Caza con arco y al límite en Nueva Zelanda
23 Enero, 2017 Trofeocaza . 667 Visualizaciones

Reportajes caza con arco

Caza con arco y al límite en Nueva Zelanda

Abrazados por la Naturaleza

Hace quince meses leí un artículo en internet sobre la caza en Nueva Zelanda. Decía que los ciervos, gamos, jabalíes, cabras salvajes, canguros, elks, rebecos y tahr habitaban las islas en densidades aceptables. La caza era libre, se podía ir sin guía y la naturaleza era impresionante. Todo parecía una gozada. Esa misma tarde estaba investigando a fondo.

Nueva Zelanda est√° compuesto por dos islas que originalmente no ten√≠an mam√≠feros, excepto voladores (murci√©lagos) y marinos (ping√ľinos, focas y leones marinos). Los humanos llegaron hace 900 a√Īos e introdujeron grandes mam√≠feros para aprovechar su carne, piel y la caza (la mayor√≠a de ellos en el siglo XX).

Arco-Nueva-Zelanda-1Los c√©rvidos fueron tra√≠dos de Europa, zarig√ľeyas y canguros de Australia, alces y elks de Am√©rica, los tahr se trajeron de los Himalayas.

Los rebecos llegaron como un regalo del emperador austríaco Franz Joseph, en 1907.

Todos estos animales fueron liberados en peque√Īos n√ļmeros en la Isla Sur, pero se adaptaron r√°pidamente y se extendieron a trav√©s de la isla.

Se pensaba que los alces llevaban extintos desde 1952, pero hay indicios recientes que muestran que quizá habiten todavía la isla.

El biólogo y cazador Ken Tustin está haciendo un trabajo de investigación increíble en uno de los lugares más lluviosos del planeta, la región de Fiordland.

Ayudado con cámaras de infrarrojos, su trabajo es cada vez más complicado dada la creciente población de ciervos en la zona, que aumentan los senderos de animales y hace que la colocación de las cámaras sea una elección cada vez más difícil.

Nueva Zelanda tiene una flora muy caracter√≠stica y √ļnica, gran patrimonio del pa√≠s, y por desgracia los mam√≠feros se alimentan de la misma. Debido a la densidad de los bosques, la falta de carreteras en las √°reas monta√Īosas, las inclemencias del tiempo y los sentidos tan desarrollados de los animales, es pr√°cticamente imposible para el Departamento de Conservaci√≥n de Nueva Zelanda (DOC) mantener bajo control las poblaciones con el fin de guardar la flora de monta√Īa.

Es la raz√≥n por la que la caza es gratuita. Otras formas que el DOC utiliza con el fin de controlar las poblaciones son la caza desde helic√≥ptero (que ha empujado a los animales de monta√Īa a bajar a los bosques) y el envenenamiento controlado desde el aire. Puede sonar cruel, pero es eficaz y ser√≠a una l√°stima que las poblaciones en crecimiento de animales introducidos rompiesen el equilibrio de un ecosistema aut√≥ctono y √ļnico, de millones de a√Īos de antig√ľedad. La isla es un tesoro en el Oc√©ano Pac√≠fico y, como tal, debe ser preservado.

OBJETIVO REBECO Y TAHR 

Dada mi juventud y condici√≥n f√≠sica, el rebeco y tal vez el tahr eran los objetivos para cazar con el arco en Nueva Zelanda. Intento ir a las cacer√≠as de monta√Īa ahora, cuanto m√°s f√≠sicas mejor, y dejar los placeres y aventuras m√°s llevaderas para el futuro.

Debido a mi trabajo, el √ļnico momento en que pod√≠a ir a Nueva Zelanda era en agosto (invierno en el hemisferio sur) o durante la Navidad (verano). No parec√≠a un viaje caro, pero el equipo de monta√Īa siempre supone cierta inversi√≥n.

Arco-Nueva-Zelanda5

El autor y su primo Alfonso iniciando la aventura

Lo m√°s importante que necesitaba era un compa√Īero adecuado, alguien con buena condici√≥n f√≠sica, generoso y sobre todo paciente. Digo paciente porque la caza con arco es siempre una cuesti√≥n de ‚Äúllegar a ser como la presa‚ÄĚ, estar en silencio, teniendo en cuenta cada movimiento y cada sonido.

Es un acto de mezclarse con la naturaleza. Para alguien acostumbrado a tirar a 300 metros, no es fácil ver todas las oportunidades desperdiciadas que serían fácilmente aprovechables con un rifle en un viaje tan especial.

No ten√≠a ninguna duda de que mi primo Alfonso Garc√≠a-Morales era el compa√Īero m√°s adecuado para este viaje. Apoya tanto la caza con rifle como con arco, es de trato f√°cil y su condici√≥n f√≠sica es excepcional. Una vez tomada esta decisi√≥n, reserv√© el vuelo, que es siempre el primer paso para m√≠: el inicio de la cacer√≠a. Ya no hab√≠a vuelta atr√°s, la aventura comenzaba ya. Esto fue a finales de marzo de 2015.

PRIMEROS PREPARATIVOS

Hab√≠a le√≠do en internet sobre un espa√Īol, cuyo nombre es Heraldo, que hab√≠a estado en Nueva Zelanda tres veces cazando con arco tradicional. Fue uno de los principales apoyos de mi aventura con todos sus consejos. Nos reunimos con √©l un par de veces y fue de gran ayuda. Tambi√©n me cruc√© correos electr√≥nicos con un chico australiano (cazador de arco tradicional).

Me explic√≥ las zonas de caza donde pod√≠amos encontrar una buena densidad para cazar con arco. Elegimos la costa oeste, a pesar de su mal tiempo habitual, los animales son menos esquivos al ser un sitio tan remoto y con tantas dificultades de acceso a las cumbres. Finalizado el viaje, tanto Alfonso como yo pensamos que hab√≠a sido una locura no haber tenido un plan alternativo en caso de que la previsi√≥n del tiempo hubiese sido mala, pero tuvimos mucha suerte en este aspecto. El plan B deber√≠a haber sido en alg√ļn lugar de la costa este, menos lluviosa y con pendientes m√°s suaves.

INTENDENCIA

Arco-Nueva-ZelandaDespu√©s de una larga b√ļsqueda, decidimos alquilar un tel√©fono sat√©lite en Espa√Īa, pero en el destino no funcion√≥ y nos quedamos sin bater√≠a r√°pidamente. Si hubi√©ramos tenido problemas habr√≠a sido complicado comunicarse. No sab√≠amos si nuestras familias estaban recibiendo nuestros mensajes. Como medio de transporte alquilamos un coche en Christchurch a nuestra llegada, porque nos sobraron d√≠as de caza que utilizamos para viajar por toda la Isla Sur posteriormente.

Ten√≠amos falta de espacio en nuestras mochilas de 80 litros, as√≠ como problemas de peso. Me encontr√© con que la comida liofilizada es muy com√ļn en Nueva Zelanda como alimento de monta√Īeros.

Hice un pedido en Christchurch para que lo mandasen al hotel que hab√≠a reservado a nuestra llegada. Era de la marca Backcountry Cuisine. Las posibilidades de men√ļ son variadas, y me pareci√≥ muy sabroso y con buenas raciones. M√°s que aceptable. Tom√°bamos una raci√≥n doble para desayunar y otra para cenar (para los dos). A mediod√≠a com√≠amos unos frutos secos y una chocolatina.

EQUIPAMIENTO

Una de las claves de la aventura, y nuestra principal inversi√≥n. Decidimos usar ropa KUIU. Su novedoso sistema TORAY en ropa de agua asegura un rendimiento de impermeabilidad y transpirabilidad √≥ptimas. Por suerte no nos hizo falta la ropa de agua en todo el viaje, pero el resto del equipo funcion√≥ a la perfecci√≥n. Toda la ropa fue expuesta durante largas horas a las condiciones m√°s duras: sol abrasador, sudoraci√≥n intensa, arroyos todas partes, matorrales duros, enormes laderas rocosas escarpadas y miles de sandflies (peque√Īos mosquitos te obligan a estar cubierto todo el d√≠a, y cuya picadura es muy molesta).

Sobre la ropa, Jorge Amador (KUIU Espa√Īa) amablemente nos ayud√≥ con nuestra elecci√≥n.

Al final llevamos:

  • Polainas Yukon
  • Pantal√≥n Atack
  • Peloton, merino de parte superior e inferior
  • Chaqueta Guide
  • Abrigo de Plumas
  • Guantes Guide
  • Cuello merino
  • Impermeable Chugach superior e inferior.
  • Otra ropa: merino de repuesto, pantal√≥n the North Face, 5 pares de calcetines, red mosquitera.
  • Como calzado que ten√≠a botas Meindl, que han tenido un rendimiento incre√≠ble en las monta√Īas.
  • Llev√°bamos de mochila entre 25 y 30 kgs de peso y nuestros pies eran una de nuestras principales preocupaciones. Tambi√©n llev√© Crocs, un alivio usarlos despu√©s de d√≠as duros en botas, y muy ligeros.

El arco que he estado utilizando durante los √ļltimos dos a√Īos es un PSE DNA a 70 libras. Estoy muy contento con √©l. Eleg√≠ para el viaje unas flechas Easton muy ligeras para tener buena rasante, equipadas con puntas mec√°nicas de 100 grains, muy fiables en tiros largos y condiciones de viento. El peso total por flecha era 390 grains.

La tienda me parece m√°s c√≥moda para tres personas aun siendo dos. La m√≠a es una vieja tienda de campa√Īa que ha funcionado bien en los cinco continentes. 3‚Äô3 kg para mi mochila. He utilizado un saco de dormir sint√©tico. No es tan caliente como la pluma, pero repele la humedad mucho mejor. He llevado tambi√©n una colchoneta inflable (500 gramos, pero de poco volumen).

Las mochilas utilizadas, adem√°s de las de 80 litros mencionadas, eran de 18 litros para las jornadas de caza y estaban equipadas con dos bolsas Camelbak.

Otros equipos utilizados:Arco-Nueva-Zelanda2

  • Reloj Suunto (GPS)
  • Frontal
  • Camping gas, 3×500 gr
  • Bombonas de gas
  • Utensilios de cocina
  • Pastillas de fuego
  • Botiqu√≠n
  • Leatherman
  • Superglue
  • Cinta americana
  • Paraguas peque√Īo (¬°nunca se sabe!)
  • Repelente de insectos
  • Cepillo de dientes
  • Jab√≥n
  • Bastones de trekking
  • 11 metros de cuerda de escalada
  • Prism√°ticos
  • Tel√©metro
  • C√°maras.

HACIA EL DESTINO

Despu√©s de 42 horas de vuelos, escalas y aeropuertos, pudimos observar desde el aire, entre las nubes, los majestuosos Alpes de Nueva Zelanda. Se trata de una cordillera enorme que cruza la isla de norte a sur, especialmente pronunciada en su lado Oeste, con una altura m√°xima de 3.724 metros (Mt. Cook). No tuvimos ning√ļn problema en nuestra llegada con los arcos y el rifle de mi primo. Un equipo de bioseguridad comprob√≥ que nuestras botas y tienda estuviesen completamente limpios de barro o semillas.

Tuvimos problemas con el alquiler de coches, ya que no ten√≠amos traducido nuestro carnet, lo que nos retras√≥ medio d√≠a y oblig√≥ a pasar la noche en Christchurch. Por fin, a las 11 de la ma√Īana lo tradujeron y pudimos coger la carretera en direcci√≥n a la costa oeste a trav√©s del Parque Nacional de Arthur Pass.

Llegamos a las 6 de la tarde y solo anduvimos durante un par de horas antes de colocar nuestra tienda de campa√Īa en un bonito prado junto a un r√≠o grande. Esto fue suficiente para darse cuenta de cu√°nto pesaba la mochila y lo que tendr√≠amos que llevar hasta las cumbres en los siguientes d√≠as. Al d√≠a siguiente caminamos por un sendero que discurr√≠a a lo largo del r√≠o, entrando y saliendo continuamente del bosque. Nos detuvimos en la orilla del r√≠o para beber agua, y vimos un bonito rebeco en la otra orilla, a 160 metros de distancia.

arco-nueva-zelanda-3

Alfonso con el rebeco cobrado

Yo había hecho un trato con mi primo: podría tirar un animal con el rifle, pero luego tendría que usar su arco. No quería oír tiros por el valle, ya que reduciría mis posibilidades con el arco. Pensamos que era una buena oportunidad para disparar tan abajo, y lo tiró de maravilla, cayendo el animal sobre su sombra. Era un macho precioso, con unos cuernos bastante gruesos.

Tuvimos la suerte de que hab√≠a un puente colgante bastante cerca, puesto que la corriente del r√≠o era muy fuerte y era peligroso para nadar debido a las rocas. El puente hizo que cen√°semos lomo de rebeco esa noche, despu√©s de poner la tienda de campa√Īa en un tranquilo resquicio llano, al lado de la garganta, que nos llevar√≠a a la cima en los siguientes dos d√≠as.

A MERCED DE LA NATURALEZA

El arroyo era muy complicado de andar, tuvimos de todo aquí. A veces las cascadas y las rocas bloqueaban la subida y tuvimos que hacerlo a través de la espesura del bosque, teniendo que luchar con cada arbusto para pasar con las mochilas tan voluminosas. A veces teníamos que escalar acantilados con el riesgo de una gran caída. La garganta la cruzábamos infinidad de veces a lo largo del día para subir por la orilla más limpia. Otras veces, era demasiado peligroso subir con peso, por lo que teníamos que dejar abajo las mochilas que, luego, subíamos con la cuerda.

Arco-Nueva-Zelanda6Como ya he dicho, tuvimos suerte con la lluvia, pero el sol nos estaba perforando. Tuvimos quemaduras bastante graves, y empezamos a usar nuestro cuello merino todo el tiempo a modo de máscara, la gorra y los guantes. El calor era insoportable al mediodía, pero queríamos llegar a las cumbres aprovechando los días de sol.

Tuvimos momentos muy dif√≠ciles que hicieron que uno de nosotros realmente pensase que no √≠bamos a llegar, y que lo m√°s sensato era volver, pero el otro ten√≠a a√ļn fuerza para animarle y mantener vivo nuestro sue√Īo. Dos horas m√°s tarde, el fuerte era ahora el d√©bil y el d√©bil el que tiraba del equipo.

Finalmente terminamos nuestro camino por la garganta en el cuarto d√≠a a pie, y llegamos a la zona de pradera. Colocamos nuestra tienda por encima de la l√≠nea de arbustos y 300 metros por debajo de las cimas. No fue como esper√°bamos: una pendiente suave, con un suelo de hierba y alg√ļn llano para colocar nuestra tienda. Nada m√°s lejos de la realidad.

La pendiente era muy peligrosa a cada paso, nuestra tienda clavada en pendiente, el sol golpeando muy duro a trav√©s del tarp y a trav√©s de la ropa, el agua m√°s cercana estaba a media hora, y con una pedriza muy dif√≠cil de pasar. No pod√≠amos movernos a trav√©s de los diferentes valles ya que los acantilados eran completamente inaccesibles. El sol sec√≥ las botas, y el calor hizo que aparecieran ampollas. El terreno estaba lleno de agujeros, probablemente hechos por la nieve, y lleno de rocas del tama√Īo de pelotas de baloncesto. Todo ello perfectamente oculto por la hierba tipo junco. Nos hac√≠a caer al suelo cada dos pasos, con riesgo de lesi√≥n.

Pero, pese a todo, ¡estábamos encantados! ¡Lo habíamos conseguido! Subir hasta allí había un desafío, pero la sensación de logro no tenía precio. Y sinceramente, nuestra ladera estaba llena de animales. Habíamos visto cientos de huellas cada día subiendo por la garganta, pero en terreno abierto fue fácil ver animales. Permanecían ocultos en las sombras de los acantilados durante el día, y cuando el sol bajó un poco empezaban a alimentarse en la pradera.

LOS ERRORES SE PAGAN 

La primera tarde decidimos no cazar, y dejarla para descansar y observar las costumbres de los animales desde nuestra tienda. Estábamos destrozados. Pero no salió así el plan. Yo estaba reforzando las piquetas de la tienda cuando Alfonso me llamó y me dijo que había un tahr macho comiendo unos cien metros por debajo de la tienda. Preparé rápidamente mi arco, y puse un par de puntas en dos flechas. Cuando fui a la roca donde Alfonso estaba observando al tahr, me di cuenta de que había cuatro, pastando tranquilamente después de un largo día de calor.

El momento era precioso, con los animales tan cerca y los picos nevados detr√°s. Estaban con una melena de verano ca√≠da, casi blanca, y con sus cortos y curvados cuernos caracter√≠sticos. Todos eran machos. Se mov√≠an con facilidad por la pradera por la que tanto nos ca√≠amos. Mientras estaba midiendo distancia al que estaba m√°s cerca, era consciente de que hab√≠a estado esperando ese momento mucho tiempo. Hab√≠a dedicado mucho tiempo y esfuerzo preparando el viaje, trabajando much√≠simas horas en la oficina, a√Īos de pr√°ctica con el arco, la inversi√≥n en equipo… no hab√≠a sido un camino f√°cil, pero me encontraba de repente con el animal m√°s salvaje, en un terreno hostil para m√≠, y con el arco en la mano. Estaba viviendo un sue√Īo y sent√≠a que no importa si sal√≠a bien o no, el objetivo estaba cumplido y la adrenalina har√≠a que los recuerdos que duraran para siempre.

Estaba esperando a ver si el tahr se acercaba lentamente. Alfonso me advirti√≥ que nos qued√°bamos sin luz, y que deber√≠a intentar el rececho aunque fuese muy remota la posibilidad de acercarse. Estaba a 130 metros de distancia. Yo hab√≠a practicado a la diana a 100 metros, y sab√≠a perfectamente que no estaba preparado para un tiro a 100 metros en monta√Īa a un animal en movimiento. Ten√≠a que acercarme.

El simple hecho de bajar del risco que fue nuestro punto de observaci√≥n fue un movimiento arriesgado, ya que estaba a la vista. Una vez m√°s, el camuflaje Kuiu hizo su funci√≥n a la perfecci√≥n, y qued√°ndome inm√≥vil mientras me miraban consegu√≠, paso a paso, estar m√°s cerca. El mejor momento para moverse era cuando el sonido de helic√≥pteros inundaba el valle, aunque estuviera a kil√≥metros de distancia. Descubrimos que los aterrorizaban los helic√≥pteros, pues al escucharlos todos los tahr se metieron detr√°s de un mont√≠culo, mientras yo apenas pod√≠a ver se√Īales de Alfonso por falta de luz.

importanciacamuflaje

La maleza dificultaba el desplazamiento pero, también favorecía el camuflaje

No podía ver los bichos tampoco. De repente vi uno a 85 metros por debajo de mí. No tenía ni idea de donde estaba el resto, pero tenía que intentarlo con ese. Empecé a ir hacia abajo a través del montículo, tapándome con algo de maleza hasta llegar al borde. Eso fue lo máximo que iba a conseguir acercarme. Nuevamente perdí al animal de vista entre unas matas.

Yo estaba mirando a mi primo, pero estaba muy lejos y no pod√≠a entender sus se√Īales. Cuando mir√© cuesta abajo de nuevo, all√≠ estaba, majestuoso, mir√°ndome. Med√≠ con el tel√©metro: 79 metros que, corregidos, ser√≠an alrededor de un centenar de distancia real porque la pendiente era muy pronunciada. Me olvid√© todo lo que hab√≠a practicado. S√≥lo abr√≠ el arco, tir√©, sin siquiera comprobar la burbuja de nivel, y fall√© claramente el tahr, que corri√≥ cuesta abajo. Hab√≠a sido una experiencia incre√≠ble, pens√© que muy pocas personas habr√≠an vivido eso, disparar a un tahr con un arco despu√©s de semejante paliza f√≠sica y mental, y sin gu√≠a.

PERO ERRANDO SE APRENDE 

Volví donde estaba Alfonso, que estaba encantado porque había disfrutado todo el rececho desde arriba y había hecho buenos videos y fotos a los animales.
Vimos los otros tres tahr silbándonos (mecanismo de alerta), no muy lejos, sobre la cima de un acantilado, y decidí intentar otro rececho. Sería difícil porque estaban alerta, pero tenía que intentarlo porque no perdíamos nada.

Hab√≠a un peque√Īo risco entre ellos y nosotros, por lo que el plan era tratar de llegar a √©l, subirlo tap√°ndome con el propio mont√≠culo y tirar desde la parte superior. Tard√© un buen rato, pero todo sucedi√≥ a la perfecci√≥n. Cuando llegu√© a la parte superior, dos tahr me estaban mostrando su pecho en lo alto del siguiente mont√≠culo. Uno de ellos me vio y desapareci√≥, mientras que el otro se movi√≥ y me mostr√≥ su costado.

El telémetro mostró una distancia corregida de 65 metros. Tenía que intentarlo. Estaba jadeando, por lo que esperé unos segundos para que el oxígeno volviese y ganar estabilidad. No quería repetir el mismo error, al menos tenía que comprobar la burbuja de nivel. Abría lentamente el arco, apunté con cuidado a la silueta del animal recortado en el viso, y solté la flecha con suavidad.

Secuencia-de-tiro-2

Secuencia en que vemos al tahr a√ļn con vida, el disparo y el autor satisfecho posando con el tahr

Vi muy bien el impacto, ¡parecía un buen tiro! El tahr desapareció detrás del montículo. Increíble. Casi se me saltan en lágrimas. Empecé a agitar los brazos con alegría mirando el cielo. Esto había ido mucho más lejos que lo que jamás había imaginado.

Era casi de noche, y no estaba seguro de la colocación de tiro. En la caza con arco, los animales suelen correr un poco antes de morir desangrados. La distancia que cubren está condicionada por la colocación de tiro y lo relajados que estén. Si se les presiona después del tiro, hay altas posibilidades de perderlos. Así que decidí volver al campamento. Alfonso estaba incluso más feliz que yo, había disfrutado el rececho de nuevo, había oído perfectamente el tiro y el impacto, a pesar de que no había visto el flechazo tampoco. Dejamos el cobro para el día siguiente.

Fue la mejor cena de mi vida, con mi primo y acampado en las cumbres de Nueva Zelanda. Eso sí, no tuvimos una noche muy cómoda, la pendiente nos hacía resbalar dentro de la tienda, a veces incluso uno contra el otro. Esto nos hizo despertamos tarde, cuando el sol comenzaba a golpear la tienda con toda su fuerza. Con el cansancio me entraron las dudas, no estaba seguro acerca del tiro que había hecho, y dada la dificultad del terreno, con 30 segundos de vida el animal podría haberse metido fácilmente en los acantilados o haber bajado al bosque cerrado.

No podíamos ir directamente al lugar del tiro, ya que necesitábamos llenar nuestras reservas de agua para el día o podía ser peligroso por deshidratación. Nos llevó una hora ir a por el agua, más desayunar algo, ya que no sabíamos cuánto tiempo o cómo de difícil podría ser el cobro.Finalmente nos dirigimos al lugar del tiro.

No hab√≠a ni una sola gota de sangre, lo cual nos decepcion√≥ mucho. Hab√≠a un mont√≥n de acantilados alrededor, por lo que sin sangre nuestras posibilidades eran nulas. Est√°bamos caminando a 20 metros de distancia el uno del otro, tratando de cruzar cualquier rastro de sangre.De pronto, Alfonso vio algo y sac√≥ sus prism√°ticos de la mochila. Solt√≥ un grito ‚Äú¬°Ah√≠ est√°! ¬°Tiene la flecha asomando!‚ÄĚ

No me lo podía creer. Llegué a su lado, bajamos 50 metros y allí estaba, con el tiro muy bien colocado.Sólo había vivido unos segundos, ya que estábamos muy cerca de donde le disparé. No pudimos coger la carne: el sol llevaba un rato pegando muy fuerte, y no teníamos lugar fresco para guardarla.

Hicimos algunas fotos que muestran la belleza del animal. Mientras disfrutaba del tacto del animal, solo sent√≠a agradecimiento. Gracias al animal y a la monta√Īa por el momento que estaba viviendo. Gracias a mi primo, que me dej√≥ disparar dos veces seguidas cuando √©l no hab√≠a tirado ninguno. Y sobre todo, gracias a mi padre que me ense√Ī√≥ a respetar y cuidar la Naturaleza, a disfrutar del simple hecho de observar a los animales en su entorno, y me ense√Ī√≥ a disparar una flecha con responsabilidad.

Tengo la enorme suerte de tener una gran familia que me brinda todo tipo de oportunidades.

TURNO PARA ALFONSO

La aventura estaba hecha por mi parte, y ahora quería a mi primo consiguiese un tahr con su rifle para que pudiera tener tanto rebeco como tahr.

Pasamos el d√≠a en la cumbre, apretados contra una gran roca que nos daba una peque√Īa sombra. Fue un d√≠a muy agradable. Yo estaba digiriendo lo ocurrido, con unas vistas maravillosas. Los animales no se mov√≠an durante el d√≠a, el sol era implacable para ellos tambi√©n.

Arco-Nueva-Zelanda-rifleNos las arreglamos para ver algunos tahr a 700 metros de distancia, escondidos en las sombras de los acantilados, y un rebeco a 150 metros de distancia, en un lugar sin acceso humano. A √ļltima hora de la tarde, nos encontramos un par de tahr unos 170 metros de distancia, que se convirtieron en el objetivo.

Esperamos pacientemente hasta que uno de ellos se bajara de los acantilados, y Alfonso hizo un tiro perfecto que grab√© en video. Dos tahr m√°s aparecieron con el ruido del disparo, pero no dispar√≥ m√°s. La monta√Īa ya nos hab√≠a dado lo que est√°bamos buscando, est√°bamos agradecidos y no ten√≠a sentido acabar con la manada.

Nos pareció que era suficiente.

Por desgracia, el tahr cayó por un acantilado, y ni siquiera logramos verlo muerto. Estas cosas suceden en la caza. Mi primo demostró su compromiso al no disparar a los otros dos tahr, pensando que el primero era recuperable. Es un ejemplo para todos aquellos cazadores dominados por la ansiedad las ganas de trofeo. Habíamos disfrutado lo suficiente, y no queríamos cubrir nuestros recuerdos con más sangre.

Nos dirigimos de nuevo a la tienda, viendo algunos tahr muy lejos, as√≠ como cuatro rebecos. La rodilla de Alfonso le empez√≥ a doler por la noche. Nuestro camino de regreso por la garganta iba a ser duro, el tiempo era todav√≠a soleado (muy poco frecuente en la costa oeste), la lesi√≥n podr√≠a ir peor y los dos hab√≠amos conseguido lo que busc√°bamos. Decidimos empezar nuestro camino de regreso a la ma√Īana siguiente, d√≠as antes de nuestra previsi√≥n inicial. Est√°bamos exhaustos a causa del sol, las emociones, los acantilados, la paliza de subida…

¬°GRACIAS NUEVA ZELANDA!

A la ma√Īana siguiente nada m√°s salir de la tienda vi a un joven rebeco corriendo ladera abajo. Se detuvo a 89 metros corregidos, dispar√© y la flecha y ni siquiera vi d√≥nde fue la flecha. Corri√≥ alegremente cuesta abajo, perfectamente sano en esa ma√Īana soleada del 28 de diciembre. ¬°Larga vida le espera!

Nuestro camino de regreso fue doloroso, pero feliz. La rodilla de mi primo le dolía a cada paso. La decisión de bajar anticipadamente había sido muy buena, si llegamos a tener lluvias nos habríamos quedado sin acceso en varios puntos, y las pedrizas habrían estado muy resbaladizas.

Conseguimos bajar m√°s r√°pido de lo que pens√°bamos, y nos llev√≥ un d√≠a llegar al inicio de la garganta, y otros dos d√≠as completos para llegar a nuestro coche. Vimos alg√ļn rebeco peque√Īo en nuestro camino de vuelta, pero en la otra orilla del r√≠o, lejos de mis flechas. En las cimas hab√≠a entrado la niebla densa y se qued√≥ agarrada, por lo que est√°bamos encantados con nuestra decisi√≥n. Los campings que tuvimos en nuestro camino de regreso estaban llenos de sandflies, lo que nos complic√≥ un poco la vida. Mis √ļltimos cien metros fueron dif√≠ciles, con las rodillas doloridas, y con la espalda doblada del dolor. Pero llegamos.

reportaje caza con arco Arco-Nueva-Zelandafin

Pasamos cinco d√≠as incre√≠bles recorriendo la Isla Sur. Visitamos Queenstown, Wanaka y Timaru. Entre medias, algunos fant√°sticos incre√≠bles como los glaciares, Blue Pools, lagos Wanaka, Hawea y Tekapo, Monte Cook y la Pen√≠nsula de Akaroa. M√°s de mil kil√≥metros para acabar con este viaje √ļnico.

Por √ļltimo, comentar que, aunque he tratado de narrar con precisi√≥n todo lo acontecido en este viaje, ayudado por las fotos hechas por mi primo y por m√≠, considero que se me han quedado cortas las palabras a la hora de describir la sensaci√≥n de cazar con arco. He sido cazador de rifle, as√≠ que puedo comparar las sensaciones. La caza del arco provoca emociones m√°s profundas, como dec√≠a Fred Bear ‚Äúhay m√°s diversi√≥n en la dificultad del arco que en la seguridad del rifle‚ÄĚ.

Un entrenamiento perseverante y el mejor equipo que te puedes permitir, son un signo de respeto a la presa, ya que todo converge en un mejor tiro y menor sufrimiento. Cazar con arco me ha ense√Īado en mi vida en general a no medir en cent√≠metros, sino en recuerdos.

Texto: Luis Blanc

Fotos: Alfonso García-Morales y autor

También te puede interesar...

0 comentarios

No hay comentarios

Puedes ser el primero Comenta este post

Deja una respuesta

*