Hemeroteca :: 01/05/2005
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Entrevistas
Última actualización 01/05/2005@00:00:00 GMT+1
Cada vez son más los cotos que se preocupan de dar comida y agua a la fauna cinegética. Precisamente este reportaje pretende dar a conocer
un gran número de comederos y bebederos prefabricados para que
el lector sepa dónde elegir.
Abril, estrenamos nueva primavera. Entramos en el inicio de la época que marcará el resultado de la próxima temporada de caza. El resultado de la reproducción –si es que ha quedado suficiente madre en el campo– será el que determine en mayor medida la abundancia de caza en el campo.

Ya empiezan a entrar las primeras codornices y tórtolas. Las perdices van emparejadas y buscan los mejores territorios para comenzar a construir los nidos y se ve más de una jabalina seguida de sus inquietos rayones.

A ver cómo se comporta la primavera, porque lo que ha sido el otoño y el invierno se puede resumir en dos: mucho frío y pocas lluvias. Los campos de cultivo delatan esta situación, pudiéndose observar que en muchas zonas el cereal no levanta ni un palmo.

Las lluvias determinarán en gran medida la calidad de las cosechas, la proliferación de plantas herbáceas y arbustivas –refugios naturales– y por supuesto la proliferación de insectos, principal fuente de proteínas de muchas aves como la perdiz roja y fundamental en sus primeras semanas de vida.

La primavera es impredecible, pero lo que se puede asegurar en latitudes como la nuestra es la escasez de agua en el campo y la dureza de un clima eminentemente cálido los meses de verano. Por ello el gestor de un terreno cinegético debe comenzar a realizar una serie de actuaciones que sean beneficiosas para las especies que pueblan su acotado, corrigiendo las carencias que se encontrarán en un futuro próximo.

En este artículo y mediante nuestra amplia experiencia en campo mostraremos algunos de los bebederos y comederos que se comercializan en nuestro país con el único motivo de ampliar la información de los gestores de campo a la hora de adquirir dichos productos. Aconsejamos que se actúe por propia decisión evitando los argumentos comerciales que a veces pueden confundir y ofuscar.

Comederos y bebederos, esenciales
Hay una realidad irrefutable: los terrenos que son gestionados, en los que hay comederos y bebederos –con comida y agua, no vacíos y abandonados–, en los que se realiza un buen control de depredadores y frecuentes controles sanitarios de la fauna cinegética, en los que hay una persona efectiva encargada de realizar estos trabajos y de llevar el mantenimiento y control de las mejoras de hábitat con cierta periodicidad, son terrenos que normalmente cuentan con abundantes poblaciones de especies cinegéticas, además de una biodiversidad importante. Actualmente, sin gestión es muy difícil tener caza.

Una de las medidas fundamentales a adoptar en toda buena gestión es el de crear una amplia y continua red de núcleos de gestión compuestos básicamente por un bebedero, un comedero y un refugio. Estos serán puntos de visita obligada para la fauna y bien ubicados conseguiremos evitar los grandes desplazamientos de nuestras especies cinegéticas, sobre todo en sus primeras semanas de vida, lo cual constituye una importante causa de mortandad propiciada por golpes de calor, atropellos, depredadores y un sinfín de peligros naturales a veces inducidos por el hombre.

Por otro lado si nos planteamos realizar una repoblación con especies como la perdiz roja es absolutamente fundamental contar con estos elementos instalados previamente en el campo. Las repoblaciones las realizaremos junto a un comedero y un bebedero, siendo aconsejable que éstos sean los utilizados en las mismas granjas ya que así los animales estarán habituados a comer y beber en ellos, resultándoles familiares en todo momento. Con ellos se aquerencian a los animales repoblados, permitiéndonos en todo momento realizar un control fisiológico y sanitario corrigiendo las posibles carencias o presencia de parásitos a través de la comida y del agua.

Bebederos: requisitos mínimos
En primer lugar una advertencia: siempre será mejor no colocar ningún bebedero si no nos vamos a preocupar de la calidad del agua. Si el agua no se encuentra en buenas condiciones, bien porque la fuente de obtención no es adecuada o bien porque se corrompe en el mismo bebedero, se convertirá en una fuente de transmisión de parásitos y enfermedades provocando el efecto contrario al que buscamos.

Pasamos ahora a detallar una serie de recomendaciones para su correcta instalación:
Ubicación. Lo primero que tendremos que hacer es decidir cuántos bebederos se van a instalar y dónde aproximadamente. En el plano topográfico marcaremos los límites del coto y señalaremos todos los puntos de agua existentes tales como ríos, arroyos, fuentes y manantiales, datos que ya vienen señalados en el mismo. Una vez localizados determinaremos cuáles son las zonas de sequedad, que corresponderán a aquéllas que se encuentren a más de 500 metros de esos puntos de agua naturales que llegan al verano en buen estado. Es aquí donde colocaremos nuestros puntos de agua artificiales, a poder ser cerca de los cultivos cerealistas.

Debemos tener en cuenta a la hora de instalar los bebederos la orientación de los mismos, garantizando la sombra durante el mayor tiempo posible tanto de la cubeta como del depósito. Evitar en lo posible lugares y/o coberturas arbóreas que desprendan muchas hojas o cualquier tipo de resto orgánico, pues estos restos corrompen el agua. Tampoco colocar los bebederos –ni tampoco los comederos– junto a apostaderos naturales de posibles depredadores tales como árboles secos, grandes rocas o cualquier otro elemento que pueda facilitar el acecho de estos depredadores.

Hermeticidad del depósito. Se garantiza así la prolongación, en el tiempo, del tratamiento sanitario, la no pérdida de agua y la no entrada de materia orgánica que pueda corromper el agua o atascar la conducción.

Higiene. Facilidad en el mantenimiento, limpieza y desinfección, evitando la aparición de algas y la presencia de materia orgánica.

Materiales. El mejor material y el que obtiene más beneficio en relación precio/calidad, es el material plástico, al ser éste muy manejable, adaptable y económico. También existen otros materiales como el metal, la cerámica o el hormigón, favoreciendo los metálicos el calentamiento del agua, los cerámicos son poco resistentes pero a la vez muy versátiles y frescos y los de hormigón muy pesados para el manejo.

Captación y atracción de la fauna. Aunque a veces tengamos que contradecir los criterios en materia de impacto visual en la naturaleza, el bebedero –cubeta– de color rojo, a pesar de desentonar en el entorno natural, una vez instalado, anclado y semienterrado en la tierra, reduce dicho impacto y a la vez es el que mayor presencia de animales obtiene, al ser dicho color muy llamativo para la fauna salvaje, al contrario del metálico galvanizado que con sus destellos contamina visualmente el medio ambiente y produce desconfianza.

Comodidad y adaptación al coto. Facilidad de transporte, traslado e instalación en cualquier ubicación. Y, de cara a su correcto mantenimiento, ajustado a los medios técnicos y humanos que tengamos. De nada sirve tener un gran depósito si no vamos a poder llenarlo.

Impacto visual. Aquellos materiales artificiales que desentonen con el entorno deben ser mimetizados. Si no queremos complicarnos mucho la vida, las planchas de brezo cumplen esta función.

Profundidad y diseño del propio bebedero. Los bebederos no deben tener mucha profundidad –en este caso se les puede poner algunas piedras–, y tener orillas someras y no resbaladizas. Se evitará así que los pollos de perdiz se puedan ahogar.

Tratamiento sanitario. Sin un correcto tratamiento sanitario haremos lo contrario a lo deseado, creando focos de infección por todo el coto al corromperse el agua por distintos motivos. Por ello he aquí unas recetas para mantener el agua en buenas condiciones, comenzando por la desinfección de los propios depósitos de agua:
– Previamente a la puesta en funcionamiento de los bebederos se ha de limpiar por presión todo el recorrido de agua –depósito, manguera, boya e incluso el recipiente de bebida– para eliminar la materia orgánica. Después dosificar Amonio Cuaternario o peróxido de hidrógeno a 50 mililitros por cada 100 litros de agua y dejarlo reposar durante un día en el depósito. Tras esto vaciar el depósito y enjuagar con agua limpia hasta eliminar todo el residuo de Amonio Cuaternario.
– Esta limpieza general de los bebederos se ha de realizar una vez al año. En nuestro caso lo hacemos en mayo, previamente a la época de reproducción. Ahora añadimos el agua en bidones y trataremos este agua de consumo con cualquiera de las dos opciones más comunes teniendo en cuenta que nunca se pueden mezclar ambos tratamientos; si elegimos una de ellas seguiremos con ella a lo largo de la temporada:
Opción A. Añadir cloro en pastillas al depósito de agua en la proporción que indique el fabricante. Se ha de evitar especialmente con el cloro la presencia de materia orgánica como ramas, hojas, etc., ya que si es así el cloro pierde en gran medida su efectividad.

Opción B. Añadir entre 50 y 100 mililitros de Germicín por cada 100 litros de agua de bebida. El Ph óptimo debería estar entre 4,5 y 5,5, muy fácil y económico de medir. El resultado es un agua en condiciones óptimas de consumo.
– Se recomienda, como mínimo, un control analítico –químico y bacteriológico– una vez puestos los bebederos en funcionamiento y al menos una vez por temporada.

Atención: Con Amonio Cuaternario no se ha de añadir ni cloro ni el Germicín. Y respetar las dosis escrupulosamente. Si se duda en alguno de estos pasos es mejor no añadir nada.

Protección contra jabalíes y ganado: La mejor protección es su fijación en el suelo mediante obra (cemento) y su posterior cierre perimetral con mallazo. Si hay ganado en el coto, mejor mallar el bebedero para que no se beban el agua ni lo ensucien con sus deposiciones. También existe en el mercado un curioso bebedero inventado por el Grupo Altube anti-jabalíes, el cual está realizado de material metálico muy robusto siendo los bordes de su cazoleta en forma de dientes de sierra, evitando que la jeta del jabalí entre en acción.

Comederos
Es importante colocar comederos junto a cada bebedero. Estos comederos constituyen una fuente alimenticia extra para las aves, sobre todo en tiempos de escasez como el invierno. En su interior se ha de colocar básicamente trigo o compuestos de multicereal.

La ventaja de los comederos –y también de los bebederos– está en que a través de ellos, en caso de necesidad, puedan medicarse determinadas especies cinegéticas. También a través de ellos se puede suministrar alimentos específicos que igualmente existen en el mercado para las diferentes edades de una determinada especie como la perdiz.

No obstante, lo más común y económico es la utilización de trigo sin tratar, el cual se puede adquirir a un precio realmente bajo en cualquier cooperativa o almacén de piensos.

Para grandes ungulados existen dispensadores tanto automáticos como mecánicos que liberan el alimento por el movimiento o golpeteo del animal. Éstos permiten regular la salida y tipo de alimento mediante la variación del diámetro de las ranuras de salida de éste, pudiendose adaptar a alimentos como la bellota, maíz, trigo e incluso piensos.

En aquellos cotos más serreños donde la caza sea brava, conviene echar junto al comedero que instalemos algunos puñados de trigo en el suelo para que los animales se habitúen y pierdan su recelo.

Materiales. El de mayor durabilidad, manejabilidad, mantenimiento y coste económico.

Capacidad. La capacidad es variable dependiendo las densidades poblacionales y los recursos técnicos y humanos que se disponen. Normalmente suelen oscilar entre los 20 y 70 kilos.

Hermeticidad. Se debe garantizar la exclusión de materia orgánica, defecaciones y agua.

Descarga. Con ello queremos expresar la facilidad en la proyección de la comida hacia el exterior y la distribución directa a la fauna sin pérdida de la misma. El mejor sistema es el de aquellos comederos que en su interior disponen de canalizaciones que desembocan en dispensadores verticales o ranuras. Como haya jabalíes en el coto, lo más prudente es proteger estos comederos porque de una forma u otra intentarán extraer su rico contenido, y al final lo conseguirán, generalmente zarandeándolo.

Higiene. En el suelo inmediato del comedero –debajo– no debe haber restos de comida, ya que éstos atraerán roedores, fermentarán y, juntamente con las heces de las distintas especies que los visiten, se convertirán en un importante foco de infección para nuestra fauna cinegética.

De todas formas confiemos en nuestra sabia madre naturaleza, que mandará una legión de hormigas para “limpiar” el despropósito y a su vez servirán de alimento para los pollos de nuestras patirrojas. Como podréis observar, no hay mal que por bien no venga.
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