Entrevistas
Hacía 102 años que un oso no mataba en el país a ninguna persona
Última actualización 01/08/2005@00:00:00 GMT+1
Un oso ha matado a una persona en Suecia, un hecho que no sucedía en el país desde hacía 102 años. La víctima ha sido un cazador de alces que en ese momento batía el monte en compañía de su perro. Pero a la propia tragedia del suceso se sumó en esta ocasión el rocambolesco rescate del cadáver, pues antes hubo que abatir al oso que seguía por las inmediaciones.
Lo que comenzó siendo una nueva y ordinaria jornada de caza terminaría convirtiéndose en una tragedia que nadie podía imaginar: un oso mataba a un cazador cuando éste participaba en una de las muchas batidas de alces que se celebran en el país.
El pasado 17 de octubre de 2004, Johan Westerlund, de 40 años, y su perro noruego especializado en la caza de alces, batían los bosques de la región de Nausta, al suroeste de la población de Jokkmokk, en el extremo nororiental del país.
Westerlund formaba parte de una cuadrilla local de caza. En esta ocasión, como en muchas otras, junto a otros compañeros batía el monte en dirección a los puestos ocupados por otros cazadores. El alce, muy común y abundante en estas latitudes, era la pieza a abatir.
Hacia las 10’00 horas, el jefe de cuadrilla Tomas Lundh habló por última vez con Westerlund a través del walkie, pero después no volvió a saber nada de él.
Las áreas de caza en la zona son extensas y muy inaccesibles, por lo que a nadie extrañó que la emisora de Westerlund estuviera fuera de cobertura. Tampoco nadie se preocupó en absoluto porque todos conocían muy bien el monte, y por supuesto Westerlund, que batía habitualmente. No sería hasta por la tarde cuando se le empezó a echar de menos. Que no hubiese vuelto ni contactado por radio alertó a la cuadrilla. Sin duda algo había pasado. Aunque podía haberse perdido, la tesis del accidente cobró más fuerza entre sus compañeros.
Enseguida se organizó un equipo de búsqueda y se alertó a la policía. Sus compañeros buscaron sin éxito hasta que se hizo de noche, intensificándose la búsqueda al amanecer.
Al cabo de un tiempo se localizó el coche de Westerlund al final de una pista y justo al comienzo de una vieja vereda que va hacia el monte Sakaive. Se hizo venir a una patrulla de rastreo con perros que siguiendo la vereda unos cuatro kilómetros hacia el monte se topó con el perro de Westerlund, ileso pero extrañamente intimidado. El estado del animal delataba que algo sin duda le había pasado a su dueño.
Siguen la búsqueda y enseguida se encuentran en la nieve huellas frescas de oso que, tras seguirlas unos doscientos o trescientos metros, conduce a la patrulla al cuerpo sin vida de Johan Westerlund, que yacía tendido bajo un pino. Junto a él, su rifle. Todo indicaba que había sido atacado por el oso.
Certificada la muerte del cazador, la patrulla avisó por radio a un helicóptero para que viniera a recoger el cadáver. Aunque con el peor de los finales, los rescatadores daban el drama por concluido. Pero qué equivocados estaban.
El helicóptero llegó enseguida, pero cuando hacía las maniobras de descenso para aterrizar, la tripulación descubre horrorizada que un tremendo oso, entre los árboles y a sólo 50 metros, se dirige
hacia la patrulla con la peor de las intenciones.
Mientras el helicóptero intenta espantar al oso, los miembros de la patrulla, con las armas preparadas, se vieron obligados a retirarse cierta distancia para evitar el ataque. Estaba claro que se trataba del animal que había quitado la vida a Johan Westerlund y que no tenía intención de permitir que lo privaran de su presa.
Esta situación impedía de hecho un aterrizaje seguro del helicóptero y la recogida del cadáver. Tras fallidos intentos de aterrizaje, el aparato se estaba quedando sin combustible y se vio forzado a volver a su base, mientras los dos hombres de la patrulla terrestre se quedaron solos con el oso acechando desde alguna parte en la creciente oscuridad.
Al cabo de un tiempo, el helicóptero, tras repostar, vuelve, trayendo esta vez una cámara de rayos infrarrojos para barrer la zona y conocer la situación del oso, que se había refugiado en su guarida. Los dos miembros de la patrulla, junto con los dos perros, suben rápidamente al helicóptero, pero se vieron forzados, por la oscuridad reinante, a dejar allí el cadáver del cazador.
Segundo intento
Las autoridades llegaron entonces a la conclusión de que en esta ocasión una operación rutinaria de la policía no era la mejor opción para recuperar un cadáver que era acechado por un oso. Se decidió entonces avisar a un experto cazador de osos para que acabara con una extraña, angustiosa y hasta ridícula situación.
Tommy Holmberg es un veterano guía de caza sueco que habitualmente acompaña a clientes internacionales. Fue a él a quién llamaron en la tarde del día 18 de octubre.
Aparte de que Tommy Holmberg tiene fama en la comarca como tirador de primera línea y guía profesional de caza, también es propietario de Mikko, un perro laika del este de Siberia de cinco años. El laika es una raza rusa famosa por su firme predisposición y fiereza en la caza de osos.
Concretamente Mikko tiene títulos acreditados en la caza del plantígrado, concedidos por el único centro de entrenamiento especializado en Suecia en el trabajo con osos, el Parque Orsa. Pasó allí las pruebas obteniendo la mejor calificación de los últimos diez años.
Llegada al lugar
Junto con su compañero Markus Lindblom, Holmberg y Mikko llegaron a la aldea de Nausta en la mañana del día 19. El plan era transportarlos por aire hasta la zona y dejarlos con el perro cerca del lugar donde estaba el cadáver, pero el empeoramiento del tiempo impidió cualquier vuelo en la región. La única ruta accesible era la misma vereda que había utilizado el primer equipo de rescate.
A las 10.20 a.m. empezó la lenta marcha hacia el lugar del suceso a través de la citada vereda y a las 11.30 el perro encontró el rastro fresco del oso, acosándolo y parándolo unos minutos después. “Oímos al oso rugir e intentando matar al perro. El sotobosque era muy denso, tanto que teníamos el oso a 25 metros y no había forma de verlo. Quité el seguro del arma al menos veinte veces durante esos minutos que me parecieron horas”, comentó Tommy Holmberg después de que todo acabara.
El final
Después de dos horas de acoso, Mikko consiguió sacar al oso de la maleza, momento que aprovechó Tommy para dispararle. El animal se desplomó, recibiendo algunos tiros más para asegurar su muerte. Luego los dos cazadores avisaron al equipo de rescate, que pudieron retirar sin problemas el cuerpo del pobre Westerlund.
El animal era una hembra de 200 kilos. Luego se comprobó que estaba levemente herida en el hombro por el único disparo que pudo hacer Westerlund en un intento desesperado por defenderse.
El tiro que presentaba la osa fue hecho a muy poca distancia, no dándole tiempo a efectuar ningún otro. “Westerlund tuvo muy mala suerte –cuenta Tommy–. Mi opinión es que su perro se encontró de sopetón con el oso, pero como no estaba entrenado para acosarlo y mantenerlo parado, su reacción natural fue correr hacia su dueño seguido del oso. El cazador, probablemente sorprendido por la escena, sólo tuvo tiempo de disparar una vez sin mucho éxito. Un oso en plena carrera es rápido y si no le aciertas de lleno, se te echa encima”.
La labor de Mikko
En respuesta a la pregunta sobre a quién se debe atribuir el mérito de haber acabado con este oso “devorador de hombres”, Tommy Holmberg es bastante directo: “A Mikko, por supuesto. Sin él no hubiese sido posible acercarse al oso. Es un perro listo y durante todo el tiempo mantuvo al animal justo donde él quería, siempre estando pendiente de mí. Yo siempre confiaría mi vida a este perro”.
A Mikko le ha sido concedida la medalla al Perro más Valiente del Año por el Kennel Club sueco y las organizaciones de caza están reclamando de las autoridades un aumento en el número de licencias de caza de oso.
Hacía 102 años que no se producía la muerte de un hombre por parte de un oso en Suecia, y se trata sin duda de un hecho inusual y trágico. Está claro que ese fatídico día, Johan Westerlund, que deja una esposa y tres niños, no tuvo ninguna suerte.