Hemeroteca :: 01/07/2005
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Perros de caza

Veterinaria

Última actualización 01/07/2005@00:00:00 GMT+1
En la mayoría de los perros de caza, el cobro es algo instintivo que se ha ido seleccionando durante muchas generaciones y que se ha convertido en una conducta con una sólida base genética. En general, todos los cánidos tienen el instinto de cobrar –coger algo con la boca–, y de portar –transportarlo en la boca–. El lobo, antecesor del perro actual, lo hace frecuentemente para transportar comida o incluso para transportar sus propios cachorros.

El hombre ha ido seleccionando este instinto básico en determinadas razas para utilizarlo a la hora de recuperar piezas muertas o heridas. En las razas dedicadas a esta aptitud, como los labradores, este instinto es tan poderoso que no hay que enseñarles nada en cuanto al cobro y a portar, lo hacen constantemente y con cualquier objeto. El adiestramiento tan sólo consistirá en corregir su estilo. Las razas de muestra son más versátiles, por lo que algunos ejemplares puede que tengan menos afición a cobrar y portar, y con ellos siempre hay que trabajar un poco más.

Un problema frecuente
No es raro encontrar cazadores con problemas con el tema del cobro y de portar la caza. Por ello vamos a dar posibles soluciones a este asunto. Pero antes de intentar solucionar el problema, hay que entender cuál es su origen. Éste puede ser debido a dos circunstancias:
1. Un problema relacionado con el perro, que tiene poco instinto y no se siente inclinado a coger cosas con la boca y transportarla.

2. El perro tiene instinto de cobro y de portar, pero no se le ha sabido educar, o ha tenido una mala experiencia con el cobro y no quiere hacerlo. Suelen ser los problemas más frecuentes, y están relacionados con un mal manejo del animal por parte del dueño.

Como vemos, el mayor número de problemas con el cobro los provoca el propio cazador, porque no dedica un mínimo tiempo de educación en esta aptitud ante de salir al campo, o es muy brusco cogiendo la pieza de la boca del perro, o fomenta las peleas y el instinto de posesión de la pieza al cazar con varios perros a la vez.

Motivación
Antes de empezar a trabajar con el cobro tenemos que revisar los vínculos, los lazos que unen al perro con su dueño. Hay que entender que el perro es un animal social que necesita imperiosamente la compañía de otros perros o personas. Por lo tanto, antes de empezar a trabajar cualquier aspecto de la educación, debemos asegurarnos de que el perro se encuentra a gusto con la relación dueño-perro. Cuanto más a gusto, más dispuesto a trabajar y aprender. Entonces, ¿cómo se refuerzan los lazos de unión entre un perro y su dueño? Pues simplemente realizando actividades. Cuantas más actividades realicen perro/dueño, más fuertes se irán haciendo los lazos. Por lo tanto, el alma, la piedra angular de toda relación es que el perro esté deseando participar en actividades con su dueño o adiestrador, para sentir reforzada su unión al grupo que forman. Al perro no le importa que el grupo –pensando como un perro, su manada– sea de dos o de diez individuos, lo importante es pertenecer a una. Por lo tanto, él estará deseoso de hacer cosas que agraden al líder de la manada –su dueño o adiestrador– porque así refuerzan sus lazos. A esta actitud la denominamos motivación. Canto más motivado esté un perro, más deseoso estará de participar con su dueño en las cosas que éste le propone y por lo tanto de aprender.

El cobro
Una vez conseguido esto, le facilitaremos objetos para ver cuál de ellos acepta para portar. En muchas ocasiones, cuando se educa a un perro en el cobro, compramos o preparamos objetos para lanzarles y que sirvan para enseñar a cobrar y portar. Pero son objetos que elegimos nosotros, y en muchas ocasiones no son del agrado del perro por demasiado grandes, duros o pesados. Por ello, en perros reacios a aprender, les dejaremos elegir a ellos el objeto que más les guste. Hay que recordar que los perros se sienten especialmente atraídos por objetos olorosos y blandos, atrayéndoles mucho más si huelen a su dueño. Por ello, intentarlo con un guante de trabajo, una zapatilla vieja o incluso un calcetín no es descabellado. El objeto que él elija será el que utilicemos para reforzar los lazos de “la manada” adiestrador-perro, con el juego “yo lo tiro, tú lo traes”.
“Elegido” el objeto por parte del perro, nos sentaremos en el campo con él y comenzaremos a acariciarle suavemente mientras le hablamos. En un determinado momento lanzaremos a muy corta distancia el objeto que el perro ha aceptado como su preferido, y le animamos a que vaya por él a cobrarlo. Cualquier perro tiene un fuerte instinto en perseguir a cualquier objeto que se mueva. Cuando vea que es “su objeto favorito”, no dudará en tomarlo. Si lo hace, le llamamos y alabamos de nuevo con caricias y hablándole suavemente. Nunca intentaremos quitarle el objeto. Esperaremos un buen rato, mientras lo acariciamos, hasta que se “canse” de tenerlo en la boca, para retirárselo, siempre con mucha suavidad. Repetiremos el ejercicio dos o tres veces y lo dejaremos. No conviene cansar al alumno. Con los perros, lo que mejor funciona son lecciones cortas pero repetirlas con frecuencia en días sucesivos. El caso de que el perro cobra pero no quiere entregar la pieza, también es muy frecuente. Con estos perros, lo que haremos es, de nuevo, comenzar por revisar la motivación, antes de empezar con el cobro. Esta vez, los ejercicios los realizará sujeto por una correa extensible. Cuando cobre, e intente alejarse del dueño, con suavidad –¡es muy importante que sea con suavidad!– le bloquearemos la huida, lo llamaremos y, de nuevo, lo acariciaremos todo el tiempo que sea necesario hasta que se “canse” y entregue con docilidad la pieza. Muchos de estos perros rehuyen la entrega por la brusquedad del dueño a la hora de retirarles la caza de la boca.
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