Cacería de rebeco cartusiano
12 marzo, 2017 Trofeocaza .

Caza mayor internacional

Cacería de rebeco cartusiano

Cinco a√Īos tuvo que esperar el autor¬† de esta cr√≥nica para recibir un permiso de¬† caza de la √ļltima subespecie de rebeco que¬† completar√≠a su colecci√≥n particular de las diez¬† que son pieza venatoria. Finalmente, el a√Īo¬† pasado pudo cumplir su ansiado deseo,¬† aunque ya les adelantamos que le cost√≥¬† sangre, sudor y l√°grimas.

Siempre he considerado la caza del rebeco¬† como la m√°s atractiva y dif√≠cil de todas las¬† posibles a los animales de monta√Īa y su¬† cacer√≠a ha sido un reto que nunca he rechazado.¬† Pero en esta ocasi√≥n adem√°s trataba de completar¬† la colecci√≥n, incorporando la √ļnica subespecie¬† que me faltaba, pues previamente hab√≠a¬† cazado las otras nueve, y por ello, con paciencia¬† mon√°stica, realic√© todas las gestiones y esper√©¬† cinco largos a√Īos hasta obtener uno de los¬† tres permisos que la Office National des For√™ts¬† (ONF) libera para extranjeros todos los a√Īos.

Nunca mejor dicho lo de ‚Äúmon√°stico‚ÄĚ, pues este¬† rebeco es natural de la sierra Chartreuse, donde¬† fue fundado el primer monasterio de frailes¬† cartujos por San Bruno en 1084.

TRAS LOS FORMALISMOS…A CAZAR

Una vez que mi solicitud fue admitida, tuve que¬† firmar un contrato con la ONF y un ap√©ndice¬† para extranjeros aceptando los t√©rminos en que¬† iba a desarrollarse la cacer√≠a, validar en Francia¬† mi licencia de caza espa√Īola para ser utilizada¬† all√≠ y, finalmente, programar mi viaje para llegar¬† en los d√≠as que ten√≠a asignados para cazar.

 De las tres licencias autorizadas para la temporada  2014/15, dos eran para machos y una para  hembra. Las de machos habían sido concedidas  a otros cazadores, por lo que a mí me correspondió  la de hembra.

No me importó, pues en esta  especie para mí son igualmente valiosos ambos  sexos. Ambos tienen su valoración separada y su  cacería… y cuando de una vieja dama con largos  cuernos se trata, es tan atractiva como la de macho.

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El autor haciendo cumbre.

Contento por haber conseguido finalmente  la licencia que tanto ansiaba, mantuve varias  conversaciones telefónicas con el guarda, fijé las  fechas para la cacería y esperé la llegada del mes  de noviembre para emprender mi viaje.

Decid√≠ viajar por avi√≥n hasta Lyon y conducir¬† un coche alquilado desde all√≠ hasta el pueblito¬† de St. Pierre de Chartreuse, tambi√©n llamado¬† St. Pierre D‚ÄôEntremont, situado en el centro¬† del Massif de la Grand Chartreuse, a unos 150¬† kil√≥metros en direcci√≥n sur, donde me alojar√≠a¬† en un peque√Īo hotel y tambi√©n me encontrar√≠a¬† con el guarda asignado para mi cacer√≠a.

Debo¬† decir que, como llevaba mi rifle, pens√©, como¬† primera opci√≥n, ir conduciendo en mi coche¬† desde Madrid hasta el cazadero, unos 1.300¬† kil√≥metros, para evitar as√≠ los tr√°mites de volar¬† con armas, pero finalmente me decid√≠ por el¬† avi√≥n, pues la tramitaci√≥n ante la Guardia Civil¬† en Barajas es tan f√°cil como siempre, y en¬† destino no era preceptivo pasar ning√ļn control¬† siempre que estuviera en posesi√≥n de la Tarjeta¬† Europea de Armas de Fuego.

De esta manera  me libraba del palizón de conducir tantos kilómetros  y realizaba un cómodo viaje de apenas  una hora hasta Lyon y otra hora y media hasta  el cazadero.

El día 10 de noviembre, conduje  hasta el pueblo de St. Pierre de Chartreuse y me  instalé en el hotel Le Valombré, donde me reuní  con Alain, quien iba a ser mi guía de caza.

Mientras bebíamos una cerveza, me explicó en  detalle cómo íbamos a realizar la cacería y me  dio las instrucciones sobre qué llevar en mi mochila  y qué dejar en el hotel o el coche.

Entre lo  que no tuve que cargar, se encontraba mi larga  vista, pues insistió en que usaríamos el suyo y así  reduciría el peso a transportar.

Tengo que decir¬† aqu√≠ que en el contrato que firm√© se dec√≠a claramente¬† que cada cazador carga con su rifle, munici√≥n, ¬†comida, bebida, etc. y que el animal, una¬† vez abatido, tiene que ser aviado por el cazador¬† a quien corresponde y cargarlo en la bajada con¬† el trofeo y la carne. Expresamente exclu√≠a esas¬† tareas del cometido del guarda, quien solo ten√≠a¬† como funci√≥n guiar en la monta√Īa, encontrar el¬† animal y se√Īalar al que cab√≠a disparar.

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Hotel de St. Pierre de Chartreuse en el que se alojó José Madrazo durante esta aventura. Debajo, panorámica del escenario en el que se produjo el lance.

El guía me recogió en mi hotel a las 5.30 horas  del 11 de noviembre, me preguntó si había me tido en mi macuto las balas, los prismáticos, la comida, el agua y la ropa de abrigo y, cuando a  todo le respondí afirmativamente, me dijo que  subiera a su todoterreno para iniciar nuestra jornada.

Circulamos un poco por carretera y luego¬† recorrimos unos senderos de monta√Īa, dejando¬† el veh√≠culo en la cota de 1.000 metros sobre el nivel¬† del mar. Nada m√°s apearnos del coche, volvi√≥¬† a preguntar cu√°ntas balas llevaba.

Le dije que¬† diez y pareci√≥ quedar satisfecho. Eran cartuchos¬† RWS KS de 162 grains del calibre 7mm RM, que¬† son los que tantas veces he utilizado con √©xito en¬† cacer√≠as de monta√Īa. A las 6.30 horas, iniciamos¬† a pie la ascensi√≥n en la m√°s absoluta oscuridad¬† y, con la ayuda de la linterna de cabeza, fuimos¬† escalando, zigzagueando una pared rocosa casi¬† vertical.

Hay que a√Īadir que existe un camino¬† por el que se puede acceder al cazadero, incluso¬† en coche, pero que por las nevadas ca√≠das estaba¬† impracticable absolutamente, de manera que¬† no me qued√≥ otra que tirar para arriba, cargando¬† mis pertrechos y ‚Äúa patita‚ÄĚ.

¬†¬ŅDAR√ćAMOS CON ALGUNO? ¬†¬†

A las 7.45 horas ya había luz diurna suficiente  como para apagar las linternas y continuamos  subiendo hasta las 9.00 horas para alcanzar la  cota de 1.850 metros sobre el nivel del mar, donde  se extendían unos valles y montículos que  formaban la meseta que corona esa parte de la  Grand Chartreuse.

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Ruta de subida que tuvieron que realizar casi escalando.

En dos horas y media habíamos  ascendido 850 metros casi en vertical. ¡Si me  lo dicen antes, ni me lo creo! Varias veces estuve  tentado a abandonar, pues mis piernas apenas  resistían, el dolor era intenso y ya no me quedaban  fuerzas.

Por si fuera poco, adem√°s apareci√≥,¬† como habitualmente sucede en la monta√Īa, ese¬† duendecillo que te susurra: ‚ÄúNo sigas, hombre,¬† no vale la pena, qu√© m√°s da, si todos los rebecos¬† son iguales y ya tienes muchos‚Ķ‚ÄĚ.

En esta ocasión,  más que en ninguna otra anterior, tuve que  tirar de fuerza de voluntad para alejar los cantos de sirena, superar mi abatimiento físico y llegar hasta la cumbre.

Solo mi gran determinaci√≥n y¬† el empe√Īo en conseguir el √ļltimo trofeo de rebeco¬† para completar mi colecci√≥n me permitieron¬† vencer a la monta√Īa y entrar en los dominios de¬† la rupicapara cartusiana.

Recorrimos y atalayamos toda la zona conocida¬† como ‚ÄúLances de Malisard‚ÄĚ hasta las 16.00¬† horas, realizando una breve parada para comer y¬† descansar mientras escudri√Ī√°bamos el gran circo¬† que hab√≠amos recorrido en las siete horas desde¬† que hicimos cumbre.

No habíamos visto nada  que se pudiera tirar: apenas una madre con su  cría y un par de machetes jóvenes. Comenzaba  a hacer mucho frío y teníamos otras dos horas de  caminata para llegar al coche, así que, con gran  dolor de mi corazón, comenzamos la bajada.

Era¬† consciente, y as√≠ se lo dije al gu√≠a, de que ya no¬† ser√≠a capaz de volver a subir a esa monta√Īa. Aqu√≠¬† acababan mis ilusiones y la posibilidad de conseguir¬† mi √ļltimo rebeco. Desafortunadamente,¬† hab√≠a sonado la hora, era el rien ne va plus en este¬† juego infernal y retador y hab√≠a que desistir si¬† quer√≠amos salir sanos de la monta√Īa.

Y CUANDO DABA TODO POR PERDIDO… ¬†

A la vista de mi lamentable estado f√≠sico, el gu√≠a¬† me propuso el descenso evitando el recorrido de¬† la ma√Īana y caminar bordeando el circo para llegar¬† al camino principal.

Caza-mayor-reportajes-internacional-cacería-de-Rebeco-Cartusiano-8Dicho camino, de unos  cinco kilómetros de largo, lo habíamos obviado  en la subida por la imposibilidad de circular en  coche sin cadenas y la enorme dificultad de caminarlo  sobre la nieve congelada sin la ayuda de  crampones.

Cargu√© con mi rifle y mi macuto, algo m√°s ligero¬† despu√©s del almuerzo y de trasegar m√°s de¬† un litro de agua, y comenzamos el descenso hacia¬† un peque√Īo caser√≠o que se divisaba en la distancia.

Llegamos hasta esa caba√Īa de pastores,¬† abandonada ya en esta √©poca del a√Īo, y seguimos¬† girando a la derecha, d√°ndole la vuelta a la¬† ladera norte del circo para ir a buscar el camino.¬† Y de repente‚Ķ ¬°albricias! Pastando en la ladera¬† vimos a tres rebecos, ligeramente por encima de¬† nuestra cota, que apaciblemente careaban en la¬† hierba de la inclinada pradera, en la que apenas¬† se divisaban tres o cuatro grupos de arbustos y¬† otras tantas rocas diseminadas ac√° y all√°, ofreciendo¬† muy poca cobertura.

Buscamos refugio detrás de un arbusto, nos  echamos los prismáticos y nos cercioramos con  el larga vista. Estaban a 650 metros de distancia, a  nuestra izquierda, y uno de ellos era una hembra,  grande, con larga cuerna y claramente el mejor  trofeo de los tres. Teníamos el viento favorable  para iniciar la aproximación, así que acordamos  el plan de ataque.

Nos desplazar√≠amos unos¬† cientos de metros en la cota actual y luego continuar√≠amos¬† a la rastra hasta una pe√Īa, situada en¬† cota superior, desde donde posiblemente podr√≠a¬† conseguir un buen disparo. Caminamos agachados¬† unos 200 metros y, reptando, otros 150 metros¬†¬† hasta llegar al punto elegido.

Comprob√© la distancia: 230 metros, ligeramente¬† en cuesta y sin ning√ļn¬† obst√°culo entre medias. Mi rebeco¬† estaba mirando a la derecha,¬† casi atravesado y ligeramente escorado¬† hacia arriba. Coloqu√© el¬† macuto sobre la roca y encima¬† mi Blaser 7 mm. RM con visor¬† Swarovski 3-12×50.

Tomé  apoyo para el codo derecho y,  con calma, apunté a mi objetivo  presionando despacio el  gatillo. Le alcancé de lleno,  por detrás del codillo, algo  alto, pues le fracturé la columna,  cayó y se incorporó sobre las patas  delanteras. De un segundo disparo acabé con sus

sufrimientos y, poco a poco, subimos caminando¬† hasta donde yac√≠a mi √ļltimo trofeo de rebeco.

¬†UN SUE√ĎO CUMPLIDO

Exhausto pero con una inmensa alegría, recibí la  felicitación del guía, que no cabía en sí de gozo,  pues, al igual que yo, sólo 20 minutos antes había  sentido la derrota y la impotencia de conseguir  mi anhelado trofeo.

Tomamos las fotos con¬† el consabido √ļltimo bocado en la boca del hermoso¬† animal, al que despu√©s desoll√© para cortar¬† su trofeo y obsequiar al gu√≠a con los lomos y los¬† cuartos traseros. Con muy poca luz iniciamos¬† el descenso para llegar al camino cuando ya no¬† se ve√≠a.

Con la ayuda de nuestras linternas seguimos¬† el camino, cubierto de nieve congelada¬† o barrizales resbaladizos, hasta llegar, a eso de¬† las 19.00 horas, al lugar donde hab√≠amos dejado¬† nuestro coche por la ma√Īana.

Despu√©s de una caminata de casi trece horas, extenuado¬†pero con un j√ļbilo indecible, me sub√≠ al¬†todoterreno y me ape√© en el hotel. Tras acordar¬†la cita para el d√≠a siguiente y una cordial despedida¬†de mi gu√≠a, me di una ducha y, sin cenar,¬†me acost√© inmediatamente. Era tal la paliza que¬†llevaba encima que apenas pude dormir esa noche.¬†A pesar de tomar un calmante, me dol√≠an¬†todos los m√ļsculos y escasamente dorm√≠ un par¬†de horas seguidas. Pero no me import√≥: estaba¬†tan contento de haber conseguido el rebeco que¬†hasta me sent√≠a feliz al poder rememorarlo toda¬†la noche. En verdad, era m√°s bonito verlo en¬†pel√≠cula retrospectiva que vivirlo en la monta√Īa,
cuando todavía el resultado incierto y la fatiga van minando tu ánimo.

En la ma√Īana del siguiente d√≠a, fui con mi¬†gu√≠a a la oficina local del ONF para realizar la¬†medici√≥n oficial y cumplimentar la documentaci√≥n.¬†Esta organizaci√≥n de caza es muy formalista¬†y otorga mucha relevancia a esta fase final¬†de la cacer√≠a, d√°ndole una importancia que le¬†a√Īade valor y confiere el m√©rito debido al trofeo¬†obtenido. Alain procedi√≥ a medir el trofeo, que,¬†con una edad de nueve a√Īos, alcanz√≥ una puntuaci√≥n¬†de 95,2 CIC y de 24 3/8 SCI, siendo en¬†esta segunda organizaci√≥n el que ocupar√≠a el¬†primer lugar.

Salvando el que siempre me gusta cumplir las¬†formalidades que se requieran, entre ellas la medici√≥n,¬†personalmente mi trofeo ha sido el logro¬†del animal, siendo de menor importancia la calidad¬†del trofeo cuantificada en puntos. Me da absolutamente¬†igual si es m√°s grande o m√°s chico:¬†yo s√© lo que me ha costado conseguirlo, y eso es¬†lo que valoro. √Čste ha sido un gran trofeo y me¬†llena de satisfacci√≥n.

UNA ESPECIE,10 SUBESPECIES

Desde un enfoque científico, son diez las subespecies  de rebeco admitidas en el mejor y más reciente tratado  sobre los caprinos, el CIC Caprinae Atlas of the World  de Nicolás Franco y Gerhard Damm (Rowland Ward  Publications, 2014), que las agrupa en dos secciones:  la meridional (con tres subespecies) y la septentrional  (con siete subespecies) .

Debo recordar que esta misma¬† categorizaci√≥n del CIC fue publicada en esta revista en¬† julio de 2011 en un art√≠culo firmado por Luis de la Pe√Īa.¬† Concretamente, estas diez subespecies, enumeradas de¬† oeste a este, son las siguientes:

  • Rebeco del cant√°brico (Rupicapra rupicapra parva)
  • Rebeco del Pirineo (Rupicapra r. pirenaica)
  • cartusiano o de la Grand Chartreuse (R. r. cartusiana)¬†
  • Rebeco de Los Apeninos (Rupicapra r. ornata)
  • Rebeco alpino (Rupicapra r. rupicapra)
  • Rebeco balc√°nico (Rupicapra r. balc√°nica)
  • Rebeco de Los C√°rpatos (Rupicapra r. carp√°tica).
  • Rebeco del Tatras (Rupicapra r. tatrica).¬†
  • Rebeco anat√≥lico o asi√°tico (Rupicapra r. asi√°tica)
  • Rebeco del C√°ucaso (Rupicapra r. cauc√°sica).¬†

Por otro lado, en el referido Atlas se menciona al rebeco  de Nueva Zelanda, subespecie alpina, introducido en  las inmediaciones del Monte Cook, en la Isla del Sur, por  la translación en 1907 de ocho ejemplares, seis hembras  y dos machos, regalo del emperador Francisco José de  Austria, capturados en los territorios de caza imperiales  de Los Alpes. Los animales se adaptaron con facilidad y, en la actualidad, su población se estima que alcanza la  cifra de 18.500 individuos.

Todas las subespecies enumeradas son especie cinegética,  con la excepción del rebeco de Los Apeninos,  que está protegido y no se puede cazar. Por tanto, incluyendo  el rebeco de Nueva Zelanda, son diez igualmente  las subespecies de rebeco que podemos cazar en la  actualidad.

UN RAZONAMIENTO DE ESCASA SOLIDEZ

Caza-mayor-reportajes-internacional-cacer√≠a-de-Rebeco-Cartusiano-51El Grand Slam Club / Ovis, por nota de su presidente, Dennis¬†Campbell, publicada en su revista de primavera 2014, reclama¬†que se considere como rebeco cartusiano (‚Äúchartreuse¬†chamois‚ÄĚ en ingl√©s) no s√≥lo al certificado por el CIC y la ONF¬†como √ļnico del macizo de la Grand Chartreuse, sino adem√°s¬†el rebeco alpino que se encuentra en la monta√Īa de Vercors,¬†al sur y relativamente cercana al citado macizo. Yo a√Īado¬†que igualmente cercanos son los rebecos que pueblan los¬†vecinos Alpes, situados a pocos kil√≥metros al este, tanto en¬†Francia como en Suiza e Italia, y a nadie se le ha ocurrido decir¬†que sean otra subespecie salvo alpinos.
Como principal argumento para solicitar la unicidad de la¬†subespecie cartusiana menciona la proximidad de ambas¬†monta√Īas, por lo que los rebecos han ido y venido entre ambas,¬†de manera que son la misma especie.
Por otro lado, afirma que hay un reducido n√ļmero de licencias¬†para el chartreuse chamois expedidas por la autoridad¬†gubernamental que controla el macizo de la Chartreuse y¬†que √©l piensa que no existe un certificado de origen expedido¬†por la autoridad del Parque de la Chartreuse. Por ello pide¬†aumentar el n√ļmero de licencias de chartreuse chamois, asimilando¬†al mismo el que habita en el Vercors, m√°s numeroso,¬†con mayor n√ļmero de licencias de caza anuales y por tanto¬†de m√°s f√°cil obtenci√≥n.
Es decir, que como hay pocos permisos para cazar el rebeco denominado de Chartreuse expedidos por la autoridad competente en la Grand Chartreuse, él, de su propia cosecha, determina conveniente marcar unos límites geográficos más amplios incluyendo a los rebecos alpinos del Vercors en la denominación de Chartreuse.
El razonamiento me parece de escasa solidez y, por ello,¬†recomiendo consultar el mencionado ‚ÄúCIC Caprinae Atlas¬†of the World‚ÄĚ y constatar que no existe ninguna diferencia¬†cient√≠fica entre los distintos subespecies de rebeco, derivando¬†sus nombres de las distintas monta√Īas que habitan. Es por ello¬†que el rebeco cartusiano o de Chartreuse toma su nombre¬†de la monta√Īa de la Grand Chartreuse, donde tambi√©n se¬†encuentra el monasterio fundado por San Bruno en 1084 y¬†donde tradicionalmente se ha venido fabricando el conocido¬†liqueur Chartreuse. Tanto los frailes cartujos como el¬†rebeco de marras tienen como gentilicio al Masif de la Grand¬†Chartreuse, y resulta rid√≠culo aplicar dicho gentilicio a animales¬†que habitan monta√Īas de otros nombres.

José Madrazo

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