Grandes firmas
Con el pasaporte en el morral
Última actualización 01/02/2005@00:00:00 GMT+1
Cuando se viaja de caza al “tercer mundo” muchos se mueren de impaciencia. Pretender servicios del primer mundo en el tercero es imposible. La prisa, la urgencia, la tenemos nosotros, no ellos
En mis primeros viajes a Canarias a final de los años sesenta, los peninsulares nos quedábamos agotados ante la exasperante lentitud de los servicios en las Islas. Se decía que los canarios estaban “aplatanados”, iban a muchas menos revoluciones por minuto que el resto de los españoles, que tampoco circulábamos en quinta por decirlo todo.
Cuando viajo al tercer mundo de caza, a los que se mueren de impaciencia les recuerdo las Canarias de hace treinta años. Apenas me vale para nada la explicación. Pretender servicios del primer mundo en el tercero es imposible. La prisa, la urgencia, la tenemos nosotros, no ellos.
El reloj no es que esté parado, es que en muchas ocasiones es una mera e inútil referencia estética; el horario es indeterminado, irreal e incumplido por norma y costumbre.
“Estad listos que la avioneta llega a las doce”, es el aviso en el campamento. Pero bien puede llegar a las tres de la tarde o a las diez y media sin que se justifique el retraso o el adelanto de la hora prevista y sin que nadie se escandalice.
Muchos viajeros se ponen nerviosos con este tipo de situaciones y pretenden la vía tremenda de montar una bronca. Como desahogo no está mal, pero como solución es pésima. Al responsable no le entra en la cabeza el motivo del chorreo y puede ser que se quede bloqueado en sus decisiones hasta el final del viaje.
Mala solución tiene el asunto de “poner las pilas” al personal del tercer mundo: con dinero se arregla la economía del que lo recibe, pero no los servicios a mejorar, incluso puede ser una pésima salida.
De la experiencia viene la anécdota ocurrida en Asia: “Te doy esta importante cantidad de dinero para que a la mayor urgencia hagas esta gestión de visados”. Resultado: al interfecto le dejamos de ver durante dos días, pues con la pasta se fue de juerga.
Organizad un mus rápido para matar las esperas si se va en grupo, llevarse un buen libro si se acude en solitario, armarse de paciencia en cualquier caso y en algún momento adelantarse a los acontecimientos. Si se necesita algo pedirlo con una antelación exagerada y tal vez cuando esté listo es cuando sea el momento adecuado para cubrir las necesidades.
La última recomendación es que todas esas pequeñas y molestas incidencias no enturbien el objetivo principal: ir de caza.
Recordad que los Reyes Magos van en camello –que no es que sea un medio de transporte muy rápido– y sin embargo reparten juguetes en todos los pueblos y ciudades de España.