Grandes firmas
Con el pasaporte en el morral
Última actualización 01/05/2005@00:00:00 GMT+1
Abrir un país para la caza es una tarea muy lenta. Si nos fijamos en Mozambique, es ahora, con algo más de tres lustros desde la pacificación, cuando empieza a tener un presente, y se tiene el conocimiento de muchas áreas que, en lo cinegético, están más secas que el desierto del Sahara.
Algo nuevo se mueve en África: a la ya consolidada oferta de Mozambique, se anuncia la apertura de nuevos destinos, como es el Congo (antiguo Zaire), sur de Sudán, Angola y Rwanda, y también nos llegan noticias sobre las posibilidades de apertura en Liberia.
Parecen muy buenas noticias, pero hay que tener en cuenta que cuando se pacifica un país se empiezan a formar y otorgar las concesiones, se crean las estructuras necesarias –pistas, campamentos y conocimiento del área de caza de los profesionales– y por ello ha de pasar tiempo para que puedan llegar los primeros cazadores. Desde luego, si añadimos también el poder contar con las imprescindibles referencias de los que han ido a cazar –el mejor sistema de venta es el boca a boca–, este plazo significa bastantes años.
Sí que es cierto que los cazadores pioneros podrán disfrutar de unas ventajas considerables en el precio, pero a riesgo de un estrepitoso fracaso. Los que vengan después perderán la oportunidad del precio pero tendrán, en cambio, la seguridad y el conocimiento de los que les han precedido en la aventura.
Abrir un país para la caza es una tarea muy lenta. Si nos fijamos en Mozambique, es ahora, con algo más de tres lustros desde la pacificación, cuando empieza a tener un presente, y se tiene el conocimiento de muchas áreas que, en lo cinegético, están más secas que el desierto del Sahara y que será muy difícil que en un futuro muy lejano se recuperen, ya que la abundancia de población humana, con pocos recursos alimenticios, supondrá un lógico inconveniente para que se pueda desarrollar la fauna hasta permitir la caza deportiva por la calidad y abundancia de trofeos.
Los veteranos se asustan ante las noticias de la apertura de la caza en países cerrados durante muchos años cuando este cierre ha sido debido a la inestabilidad de los estados sometidos durante décadas a cruentas guerras civiles. Los jóvenes o los que se sienten así, acometen la empresa con entusiasmo, desdeñando el riesgo de un fracaso. Si Colón, los que le acompañaron y financiaron, no hubieran asumido riesgos, vaya usted a saber cuándo se hubiera descubierto América.
Me gustaría cuanto antes ver lo que se cuece en un cazadero tan mítico como ha sido el sur de Sudán, pero, pese a mi interés en conocerlo, hasta que llegue el momento en que pueda aconsejar a alguien que realice un safari allí pueden pasar muchos años. Una cosa son los riesgos que uno desee asumir y otra cosa muy distinta es pasárselos a los demás.
En este punto creo que hay que pasarse de prudentes. Bienvenidas sean las aventuras, comedido sea el riesgo.