El perro en la prehistoria
8 Julio, 2016 Trofeocaza . 817 Visualizaciones

Reportajes perros de caza

El perro en la prehistoria

Mucho se ha escrito sobre el origen del perro, aunque no existe unanimidad entre los historiadores y antropólogos que lo han estudiado, virtiendo ríos de tinta y basándose en diferentes tesis y leyendas dispares. Lo que sí está claro es que nació en la Prehistoria, directamente ligado al hombre y a la caza. Se lo explicamos a continuación. 

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Contrariamente a lo que podría pensarse, las representaciones de perros son bastante escasas en el arte rupestre, aunque tampoco la figura humana es lo más representado.

Existe una poética leyenda de los indios norteamericanos acerca de cómo el dios Nagaicho creó el mundo. Según la misma, lo primero que hizo fue colocar cuatro columnas para sostener el cielo para luego poner la tierra bajo éste e ir creando todas las demás cosas y seres mientras paseaba, y así, los ríos, las montañas, el hombre y la mujer fueron formando parte de la creación, una versión curiosamente similar a la ofrecida por el Antiguo Testamento sobre el Paraíso Terrenal. También se especifica en la leyenda india cómo se crearon uno a uno todos los animales…; bueno, todos salvo el perro. El motivo es que para un indio es inconcebible que alguien, ni siquiera un dios, saliera a pasear sin su perro, y como es lógico, el perro de Nagaicho ya tenía que acompañarle antes de que éste creara el mundo.

Probablemente, como muchas leyendas, esta historia tenga algo de verdad, y lo que sí parece cierto y demostrado es que el perro fue el primer animal que domesticó el hombre. Lo que no está tan claro y no hay unanimidad entre los científicos es el origen del canis familiaris, especie a la que pertenecen todas las razas de perros; y son varios los candidatos como su antepasado más cercano, el lugar de su aparición y el cuándo. Lo más probable es que surgieran en un corto periodo de tiempo diferentes selecciones domesticadas de los cánidos salvajes autóctonos de distintas zonas y que la migracion de las poblaciones humanas hiciera el resto. Así, los descendientes de lobos, chacales y coyotes, que son especies de cánidos que pueden hibridarse y tener descendencia fértil, pudieron ser criados y seleccionados por el hombre en distintas partes del mundo y en distintas épocas. La aparición de varios fósiles así lo indican, como el hallazgo de un cráneo extraordinariamente conservado en una cueva en la cordillera del Altai, en Asia Central, de 33.000 años de antigüedad, con claras muestras de domesticación, como un hocico más chato y dientes más juntos que el lobo, que situa a su “propietario” más cerca de nuestro mejor amigo que de ese otro cánido no tan afable.

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Cráneo de unos 33.000 años de antigüedad de un perro domesticado de la cueva Razboinichya, en las montañas de Altai de Siberia.

Otro fósil, encontrado en la cueva Goyet, en Bélgica, es posiblemente el perro moderno más primitivo que se conoce, con 36.000 años de antigüedad y que retrasa la aparición del perro como tal en varios miles de años, bastante antes del Último Máximo Glacial, que cambió drásticamente la vida en nuestro planeta hace entre unos 26.000 y 19.000 años. Las pruebas genéticas de estos restos han confirmado que en ninguno de los dos casos los descendientes de estos perros hayan llegado hasta nuestros días, de ahí que se dude de un único origen común. Por otro lado, los estudios de ADN realizados a las razas actuales dicen que aproximadamente la mitad de la reserva genética es compartida universalmente por los perros, mientras que solo en una región al sur del río Yangtze, en el sur de China, existe toda la gama de diversidad genética, lo que puede ubicar en esta parte del mundo un origen de la especie.

Lo que sí es un hecho aceptado es que su aparición fue muy anterior a la agricultura y que el motivo para estas domesticaciones fue la gran ventaja que daba al cazador de la época. Tendrían que pasar miles de años para que otro animal fuese domesticado con el asentamiento de la agricultura: el gato; al igual que los cánidos se aproximaron a los campamentos de cazadores para aprovecharse de los restos de sus presas, los felinos salvajes se acercaron a los asentamientos de los agricultores para predar sobre los roedores que prosperaron con la abundancia de grano. Así que el gato es la mascota del agricultor como el perro la del cazador.

El comportamiento social de cánidos como el lobo facilitó la integración y el entendimiento de sus descendientes en estructuras también sociales como las del hombre, obteniendo así ventajas comunes para ambas especies; los perros conseguían protección, alimento seguro y un clan jerarquizado donde vivir, y el hombre…, cualquier cazador entenderá lo que debió de suponer contar con la ayuda de perros para seguir y acosar a la caza, cuando con lo que se contaba para abatirla era un arco o una lanza.

Como se ha dicho, esta incorporación del perro a la vida cotidiana del cazador pudo producirse por el acercamiento de lobos y chacales para aprovecharse de los desperdicios en los alrededores a los asentamientos humanos y en algún caso también por la adopción y cría de cachorros huérfanos o robados a sus progenitores por parte del hombre. Precisamente, esta hipótesis ha sido respaldada por prestigiosos científicos, como el etólogo y premio Nobel austriaco Konrad Lorenz, y parece bastante plausible.

Así, el aislamiento y la selección artificial en diferentes zonas del planeta de los cánidos locales habría hecho prosperar los rasgos característicos de las primeras razas de perro, que darían lugar a las demás gracias a la expansión del homo sapiens. También debió darse en esta historia el caso contrario, es decir, el de perros domésticos que al asilvestrarse dieron lugar a especies salvajes como el dingo australiano, que en un principio se creyó autóctono y vecino de los canguros de toda la vida, para luego descubrir que procedía de los primeros perros llevados allí por los aborígenes hace 4.000 años, por lo que se le considera uno de los más puros genéticamente y más cercano a los perros primigenios.

El perro era considerado en estas sociedades humanas de distinta manera que el resto de los animales. Los restos fósiles de tres ejemplares de unos 27.000 años descubiertos en Predmostí, República Checa y otro en la región del lago Baikal, en el sur de Rusia, apoyan esta tesis. En estos enterramientos los humanos compartían su descanso eterno con los perros, que eran enterrados con collares de dientes de ciervo y otros abalorios. Uno de ellos tenía un hueso de mamut en la boca y varios cráneos estaban taladrados para extraer su cerebro, así como sus dientes, para hacer amuletos, lo que sugiere que fueron enterrados siguiendo algún tipo de ritual y que se le consideraba ya un animal especial. Muestra de este estatus es que los análisis químicos de los restos demuestran que su dieta era la misma que la de los humanos, lo que implica que se le daba al menos un buen trato.

Además, una estructura craneal más chata y un paladar diferente al del lobo apuntan a un proceso avanzado de domesticación de la especie, que ya podía recordar más a los actuales perros cazadores de alces escandinavos o de los osos de Carelia (perros de rabo enroscado, de gran torso y cabeza ancha) que al propio lobo.

Todos estos restos tienen en común que pertenecen a animales fuertes y grandes de casi 40 kilos de peso, por lo que se cree que las razas más pequeñas surgieron más tarde debido a una selección artificial y obedeciendo a otras necesidades. El gran tamaño de los antiguos perros y las pequeñas deformaciones detectadas en la columna vertebral de alguno de ellos ha inspirado la teoría de que podrían haberse utilizado también como animales de carga además de para la defensa y la caza, aunque esta última fuera su ocupación principal.

Esta condición del perro como cazador se sigue fomentando en muchas razas actuales. Otras han perdido este instinto, como la mayoría de los humanos, y se han dedicado a otras actividades, como la defensa, el tiro de trineos o los concursos de belleza, aunque aparte de estas relaciones “laborales”, el vínculo más fuerte entre perros y hombres ha sido siempre la amistad, y si no, ¿qué otra cosa podría justificar que un perro acompañara a Nagaicho antes de existir el mundo?

EL PERRO Y LOS NEANDERTALES 
El aporte de proteínas animales a la dieta vegetal de nuestros antepasados homínidos africanos mediante el carroñeo y la caza fue lo que provocó el salto evolutivo para aumentar nuestra capacidad cerebral, para consolidar nuestras estructuras sociales y, en definitiva, para convertirnos en humanos. Durante cientos de miles de años la caza nos sirvió para sobrevivir y evolucionar, y la incorporación del perro a esta actividad supuso otro gran salto y tuvo consecuencias que, según modernos estudios, han sido decisivas tanto para nosotros como para otras especies.

El análisis de las excavaciones de los huesos de cánidos fosilizados en Europa que vivieron en el tiempo en que los humanos y los neandertales convivieron juntos ha llevado a la antropóloga Pat Shipman a afirmar que el homo sapiens obtuvo ventajas decisivas y se impuso a los neandertales gracias a la domesticación de los perros. Lo cierto es que, tras la llegada de los seres humanos modernos a Europa, estos multiplicaron su población por diez, mientras que los habitantes “autóctonos”, los neardentales, acabaron extinguiéndose sin que se hayan encontrado razones mucho más verosímiles que ésta.

 

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LOS ORIGENES DEL PERRO

Después de la extinción de los dinosaurios, hace unos 56 millones de años, aparece el miacis, un pequeño mamífero carnívoro similar a la civeta, que es el antecesor común de osos, hienas, felinos y cánidos; 20 millones de años más tarde, en el Oligoceno, evoluciona el cynodictis, que aún cuenta con cinco dedos y uñas retráctiles como los gatos, por lo que se cree que pudiera ser un animal arborícola. Ya tenía 42 dientes como los perros y es seguramente el último antecesor común conocido de felinos y cánidos. Su aspecto físico podría recordar a un cruce entre ambos. Descendiente de este, el cinodesmus en el Mioceno, es precursor de cánidos, osos y coatíes. El más reciente antepasado común de los cánidos es el tomarctus, que vivió alrededor de hace 10 millones de años, durante el Mioceno Tardío. Ya muestra un retraimiento del quinto dedo, adaptación que le permitiría correr con más comodidad, rasgo que es heredado por los perros. De los cánidos actuales fue el zorro el primero en diferenciarse y no puede cruzarse con el resto.

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