De corzos, con el arma adecuada
17 Marzo, 2017 Trofeocaza . 566 Visualizaciones

Reportajes armas y municiones

De corzos, con el arma adecuada

En teoría, un corzo se puede cobrar con cualquier tipo de rifle de caza mayor provisto de un visor luminoso que posea aumentos adecuados a la distancia de tiro a la que esperamos cobrar el animal. Sin embargo, para conseguir los mejores resultados en esta caza, en la práctica es preferible utilizar determinadas armas y miras ópticas, además de tener en cuenta otros muchos factores que tratamos en estas notas.

El corzo ya no vive únicamente en los bosques, su hábitat natural hace tan solo unas décadas. Hoy día también ha colonizado grandes extensiones de cultivos e incluso se ha vuelto estepario y es posible verlo, siempre a grandes distancias, en llanuras sin prácticamente cobertura vegetal. O dicho de otra manera, el corzo ha dejado de ser únicamente el “duende del bosque”, donde se cazaba y se caza con técnicas y armas muy concretas, para convertirse en el “duende” de otros tipos de escenarios donde, si pretendemos cazarlo, tendremos que emplear otras estrategias y rifles con características muy diferentes a las que se utilizaban hace tan solo unos años.

He leído, no recuerdo donde, que en estos nuevos hábitat el “duende” ya no es tal, pero no estoy de acuerdo. Incluso en estos nuevos escenarios, escudriñas el terreno con los prismáticos sin lograr verlo y un segundo después aparece de repente, como surgido de la nada.

RECETAS PARA EL CORZO EN EL BOSQUE

El corzo es un animal pequeño y si vive en el bosque se cazan normalmente cerca, en sus inmediaciones, por lo que no es necesario emplear un rifle muy potente, recamarado para un cartucho magnum o estándar que exija el uso de un cañón largo (como el calibre .270 Win.).

Es más ventajoso, en el sentido de cómodo, y a efectos prácticos da lo mismo, usar rifles más manejables. Cualquiera vale, incluso un arma combinada rifle-escopeta (muy utilizado en algunos países europeos), vale a condición de que dispare un cartucho más potente del calibre .222 Remington.

En España conozco a más de una persona que usa rifles semiautomáticos, los mismos que también emplean en montería y en recechos de venados y animales más grandes que el corzo.

Sin embargo, si pretendemos dedicarnos a cazar esta especie, es preferible comprarse un rifle más adecuado: lo ideal es usar armas de cerrojo o monotiro que no sean ruidosas y sí muy manejables que disparen cualquier munición estándar de entre 6 y 8 mm. de calibre. Por ejemplo: .243 Win; 7×57; 7×64; .308 Win.; .30-06 y 8×57 (JS ó JRS) o cualquier otro cartucho que tenga unas prestaciones balísticas similares a alguno de los citados.

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Un monotiro preciso y de buena calidad, provisto de un visor luminoso, como este Blaser K-95, es una opción ideal para recechar el corzo

 

Con cualquiera de estas municiones, pero especialmente con las de calibre .30 y 8 mm., si usamos balas ligeras, a poco que le coloquemos medianamente el tiro, lo cobraremos en el sitio o en las inmediaciones del tiro. Con calibres pequeños de velocidad estándar, sin embargo, el riesgo de que el corzo quede herido y de que éste, antes de morir, se refugie en la espesura del bosque y no podamos cobrarlo es mayor. Por eso, el .222 Rem. y calibres similares, que como cartuchos “alimañeros” no tienen rival, no puedo recomendarlos porque obliga a realizar tiros muy exactos, “quirúrgicos” como dice un colega. Y, en el caso del .222 Rem., hablo por experiencia porque lo he utilizado mucho.

Cabe añadir que con cualquiera de los calibres “recomendados”, en estos casos bastará poner el arma a tiro para que haga blanco a 100 metros, aunque lo mejor es hacerlo a la distancia recomendada más favorable de uso, si la conocemos porque la indique el fabricante de la munición en sus tablas balísticas (lo que no suelen hacer todos).

ATENCIÓN AL DISPARADOR

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Es muy importante que el disparador del rifle esté bien regulado (o se pueda regular en peso) y podamos alcanzarlo cómodamente con el índice. Si no es así, daremos gatillazos.

Mientras recechamos un corzo o incluso cuando en silencio esperamos su presencia en el puesto, estamos cazando. Sin embargo, cuando aparece y, tras encarar, apuntamos y disparamos, dejamos de cazar y lo que estamos practicando en ese momento es una difícil variedad del tiro de precisión con arma larga rayada que no se practica a una distancia fija y conocida, sino variable y normalmente desconocida, salvo que antes de disparar la determinemos con un medidor de distancia.

Y cualquier tirador sabe que si el disparador de su rifle no le permite (por su recorrido, porque es demasiado duro, porque no lo alcanza bien o por cualquier otra razón) disparar en el momento que él quiere sin tener que dar un gatillazo, cometerá un pequeño error de puntería y no alcanzará el centro del blanco.

Pues bien, los cazadores deberíamos saber que si damos gatillazos cometeremos un error lo suficientemente importante como para fallar o dejar malherido al animal.

Esto sucede por que, como hemos apuntado, la distancia a la que cazamos rara vez coincide (a diferencia del tiro de precisión) con la que se ha regulado el punto de impacto del arma, por lo que al error de puntería que produce el hecho de dar un gatillazo se añade el que siempre produce debido a la puesta a tiro en función de la distancia.

Por todo lo expuesto, es muy importante que el arma que utilicemos, posea un disparador sin recorridos muertos, bien diseñado y regulado entre 750-1.000 gramos. Hay personas a quienes les gusta utilizar disparadores provisto de tensores al “pelo”, que rebajan aún más el peso del gatillo, pero personalmente pienso que usando disparadores regulados a 750-800 gramos no es necesario utilizarlos. De hecho, éste es el peso aproximado que tienen los gatillos de los tres rifles de rececho que uso.

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EL CORZO EN ZONAS DE CULTIVOS 

En zonas agrícolas, sobre todo si hay zonas de bosque o de matorral cercanas, donde puede refugiarse, es posible que durante una espera o rececho tengamos la oportunidad de tirar cerca. Pero en estos escenarios también es posible que tengamos que hacerlo algo más lejos que en los alrededores de los bosques.

En estos casos y, en general, siempre que no tengamos que realizar disparos mucho más largos de unos 200 metros, podremos seguir utilizando los mismos tipos de calibres mencionados en el apartado anterior, o incluso otras municiones estándar con mejor rasante (como las municiones de 6,5 mm., el .25-06 ó el .270 Win.) o incluso calibres magnum estándar (como el 7 mm. Remington Mag., por ejemplo, si no nos importa dañar la carne, lo que es una pena porque está riquísima). Bastará con regular el visor del rifle para que el arma haga blanco a la distancia más favorable de tiro recomendada por el fabricante de la munición (a 100 metros ya no es suficiente).

Esta distancia más favorable de uso, dependiendo del calibre citado, suele oscilar entre los 160 metros del 8×57 JS, con una bala ligera de este calibre, a los 190 m. del .243 Win. con bala de 95-100 grains, pasando por los 175 metros del .30-06, por lo que con nulas o pequeñas correcciones de la puntería en altura, dependiendo del calibre elegido, podremos alcanzarlo a cualquier distancia (no muy superior a la indicada) apuntando directamente al animal.

¿Y entonces, Sr. París, por qué no recomienda solo el .243 Win., que parece el que tiene una mejor rasante? Bueno la mayor rasante del .243 es, sin duda, una gran ventaja. Sin embargo, este calibre y cualquier otro (como el .270 Win. o el 7×64) que lance una bala ligera a gran velocidad, presenta el inconveniente de que el proyectil se puede desviar más fácilmente o incluso desintegrarse si choca contra cualquier tallo que se interponga en su camino, no digamos en una torta de pipas o una mazorca de maíz.

Todo tiene sus ventajas e inconvenientes.

EL MONTAJE DEBE PERMITIRNOS APUNTAR CON LA CARA PEGADA A LA CULATA 

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El montaje del visor tiene que realizarse de tal modo que al encarar el ojo quede perfectamente alineado con la retícula y la cara apoyada en la culata.

Un montaje incorrecto del visor o una forma inapropiada de la culata también pueden originar grandes errores de puntería, y por tanto la causa de fallar y de herir muchas piezas.

Cuando se apunta con un rifle, el centro del ojo tiene que alinearse con el centro de la retícula porque si no, como hemos dicho, se comete un error de puntería (paralaje).

Y, lógicamente, es más fácil cometer este error si el cazador no puede apoyar bien su mejilla en la culata porque no tenga el diseño adecuado o bien porque la montura del visor es demasiado alta y le obliga a que levante la cara para poder ver a través de la mira.

Por tanto, antes de comprar un rifle para rececho es necesario que la culata tenga un diseño pensado para que el arma se pueda utilizar correctamente con visor (normalmente todos los rifles que carecen de miras abiertas cumplen este requisito, pero también hay muchas armas con miras que poseen magníficas culatas o cajas) .

Y al montar el visor, hay que adquirir las bases y monturas con la altura adecuada para que, al encarar, el visor quede ni más alto ni más bajo de lo necesario y veamos, de borde a borde, todo el campo de visión.

Normalmente, los fabricantes ofrecen, en función de las distintas medidas de los objetivos de los distintos visores (42, 50, 56 mm, etc.), monturas de diversas alturas pero dependiendo de la marca y del modelo de las monturas las hay más bajas y más altas.

Además, hay rifles, como por ejemplo los Blaser, que poseen bases integradas en el cañón por lo que permiten realizar montajes más bajos.

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LOS CORZOS DE LAS LLANURAS 

Sin embargo, en áreas abiertas sin cobertura vegetal suficiente para que los corzos puedan refugiarse, en zonas esteparias, lo normal será tener que realizar disparos a mayores distancias. Y en estos escenarios ya no se deben utilizar los calibres mencionados hasta ahora porque sus características balísticas no son las adecuadas para que sus balas alcancen distancias mayores de los 250 metros sin que experimenten una acusada pérdida de energía cinética y, sobre todo, una caída que impide poder apuntar, salvo que se utilicen torretas balísticas o retículas especiales, directamente al cuerpo del corzo.

En caso de tener que realizar tiros a distancias superiores a los 250 metros es preferible usar municiones hiperveloces de calibre inferior al .30. Por ejemplo, los calibres .257 Wetherby Magnum o el moderno 7 mm. WSM, y cartuchos hiperveloces similares, serían excelentes opciones por varios motivos: sus balas, sobre todo las que terminan en puntas muy afiladas de polímero y tienen base en forma de cola de bote, retienen muy bien la velocidad por lo que expanden muy bien a largas distancias y tienen poca caída, lo que simplifica la puesta a tiro y la puntería. Pero además, al ser mucho más o más rápidas que las disparadas por cartuchos estándar y magnum clásicos, reducen el riesgo de fallar si, mientras que la bala vuela hacia el corzo, éste se mueve.

Además, como en estas llanuras la maleza escasea, no existen grandes riesgos de que el proyectil choque antes de llegar al blanco contra un tallo o rama que pueda desviarlo.

¿QUÉ BALAS UTILIZAMOS PARA CAZAR EL CORZO?

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Ejemplo de bala blanda y muy aerodinámica, ideal para cazar corzos a grandes distancias, es esta Nosler Ballistic Tip.

Un corzo, comparado con un venado o con un jabalí, es un animal poco resistente y poco pesado que, sin embargo, se caza (al menos, en España) con rifles de los mismos calibres. Y curiosamente, contra todo pronóstico, con estas armas los podemos dejar heridos. ¿Por qué sucede esto?, cabe preguntarse. ¿Cómo es posible que algunos de estos calibres, con los que se podría abatir animales de más de 400 kilos de peso, dejen heridos a un corzo que no pesa ni 30?

La razón principal por la que ésta y cualquier otra pieza de caza no muere en el acto hay que buscarla siempre en que la bala no impacta en un órgano vital.

Dicho esto, hay que puntualizar que en ocasiones no solo se utiliza en esta especie el mismo rifle que usamos en montería o en la berrea, sino también el mismo proyectil, lo que es un error y también es la causa por la que hay que pistear muchos animales.

Con los corzos hay que utilizar las balas más ligeras y blandas que monten los cartuchos de calibre igual o mayor de 7 mm. Así, por ejemplo, con un .270 Win. habría que utilizar la bala de 130 grains, la de 150 grains con un .30-06, etc. Solo con el calibre .243 (y en general con los cartuchos de menor calibre) se deben utilizar las balas más pesadas: 95-100 grains, en el caso del .243, porque las de menor peso son proyectiles pensados para cobrar predadores más pequeños que el corzo, no piezas de caza mayor.

Y si además pretendemos cazar la especie a distancias mayores de 250 metros, es preciso que la cartuchería utilizada, además de más rápida, utilice las balas más aerodinámicas y blandas posibles, como las tipo “tip” y municiones similares, para que vuelen y expandan bien.

Téngase en cuenta que el cuerpo de un corzo opone muy poca resistencia al impacto de un proyectil, sobre todo si la bala tiene un calibre superior a 6 mm., por lo que si no utilizamos un proyectil ligero puede que lo atraviese sin prácticamente deformarse, por lo que no le cederá apenas energía.

¿Pero cómo voy a regular el visor de mi rifle para ir de corzos con una bala que luego no me va a servir para montear? Bueno, es un problema y por eso tiene solución: usar otro visor regulado para el cartucho a utilizar en la época del corzo o comprarse otro rifle para cazar esta especie.

VISORES LUMINOSOS Y POTENTES

Un corzo se puede sorprender a plena luz del día, pero lo más probable es que tengamos que dispararle durante el amanecer o al atardecer y anochecer y, por tanto, con poca luz.

Por esta razón, independientemente de los aumentos que tenga el visor, es imprescindible utilizar una mira muy luminosa para que nos permita cazar mientras haya algo de luz, a ser posible provista de una retícula iluminable y, si además vamos a usarla para disparar a grandes distancias, la retícula debe poseer también referencias (subextensiones) o bien una torreta balística que nos permitan corregir fácilmente la puntería si tenemos que tirar a distancias mucho mayores de la que hemos realizado la puesta a tiro del visor.

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La torreta balística, como la que lleva este Swarovski Z6i 3-18×50, ha simplificado enormemente la caza a larga distancia.

Para cazar al “duende del bosque” y en general cuando no sea necesario tirar más lejos de 200 metros, un visor de muy buena calidad óptica del tipo 2,5-10×50 o, mejor aún, del tipo 3-12×56, que posean una retícula iluminada tipo 4A o similar (como la 60 de Zeiss) son opciones inmejorables porque no merman la manejabilidad ni añaden peso excesivo a las armas.

Para cazar a distancias más largas, se hace preciso utilizar visores más potentes provistos de mando para eliminar el error de paralaje, que se comente cuando el tirador no alinea bien su ojo con el centro de la retícula y que, en tiros a grandes distancias, debido a una postura incómoda, puede ser el responsable de que no se acierte en un blanco tan pequeño como es un corzo.

Como mínimo, en estos casos se hace necesario utilizar visores de buena calidad con 16 ó más aumentos (que, además, hoy día son cada vez más compactos) que, provistos de torreta y de control de paralaje, nos permiten aprovechar prácticamente el alcance efectivo de las municiones que hemos citado. O lo que es lo mismo, poder disparar a la distancia que necesitemos.

UTILIZAR UN APOYO FIRME

Armas-corzos-apoyoAunque contemos con un disparador bien regulado y con un montaje correcto de la mira, en rececho se debe disparar siempre utilizando un apoyo lo más firme posible.

Tanto es así que si recechando divisamos una pieza y no disponemos de un apoyo adecuado, es preferible deshacer lo andado hasta encontrar uno firme antes que intentar resolver el lance sin estar bien apoyado.

El uso de varas, bípodes y trípodes que, reconozco, muchas personas utilizan con gran destreza, no permiten apuntar con la precisión necesaria a un corzo situado a más de 75-100 metros.

Mejores resultados se consiguen con los bípodes que se acoplan a los rifles (tipo Harris) y mucho mejor aún es utilizar la mochila o ésta apoyada sobre el suelo, piedras, tocones o cualquier cosa que nos sirva de apoyo.

Con estos últimos, si aguantamos la respiración y disponemos de un gatillo y visor adecuados, para no dar gatillazos, conseguiremos hacer blanco a la distancia que nos permita el arma. Eso sí, no olviden intercalar entre el guardamanos del rifle y el apoyo la mochila, un jersey, la gorra o cualquier prenda que impida que rebote el rifle, por reacción sobre el apoyo, porque si no lo hacen también cometerán un grosero error de puntería y, además, estropearán la caja del rifle al deslizarse sobre la superficie.

Texto: Juan Francisco París

Fotos: Andrés Cabestrero y Juan Francisco París

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