Perros de caza
Veterinaria
Última actualización 01/11/2004@00:00:00 GMT+1
El perro de caza es un atleta, y como tal requiere un entrenamiento si pretendemos obtener unos buenos resultados durante el ejercicio cinegético. Además un perro de caza sin entrenamiento puede sufrir importantes lesiones, incluso llegar a morir por no estar suficientemente preparado para un ejercicio fuerte.
Entendemos por entrenamiento la preparación física, tecnicotáctica, intelectual y moral del atleta mediante ejercicios físicos. Aplicada esta definición a un perro de caza, lo interpretaremos como la preparación física y mental –a través de la motivación– del perro de caza por parte de su dueño.
El entrenamiento físico somete al animal a una carga de trabajo superior a la normal, es decir, a un esfuerzo superior al que se realiza en la vida cotidiana. El entrenamiento bien hecho programa estas cargas de trabajo de manera racional en cuanto a su intensidad, duración y frecuencia para que al organismo le de tiempo a adaptarse lo mejor posible a esta nueva situación. Hay que tener en cuenta que, desde el punto de vista bioquímico, el entrenamiento es sinónimo de una serie de procesos catabólicos –es decir, de degradación de sustancias para formar otras más simples– seguidos de una serie de procesos anabólicos –es decir, procesos metabólicos en los que, a partir de moléculas simples, se forman otras más complejas–. De manera más sencilla, con el entrenamiento se consigue movilizar y metabolizar las diferentes reservas del organismo –como las grasas–, en favor del fortalecimiento del tejido muscular.
Pero también hay que considerar el entrenamiento psicológico –que los adiestradores llaman motivación–, que también es de extrema importancia. Al perro le tiene que gustar, le tiene que divertir lo que hace, debe ser una fuente de satisfacción y debe estar deseando hacerlo. Un entrenamiento no debe ser agotador para él, de manera que el animal lo entienda como un castigo. Tampoco tiene que ser rutinario, ya que el perro es un animal inteligente que necesita estímulos de manera constante. En este sentido, para un perro es mucho mejor y más estimulante una marcha de 10 kilómetros que recorrer 100 veces 100 metros. También –y nunca hay que olvidarlo– la marcha de 10 kilómetros vale para establecer un buen vínculo entre el perro y su dueño o adiestrador, algo de extrema importancia.
Cómo planear el entrenamiento
En primer lugar hay que decir que ningún atleta se puede mantener en plena forma, a máximo rendimiento, durante todo el año, varios años. Por ello los periodos de máximo entrenamiento deben estar seguidos de periodos de descanso más o menos largos. Centrándonos en el perro de caza, estos periodos de actividad y máximo rendimiento coincidirán con los periodos de caza, para aprovechar los periodos de veda para el descanso y la recuperación del animal. Pero este entrenamiento debe estar sujeto a un plan, ya que es muy importante que los perros vayan cogiendo forma física poco a poco antes del comienzo de la temporada, pero también es muy importante que no pierdan del todo la forma física durante la temporada de descanso de la veda.
El entrenamiento va encaminado a fortalecer tres sistemas:
• El cardio-respiratorio, que permitirá un mejor transporte de oxígeno.
• El sistema muscular, especialmente la espalda y los miembros.
• La movilidad articular.
El entrenamiento antes de la temporada conviene comenzarlo aproximadamente mes y medio antes, dedicándole por lo menos tres días por semana en base a ir incrementando progresivamente el tiempo de ejercicio con carreras cada vez más largas.
Durante la temporada de caza conviene hacer algo de ejercicio durante la semana y no limitar toda la actividad a un gran ejercicio los fines de semana.
Para la época de descanso de la veda hay que saber que un buen entrenamiento se pierde en 4-8 semanas. Es muy desaconsejable que los picos de máximo entrenamiento y reposo estén muy alejados, es decir, es muy negativo que durante la veda el perro no haga ningún ejercicio. Por ello, en veda es conveniente sacar al perro al menos una vez a la semana a que corra durante 20-40 minutos.
Rabdomiólisis del esfuerzo
También llamada mioglobinuría paroxítica o “enfermedad de los lunes” –ya que la padecían los caballos los lunes, después de que el dueño le sometiese a un sobreesfuerzo el fin de semana–. Es una patología que afecta a los músculos del animal causada por un esfuerzo superior al que el músculo es capaz de soportar sin alterarse. Se da por ejercicios muy fuertes, y sobre todo en animales que no están suficientemente entrenados.
Tiene tres formas de presentación. En la sobreaguda el animal queda bloqueado en pleno ejercicio y no se puede mover, sufriendo un agudo e intenso dolor. En la aguda el dolor, también muy intenso, aparece después del ejercicio. En la subaguda los síntomas aparecen a las 24-48 horas del esfuerzo, y suelen remitir por sí mismos a los 3 ó 4 días.
Esta patología se explica en base a dos razonamientos. El 80 por ciento de la energía química utilizada por el músculo que trabaja se transforma en calor, que el músculo va acumulando. Por otro lado, un músculo no entrenado y sometido a un sobreesfuerzo, obtiene la energía por vía anaerobia produciendo gran cantidad de ácido láctico –responsable de las agujetas–. Una y otra situación aumentan peligrosamente la temperatura del músculo y disminuyen el flujo sanguíneo intramuscular, lo que provocan una necrosis celular progresiva. El animal presenta un cuadro de dolor muscular, los músculos afectados están edematizados y calientes. Puede tener cuadro de trastornos neurológicos, la orina cambia de color, siendo pardusca y oscureciéndose progresivamente, y en los casos agudos aparece anuria –falta de producción de orina– debido a un fallo renal, lo que le lleva a la muerte.