Caza y tecnología
9 marzo, 2017 Trofeocaza . 311 Visualizaciones

Manuel María Baquedano Opinión

Caza y tecnología

Hasta los cazadores somos esclavos de la inform√°tica, del tel√©fono m√≥vil y, √ļltimamente, de las aplicaciones que facilitan nuestro natural desenvolvimiento campero. He tardado m√°s de lo que suele ser habitual en ponerme a escribir el art√≠culo de marras, porque el ordenador, al que tengo el “honor” de dirigir mis dedos, pensamientos e ideas, se negaba a arrancar, despu√©s de que una actualizaci√≥n de windows lo dejara como a perdiz herida tratando de levantar el vuelo sin conseguirlo.

En efecto, mientras contemplo el techo de la oficina, cruzo los dedos para que no ocurra el fatal desenlace y nuestro mejor amigo de aquí, sin duda el informático, solucione con su audacia un problema creado por unos sesudos programadores de cualquiera de las factorías de microsoft en el mundo, cuyo afán por renovar el software, casi a diario, hace que el hardware se caiga.

Pues bien, todo esto me ha tra√≠do a la memoria recientes historias venatorias en las que alg√ļn avezado cazador de escopeta, y paso firme en la siembra, malogra el tiro al conejo seg√ļn repiquetea, atronador, su tel√©fono m√≥vil. Al cual, incomprensiblemente, presta m√°s atenci√≥n. Otras, en las que al joven montero se le escapa el cochino al brillo cegador de la luz producida por los mensajes intercambiados con su nueva novia.

El otro d√≠a, me comentaba alguien, que convendr√≠a prohibir el m√≥vil en las monter√≠as. No por lo que acabo de relatar, sino m√°s bien, debido al excesivo uso de las c√°maras que se hace en ciertos lances para su posterior publicaci√≥n en redes sociales. Lances, muchos, que s√≥lo comprende el cazador, no el p√ļblico en general. Lances, algunos de ellos, que incluso una vez vistos en facebook, ni siquiera el mism√≠simo cazador.

Las aplicaciones m√≥viles son la nueva adulteraci√≥n de nuestra pasi√≥n. Aplicaciones que, sin duda, terminar√°n por triunfar.¬† La contemplaci√≥n del campo a trav√©s del tel√©fono, de nuestras experiencias al paso de una u otra encina delatora, mientras nos perdemos la puesta o la salida del sol, el olor de la tierra, los chaparros, la jara, podr√≠an despegarnos alg√ļn d√≠a del monte. ¬°Esperemos que eso no ocurra jam√°s!.

Una imaginaci√≥n, no demasiado desbocada, me lleva proyectar la realidad de los drones entre los horizontes venatorios. Esos aparatitos de cuatro h√©lices tan apetecibles para ni√Īos y adolescentes. No se, pero quiz√°s no tardemos mucho en avistarlos tras la Berrea, el rececho del Corzo o la espera nocturna. Llegar√°n, obviamente, con detectores de temperatura para descubrir a ese macho cuya presencia nos ha sido siempre invisible y s√≥lo puede ser superada con nuestra inteligencia. En breve, ya no har√° falta…

La caza y la tecnolog√≠a m√≥vil, ¬Ņparejos o antag√≥nicos?, qui√©n sabe… Para m√≠, que acudo a las sierras en atrevido alejamiento de todas las ataduras urbanas, aparecen incompatibles.

Y, sin embargo, aqu√≠ estoy, frente al ordenador, esclavo de sus teclas, suspirando por que no se vuelva a caer, abandonando mi mente en esa suerte de impotencia, frustraci√≥n y rabia que me provoca el recuerdo ante la maldici√≥n de la pantalla azul y el “error inesperado al cargar windows”.

Eventualmente, el cazador cautivo de la ciudad y sus cadenas, lleva dentro de s√≠ un alma insurrecta ante el cemento, una ilusi√≥n rebelde por verse alg√ļn d√≠a absolutamente retirado de los artificiales brillos, del pl√°stico de larga duraci√≥n y de la sumisi√≥n al m√≥vil. Todos, nos envolvemos en enso√Īaciones de madrugadas y anochecidas con vistas al prado, al terru√Īo. Sensaciones reconfortantes, al contrario que las que nos provocan el disco duro y la copia de seguridad. Por algo ser√°…

Manuel María Baquedano

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