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Crucial para conseguir trofeos de calidad y evitar el deterioro del medio natural

Gestión sanitaria del venado

Última actualización 01/11/2004@00:00:00 GMT+1
Estamos ante un buen artículo sobre el manejo sanitario del ciervo ibérico en nuestro país. Su autor, cazador y experto en ganadería ecológica, incide mucho en este tipo de profilaxis, la más compatible cuando hablamos de caza y por tanto de conservación del ecosistema.
Actualmente la caza, fenómeno socioeconómico sin precedentes, es considerada como una de las actividades de ocio más populares y rentables que exige un cierto grado de formación, instrumentalizado en los exámenes del cazador contemplados en las distintas legislaciones autonómicas.

La caza, cuando responde a una gestión racional de los recursos, supone una magnífica alternativa para el aprovechamiento sostenible de los espacios naturales y fomento de la diversidad biológica en los ecosistemas. Gastronómicamente, también aporta sus peculiaridades nutritivas y culinarias a la cocina española mediterránea, aunque sería necesario estudiar más en serio sus propiedades bromatológicas y saludables para definitivamente despejar ciertos tabúes generalistas, que siempre nos han amenazado respecto a sus efectos negativos sobre la salud, porque lo que está claro es que no todas las especies cinegéticas tienen las mismas características cárnicas, ni comparten el mismo valor nutritivo.

Entre el gran abanico de especies faunísticas cazables, el ciervo ibérico es, junto con la perdiz roja, la especie cinegética más emblemática y representativa de los agrosilvosistemas españoles. Lo es por su plástica impresionante, la belleza de sus trofeos, su armonía funcional y capacidad de integración en el paisaje. Por eso debemos conservar su patrimonio genético con toda su pureza, evitando mestizajes con especies, razas o estirpes no autóctonas, que tanto han perjudicado su identidad y valor venatorio, de ahí la importancia de profundizar en la caracterización genética para su mejora y aplicación en la gestión de los cotos como único medio de salvaguardar su identidad, casta y valor venatorio, cualidades muy demandadas por los amantes de la caza mayor. Y es por ello que establecer una correcta gestión de los territorios cinegéticos, con unos programas sanitarios razonables basados en estudios epidemiológicos y ecopatológicos, bien articulados en los planes técnicos y de ordenación cinegética, partiendo de poblaciones genéticamente puras, es un factor fundamental para conseguir trofeos de calidad, evitar el deterioro del medio natural, aumentar la biodiversidad, así como alcanzar un estado sanitario que no comprometa el bienestar animal y la salud pública, limitando el riesgo de transmisión de patologías al resto de comunidades silvestres que conviven en el medio natural.

Aunque la lista de procesos patológicos que pueden afectar a los cervunos es amplio, sin quitar el peso específico que tienen las infecciones microbianas –tuberculosis, brucelosis, paratuberculosis, virus emergentes, etcétera–, son las enfermedades zootécnicas y endémicas, como las parasitosis, las que están adquiriendo un interés creciente por su importancia económica, frecuencia de presentación y repercusiones en los cotos, que exige en su conjunto desarrollar una gestión sanitaria basada en actuaciones de medicina preventiva para luchar contra las patologías.

Parasitosis
y sus repercusiones

Las enfermedades parasitarias provocan, cuando no hay una gestión racional de los recursos cinegéticos, numerosos problemas que se pueden resumir en:

a) Retrasos del crecimiento en animales jóvenes, con alteración del desarrollo de la futura cuerna en los machos y trastornos reproductivos de las hembras –infertilidad, abortos, etcétera–, desórdenes neonatales, derivados del menor peso al nacimiento de los gabatos, que favorece la instauración de patologías en las primeras edades, etcétera.

b) Deterioro de la calidad de los trofeos por desequilibrios metabólicos que originan los parásitos, al provocar una mala asimilación de sustancias nutritivas, minerales –calcio y fósforo– y vitaminas.

c) Pérdida de vigor y cansancio en las reses enfermas, muy manifiesto en las monterías donde los animales se fatigan con frecuencia al acusar más el esfuerzo físico.

d) Menor eficacia de los programas de vacunación por la depresión inmunología que se produce en los ciervos parasitados, así como mayor predisposición al padecimiento de infecciones microbianas al estar vulnerado el estado general de resistencia orgánica.

e) Descenso del rendimiento cárnico y pérdida de calidad en las piezas, que reducen el valor económico de las reses en los mercados, situación que aconseja intensificar los estudios de tipificación y caracterización, estableciendo una correcta trazabilidad, base de la calidad y seguridad alimentaria de las carnes de ciervo.

Gestión Sanitaria
La intensificación de los cotos de caza mayor, consecuente al incremento de la demanda del ciervo y otros rumiantes cinegéticos, y la carencia en muchas ocasiones de una gestión acorde a las características del hábitat, están originando problemas patológicos de distinta índole, infecciosos –tuberculosis, paratuberculosis, brucelosis, virosis, etcétera– y parasitarios –helmintosis, toxoplasmosis, piroplasmosis, etcétera–, con las consiguientes repercusiones sanitarias para las poblaciones cervunas, que llevan aparejadas pérdidas económicas, así como para la ganadería extensiva, con interacciones patológicas demostradas que restan eficacia a los programas de lucha oficiales, a veces con riesgos para la salud pública en aquellos procesos transmitibles al hombre –zoonosis–.

De lo que se trata es de planificar dentro de la gestión cinegética programas sanitarios coordinados en el medio rural, basados en el diagnostico veterinario e información ecológico-epidemiológica de los procesos infecto-contagiosos en el territorio, para enfocar racionalmente los métodos de lucha basados en la prevención y/o control y/o erradicación, en función de la tipología de las patologías, arbitrando una serie de actuaciones sustentadas en terapias estratégicas combinadamente con medidas de manejo e higiénico-sanitarias, éstas últimas las más importantes para potenciar los niveles de resistencia animal, bioseguridad de los cotos y limitar las posibles interacciones patológicas entre la fauna silvestre y doméstica.

El manejo bien gestionado es el instrumento más eficaz para reforzar la resistencia orgánica de los animales, minimizar la terapéutica convencional, mantener el equilibrio con los agentes bióticos en el agroecosistema, y obtener el máximo de salud animal, bienestar y respeto medioambiental.

Medidas terapéuticas
A diferencia de las especies domésticas, el manejo de la caza mayor y en concreto del ciervo es muy complicada y por tanto, ante la posibilidad de realizar capturas periódicas para efectuar los tratamientos, recomendamos las siguientes actuaciones veterinarias:

a) Cualquier terapia química y/o profilaxis vacunal tiene que ir precedido de un diagnóstico veterinario de animales muertos –necropsia y toma de material patológico–, así como con carácter preventivo deben recogerse muestras periódicas de animales vivos, procedentes de cacerías y del medio ambiente –agua, hierba, etc.–, para identificar los agentes etiológicos implicados –parásitos y/o agentes bacterianos, nivel de infección, etcétera–, y determinar las terapias más eficaces, inocuas, menos contaminantes, estrategias de aplicación, etc.

b) En las repoblaciones, reposiciones de animales, etcétera, previo a realizar las sueltas, para evitar introducir enfermedades que antes no existían en el coto, en función de la situación sanitaria del territorio, es conveniente aplicar una profilaxis vacunal. Siempre recomendamos las autovacunas para resolver problemas in situ y desparasitar de forma racional, con productos no agresivos, en función del diagnóstico, minimizando el estrés y ajustando muy bien las dosis de antiparasitarios para evitar reacciones adversas en el ciervo y resistencias antiparasitarias.

c) Respecto a las parasitosis, a lo largo del año las terapias aplicadas a la población serán estratégicas en el tiempo, de acuerdo con las épocas de mayor riesgo de parasitación y presentación de patologías –epidemiología ecológica–, como son la primavera y el otoño, teniendo muy presente aquellos estados fisiológicos que más rebajan el estado de resistencia animal, como son las parideras, lactación, desmogue y formación de la cuerna –primavera y principios de verano–. En el otoño, coincidiendo con la etapa reproductora, el tratamiento post-berrea es recomendable por el fuerte debilitamiento que ocasiona la cubrición, con los cortejos y constantes peleas, situación fisiológica predisponente para la adquisición de parasitosis y multiplicación de agentes bióticos que habitualmente conviven en situación de equilibrio con los cervunos.

d) Respecto a la vía de administración, en el caso de repoblaciones y capturas de ciervos vivos, la más rápida es la parenteral –intramuscular y/o subcutánea en función del producto–, sin embargo, de acuerdo con la estacionalidad de las parasitosis, da buenos resultados administrar los antiparasitarios por vía oral, a través de la alimentación concentrada –pienso, etcétera–, durante un periodo de tiempo limitado, nunca superior a 12 días, siendo muy importante respetar los tiempos de espera del medicamento posterior a su administración, no realizando cacerías ni otro tipo de capturas para evitar librar carnes al consumo con residuos que tantos trastornos originan a la salud pública –alergias, fallos terapéuticos por resistencias microbianas, alteraciones orgánicas, etcétera–, aunque el medio natural se contamina con los residuos eliminados por heces y orina, afectándose el componente biológico.

e) Frente a estas terapias convencionales con productos alopáticos de síntesis química, se imponen las alternativas con productos naturales, como es la fitoterapia y homeopatía, por su eficacia, facilidad de administración por el alimento y/o agua de bebida, inocuidad, carencia de riesgos sanitarios y medioambientales respecto a la fauna vertebrada, invertebrada y biomasa microbiana competidora de agentes patógenos, que se ven seriamente afectada por el uso de antiparasitarios y otras sustancias antibióticas convencionales.

Manejo poblacional
Mantener un equilibrio poblacional de la pirámide de edades, la relación correcta de sexos, y el mantenimiento de una densidad cervuna, acorde con la potencialidad de los distintos ecosistemas (<10 ciervos/ Km2), es un objetivo prioritario para el aprovechamiento sostenible de la caza y prevenir enfermedades que aparecen con la superpoblación y pastoreo abusivo, situaciones favorables para la malnutrición y desnutrición que conllevan una mala calidad de trofeos –cornamentas deterioradas, no armónicas, etnológicamente mal formadas, etcétera–. Además, cuando existe un exceso de hembras los machos se agotan más en el periodo reproductor, induciendo un mayor estrés y predisposición para padecer patologías. En este sentido está comprobado, en los cotos con una elevada densidad cervuna, que la presentación de parasitosis digestivas –nematodosis– y previsiblemente de otras enfermedades es superior frente a otros territorios que practican una gestión más ajustada a la realidad del ecosistema.

En este contexto, la caza selectiva de ambos sexos es fundamental desde el punto de vista sanitario y cinegético para eliminar aquellos animales defectuosos, con astas rotas, deformadas, excesivamente delgados –hay que distinguir muy bien la delgadez fisiológica por haber criado bien a su gabato–, con síntomas aparentes de enfermedad –diarreas, abundante mucosidad nasal, depilaciones, etcétera–.

Respecto a los animales viejos, que en la mayoría de las veces quedan catalogadas reses que no llegan por mucho a los diez años –longevidad media 13/8 años–, somos partidarios, como otros muchos entendidos, mientras no tengan síntomas evidentes de deterioro de condiciones físicas, enfermedad, estén bien conformados, etcétera, de respetar a esos animales, incluso en la caza de trofeo, por las siguientes razones:

a) Han adquirido una fuerte inmunización frente a los agentes bióticos del medio natural donde están integrados.

b) Tienen una alta capacidad de transmisión de su casta y demás condiciones genéticas a las futuras generaciones.

c) Las hembras muestran una buena capacidad reproductora y cría, que está demostrado no decrece a partir de los 5–6 años y además no se rompen las estructuras familiares, lideradas por hembras maduras –matriarcas–, que conocen bien el territorio, proporcionando seguridad y una ajustada supervivencia al grupo en el territorio.

Las sueltas sistemáticas acarrean riesgos sanitarios continuos, al existir siempre posibilidades de introducción de patologías nuevas, emergentes, y por tanto las repoblaciones tienen que tener un carácter puntual respondiendo siempre a objetivos de planificación cinegética –rebajar la consanguinidad, mejora genética, etcétera.–, con animales autóctonos puros –exigiendo pruebas genéticas confirmatorias–, y no alóctonos, evitando mestizajes e hibridaciones, que disminuyen el vigor, la capacidad de resistencia a enfermedades, reproductiva y adaptación al agrosilvosistema en cuestión.

Manejo alimentario
Las deficiencias nutritivas –proteínas, hidratos de carbono, etcétera–, de energía, carencias de vitaminas y minerales, son causas más que predisponentes para la instauración de procesos infecciosos y parasitarios, siendo por tanto medidas agroambientalmente favorecedoras planificar unas adecuadas alternativas agrícolas, eludiendo el monocultivo –favorece el desarrollo de ciclos biológicos de parásitos y otros bióticos, y disminuye la biodiversidad–, en favor del policultivo a base de cereales –aporte de energía–, leguminosas autóctonas –fuente de proteínas–, planificando al mismo tiempo un plan de mejora de los pastos de la finca –introducción de especies pratenses autóctonas, equilibrando la relación gramíneas/leguminosas, fertilización inorgánica, orgánica compostada, etcétera–. Aunque dentro de este contexto una opción pudiera ser la creación de praderas artificiales, somos partidarios de fomentar los pastizales de secano porque sanitariamente no predisponen tanto a padecer ciertas patologías –enterotoxemias, acidosis, parasitosis etcétera–, en algunas épocas del año frente a las de regadío, que tienen excesiva riqueza en nutrientes, por los cambios bruscos de alimentación que supone el pastoreo en algunos periodos críticos, y el mantenimiento de un microclima favorable para el desarrollo de parásitos en épocas estivales –nematodos digestivos, pulmonares, garrapatas, etcétera–. El manejo alimentario debe proporcionar a lo largo del año una alimentación equilibrada a la capacidad de carga sostenible del ciervo, no siendo aconsejable en el coto mantener otros tipos de ungulados no autóctonos –muflón o gamo–, por la competencia alimentaria que establecen con el ciervo y porque pueden complicar la situación sanitaria y calidad de los trofeos.

La suplementación, en comederos repartidos adecuadamente por el territorio, es conveniente solamente en aquellas épocas estacionales de menor disponibilidad alimentaria, salvo en el caso de suelos pobres, malos años primaverales e inviernos duros en el norte de España, por exceso de nieve, etcétera. Se trata de no abusar de la misma sino por el contrario de regular bien los equilibrios poblaciones a la potencialidad del agrosistema suplementando racionalmente para favorecer con ello la reproducción; índice de fertilidad –hembras que quedan preñadas–, prolificidad –hembras que paren–, tasas de natalidad –conseguir índices cercanos al 80 por ciento e incluso más cuando convergen todas las medidas de gestión–, disminuir la mortalidad de las crías, potenciar una buena condición corporal de los machos y un desarrollo óptimo de cuerna tras el desmogue, etc. En definitiva, el objetivo nutricional es cubrir sus necesidades energéticas medias –6.000-8.000 kilocalorías/día/adulto–, teniendo presente que en la gestación –último tercio–, lactación y post-berrea son superiores –entre un 30 y 40 por ciento–.

La colocación táctica de bolas de sal, con complejos vitamínicos y minerales por la finca, además de ser útil para el manejo de las reses de unos lugares a otros, es fundamental para evitar deficiencias, sobre todo de calcio y fósforo, durante el crecimiento, lactación y formación de la cuerna.

El agua, como elemento básico para los procesos metabólicos, debe proporcionarse en cantidad y calidad suficiente, organizando una red de abrevaderos naturales, o bien artificiales libres de vegetación, siempre aislados cuando en el territorio exista ganadería extensiva para evitar interacciones patológicas entre las comunidades de herbívoros.

Manejo del agrosistema
Si la explotación cinegética lo permite, el disponer de espacios sin pastar de un año para otro limita mucho el grado de contaminación de la hierba por larvas infectantes de parásitos y otros agentes bióticos, al crearse vacíos sanitarios, que pueden reservarse con un buen manejo para hembras paridas con sus crías.

No somos partidarios de utilizar sustancias biocidas –insecticidas, molusquicidas, etcétera– para eliminar fases parásitos del medio, insectos, garrapatas, ni de otra índole, por sus grandes perjuicios medioambientales que originan y efectos indeseables sobre el fisiologismo animal –alteraciones metabólicas, reproductivas, etcétera–, nunca compensados por los resultados obtenidos, que como alternativa deben sustituirse siempre por un buen manejo del medio natural, en donde las administraciones tienen que colaborar y asesorar en su más amplio sentido.

En este punto, cada vez tiene más interés las medidas de lucha biológica para controlar algunas parasitosis, como nematodosis, infección con garrapatas, etcétera, a través de preparados con hongos competidores que destruyen larvas y otras formas de desarrollo externo, ya utilizados con éxito en algunos países para el control de estas patologías en la ganadería ecológica, siendo muy importante que los preparados comerciales se elaboren a partir de materiales biológicos propios de nuestros ecosistemas para evitar desequilibrios en la biocenosis. Para el control de miasis larvarias –hipodermosis, buco-faríngeas–, la utilización de atrayentes –sustancias nutritivas, hormonas naturales, etcétera–, en jaulas-trampa, repelentes, como esencias de pino, etcétera, durante primavera-verano repartidos por el ecosistema, puede contribuir a regular las poblaciones de mosca transmisoras de estas enfermedades. Un práctica fácil y conveniente para romper los ciclos de parásitos y agentes bióticos, que se adquieren en pastoreo, es levantar los pastos viejos introduciendo cultivos de cereal para crear vacíos sanitarios. No recomendamos nunca la práctica prohibitiva de la quema de pastizales y otras cubiertas vegetales, que algunos cotos realizan, por cuanto rompe el equilibrio biológico del suelo, debilita las cadenas alimentarias, y anula la lucha biológica natural de los agrosilvosistemas equilibrados, al rebajarse la biomasa invertebrada y microbiana competidora de agentes nocivos y vectores, como también lo son las aves insectívoras, entre ellas la perdiz roja, que hay que fomentar y conservar, como controladoras de multitud de insectos y otros transmisores de patologías –caracoles, hormigas, mosquitos, etcétera–, en el medio natural. Desde el punto de vista agrícola, la utilización de fitosanitarios y semillas tratadas, etcétera, tienen efectos nocivos manifiestos sobre la salud de los animales silvestres, intoxicaciones –casos agudos–, funcionalidad orgánica –capacidad de reproducción, trastornos metabólicos, etcétera– y su aptitud cinegética, siendo mas saludable desarrollar agriculturas ecológicas respetuosas con la salud animal y la naturaleza, que fomentan mucho más la riqueza cinegética frente a sistemas convencionales productivistas y agriculturas sin calidad, basadas en la cantidad a base de utilizar abundantes herbicidas, insecticidas, semillas transgénicas, que perjudican seriamente la salud animal, vegetal, humana y en definitiva hacen perder la abundante biodiversidad a los ecosistemas mediterráneos españoles, patrimonio de las generaciones futuras.

Medidas higiénico-sanitarias
En la gestión sanitaria de los cotos de caza mayor las medidas de bioseguridad son importantísimas para prevenir la presentación e introducción de agentes patógenos en la explotación cinegética, entre otras comentamos las más importantes:

a) Cuarentenas obligatorias de las reses que se introduzcan por primera vez en los cotos, en corrales, lazaretos sanitarios aislados, con mangas apropiadas para poder efectuar, por el veterinario, la observación y examen clínico, así como la toma de muestras con vistas a un chequeo- diagnóstico que siempre aconsejamos realizar. En base a ello, es un momento oportuno para proceder a desparasitar, si fuera necesario –respetando los tiempos de espera del medicamento–, y aplicar las vacunas que procedan.

b) Destrucción e higienización, de acuerdo con la legislación sanitaria vigente, de los animales muertos por distintas causa patológicas, previo estudio diagnóstico para conocer las causas y poder emprender actuaciones de medicina preventiva, así como de despojos, vísceras y otros residuos, consecuentemente al faenado de los ciervos tras las monterías, etcétera, que debería efectuarse en locales apropiados para evitar riesgos de transmisión de agentes bióticos. Una buena medida preventiva es hacer controles veterinarios con las reses abatidas para conocer siempre su estado sanitario.

c) Limpieza y desinfección, con productos autorizados, de corrales, mangas, capturaderos, locales de faenado, cámaras frigoríficas y utensilios de manipulación, para limitar contagios directos de sarna y micosis –hongos–, así como la higiene de los rascaderos, siendo una buena medida sanitaria y medioambiental preparar ciertos lugares controlados que posibiliten mejor la desinfección y eviten daños a árboles, para que las reses ejerzan el restregado de sus cuernas. Una medida de bioseguridad eficaz es colocar badenes de desinfección, protegidos para disminuir la evaporación en verano, a la entrada de fincas e incluso previos a los locales de inspección y faenado, donde entran y salen los usuarios.

d) El control de residuos y efluentes de los locales de faenado es fundamental para limitar el riesgo de difusión de agentes patógenos al medio, recomendando la construcción de fosas sépticas, con filtros verdes, o sistemas de depuración que también previenen la contaminación medioambiental.

e) El control de insectos, roedores y gatos en los almacenes de materias primas para alimentación es una medida sanitaria básica para evitar la contaminación por agentes patógenos transmitidos por vectores y toxinas –micotoxinas, toxina botulímica, etcétera–, siendo preceptivo el control microbiológico y toxicológico de silos, etc. No mezclar en el mismo almacén materias primas para alimentación con productos biocidas para agricultura fitosanitarios, etcétera, sustancias terapéuticas, desinfectantes y otros.

f) El saneamiento y drenaje de capturaderos, en épocas de abundantes lluvias, limpieza de excrementos –compostarlos antes de utilizar para destruir agentes bióticos–, vegetación, aislamiento de zonas pantanosas, etc. son actuaciones de gestión que contribuyen a prevenir riesgos sanitarios.

•g) El control sanitario de los núcleos zoológicos –rehalas, perros pastores, etcétera– que conviven en la explotación cinegética es prioritario para anular muchos riesgos de transmisión de enfermedades de los canidos a la fauna silvestre, doméstica y cuidadores –zoonosis, hidatidosis, cisticercosis, lehismaniosis, etcétera–. Cuando los cotos tengan ganadería extensiva igualmente ha de estar sometida a rigurosos controles sanitarios para evitar interacciones patológicas, que actualmente ejercen con eficacia las Asociaciones de Defensa Sanitaria (ADS).

h) Las concentraciones de reses en cercados y capturaderos predisponen a contagios y adquisición de enfermedades, debiendo siempre por tanto limitar su número en el tiempo.

Finalmente, un instrumento de medicina preventiva que refuerza extraordinariamente la bioseguridad y alerta de la existencia de focos y patologías emergentes, es la creación de redes de vigilancia epidemiológica correctamente gestionada por expertos veterinarios y ampliamente coordinadas con las distintas unidades sanitarias del medio rural, es lo que muchas veces hemos denominado Servicio de Investigación y Vigilancia Epidemiológica (SIVECA), cuyo objetivo no es otro que luchar y controlar adecuadamente las patologías en el medio rural, para conseguir una cabaña cinegética sana, vigorosa, sin riesgos sanitarios para la ganadería, salud pública y el medioambiente natural.
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