Armas y Municiones
Los visores y sus aumentos (II)
Última actualización 01/09/2005@00:00:00 GMT+1
N general, en la caza a rececho se deben emplear miras que nos permitan cazar a las distancias que necesitamos, independientemente de que las condiciones de luz sean buenas o malas, y no sólo porque cacemos al anochecer o al atardecer, sino porque lo tengamos que hacer de día pero en sombra, por ejemplo en el interior de un bosque, o con mal tiempo, incluso lloviendo o nevando.
Casi todos los recechos de caza mayor que se realizan en España en escenarios diferentes de la montaña podrían salvarse con una mira del tipo 1,5-6 x 42, pues con 6 aumentos se pueden hacer tiros muy largos a la caza mayor si las condiciones de luz no son muy malas, ya que el objetivo es de tan sólo 42 mm. Sin embargo, cuando éstas empeoran es preferible utilizarlos con mayores aumentos y diámetro de objetivo, que nos permitirán ver con más detalle el blanco. Por ejemplo, las del 2,5-10 x 48 ó x 50.
El tamaño y peso del visor también cobra especial importancia en esta caza, sobre todo si se trata de cacerías donde se camina mucho por terrenos complicados. En este aspecto, los visores con cuerpo de 1 pulgada (1”) pueden ser una solución excelente cuando se desea que tanto el peso como el volumen sean reducidos. Ejemplos de tipos de visores compactos que se hacen con tubos de 1 pulgada son 3-9 x 40 y mejor, en razón de su mayor potencia y diámetro de objetivo, los del tipo 3,5-10 x 44 y 3-10 x 50.
Muchas personas creen que los visores de 1” son menos luminosos que los de 30 milímetros y no es así si la calidad de las lentes es buena y se comparan visores con idénticos diámetros de objetivo y aumentos porque el diámetro del cuerpo del visor no influye en la pupila de salida o diámetro de la columna de luz que sale de la mira telescópica hacia el ojo, como podría pensarse. La pupila de salida, en efecto, se utiliza para valorar la luminosidad de la imagen que se obtiene dividiendo el diámetro del objetivo –no el del cuerpo del visor– por los aumentos. Igualmente, el que tenga tubo de 1 pulgada (25,4 mm.) o de 30 milímetros no influye en la potencia nocturna ya que ésta aumenta con los aumentos y el diámetro del objetivo.
Ahora bien, pese a lo dicho sobre los visores ligeros hay que tener en cuenta que las miras pesadas también pueden tener su utilidad. Un monotiro potente o un rifle ultraligero de cerrojo es menos desagradable de disparar con una mira que sea un poco pesada. Lo importante es saber conjugar bien el tipo de caza, el peso del arma y calibre empleado con los aumentos y peso de la mira para que el conjunto total resulte equilibrado.
Otras opciones
Con miras de 9-10 aumentos y objetivos de 44-50 milímetros, difícilmente tendremos que utilizar más aumentos, pero desde luego si el peso no es un inconveniente por el arma y tipo de rececho que pensamos realizar, se puede optar por visores con mayores aumentos y/o diámetro de objetivo, como los 3-12 x 50, 3-12 x 56, 4-12 x 56, etcétera. Sobre todo las que tienen objetivos de 56 milímetros, si son de calidad, nos permitirán recechar con cualquier tipo de luz, incluso sólo con la luz de la luna.
El rececho a grandes distancia, digamos más de 250 metros, o bien la caza de animales pequeños, requiere también el uso de miras especiales para estos usos con mayores aumentos y sistemas de corrección del paralaje, que nos es más que un error que se puede cometer cuando el cazador no alinea perfectamente su ojo con el centro de la retícula, de modo que cree que está apuntando a un punto cuando en realidad el arma apunta a otro. Este error no es muy grande, y no suele ser el único factor por el que se pueda fallar el tiro a un animal grande, pero sí puede ser la causa de herir, de no matar limpiamente. Por supuesto. también puede ser la causa por la que se falle un blanco pequeño o grande a distancias muy cortas o muy largas.
Este error de paralaje, por pequeño que sea, se comente siempre que el tirador no ve al apuntar todo el campo visual y dispara a menor o mayor distancia de la que la mira está libre de paralaje, algo que es fácil que ocurra cuando se tira con una posición incómoda. Normalmente los visores de caza de fabricación europea están libres de paralaje a 100 metros y a 100 yardas los norteamericanos, pero hay excepciones por lo que conviene que el cazador debe consultar el manual del visor para conocer este dato.
Las miras con regulación del paralaje permiten que el tirador deje la mira libre de paralaje en función de la distancia a la que tira girando un mando –puede ser una tercera torreta o el objetivo– que marca las distancias a las que se puede tirar libre de este error y que varían según el fabricante. Por ejemplo, desde 30 metros al infinito o de 15 yardas al infinito, etcétera.
Para tiros sobre caza mayor a muy larga distancia o caza menor relativamente cerca –zorros, urracas...–, las del tipo 6-18 x 40; 6-24 x 40 ó x 56, valen, pero las hay con mayores aumentos.
Transmisión de la luz
La calidad del visor, que es siempre deseable, no puede descuidarse cuando se caza a rececho: dentro de un visor hay numerosas lentes, de modo que cuando se observa a través del ocular es como si miráramos a través de varios cristales. Se denomina transmisión de la luz a la cantidad de luz que deja pasar una lente y que no es muy alta si no se trata la superficie de la lente con un recubrimiento antireflejante. Por ejemplo, entre utilizar una lente de buena calidad sin recubrimiento alguno y con un recubrimiento de gran calidad significa que en el primer caso sólo la atravesaría el 60 por ciento de la luz y en el segundo caso más del 90 por ciento. Además de para conseguir una mayor trasmisión, estos recubrimientos sirven para mejorar el contraste y la fidelidad cromática. Y sucede que, al margen de la calidad en sí del vidrio óptico empleado, tratar las lentes con revestimientos para conseguir la mayor “transparencia” o trasmisión de la luz y lograr que el cazador vea a través de la mira más cerca y lo más parecido a como si no tuviera nada delante de los ojos, es un proceso muy caro. Se tardan muchísimas horas en tratar las lentes y se invierte mucho dinero en conseguir tratamientos adecuados, como los famosos tratamientos multicapa que usan Swarovski o Zeiss, por citar dos marcas de gran calidad. Con todo y pese a los tratamientos del vidrio, siempre pierde un poco de luz cuando ésta atraviesa cada una de las lentes que tiene el visor en su interior. Así el tratamiento T* de Zeiss tiene una transmisión elevadísima, del orden del 99,75 por ciento en cada uno de las lentes del aparato, pero la total, desde que el rayo de luz entra por el objetivo y llega al ojo, después de atravesar varias lentes, es menor y por eso en los mejores aparatos es superior al 90 por ciento, pero nunca puede ser del 100 por cien, al menos con la tecnología actual.
Por tanto, a efectos prácticos, el usuario debe interesarse por la transmisión total que el aparato le ofrece porque cuanto más alta sea mejor verá con malas condiciones de luz. Con ciertas marcas de precio moderado o bajo, que no pueden publicitar la transmisión total de la luz en sus aparatos–, hay que tener en cuenta que el valor se suele referir a una sola lente, no a la transmisión total, que será muy pobre.
Retículas
Los visores de rececho suelen llevar retículas para cazar a larga distancia, pero como el de montaña no se le parece en nada al que se practica dentro de un bosque, habrá que tener en cuenta que la retícula, por su diseño, se vea bien y no dificulte la puntería. Una retícula muy fina en el interior de un bosque no sirve; una muy gruesa para hacer un tiro a 220 metros a un rebeco, tampoco porque taparemos el blanco; si es extremadamente fina y cazamos con poca luz no la veremos, etcétera.
Las retículas que aumentan su grosor con los aumentos, montadas en el primer plano de la imagen, no ofrecen ventajas sobre las fijas. Antiguamente eran apreciadas porque con ellas se podía estimar mejor la distancia, pero hoy día con un buen medidor de distancia se resuelve el problema y, además, hay retículas fijas que permiten hacer lo mismo.
Por último indicar que el disponer de una mira con muchos aumentos no tiene por qué ser sinónimo de utilizarla siempre con el máximo de aumentos. Según la distancia de tiro, la selección de los aumentos debe ser tal que nos permita ver y apuntar –siempre con apoyo firme– el blanco, pero sin que el campo sea tan reducido que si se mueve un poco la pieza dejemos de verla o no podamos saber si la hemos alcanzado, ya que debido al retroceso la perderemos de vista después del tiro.