El ciervo ibérico
30 Junio, 2016 Trofeocaza . 266 Visualizaciones

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El ciervo ibérico

Es tiempo de ciervos, por lo que le hemos pedido al director de la C√°tedra de Recursos Cineg√©ticos y Pisc√≠colas de la Universidad de C√≥rdoba que nos proporcione en este art√≠culo la informaci√≥n que a su juicio resulte clave para que podamos conocer m√°s a fondo a nuestro ciervo de Iberia, subespecie √ļnica y un verdadero tesoro natural y cineg√©tico. No en vano, en Espa√Īa se cazan cada temporada unos 120.000 ciervos y su poblaci√≥n total, incluyendo las cr√≠as, supera ya los 900.000 ejemplares.

Un tesoro natural y cinegético

Es tiempo de ciervos, por lo que le hemos pedido al director de la C√°tedra de Recursos Cineg√©ticos y Pisc√≠colas de la Universidad de C√≥rdoba que nos proporcione en este art√≠culo la informaci√≥n que a su juicio resulte clave para que podamos conocer m√°s a fondo a nuestro ciervo de Iberia, subespecie √ļnica y un verdadero tesoro natural y cineg√©tico. No en vano, en Espa√Īa se cazan cada temporada unos 120.000 ciervos y su poblaci√≥n total, incluyendo las cr√≠as, supera ya los 900.000 ejemplares.

Se acerca el oto√Īo y con √©l un momento clave para los ciervos. Las cr√≠as, los cervatillos, s√≥lo podr√°n desarrollarse en buenas condiciones si nacen en primavera, cuando la cantidad de alimento para sus madres y para ellas mismas se encuentra en su apogeo. La naturaleza, es decir, la selecci√≥n natural, ha hecho que las ciervas programen su reproducci√≥n ajustando la fecha de ovulaci√≥n de modo que tengan tiempo para una gestaci√≥n de unos ocho meses y las cr√≠as puedan nacer en el momento adecuado. El mejor momento para los nacimientos es entre abril y mayo. Eso nos lleva a que lo ideal para una hembra ser√≠a entrar en celo a partir de mediados de agosto. S√≥lo algunas hembras lo hacen en ese momento, porque hay que estar en muy buena condici√≥n para decidirse a ello cuando todav√≠a no ha terminado el riguroso verano de Iberia (Carranza, 2004).

El venado es lo que se conoce en la literatura cient√≠fica como un ‚Äúcapital breeder‚ÄĚ (Festa-Bianchet et al. 1998). Es decir, su presupuesto para la reproducci√≥n se basa en la suma de las reservas que ha acumulado (su condici√≥n f√≠sica) m√°s los recursos que pueda conseguir durante todo el proceso de reproducci√≥n. Esta cuenta les sale favorable a las hembras de edad madura y experimentadas, pero no tanto a las j√≥venes o a las que se encuentran en condiciones de alta densidad, a√Īos malos, etc. Algunas hembras prefieren no embarcarse en la tarea y esperar al a√Īo siguiente o, si la empiezan, ‚Äúabortan la operaci√≥n‚ÄĚ. Cuando menos, las circunstancias desfavorables provocan retrasos en el celo y por tanto en el momento del nacimiento de las cr√≠as, mermando as√≠ sus posibilidades de llegar a un pleno desarrollo de adultos (Clutton-Brock et al. 1993; Moyes et al. 2006). Como compromiso entre todos esos factores, la berrea t√≠pica se suele centrar sobre septiembre y parte de octubre y el nacimiento de las cr√≠as se produce en mayo y junio. Septiembre es por tanto un momento clave: el inicio de todo el proceso reproductivo.

La ovulaci√≥n de las hembras desencadena la competencia entre los machos, que se han venido preparando desde la berrea anterior para llegar hasta aqu√≠ en buenas condiciones. Han comido y acumulado reservas durante el final del oto√Īo, el invierno y la primavera, han hecho crecer sus cuernas hasta bien entrado el verano y han revisado sus relaciones sociales, especialmente han chequeado sus posibilidades de mantener un estatus de dominancia por encima de los rivales. Al igual que las hembras, los machos tambi√©n deben decidir si es su tiempo para apostar por la reproducci√≥n o no. Aunque casi todos intentan algo, los que consideran que sus posibilidades de dominar a los rivales son bajas no gastan mucho esfuerzo, pues prefieren m√°s bien reservarse para el a√Īo siguiente. Su autoestima para competir es fundamental y se basa en la informaci√≥n que tienen de ellos mismos, es decir, de su tama√Īo, edad, condici√≥n f√≠sica, pero tambi√©n de lo que ven a su alrededor, de c√≥mo ven a sus rivales. S√≥lo si hay pocos machos grandes, los j√≥venes o medianos lo intentar√°n (Carranza et al. 2012).

Su decisi√≥n se difunde a los cuatro vientos a trav√©s de los canales comunicativos disponibles: el sonido de la berrea que llega a larga distancia (Passilongo et al. 2013), la comunicaci√≥n qu√≠mica mediante las feromonas en las secreciones glandulares y en la orina que ti√Īe de negro toda su barriga (Mart√≠n et al. 2014) y la comunicaci√≥n visual mediante su propia imagen y lenguaje corporal. S√≥lo los venados que han decidido invertir fuerte ese a√Īo en intentar ganarle hembras a los rivales se emplear√°n en esa publicidad multicanal. Los que se deciden intentan defender territorios en lugares clave para las hembras (Carranza et al. 1990). Si no lo consiguen, intentan seguir a grupos de hembras mientras sean capaces de resistir los embates de otros pretendientes.

El Ciervo Iberico

Una subespecie de gran singularidad

El ciervo de la Pen√≠nsula Ib√©rica tiene un importante valor tanto cineg√©tico como de conservaci√≥n. En su vertiente cineg√©tica es, con diferencia, la especie de caza mayor que m√°s renta genera. En Espa√Īa se cazan unos 120.000 ciervos y la poblaci√≥n total, incluyendo las cr√≠as al nacimiento, debe superar ya los 900.000 ejemplares. Un ambicioso proyecto financiado por la Consejer√≠a de Medio Ambiente de la Junta de Andaluc√≠a ha estudiado recientemente la renta generada por la caza en las √°reas de monte en esta comunidad aut√≥noma. Es especialmente interesante la renta ambiental generada, es decir, aquella que se produce sin inversiones espec√≠ficas, √ļnicamente debido a la propia reproducci√≥n de los animales aliment√°ndose de la vegetaci√≥n natural. Las cifras finales se encuentran a√ļn en elaboraci√≥n (ver http://www.recaman.es/), pero est√° claro que el ciervo es la especie que m√°s contribuye a la renta derivada de los ungulados silvestres. En esta comunidad aut√≥noma se extraen al a√Īo unos 45.000 ciervos, de los cuales unos 29.200 son machos, la mayor√≠a cazados, pero tambi√©n parte de ellos abatidos por furtivos, con una poblaci√≥n total estimada en la regi√≥n de unos 368.000 individuos incluyendo cr√≠as al nacimiento (Carranza et al., datos no publicados).

Como especie de la fauna aut√≥ctona, el ciervo ib√©rico est√° reconocido como una subespecie diferente (Cervus elaphus hispanicus). Nuestro ciervo ha sido el origen de todos los ciervos de Europa occidental que llegan hasta Escocia o Noruega. Hace unos 12.000 a√Īos, la mayor parte de Europa estaba bajo los hielos glaciales y los ciervos estaban refugiados en √°reas del sur como la Pen√≠nsula Ib√©rica, Italia y los Balcanes. Al retirarse los hielos, los ciervos de Iberia se expandieron hacia el norte recolonizando los territorios que iban quedando disponibles hasta el Reino Unido y Escandinavia. Recientemente hemos descubierto que en Iberia los venados no estuvieron todos juntos, sino que hubo al menos dos √°reas de refugio que se mantuvieron aisladas (ver n√ļmero de TROFEO de marzo de 2014). Los ciervos de uno de estos refugios dieron lugar a los que hoy est√°n en Extremadura, principalmente en la Sierra de San Pedro. Los del otro refugio se han extendido por el centro y sur de Espa√Īa y fueron los que dieron lugar a las poblaciones que se expandieron hacia el norte durante los √ļltimos 10.000 a√Īos y originaron las subespecies del noroeste de Europa (Carranza et al. en revisi√≥n).

Las caracter√≠sticas naturales de nuestras poblaciones de ciervos, marcadas en su ADN, deben ser un objetivo central de conservaci√≥n como parte de la Biodiversidad natural de la Pen√≠nsula Ib√©rica. Esto significa evitar a toda costa las introducciones de ciervos for√°neos, pero tambi√©n los movimientos indiscriminados de animales entre los dos linajes espa√Īoles. Desde el a√Īo 2003 se vienen realizando an√°lisis gen√©ticos a los mayores trofeos de ciervo que homologa la Junta Nacional de Homologaci√≥n de Trofeos de Caza en Espa√Īa (Carranza et al. 2003), y desde 2010 este control se ha puesto en marcha tambi√©n en la Comisi√≥n Nacional de Homologaci√≥n de Trofeos de Portugal. Adem√°s de evitar las introducciones, la conservaci√≥n gen√©tica requiere llevar a cabo una gesti√≥n que cuide el mantenimiento de los procesos naturales m√°s importantes (Mysterud, 2010). Pr√°cticas como la selecci√≥n artificial, sea en campo o en granjas, la reproducci√≥n dirigida, sea mediante cercados de manejo o inseminaci√≥n artificial, ponen en riesgo la actuaci√≥n de los procesos de selecci√≥n natural, que son los que mantienen las caracter√≠sticas gen√©ticas de las poblaciones.

Densidades y vegetación

Las malas condiciones de las poblaciones van a menudo asociadas a sobreabundancia y fuertes impactos sobre la vegetaci√≥n natural. Los impactos excesivos y, en definitiva, la no sostenibilidad del sistema ocurren cuando las densidades sobrepasan lo que la vegetaci√≥n natural puede mantener. La densidad admisible var√≠a mucho seg√ļn las caracter√≠sticas de cada √°rea, pero los ecosistemas mediterr√°neos del sur de Iberia suelen admitir mayores densidades que otros lugares del centro y norte de Europa.

Muchas √°reas del sur y suroeste de Espa√Īa pueden llegar a mantener densidades cercanas a 30 ejemplares por kil√≥metro cuadrado sin graves impactos sobre la vegetaci√≥n o sobre el desarrollo y reproducci√≥n de los animales (Carranza et al. 2006). Pero no todos los terrenos son tan buenos, de modo que es muy frecuente en muchas √°reas que se aprecien problemas en los animales y en el medio debido a las altas densidades que se pretenden mantener de modo artificial a base de comida suplementaria o simplemente porque no se eliminan las hembras necesarias y las densidades se elevan hasta que la propia poblaci√≥n lo acusa. Los animales en altas densidades muestran una condici√≥n corporal deficiente y escasa capacidad de respuesta inmune, por lo que aparecen problemas sanitarios, escasos desarrollos de cuerpo y trofeos‚Ķ e incluso muchas hembras no se reproducen o pierden a las cr√≠as tempranamente. Y adem√°s, la vegetaci√≥n sufre de fuertes impactos que la hacen entrar en regresi√≥n (Torres-Porras et al 2009). La situaci√≥n de sobreabundancia es insostenible desde todos los puntos de vista, por lo que este tema debe ser una prioridad para cualquier gestor, teniendo en cuenta adem√°s que la carga ganadera es la suma de los efectos de todas las especies, silvestres y dom√©sticas, que aprovechan los mismos recursos.

El ajuste entre la densidad de ciervos y la capacidad de la vegetaci√≥n para mantenerlos tambi√©n se puede mejorar atendiendo a la vegetaci√≥n. La vegetaci√≥n mediterr√°nea produce alimento para los ciervos desde sus tres estratos principales: el arb√≥reo, arbustivo y herb√°ceo, en distintos momentos del a√Īo. La sucesi√≥n adecuada de estas ofertas de alimento puede aumentar considerablemente la capacidad de un terreno para admitir ciervos. La √©poca de mayor abundancia de comida es primavera, pero lo que limita a una poblaci√≥n de herb√≠voros es la √©poca de escasez. El principal limitante en la mitad sur de Iberia es el verano y principios de oto√Īo (Bugalho y Milne, 2003). En ese momento son las plantas arbustivas y los √°rboles (mediante frutos como las bellotas) los que pueden mantener a los ciervos hasta que las lluvias de oto√Īo hagan crecer de nuevo la hierba.

La estructura en mosaico de la vegetaci√≥n, intercalando √°reas de praderas con las zonas de bosque y matorral, es el mejor medio de mantener saludable tanto a los ciervos como a la propia vegetaci√≥n, a la vez que favorecer la biodiversidad. El mosaico de vegetaci√≥n y la secuencia de alimentos diferentes constituyen las claves por las cuales los ecosistemas mediterr√°neos admiten m√°s ciervos que los del norte de Europa. En √°reas del norte, el momento limitante es el invierno, cuando la productividad vegetal cae hasta pr√°cticamente cero, mientras que en el verano del sur esta ca√≠da no es tan fuerte si existen las especies del matorral mediterr√°neo que se mantienen verdes, productivas y comestibles para los ciervos que se han adaptado a ellas durante miles de a√Īos (Mart√≠nez et al. 2009). Las dehesas del sur, moldeadas tradicionalmente para el ganado, deben incorporar mosaicos de matorral, tanto por su propia subsistencia, al favorecer estas zonas la regeneraci√≥n natural del arbolado, como por motivos productivos si se orientan a la explotaci√≥n cineg√©tica.

Gestión cinegética integral

El ciervo en la Pen√≠nsula Ib√©rica ofrece una excelente oportunidad para explotar de modo sostenible un recurso natural en condiciones ventajosas respecto a otras √°reas de Europa. Para conseguir esto, es necesario preservar la autenticidad de nuestro ciervo como √ļnico en el mundo. No tiene sentido ofrecer ciervos de Europa del este en Espa√Īa. En sus pa√≠ses de origen se cr√≠an mejor. Aqu√≠ tenemos otro ciervo que ellos no tienen. Puede que a alg√ļn propietario en particular o para alguna granja le pueda resultar interesante a corto plazo vender ciervos no ib√©ricos, pero para el conjunto del sector cineg√©tico en Espa√Īa es nefasto.

Conocer al venado de Iberia es fundamental para su gesti√≥n. No hay espacio en este art√≠culo para m√°s detalle, pero no podemos basarnos en par√°metros extranjeros de crecimiento, desarrollo de cuernas, longevidad, etc. Nuestros venados producen sus m√°ximos desarrollos a los ocho a√Īos aproximadamente y dif√≠cilmente sobreviven m√°s all√° de los once. Las hembras, en cambio, superan los 18, manteniendo en buen nivel sus capacidades reproductivas (Carranza et al. 2004).

La explotaci√≥n sostenible del ciervo debe tener en cuenta otros usos y aprovechamientos que confluyen en los mismos territorios. Por una parte, el turismo, que debe verse como una oportunidad en crecimiento. En muchos pa√≠ses ver animales vivos deja m√°s dinero que cazarlos, y adem√°s ambas cosas no son incompatibles. Por otra parte, est√°n los usos agroganaderos. Las interacciones entre ciervos y ganado resultan cada vez m√°s problem√°ticas, especialmente por la transmisi√≥n de enfermedades. Una de ellas, de gran calado econ√≥mico, es la tuberculosis. Probablemente procedente del ganado vacuno en primera instancia, pero luego acantonada en reservorios silvestres y reinfectando a los reba√Īos de vacuno saneados, constituye una preocupaci√≥n grave en muchas √°reas de monte mediterr√°neo. Los estudios recientes han demostrado que el jabal√≠ es la especie central sobre la que pivotan estos contagios, ya que resiste la enfermedad pero la transmite a todas las especies con las que interacciona. La gesti√≥n de los ciervos debe tratar de evitar los contactos con los jabal√≠es. Para ello nunca debemos aportar a los ciervos alimentos atractivos para el jabal√≠, como por ejemplo el ma√≠z, ya que favorecen los contactos entre ambas especies y el aumento de la prevalencia de tuberculosis en los ciervos y en las especies dom√©sticas con las que √©stos puedan contactar (Castillo et al. 2011).

Los planes comarcales, los planes de gesti√≥n integral de fincas, la certificaci√≥n de calidad cineg√©tica‚Ķ son iniciativas en la direcci√≥n de promover una gesti√≥n sostenible y compatible con otros usos (Carranza y Vargas, 2007). El ciervo es una pieza fundamental no s√≥lo en la gesti√≥n de la caza mayor en Espa√Īa, sino tambi√©n en la gesti√≥n de otros muchos usos con los que interacciona, as√≠ como en la conservaci√≥n de muchas √°reas naturales y especies amenazadas en Espa√Īa.

La presencia de ciervos siempre ha estado ligada a áreas de gran interés en conservación, muchas de ellas convertidas en espacios naturales protegidos. El destino de muchas de estas zonas pasa porque los criterios de gestión del ciervo sean compatibles con su mantenimiento (Carranza, 2009).

Debemos considerar a ‚Äúnuestro‚ÄĚ ciervo como un tesoro natural. Es un elemento de la fauna que puede ser explotado y aportar beneficios econ√≥micos al titular del aprovechamiento, pero que no por eso deja de ser parte de la naturaleza. Si hacemos que el venado, como otras especies, deje de ser un animal de la fauna silvestre, estaremos acabando con el concepto y esencia de la caza, adem√°s de hacer insostenible e indefendible la actividad. El ciervo es parte importante del patrimonio natural. Conservarlo significa no alterarlo bajo conceptos productivos. Como animal silvestre que es, es producto de la selecci√≥n natural. No lo hemos fabricado nosotros, pero debemos cuidarlo porque ahora est√° en manos humanas.

El objetivo: lograr una población equilibrada

Para preservar la genética natural de los ciervos es necesario que las poblaciones estén equilibradas en cuanto a la proporción de machos y hembras y, a su vez, la pirámide de edad de los machos cuente con los ejemplares de cada edad que garantizan tanto la competencia por las hembras como la renovación generacional.

Ni el modelo actual de fincas abiertas ni el de cotos cercados son los ideales. Habr√≠a que tender a la gesti√≥n de grandes √°reas sin cercas cineg√©ticas, donde cada propietario pudiera mantener una explotaci√≥n adecuada de los recursos cineg√©ticos de su terreno dentro de una gesti√≥n conjunta que no ponga en riesgo el mantenimiento de las poblaciones, lo cual evidentemente no es f√°cil. Los planes de √°reas cineg√©ticas, la certificaci√≥n de calidad o la homologaci√≥n de trofeos diferenciada seg√ļn tipos de terrenos pueden contribuir, pero a√ļn queda mucho. Debemos avanzar con decisi√≥n en esa direcci√≥n por el bien de la sostenibilidad del recurso cineg√©tico y ambiental que suponen las poblaciones de ciervos y los ecosistemas en que se encuentran. Ecosistemas que tienen alto valor para la conservaci√≥n de la fauna y la flora ib√©ricas y que albergan a las especies m√°s emblem√°ticas.

Fincas abiertas vs cercadas

Los ciervos en Espa√Īa se encuentran en modelos de cotos muy diferentes. En el norte, al menos por ahora, predominan las grandes √°reas sin cercar con densidades moderadas. En el sur hay b√°sicamente tres tipos. Uno es similar al del norte, con grandes √°reas sin cercas cineg√©ticas, como es el caso de Cazorla o Sierra de Baza y Filabres. Pero los que predominan en el sur y el oeste de Espa√Īa son los cotos de tama√Īo entre 700 y 2.000 hect√°reas (aunque los hay mayores), abiertos o cercados con malla cineg√©tica. Pero ambos mantienen en general densidades m√°s altas que las grandes √°reas abiertas. La principal diferencia que la malla cineg√©tica produce entre los cotos abiertos y cercados es que en los cercados el gestor puede mantener mayor control sobre las poblaciones, mientras que en los abiertos los animales se mueven por varios cotos vecinos. El control sobre las poblaciones lleva a los gestores a mantener proporciones de sexos m√°s equilibradas y machos de todas las edades, incluyendo aquellas en las que producen los mejores trofeos. En las fincas abiertas, por el contrario, se produce el efecto de la ‚Äútragedia de los comunes‚ÄĚ (Torres-Porras et al. 2014), donde el titular de un coto tratar√° de cazar el m√°ximo n√ļmero de venados aunque eso signifique que no van a llegar a edades de trofeo. Y tambi√©n cazar√° pocas hembras, a menos que el precio de la carne le compense.

La situaci√≥n de desequilibrio de sexos y de escasez de venados maduros que se produce en las fincas abiertas tiene consecuencias que van m√°s all√° de los resultados cineg√©ticos. La gen√©tica de esas poblaciones se resiente, ya que los machos que cubren a las hembras no son los vencedores tras la competencia sexual (apenas hay berrea), sino cualquiera que est√© vivo (es decir, que se ha escapado de la anterior monter√≠a), debido a la ausencia de venados grandes y a la abundancia de hembras para todos (P√©rez-Gonz√°lez et al. 2009). Esos machos j√≥venes suelen ser adem√°s parientes de las hembras, ya que no han necesitado alejarse mucho de su lugar de nacimiento para encontrar hembras disponibles (P√©rez-Gonz√°lez y Carranza, 2009). Eso produce consanguinidad, parad√≥jicamente en fincas abiertas, y problemas asociados como, por ejemplo, machos con cuernas muy peque√Īas o incluso sin ellas (P√©rez-Gonz√°lez et al 2010).

Juan Carranza Almansa Cátedra de Recursos Cinegéticos y Piscícolas (Universidad de Córdoba y Consejería  de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía) http://www.uco.es/crcp/ Campus de Rabanales. 14071. Córdoba.

Fotos: Ramón Arambarri y autor

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