me dirigí a pie hasta un montículo, detrás del cual había desaparecido el buey. A unos 120 metros le tiré, apoyado en el bípode y panza abajo. Le alcancé bien, rompiéndole el brazo derecho, pero se largó poco a poco mientras Per no me permitía disparar otra vez. Se fue alejando despacito hasta detenerse y nos acercamos un poco para volver a dispararle varias veces más hasta que conseguí abatirlo. Le metí la friolera de… ¡seis tiros!

Tomamos unas cuentas fotos‚Ķ y a buscar otros bueyes para mis compa√Īeros. Seguimos en coche, y nada m√°s pasar el poblado vimos otro hacia el que se dirigi√≥ P.F. Antes de que disparara advertimos otros tres, y P.M. quiso tirar uno que parec√≠a muy grande, junto al que recechaba su compa√Īero valenciano, que se hab√≠a juntado con los otros. P.M. propuso que ambos tiraran a la vez, cada uno al suyo, pero P.F. prefiri√≥ no disparar, dejando v√≠a libre a su paisano, que se dirigi√≥ al que le gustaba. Dispar√≥, lo abati√≥ y sigui√≥ a por otro mientras P.F. y yo nos quedamos donde est√°bamos, en compa√Ī√≠a de un oficial de marina dan√©s de la base militar que ten√≠amos a la vista. P.M. abati√≥ un segundo buey y Per vino a buscar a P.F. para llevarle caminando a un valle donde hab√≠a bastantes animales, especialmente en la ladera opuesta a nuestra entrada. P.F., con rapidez y punter√≠a, consigui√≥ cobrar su buey y tuvo que cruzar andando un peque√Īo riachuelo para hacerse la foto.

Despu√©s, a las 13.00 horas, regresamos los tres caminando un par de kil√≥metros hasta que lleg√≥ Per con el coche y nos llev√≥ hasta la casa. Por la tarde no hubo amago de salir a cazar y esperamos a que llegase Per, acompa√Īado de su mujer, para ense√Īarnos el museo de la miner√≠a, situado en un edificio cerca del dispensario.

Cazando junto al mar

El segundo d√≠a de caza nos levantamos a las 7.00 horas, desayunamos y salimos en barca para buscar otro buey para mis compa√Īeros. Al poco vimos uno desde el barco. Se apearon P.F. y Knud, y mi compa√Īero le dispar√≥ desde unos 30 metros, consiguiendo derribarle.

Caza-mayor-reportajes-internacional-caza-de-buey- almizclero-en-Canad√°-12El tercer d√≠a de caza navegamos hasta Narsaq, tratando de encontrar alg√ļn reno, pero no hubo suerte. El ruido del motor de la barca los alertaba y sal√≠an espantados antes de que pudi√©semos siquiera verlos.

El cuarto y √ļltimo d√≠a de caza previsto amaneci√≥ con una ma√Īana fr√≠a de verdad. Embarqu√© con Hannes y Biorne mientras mis compa√Īeros sub√≠an en otra barca en compa√Ī√≠a de dos cazadores locales. Pas√© todo el d√≠a sin ver m√°s que tres hembras, aunque luego divis√© un macho seg√ļn traspon√≠a por la cuerda. Le propuse a Biorne seguirle, pero se neg√≥ diciendo que habr√≠a sido imposible dar con √©l.

Al regresar encontr√© ya en la casa a mis colegas valencianos, que hab√≠an abatido sus renos. P.F. dos, uno malo y otro bueno, y P.M. uno muy bueno. Les felicit√© y ped√≠ a Biorne que me dejara salir a cazar de nuevo a las 5.00 horas con uno de los cazadores que les hab√≠a llevado en su barca. Accedi√≥ a ello pero a cambio de un precio por las ‚Äúhoras extras‚ÄĚ de trabajo y en todo caso para estar de regreso antes de las 9.00 horas, cuando ten√≠amos que embarcar de regreso a Narsarsuaq.

Exprimiendo al máximo la cacería

El quinto d√≠a, asignado para regresar, me levant√© a las 4.00 horas y sal√≠ en barca a las 5.00 con un esquimal llamado Pesch. Vimos varios carib√ļes, pero se espantaban con el ruido del motor de la barca‚Ķ hasta que me cans√© y le dije que atrac√°ramos y fu√©ramos caminando por un valle bastante grande donde al rato vimos renos. Tir√© y fall√© a las 7.00 horas; seguimos y en un ensanche del valle vimos dos grupos de unos 30 √≥ 40 ejemplares cada uno; nos acercamos al primero a 200 metros sin que se inmutaran y, por fin, a las 7.50 horas abat√≠ el macho m√°s grande aprovechando su t√≠pica paradita.Tomamos las pertinentes fotos bajo la lluvia, le cortamos la cabeza y comenc√© a andar de regreso y, cuando me alcanz√≥ Pesch, vi que solo llevaba los cuartos traseros del bicho pero no el trofeo. Obviamente, le interesaba su pitanza m√°s que mi trofeo y, aunque insist√≠ en que volviera a buscarlo, me dijo que ya no hab√≠a tiempo. Efectivamente, eran las 8.00 horas y ten√≠amos un buen trecho para navegar. M√°s tarde recogieron mi trofeo, que luce muy bonito en casa.

José Madrazo

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