Hemeroteca :: 01/04/2005
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Entrevista destacada

Félix Paramio Organizador de monterías

Última actualización 01/04/2005@00:00:00 GMT+1
Félix Paramio lleva más de veinte años organizando monterías para un grupo de amigos en la provincia de Ciudad Real. Más que organizar, prepara las manchas para que den los mejores frutos. Manchas abiertas que requieren dedicación y conocer muy bien a los animales, sus querencias y careos.

Este peculiar organizador de monterías se empeña en seguir haciendo las cosas a la antigua usanza, empecinamiento que le valió, hace dos años, el Premio Manifiesto de la Montería que otorga el Real Club de Monteros.
Conocí a Félix Paramio de un modo un tanto accidental, aunque quizá premonitorio de futuros aconteceres, como puede serlo esta entrevista. Fue en la cena que celebró en su casa el ex-Rector de la Universidad de Castilla-La Mancha, Luis Arroyo, para celebrar la concesión del Premio Carlos III. Allí, por azar, me sentaron con Félix y hablamos largo y tendido del mundo de la caza, especialmente de la montería. Me pareció, ante todo, una persona sencilla y honesta consigo mismo y los demás, y con una gran capacidad de sacrificio y entrega ante lo que le venga o se proponga. Quizá no sea casualidad que haya dedicado toda su vida a educar niños descapacitados.

Pero cuando su mujer y sus dos hijos le dejan, que es casi siempre, Félix se echa al monte, el escenario que mejor conoce y donde mejor se maneja. Desde pequeñito recorría los campos de Puebla de Don Rodrigo (Ciudad Real), su pueblo natal, detrás de todo cuanto volaba o corría. Así se curtió y así se envenenó para siempre de la sierra y de sus bichos.

Pero su vida, en el plano cinegético, dio un tremendo acelerón cuando conoció, hace más de veinte años, a José Manuel Landaluce, a quien llama, con verdadera devoción, su maestro. Con él comparte días enteros de campo, caza y amistad y de su mano comienza su faceta de organizador de monterías, o de “capitán de sierra”, como él gusta llamarse. En definitiva, se convierte en un experto en preparar manchas para luego montearlas con el mayor éxito.

Estamos ante un organizador muy peculiar al que sólo le gusta cazar manchas abiertas de poder a poder y guardando las formas. Por eso recibió el Premio Manifiesto de la Montería y por eso ni comprende ni le gusta el camino que está tomando la montería actual.

Usted no se considera un orgánico al uso, sino un “preparador” de machas o de monterías.

En efecto, lo que le puedo decir es que me dedico, desde el inicio del otoño, con las primeras hozadas de los guarros en los hormigueros, a preparar la mancha para que esté lo mejor posible el día de la montería. Esto es estar pendiente de los rastros, de los posibles cambios de ubicación de los animales, echar de comer, etc. Hoy, la existencia de un calendario anticipado y previsto, te obliga a preparar las manchas para esas fechas establecidas. Hablo en mi caso de manchas abiertas en las que tengo que tener en cuenta muchos factores como la falta o abundancia de comida en sus alrededores, una climatología imprevista o los caprichos de los guarros. Para colmo, en mi caso, tengo que convivir con más de mil cabras y bastantes vacas. Yo soy cazador, organizador de un tipo de monterías en el que todavía prevalece el arte de preparar una mancha. Soy, más que un organizador que va a sortear, un preparador de manchas y un traductor de campo que disfruta con ello.

¿Cómo le dio por dedicarse a esto?
Bueno, yo cazo desde los 16 años en Puebla de Don Rodrigo, de donde soy. Cazaba mayormente solo. Caza dura y escasa, mayor y menor. Hace veintitantos años se crea el coto de Valhondo y conozco a una serie de señores, como Ricardo Ayala o Mamel Landaluce, quedándome como representante de ellos para cazar ésta y otras manchas de la zona. Y hasta hoy.

¿Qué hay que hacer, a grandes rasgos, para tener cochinos en una mancha?
Ni más ni menos, no castigarlos con esperas y que tengan alimento y cierta tranquilidad. Mi caso es un poco particular porque yo no puedo darles la tranquilidad que desearía, pues ya he dicho que tengo que convivir todo el año con un buen rebaño de cabras y bastantes vacas. Ahora, dedicación y buenos alimentos no les falta a “mis” guarros.

¿Alguna pista sobre esos “buenos alimentos”?
En el verano, cuando se han segado las cosechas y el guarro tiene que dar la cara en las rastrojeras, trato de “sujetarlos” con lo que estaban comiendo, o sea trigo, y se lo echo muy disperso y en predizas para que no se lo coman las cabras. Hay gente que le echa también avena porque dicen que es más fresca que el trigo. Pero quitando esa fecha, yo utilizo normalmente maíz en pedriza. Les encanta por supuesto cualquier pienso granulado e incluso el de los perros, pero el maíz es el único alimento que aguanta cuando se moja. Por cierto, la carroña también les encanta: una cabra muerta que comienza a oler se la comen en una noche.

¿Dónde hay que cebar una mancha?
En los sopiés. Cuanto menos se moleste a los guarros, mejor. Que no sepan que se les está echando comida. En el verano, mejor cerca del agua. Hay fincas en las que el grano se puede coger a puñados, y eso no es bueno ni para identificar los rastros. Además se corre el riesgo de que entre uno grande al cebadero y no deje comer a otros. Esparcir la comida y siempre en terrenos arcillosos, en suelos de tierra fina y suelta. Que tenga piedrecitas no les gusta. Y colocar algunas piedras para que el cervuno o el ganado –si lo hay– no se lo coma o no se coma todo. Y una verdad, cuando alguien no encuentra lo que quiere, lo busca en otra parte. Por otro lado, el bajalí tiene muy buena memoria, y aquel que sobreviva a la montería, que suelen ser bastantes, o el marrano que ha quedado huérfano, sabe que en tal sitio tiene asegurada su comida.

¿Dónde se encaman los jabalíes?
Un jabalí con el lomo cubierto se acuesta en cualquier lado. Hombre, no en mitad de una umbría helada, pero sí en los cabeceros de éstas, suficiente con que el sol le acaricie un poco en su salida. Si hay cebadero y no se les molesta, los guarros no se encaman muy lejos. Por eso, un guarro que entre en un cebadero a eso de la 01,30 horas, sabrá Dios de dónde viene y dónde se encamará.

¿Y cómo “se sujetan” los venados?
No soy experto en ese terreno, pero hoy en día, tal y como está la cosa, una buena malla y unos estupendos comederos. Es lo que veo en todas las fincas. Para el venado hay de todo, desde comida natural a todo tipo de piensos, piedras de sal, de vitaminas, un mundo ajeno que respeto pero no comparto.

Aunque es un tema muy manido y analizado, ¿por qué ha aumentando tanto el jabalí en los últimos años?
Pues en nuestra zona, en vez de aumentar, ha disminuido. El aumento de jabalíes se produjo cuando nadie les hacía caso, proliferó porque no se mataban. Hoy ciertamente hay jabalíes donde nunca los hubo, pero en cuanto aparecen no paramos hasta meterles una bala en el cuerpo. La transparencia de los cotos, o sea, que no haya alambreras que les impidan salir o entrar, está haciendo que muchos matemos más jabalíes de los que producimos. Esto quiere decir que hay cotos que están produciendo muchos y matando los justos. Creo que en las fincas abiertas el jabalí está disminuyendo.

Donde más se habrá notado el descenso es en el número de macarenos, ¿no?
El árbol que se poda todos los años no puede tener ramas gordas. La mancha o la finca que se caza todos los años, no puede tener muchos guarros grandes. Ahora bien, las fincas y manchas abiertas tienen el aliciente de que todos los años te pueden llegar algunos guarros grandes que vendrán de algún lugar que los tiene.
¿Las esperas hacen mucho daño
a los grandes guarros?

Cada cual que haga en lo suyo lo que crea conveniente. Si se hacen esperas buscando “bocas”, poco bueno se puede cazar en la montería. Lo que yo no me explico es cómo hay fincas que, cazándose a conciencia todos los años, siguen dando buenísimos y “abundantes” trofeos.

El mundo de la montería
ha cambiado mucho, ¿verdad?

El negocio lo invade todo, siendo el objetivo conseguir el máximo beneficio económico con los medios que hagan falta. Se ha perdido el respeto y la seriedad hacia la caza. Hoy día son minoritarios los orgánicos que se dedican a la organización total de una montería. Nos estamos saliendo de madre tanto en lo que se ofrece como en la falta de responsabilidad cuando los resultados son adversos.

Me han contado que es usted muy estricto
a la hora de montear, que le canta

las cuarenta a cualquier montero o perrero
que no hace las cosas bien.

Primero tengo que decir que yo no cazo, sigo el desarrollo de la montería con mis prismáticos desde donde pueda verla mejor. No, no soy estricto. Sucede que exijo a la gente, a perreros y a monteros, la misma ilusión o pasión con la que yo vivo la montería tradicional. Que sepan disfrutar, como yo, de una buena suelta, de una ladra, del correr de una res y sepan comportarse como perreros y como monteros.

Yo actúo bruscamente contra quien no persigue, con sus actos, el buen fin de la montería, pero quien me conoce sabe que no lo hago ni con rencor ni con ganas de ofender a nadie. Por lo que veo y me cuentan, cada vez son más los tiradores y menos los cazadores, y hay más “guías de perros” que verdaderos perreros.

¿Qué es lo que más le desagrada
de algunos monteros?

La prepotencia y arrogancia de algunos que, para colmo, son auténticos analfabetos cinegéticos. Eso lo llevo muy mal. A mí no me ha pasado casi nunca, puesto que a todo aquel que actúa así se lo echo en cara. Yo echar no he echado a nadie del grupo, pero el que no pueda soportarme, ya sabe lo que tiene que hacer.
¿Y qué no soporta de un perrero?
Que diga que caza con más rehalas de las que realmente tiene, un mal que se está agudizando. Luego ocurre que a algunos “perreros” o “guías” que llevan esa otra rehala “de más” no lo conocen ni los perros. El que tenga una rehala que cace que pida por ella lo que crea conveniente, pero que no la convierta en dos. Yo suelo contar con las rehalas de la zona, que puedo decir son de las buenas.

¿Una buena rehala quién la hace,
los perros o el perrero?

El que tiene buena rehala es porque la caza, y la caza bien. Es decir, quien es buen perrero, quien caza bien, suele tener buena rehala, buenos perros, mientras que el perrero malo, el que no sabe cazarlos, los aburre. También es cierto que, debido a la abundancia de caza, el perro de rehala se ha hecho cómodo, espanta mucho y caza poco. Bueno, caza de vista y de oído. Si en la mayoría de las fincas los perros van viendo las reses, para qué se van a molestar en buscar y rastrear. Por eso cuando llega un día de agua o de viento los perros pegan un bajón tremendo. Los solistas, los punteros, se van con su canción y el coro, el resto de la rehala, se queda sin poder cantar.

Sí, pero ni los perros ni los perreros tienen
la cualpa de esa alta densidad de caza.


No, no estoy echando la culpa a nadie. Tan sólo digo que esas grandes monterías que tanto se elogian a lo mejor no son las mejores para hacer buenos perros. ¿Cómo va a ser igual un perro hecho en una sierra durísima a fuerza de buscar cuatro jabalíes que otro al que se le ha iniciado desde pequeño soltándole un marranete para que se pique, lo vea y lo agarre; que en todas sus salidas verá poco monte y caza en abundancia? Al final este perro se hace cómodo y se resabia. Antes un perro con cinco años se comía el monte, mientras que ahora se queda mirando como diciendo: “que corra otro”.

Su opinión sobre los perros de agarre en las rehalas.

Creo que los perros de agarres, en su justa medida –un trío, un cuarteto– pueden ser convenientes en determinados momentos, pero los perros imprescindibles de cualquier rehala son los que cazan. Y me da igual los colores o hechuras que tengan. Hombre, si enciman son bonitos, pues mejor, pero primero que cacen. También tengo que decir, siguiendo mi argumento, que tres colleras de amastinados o de mastines ligeros, si surge la oportunidad, también agarran, y éstos también cazan.

Tengo entendido que, con tanto orgánico, la contratación de fincas y manchas se ha maleado bastante.

La competencia trae esto; competencia desleal, diría más bien. Señores que no distinguen la pisada de un ciervo o no saben cortar una mancha cogen un grupo de cazadores adinerados, lo lleva a las mejores fincas y encima, gracias a las mallas, no suelen fracasar. Hoy día hay mucha gente metida a organizador que son meros tratantes, y cuando ni el que vende ni el que compra va con sana intencionalidad, la honradez y la dignidad que debe presidir la caza se evaporan.
¿Hasta qué punto es cierta esa literatura sobre la suprema inteligencia de los macarenos?
Se dice, y es cierto, que la veteranía es un grado. Ahora bien, siempre se habla de los viejos machos, quizá porque tienen “boca” –yo no he visto todavía ningun jabalí sin ella– y no de las viejas hembras, que deben saber tanto o más, porque la hembra, además de mirar por su vida, mira por la de su prole, por la que, si es necesario, entregará su pellejo. El jabalí viejo sabe mucho, sin duda, pero juega más las cartas de su poder que de su sapiencia. Es decir, el guarro, gracias a su poder, puede lanzar hacia un peligro a su escudero, cosa que una hembra no puede hacer. Y gracias a su poder, puede optar a la mejor comida sin competencias. Y ocurre también que ese engreimiento, ese poder que cree tener, puede ser precisamente su perdición, como lo es para la guarra su instinto maternal. Por ejemplo, el guarro que decide, por chulería, enfrentarse a los perros, no suele salir airoso como él probablemente pensó.

¿Cuál es la reacción de un guarro
viejo en una montería?

Quizá que sus comportamientos nunca son matemáticos. Llevo más de veinte años observando cómo se desarrolla una montería y cómo se comportan los animales y no le puedo dar un criterio exacto. Como norma, siempre corren con el aire en la jeta, toman la situación de los puestos y por donde su hocico les da vía libre, por ahí rompe, a lo mejor por un sitio inverosímil como un raso, aunque antes habrá tratado de desprenderse de los perros. La diferencia entre un macho o una hembra viejos es que el macho prefiere jugarse el tipo con los perros antes que dar la cara, mientras que la hembra siempre hará lo que crea más conveniente para que su prole escape.

Después de todo lo que me ha dicho, no me atrevo a preguntarle por los cercones.

Los respeto como respeto la variedad de perros de rehalas o de orgánicos, pero no comparto este tipo de caza. No voy a decir que de este agua no beberé, porque en el mundo en el que nos movemos, materialista cien por cien, puede que no le quede a uno más remedio que acudir a los cercones. Yo voy a procurar mantenerme en esta línea, cazando fincas abiertas y alguna “transparente”. Es mucho más bonito y emocionante. También digo que puede que las propias personas corran riesgos dentro de un cercón, porque un guarro acorralado puede ser una bestia muy peligrosa.

¿Y qué le parece criar guarros para luego venderlos a cercones?
Me gustaría que se diferenciara legalmente lo que es cazar y lo que es matar. Yo conozco señores que cazando mucho y matando poco se divierten una barbaridad, y señores que matando mucho nunca están satisfechos, siempre quieren más.
¿Hacia dónde camina
el mundo de la montería?

Se va a seguir encareciendo. Las buenas monterías en cuanto a calidad y abundancia de reses las disfrutarán los que puedan, mientras que en las de nivel medio-bajo habrá que acostumbrarse a matar un poquito menos y a disfrutar más de una buena rehala, una buena organización y, por qué no, de lances más emocionantes por su escasez.

Creo sinceramente que muchos grupos monteros darían lo que fuese por tener un “organizador” como usted. Sin embargo, como usted hay pocos.

Yo no me considero organizador, sino representante o “capitán de sierra” de unos amigos que disfruta mucho con lo que hace y, quizá por eso, ese hacer lo valora económicamente en su justa medida, o incluso por debajo de mercado.

¿Se puede hacer algo para evitar
el chanteo de una mancha?

Es muy difícil. Cuando una empresa, por la razón que sea, no se puede llevar adelante, lo mejor es dejarla. Si para seguir cazando encima hay que entrar en una lucha desigual porque a uno no lo quieren en la finca, en la zona, creo que no merece la pena.

¿Cree que el chanteo se utiliza demasiado a menudo para justificar fracasos monteros?
No lo sé. Pasa que a veces una mancha se puede vaciar por muchas razones y por desconocimiento o interés de dice que se ha chanteado. A veces ocurre, y a mí me ha ocurrido, que poniendo un cierre se te salgan dos piaras, prácticamente lo que había en la mancha, y se diga que chantearon la mancha. Otras veces las piaras no se han podido romper y quince guarros rompen por un mismo puesto, pareciendo al resto de monteros que no había nada.

¿En qué debe fijarse un montero
poco curtido para intuir que una mancha

puede tener o no guarros?
Lo más fácil es mirar si hay hozaduras frescas, o bañas tomadas y barro pegado en la vegetación de los alrededores. Y si hay una densidad normal, en los cortaderos deben verse algunas trochas tomadas. Pero créame, pocos son los monteros que camino del puesto van mirando lo que tienen a su alrededor y pocos los que saben interpretar lo que ven. En cierta ocasión un montero, llegando a una dormida de cabras y viendo las cagarrutas, me dijo que la mancha estaba claramente “sopada” de venados.

¿Sufre usted con “sus” guarros el “síndrome del gestor”, o sea, tanto ha sido el empeño por cuidarlos que, llegada la montería, en el fondo no le gusta que se maten, o que se maten demasiados?
No, de verdad que no. Yo me habré sacrificado lo que haya hecho falta, les habré dado todos los caprichos, los habré observado muchas veces, pero a la hora de cazar esa
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    933 | rodrigo calvo moreno - 18/11/2010 @ 22:07:53 (GMT+1)
    Personas de este calibre son pocas, estudio técnico de medio ambiente y me encantaría hacer practicas con este señor
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