Entrevistas
Última actualización 01/03/2005@00:00:00 GMT+1
El autor, cazador profesional, y su cliente persiguen una manada de búfalos que también es acosada por un grupo de leones. Esta es la crónica de este acecho compartido en el que al final cazadores y leones tuvieron su parte en el botín.
Hacía poco que había amanecido cuando dimos con las huellas de un grupo de búfalos a la vuelta de su abrevadero matinal. En poco más de media hora de marcha rápida les alcanzamos pero alguien se nos había adelantado: un grupo de cuatro leones los tenían inmovilizados en la orilla de un río seco. Desde algo más de 200 metros pudimos disfrutar en vivo de una de esas escenas tantas veces filmadas en algunos de los parques más famosos de África.
La manada, de unos 40 individuos, estaba formada en círculo con las hembras y las crías en el centro, defendidas en la línea exterior por los machos más potentes que formaban una verdadera línea Maginot, insalvable para unos leones todos machos de 3-4 años todavía faltos de un punto de maduración y bravura suficiente para soñar en franquear tan imponente dispositivo.
La táctica de los felinos era tan inefectiva como repetitiva: dos trataban de atraer la atención de la manada aproximándose hasta el límite que les permitiera un giro de 180º y la huída a la carrera mientras los otros dos leones, arrastrándose y maximizando el mimetismo con la paja, rodeaban el grupo esperando encontrar un flanco algo más desguarnecido cuando en el otro lado del círculo se produjera lo inevitable: la carga.
Sin embargo los búfalos nunca dejaban el flanco opuesto desatendido y a fuerza de repetirlo, cada vez lo hacían con mayor efectividad a la vez que los leones iban frustrándose cada vez más. La escena nos tenía extasiados pero eso no nos impidió ver que entre los búfalos más belicosos habían tres que pasaban de las 40 pulgadas, y por tanto tirables.
Pensé que aunque en los últimos cien metros seríamos inevitablemente localizados por los leones al tener que cruzar el wadi de arena blanca sin ninguna protección, los búfalos totalmente pendientes de los leones y con una pobre capacidad visual no serían el problema. Entendí que nos podríamos acercar lo que nos permitieran los leones y éstos, al estar en grupo y cazando, no iban a huir fácilmente. Creí que teníamos una oportunidad de colocarnos a distancia de tiro.
Iniciamos el acercamiento
El viento matinal es en Tanzania bastante continuo hasta que empieza el calor, en que se vuelve variable y errático. A las 7 de la mañana y con el viento algo oblicuo, salimos de la protección de la selva e iniciamos el arrastre por la arena del río seco.
Enseguida fuimos localizados por los leones, pero no por los búfalos. Con extrema precaución tratamos de llegar a un matojo en mitad del cauce a unos 80 metros de los leones y a 85 de los búfalos.