Hemeroteca :: 01/03/2005
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Entrevistas
Última actualización 01/03/2005@00:00:00 GMT+1
El autor, agricultor y cazador, repasa las relaciones, a veces reñidas, entre agricultura y caza y analiza las nuevas tendencias, que buscan irremediablemente una agricultura más beneficiosa para el medio ambiente.

La no quema de rastrojos, la siembra directa o sustituir los barbechos “marrones” por “verdes”, por ejemplo, buscan precisamente que la agricultura sea cada vez menos agresiva para la caza.
La evolución de las prácticas agrarias a lo largo de la historia de la humanidad ha sido constante, pasando por sucesivas etapas. Partiendo de unos procedimientos muy primitivos y rudimentarios, nos encontramos hoy día con una actividad industrializada y altamente tecnificada en la que empieza a ocupar un importante lugar la biotecnología y la ingeniería genética, y que aprovecha al máximo los recursos existentes para lograr la máxima rentabilidad económica, a veces en detrimento del medio ambiente.

Para un satisfactorio desarrollo de todas las poblaciones de especies cinegéticas, es necesario el mantenimiento de un hábitat adecuado, siendo esto responsabilidad fundamentalmente de los colectivos que más están en contacto con el medio ambiente: agricultores y ganaderos. Actualmente las prácticas agrícolas se ven condicionadas por tres factores: un entorno económico más competitivo que obliga a una agricultura más agresiva; nuevas técnicas para los cultivos, como la siembra directa, y cambios en la legislación, sobre todo comunitaria, que obliga a actuar de una determinada manera si se quieren recibir las correspondientes subvenciones, como el obligado abandono de tierras –hectáreas que no se pueden cultivar durante un año o más tiempo–, o la prohibición de quema de rastrojos.

Por ello, es conveniente analizar estos tres factores, su influencia y medidas correctoras que se podrían llevar a cabo para mejorar el hábitat de las distintas especies cinegéticas.

Agricultura más agresiva
La mayor competitividad del entorno económico general, con gran influencia en el mundo agrícola y ganadero, obliga a un mayor aprovechamiento de las tierras, con la casi total exclusión de márgenes, eliminación de la vegetación en gavias y bordes de caminos, inexistencia de setos, etcétera, que perjudica enormemente la posibilidad de alimento y refugio para la caza. Es el agricultor y ganadero que ama la caza quien cuida y tiene en cuenta estos detalles, de ahí que haya que reconocer y valorar el importantísimo papel del agricultor y ganadero cazador en la mejora del medio ambiente y aceptar sin ambages que la caza es el mejor medio de conservación.

Aunque tímidamente, ya existen algunas normativas a nivel autonómico que incentivan la mejora y establecimiento de un entorno favorable para la caza. El camino a seguir es un paisaje agrícola con más recursos y posibilidades para la vida silvestre en general.

En cuanto a la actividad ganadera, un adecuado nivel de pastoreo con el establecimiento de vallas y aguaderos y en determinadas épocas un aporte alimentario del que se beneficiaría la caza en general, ayudaría también al desarrollo de las especies cinegéticas. En general, es la ganadería extensiva con bajas densidades, favorecidas por la Política Agraria Común, quien crea grandes espacios abiertos, auténticos paraísos para la fauna y en algunos casos últimos reductos para algunas especies que han estado en clara regresión y que tienen en estos lugares su hábitat ideal, como sucede con las grullas en Extremadura.

Barbechos “verdes”
Una de las medidas agroambientales más positivas para la fauna y que el año pasado ya disfrutamos en Andalucía, es que la tierras que cada año debe dejar el agricultor sin sembrar, se dejen con “barbecho verde”, con vegetación, que no se transformen en el llamado “barbecho marrón” sin ningún tipo de cobertura vegetal. Esta medida, aparte de frenar la erosión, permite ofrecer a todas las especies alimento y refugio durante la época de nidificación y crecimiento.

Igualmente, sería muy deseable el control de productos que eliminen insectos de forma masiva, que suponen la principal fuente de alimentación de una gran lista de especies que ven mermadas sus posibilidades de cría por falta de la nutrición requerida.

Nuevas técnicas y prácticas agrarias
Entre las nuevas prácticas agrarias, hay algunas que proceden de avances tecnológicos y otras impuestas por la legislación.

En el apartado de avances tecnológicos, destaca la siembra directa por suponer un cambio drástico en el tradicional manejo de la tierra, pues ya no es necesario ararla tras la cosecha. De una parte, esta práctica que consiste en el “no laboreo”, es decir, en sembrar directamente sobre el rastrojo sin volteo de la tierra, es altamente beneficiosa para la fauna, pues mantiene la caña de los rastrojos y la paja íntegramente, máxime si no hay aprovechamiento ganadero, pues en estos terrenos la caza encuentra alimentación suficiente durante todo el verano.

No obstante, además de tener un efecto enormemente beneficioso contra la erosión, esta práctica puede tener un lado negativo al obligar a usar una mayor dosis de herbicidas que en algunos casos puede perjudicar a algunas especies. Con el correcto control y aplicación en dosis adecuadas de éstos, nos quedaríamos con sus beneficios, que son muy notorios.

Los defensores de esta nueva práctica agraria del “no laboreo” argumentan también el mayor componente de materia orgánica que queda en el suelo en todo momento, lo que puede suponer mayor facilidad y variabilidad de alimentación para la fauna y una menor necesidad de
aporte de agroquímicos cuyo uso irracional podría desestabilizar la composición del suelo, afectando a su microbiología.

Esta práctica, junto con el mantenimiento de la cubierta vegetal en las tierras agrícolas que deben dejarse sin cultivar cada año, comentada anteriormente, proporciona alimentación y refugio durante todo el año, incluso en zonas de muy escasa vegetación, con una mayor defensa contra los depredadores, especialmente en la época de nidificación.

De otra parte, es evidente la total mecanización en el medio agrario y la tendencia a una mayor uniformidad en los cultivos para alcanzar una rentabilidad adecuada. Por ello sería necesario legislar, controlar e incentivar sobre determinadas actividades:

•1.- Fechas de recolección, según zonas.
•2.- Altura a dejar en cañas de rastrojos.

•3.- Enterrado inmediato del abono.


Cambios legislativos
Entre los últimos cambios en la legislación con influen
cia en el medio ambiente, hay que destacar la prohibición de quema de rastrojos en muchas zonas, lo que es evidente que puede tener un efecto beneficioso para la fauna en general y también para la erosión.

No obstante, ello supone que dichos rastrojos tengan un aprovechamiento ganadero que elimine parte de la paja que queda en el campo, o que se corte casi a ras de suelo y se pique, ya que de otra forma el agricultor se verá obligado a un excesivo volteo de la tierra para poder proceder a la siembra en la próxima campaña y los deseados efectos se puedan convertir en perjudiciales si se mantiene el manejo tradicional en vez del ya comentado “no laboreo”.

Sin embargo, sí sería más importante que quemar o no la paja el tiempo que se mantiene el rastrojo, que es el mejor hábitat para la caza, y luego reducir al máximo el período tras la quema en su caso o, una vez acabado el aprovechamiento ganadero, si no ha habido quema, proceder cuanto antes a la preparación de las tierras para la siembra tradicional, ya que en el caso del “no laboreo”, lo más deseable es que cuanto antes nazca la nueva siembra, mejor, habiéndose mantenido el rastrojo hasta entonces.

En cuanto a otras prácticas introducidas por normativas recientes, cabe destacar el aumento de dosis de semilla certificada en el trigo, que asegura los tratamientos que ha recibido, eliminando todo tipo de riesgos para la fauna, e impedir el laboreo a favor de pendiente con el fin de reducir al máximo la erosión.

Sí sería muy deseable que se flexibilizara la normativa actual para el aclareo –desbroce o arado suave– de las zonas de monte, cada vez más abundante,que además de suponer una importantísima mejora del hábitat para la caza y la fauna en general, es la mejor medida contra los incendios, sin duda el mayor enemigo para cualquier ecosistema.
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