El dogo argentino. Veterinaria y enfermedades
13 febrero, 2017 Trofeocaza . 1071 Visualizaciones

Veterinaria

El dogo argentino. Veterinaria y enfermedades

Ideado y creado para la práctica de la caza mayor, este perro de presa se caracteriza por su gran fuerza de mordida y por ser poseedor de las virtudes y del instinto de un tenaz cazador. Sin embargo, en él es frecuente encontrarnos ejemplares que sufren una profunda sordera con un origen genético. 

Para los que nos interesamos por los perros de caza y su historia, el dogo argentino tiene especial relevancia, pues su creación está documentada y podemos saber exactamente las razas que se fueron combinando hasta conseguir el perro tal y como le conocemos en la actualidad, algo que no es muy frecuente.

Y es que su creador, el doctor Antonio Nores Mart√≠nez, recre√≥ en su mente un perro con unas caracter√≠sticas concretas que fuese √ļtil para la caza de grandes animales en el cono sur americano.

Para lograrlo fue realizando cruces con diferentes perros en un proceso recogido en un libro que publicó su hermano Agustín en la década de los 50.

AS√ć SE “FABRIC√ď” LA RAZA

 Para su creador, este perro debía contar con dos características principales: portar las dotes de un perro de presa (su fuerza, mordida, tenacidad y resistencia al dolor) y combinarlos con cualidades para la caza, como la afición o el olfato.

Adem√°s, era importante que fuese de color blanco para poder localizarlo visualmente con facilidad. Con estas bases, comenz√≥ a cruzar perros y razas hasta conseguir un ‚Äúcocktail‚ÄĚ de las mejores cualidades que buscaba.

Con estas premisas, partieron de un tipo de perro que denominaron ‚Äúviejo perro de pelea cordob√©s‚ÄĚ, un can que proven√≠a de C√≥rdoba (Argentina), donde, hasta entrado el siglo pasado y durante a√Īos, las peleas de perros hab√≠an sido muy populares.

Concretamente, tal y como indica Nores en su libro, proven√≠an, principalmente del cruce de mastines espa√Īoles con bullterriers y se hab√≠an dise√Īado y utilizado para pelear con sus cong√©neres. Ello hac√≠a que fueran excepcionales en cuanto a sus dotes para hacer presa y su magn√≠fica resistencia al dolor.

Además, eran mayoritariamente blancos. En cambio, no se podían utilizar para la caza por su falta de olfato y escasa velocidad y porque eran incompatibles con otros canes por su fuerte instinto de pelea.

Por ello se fueron combinando con otras razas, como el gran dan√©s (para darle talla), el mast√≠n del Pirineo (para otorgarle fuerza, resistencia, adaptaci√≥n a climas fr√≠os y reforzar el color blanco) y el pointer (con magn√≠ficos vientos y gran capacidad de ‚Äúventear‚ÄĚ por alto), entre otros.

Dogo ar

La sordera congénita ligada al color blanco se ha descrito en al menos 85 razas caninas y felinas, de las que destacan entre los perros de caza el dogo argentino y el setter inglés.

En definitiva, el origen del dogo está documentado paso a paso y con él se puede comprobar cómo se gesta una raza canina con las combinaciones de razas y perros con diferentes características.

¬†Sin embargo, de √©l tambi√©n se extrae una importante lecci√≥n: un error al introducir un enfermedad gen√©tica, en este caso la sordera, se perpet√ļa en la raza de manera que es casi imposible erradicarlo.

Ello nos lleva a la conclusi√≥n de que siempre que se realicen cruces el primer par√°metro que se debe observar es que los reproductores est√©n sanos, excluyendo de las l√≠neas de cr√≠a cualquier defecto por leve que nos parezca. ‚ÄĘ

LA SORDERA, UNA PATOLOG√ćA FRECUENTE

En los diferentes cruces realizado por los hermanos Nores Mart√≠nez utilizaron un bullterrier sordo que trajeron de la ciudad de La Plata. Seg√ļn describen en su libro, no obstante de su defecto, lo vimos tan valiente para la lucha y era tan hermoso f√≠sicamente, verdadero gladiador de la especie canina, que lo usamos de padre.

A la tercera generaci√≥n observamos las nefastas consecuencias en algunos herederos sordos‚Ķ En la actualidad, sabemos que la sordera cong√©nita en el perro est√° ligada a un grupo de genes recesivos que provocan una falta de irrigaci√≥n a la c√≥clea y √≥rgano de Corti, da√Īando de manera irreparable las c√©lulas nerviosas.

Se produce a edades muy tempranas, por lo que podemos decir que los perros nacen sordos, y se ha asociado al color blanco. Curiosamente, los perros blancos con pigmentación oscura, es decir, los que tienen la nariz, los labios y los párpados negros, como los samoyedos o los westies, no padecen este tipo de sordera. Se debe a que, aunque los vemos blancos, realmente no los son, sino que presentan un color muy claro que se asemeja al blanco.

En los perros realmente blancos, las mucosas también lo son, y la nariz, labios y párpados aparecen de color rosado, carentes de toda pigmentación. En estos perros realmente blancos se ha podido observar que, cuando no tienen pigmento en la piel que constituye el oído interno, las terminaciones nerviosas de esta zona carecen de irrigación, se atrofian y mueren en las primeras semanas de vida del cachorro.

Es en ese momento cuando aparece la sordera. La sordera cong√©nita ligada al color blanco se ha descrito en al menos 85 razas caninas y felinas, de las que destacan entre los perros de caza el dogo argentino y el setter ingl√©s. Tambi√©n el bullterrier, que, como vemos, fue la puerta de entrada de esta patolog√≠a hereditaria en la raza que nos ata√Īe.

Por desgracia, esta patolog√≠a no tienen soluci√≥n y no es f√°cil de detectar hasta que el cachorro tiene cierta edad. El due√Īo se empieza a dar cuenta que el perro no responde a las llamadas y que tampoco lo hace a determinados est√≠mulos sonoros.

Esto suele ocurrir sobre los tres o cinco meses. El due√Īo se convence de que su animal es sordo cuando, al llegar a casa, se da cuenta de que duerme profundamente y ni siquiera percibe que su propietario est√° all√≠ presente.

Mantener un perro sordo es muy difícil, ya que se encuentra incapacitado de uno de los sistemas sensoriales más importantes. Casi todos los perros que he conocido con este problema han sufrido una muerte trágica, muchos de ellos por accidentes de tráfico al no ser capaces de oír el motor de los coches.

Juan J. García Estévez

Veterinario

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