Hemeroteca :: 01/01/2005
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Entrevistas

Resultado de un estudio sobre la depredación de nidos de perdiz

Última actualización 01/01/2005@00:00:00 GMT+1
El daño que la predación causa a las aves silvestres, y en particular sobre la perdiz roja, es tan conocido como frecuente que los cotos controlen a los depredadores cazables, que son los llamados “oportunistas”. No existían evidencias, sin embargo, del efecto que dicho control tiene en la supervivencia de los nidos, por lo que los autores han realizado un estudio en un coto de Lleida para comprobar si el control de urracas es realmente eficaz para reducir la depredación de los nidos de perdiz roja, como cabría esperar.
El objetivo de este estudio ha sido examinar si el control de urracas podría constituir una actividad de manejo eficaz para reducir la depredación de los nidos de perdiz roja en Sanaüja (Segarra, Lleida, Cataluña). Para ello se ha cuantificado la depredación de nidos artificiales de perdiz roja un año antes y otro después del control de urracas. También se ha observado en una jaula al aire libre el comportamiento depredador de diferentes urracas ante huevos de perdiz roja y de codorniz.

El problema del exceso de depredadores
El daño que la abundancia de depredadores de origen antropófilo –urracas y otros córvidos, zorros, gatos y perros asilvestrados– ejercen sobre las aves silvestres ya se ha documentado en distintas partes del mundo. Estudios previos han demostrado que el control de los depredadores reduce de forma significativa su abundancia durante el periodo reproductor de las perdices –Tapper et al. 1996–. Investigadores españoles han demostrado que las urracas fueron las responsables de la depredación de la mayoría de los nidos de paloma torcaz en un coto de Toledo –Herranz et al. 2003–, y otros científicos de Europa y USA también han atribuido a los córvidos el fracaso de los nidos de distintas especies de aves –Andrén 1992–. Por ello, una actitud muy frecuente en parajes naturales y sobre todo en cotos de caza, consiste en el control de los depredadores considerados más abundantes y dañinos.

El efecto que el control de depredadores tiene sobre la reducción de su abundancia se ha demostrado varias veces, pero apenas existen evidencias sobre el efecto que dicho control tiene sobre la supervivencia de los nidos de las aves.

La urraca es una especie que presenta unas fluctuaciones enormes en el tamaño de sus poblaciones dependiendo del área geográfica y características de cada zona concreta. Por tanto, el daño que pueden originar sobre las especies de fauna silvestre depende de estas concentraciones. La mayor abundancia encontrada en la Meseta Sur de España ha sido de 1.6 urracas/km lineal –Herranz et al. 2003–. En Polonia se han citado entre 2 y 37 urracas/ km2, y un caso extremo lo constituyen algunas islas de Rusia, con 120 urracas/km2 –ver referencias en el número especial de 1997 sobre ecología y comportamiento de las urracas, Acta Ornithologica 32,1–.

Zona de estudio en Cataluña
En el coto de Sanaüja, dependiendo de la zona, se observaron diferencias significativas en cuanto a la presencia de urracas, siendo más abundantes en las proximidades del pueblo, y sobre todo en los alrededores de una granja de corderos situada a 4 km del pueblo y en un dormidero de urracas situado en el monte a 2 km de la granja.

En Sanaüja no hicimos transectos lineales, sino observaciones en estaciones fijas cubriendo una superficie circular de 20 metros alrededor del observador. El número máximo de urracas observadas en cada zona de estudio estuvo comprendido entre 6 y 19 individuos.

Aunque la abundancia de urracas es baja si se compara con otras zonas geográficas, pequeñas diferencias entre zonas en su abundancia relativa podrían tener un efecto significativo sobre la supervivencia de los nidos de perdiz o de otras aves nidificantes de dichas zonas. Y en ese caso, el control de urracas estaría justificado.

No obstante, antes de proceder con el trampeo de urracas, primero examinamos si realmente había diferencias significativas entre zonas en la depredación de nidos de perdiz, y si estas diferencias estaban relacionadas con la presencia de urracas.

Como nuestras dos predicciones se confirmaron, se procedió con un trampeo de urracas que estuvo autorizado por los responsables del Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat de Cataluña.

Tipo de trampa y eficacia de trampeo
Se ha utilizado una trampa tipo “Larsen”, de la empresa Altube S.A.. de 4 compartimentos de captura. Desde el día de su colocación la trampa se revisó a diario por el guarda del coto excepto los fines de semana y días alternos, que lo hacían los cazadores e investigadores.

Como cebo para capturar a otras urracas se colocó una urraca viva de reclamo en el centro de la jaula y un huevo de codorniz en cada compartimento de captura. La urraca-cebo disponía de un bote con comida –pienso animal y huevos de codorniz– y agua.

Cada huevo de reclamo era reemplazado cuando desaparecía. De hecho, todos los días desaparecían los huevos de codorniz –1 ó los 4–, tanto si se capturaban urracas como si no.

Esta observación sugiere que hay depredadores que saben eliminar el cebo sin quedar atrapados, a pesar de la alta sensibilidad de cierre de las puertas de la trampa. Con la finalidad de descubrir al posible responsable, cambiamos los huevos de codorniz por huevos de perdiz rellenos de escayola que atamos con hilo de nylon a cada compartimento de la jaula. Pero durante 3 días consecutivos los huevos permanecieron intactos y no se capturaron urracas.

El método de trampeo empleado ha sido eficaz debido a que sin mover la trampa de la zona de la granja se capturaron urracas casi a diario, con un máximo de 3 individuos en un día. Una vez capturadas 38 urracas, la trampa dejó de utilizarse debido a que se detectó una reducción significativa en el número de urracas observadas en todas las zonas respecto al año anterior.

En urracas, los machos y las hembras no se puede distinguir a ojo –Buruaga et al. 2001–. Por ello, para conocer el sexo de los individuos que cayeron en la trampa, procedimos con la disección de las aves que pudimos examinar (n = 7). El 71 por ciento eran machos adultos, el 14 por ciento machos jóvenes y el 14 por ciento hembras.

Este tipo de trampas Larsen para urracas parecen funcionar muy bien en Cataluña –FCC, datos inéditos–, Francia y otras regiones de España, siendo quizá el sistema más eficaz.

Experimento
de depredación de nidos

Como resulta imposible encontrar una muestra elevada de nidos auténticos de perdiz roja en el campo y examinar el efecto de la depredación sobre ellos, utilizamos nidos artificiales que colocamos intencionadamente en las zonas con mayor y menor presencia de urracas (mapa 1).

Ya se ha demostrado que algunos depredadores son capaces de distinguir entre los huevos naturales y los pintados o imitados con materiales artificiales –Timbergen 1962–. Por eso, nosotros hemos utilizado huevos auténticos de perdiz roja procedentes de granja –Altube S.A.–, aunque luego los hemos rellenado con escayola para ser capaces de distinguir las marcas de los depredadores. La ventaja de que existan granjas cinegéticas de elevada producción es que se pueden obtener muestras considerables de huevos de color y tamaño similar para ser utilizados en experimentos de investigación. Todos los detalles sobre los nidos y huevos utilizados en este estudio se pueden encontrar en la sección de métodos de un libro publicado por el Ministerio de Medio Ambiente (Castilla & Rodríguez 2002).

Depredación antes y después del control
Los nidos artificiales de perdiz se colocaron en el suelo en 6 zonas diferentes y separados por una distancia de 25 metros. En cada nido se metieron dos huevos de tamaño y color similar, y en cada zona se pusieron 30 nidos.

En la primavera de 2003, la abundancia de urracas era más alta en la granja y el dormidero que en otras zonas. La depredación global de 180 nidos después de 3 semanas fue baja –36 por ciento, 64 de 180 nidos–, y se encontraron diferencias significativas entre zonas en las tasas de depredación de los nidos. En la granja y el dormidero depredaron el 60 por ciento de los nidos –18 de los 30 colocados–. Sin embargo, en las demás zonas el número de nidos depredados estuvo comprendido entre 6 –20 por ciento– y 8 –27 por ciento–.

En la primavera de 2004, con el permiso del Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat de Cataluña, se procedió con el trampeo de urracas, y se repitió el experimento de depredación siguiendo el mismo método que el año anterior. El número de urracas observado disminuyó más de un 70 por ciento en todas las zonas de estudio.

Esta disminución a partir de un trampeo de baja intensidad pudo haber estado favorecida también por las condiciones climáticas adversas de temperaturas más bajas y mayor pluviosidad en 2004 en relación con el año anterior. Las urracas son sensibles al frío, lluvias y viento –Birkhead 1991–.

En primavera de 2004 la depredación global fue del 55 por ciento y se encontraron de nuevo diferencias significativas entre zonas en las tasas de depredación de los nidos. La depredación más alta volvió a tener lugar en la granja –60 por ciento– y en el dormidero –50 por ciento. Después del control de urracas encontramos una reducción en las tasas de depredación de los nidos del pueblo del 50 por ciento, y en el dormidero del 17 por ciento. Estas observaciones sugieren que algunas de las urracas capturadas en la trampa de la granja deberían proceder del pueblo y del dormidero. Aunque las urracas son territoriales, sobre todo en la época reproductora, parece que en Sanaüja se desplazan hasta 4 km para obtener recursos tróficos.

Ha sido muy llamativo encontrar que en la granja de corderos, la única zona donde se colocó la trampa, la depredación de nidos se mantuvo constante en ambos años. Esto sugiere que deben existir otros depredadores aparte de las urracas que frecuentan la granja para alimentarse, y el incremento del control de urracas probablemente no mejoraría la situación.

En el coto de Sanaüja también se disponía de permiso para capturar zorros y gatos asilvestrados durante los años de estudio. El control de depredadores que se realiza se considera eficaz y suficiente. Por eso nos ha llamado la atención que la depredación global haya sido un poco más alta el año en que también se controlaron las urracas, por lo que es posible que muchos de los nidos considerados depredados hayan desaparecido por la intervención directa del hombre. De hecho, en el 2003 el propio dueño de la granja de corderos confesó haber cogido 3 nidos pensando que se trataba de huevos envenenados que podrían matar a sus perros –una razón justificada para extraerlos–. Por otro lado resulta difícil atribuir a los depredadores la desaparición del 97 por ciento de los nidos de una zona límite del coto (mapa 1, F) después de sólo una semana, debido a que el año anterior en la misma zona solo se depredaron el 27 por ciento de los nidos después de 3 semanas. Parece claro que el investigador debería dedicar mucho más esfuerzo a la labor de información y concienciación social, para evitar malinterpretar los resultados científicos debido a sesgos de método relacionados con la actividad humana.

Limitaciones del estudio
Las limitaciones del estudio, realizado en dos años –uno sin control y otro con control de urracas– y sin ninguna repetición en otras zonas, impiden llegar a conclusiones definitivas. Al disponer solamente de dos situaciones enfrentadas y distintas, cualquier resultado en una dirección u otra podría ser producto del azar o estar causado por cualquier factor aparte del trampeo. Por ello, este tipo de estudios debería realizarse a largo plazo y cubriendo mayor número de zonas. Pero esto es algo que resulta imposible llevar a cabo a costa de estudiantes temporales, colaboradores voluntarios y científicos resignados.
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