Hemeroteca :: 01/12/2004
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Opinión

Letras furtivas

Última actualización 01/12/2004@00:00:00 GMT+1
A la alfombra acaban bajando una larga manita de buenos venados y algunos cochinos con tabla a los que hay que cazar como mandan los cánones y sin que las vallas les hayan cortado carreras y querencias
Muchas y buenas monterías hay por Ciudad Real y mejor hacer montero lo hay por pocos sitios como allí, pero pocas jornadas de caza mayor tienen el sabor de las que ofrece el presidente de ASAJA, Pedro Barato Triguero. Pocos ambientes tan amigables, tan de buen humor, pocas ínfulas y tanta miga. Y además y por lo general, este año aún mejor, buenos resultados y ¡en finca abierta! A la alfombra acaban bajando una larga manita de buenos venados y algunos cochinos con tabla a los que hay que cazar como mandan los cánones y sin que las vallas les hayan cortado carreras y querencias.

En la reunión, en Belvís, se encuentra uno, por supuesto, al mundo agrario de toda España y desde los gallegos a los aceiteros, de los riojanos a los vascos están allí representadas las gentes que viven del y por el campo. Pero el variopinto paisaje humano no acaba en esta reunión de agricultores, sino que la personalidad de dueño de la finca hace que se den la mano las más diversas tendencias, incluso ideológicas. Porque si no falla ningún año el ex-rector de la Universidad Regional, Luis Arroyo, ni su sucesor, Ernesto, tampoco lo hace Patxi Andión y por allí conversan con personalidades de la vida pública del Partido Popular, o de empresarios agrarios con apellidos tan relevantes como Barco, Luque, Fierro o Bohórquez. Por no privarse de nada hasta son reconocibles las caras de periodistas de postín donde, eso sí, el más requerido es Cesar Lumbreras, que es la voz más valoradas de todo el mundo agrario y que tantos tiempos en soledad les ha dado micrófono por el que expresarse. Es pues un día de encuentros y reencuentros donde unos van a cazar y otros cincuenta se acercan tan solo a “la cuchara”, como es el caso del citado Lumbreras, y a echarse unos tragos en buena compañía y unas risas a costa del que falló y otras aún mejores de felicitación al “agrario” vasco que iba de nuevo y se hizo con un venado de esos que otros llevan lustros de monterías soñando con que un día les entre. Y luego darle, claro.

A uno le gusta más que nada ese aire y ese tono campechano que Pedro sabe imprimir y donde es acompañado por la finura y el trato exquisito de su mujer, María, encantadora con todos y cada año más guapa. Pero la montería tiene un problema. Y es que luego no hay quien despegue y el año que no dan las nueve de la noche es porque dan la once en la tertulia con el anfitrión mirando de reojo, no porque se vayan de una vez, sino porque ve que aunque ha calculado un año más muy por lo alto se están acabando las existencias... de hielo, digo. No se vayan a pensar lo que no es.

Ha sido éste el inmejorable arranque de temporada del que he podido disfrutar en cuanto a caza mayor se refiere que espero, justo en cuanto acabe de escribir estas lineas, continuar con lo que me es más cercano: la menor en mano, un año más con mi perro Lord y mi cuadrilla alcarreña. Las perdices prometen aunque un ramal de granizo nos hizo bastante daño. De mi puntería no respondo mucho, como siempre, pero en lo que voy a estar intratable, desde aquí ya lo advierto, es en el mus, que es casi la mitad más uno de las buenas jornadas de caza.
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