Entrevista destacada
Santiago Iturmendi y Blanca Benedí, responsables
del proyecto de anillamiento de codornices
Última actualización 01/09/2005@00:00:00 GMT+1
Santiago y Blanca son los responsables del proyecto de anillamiento de la codorniz promovido por la Federación Española de Caza. Desde hace cuatro años, capturan y anillan un gran número de codornices para intentar descubrir muchas incógnitas sobre sus movimientos migratorios.
La Federación Española de Caza está llevando a cabo desde hace cuatro años un proyecto de anillamiento de codornices por diferentes provincias de la Península Ibérica. Pero antes de que se realizara a nivel nacional, desde 1997 exactamente, esta experiencia se venía poniendo en práctica en la provincia de Burgos gracias a la iniciativa de la Delegación Burgalesa de Caza y en especial al empeño de su presidente, Santiago Iturmendi, que a la vez ocupa el cargo de vicepresidente de la Federación de Caza de Castilla y León.
Iturmendi actúa como coordinador nacional federativo de este proyecto, pero no nos podemos olvidar de la labor técnica, de cuya realización, también como coordinadora, se encarga Blanca Benedí, bióloga y a la vez esposa de Santiago Iturmendi.
Aprovechando esta circunstancia, hemos querido charlar con ambos para que nos aclaren cómo marcha el proyecto de anillamiento, cómo se trabaja, qué se ha conseguido y qué queda aún por saber y por hacer.
¿Cómo surgió la idea del proyecto
de anillamiento de codorniz?
Santiago Iturmendi: Pensamos que era una manera de conocer mejor esta especie.
Blanca Benedí: Sí. Todos los años suele haber problemas a la hora de fijar las fechas de la media veda y, como ocurre con todas las especies, para poder gestionar la codorniz hay que conocerla, y eso es lo que nos llevó a empezar con el estudio en 1997 en la provincia de Burgos.
Y, ¿cómo pasó a ponerse en práctica a nivel nacional?
S.I.: Fue hace cuatro años cuando la Federación Española de Caza y Fedenca (Fundación para el Estudio y Defensa de la Naturaleza y la Caza) se involucraron en el proyecto y, aunque sigue centralizado en Burgos y se coordina desde aquí, es este último organismo el que se encarga de financiarlo con el dinero de todos los cazadores federados.
¿Cuáles son los objetivos que se persiguen
con la realización de este estudio?
B.B.: A día de hoy, se desconoce en gran medida la biología de la codorniz, y uno de los principales fines que persigue este proyecto es ayudar a conocer algunos aspectos de esta biología, como la manera y las razones por las que se mueven a lo largo del año.
¿Qué se ha conseguido averiguar
hasta ahora en ese sentido?
B.B.: Nos hemos dado cuenta de que la codorniz practica tres tipos de movimientos: el migratorio, movimientos nomádicos y los llamados movimientos ‘Don Juan’.
¿En qué consiste cada uno de ellos?
S.I.: El movimiento migratorio es el que las trae a España en marzo y abril y hace que nos abandonen en septiembre. Pero lo curioso es que no lo realizan en dirección norte-sur, tal y como se pensaba, sino que lo hacen siguiendo los valles de los grandes ríos, como el Ebro, el Duero o el Tajo.
Los desplazamientos nomádicos los hacen una vez que llegan a la Península buscando los mejores hábitats en cada momento, y vienen marcados por la maduración del cereal. Suelen moverse hacia zonas más altas –movimientos trashumantes– o hacia pagos más norteños –movimientos estivales–.
¿Y los movimientos ‘Don Juan’?
B.B.: Según van llegando a la Península, las hembras van quedando por el camino con sus puestas, pero los machos siguen subiendo. Esto provoca que la proporción entre ambos sexos en muchas zonas de España quede descompensada –cinco machos por hembra en el noreste peninsular–, por lo que los machos se ven obligados a desplazarse en busca de esas escasas hembras. Estos desplazamientos suelen realizarlos en grupo y son los que reciben el nombre de ‘Don Juan’.
En septiembre, como decíais, la migración
las lleva hasta África. ¿Qué ocurre con
la codorniz al otro lado del estrecho?
¿Son ciertos todos esos rumores como el que
dice que se las captura con red al llegar
a las playas africanas?
S.I.: En Marruecos y el resto de países africanos no se les coge con red y apenas se les caza. De hecho, durante su estancia en África la codorniz cría. Lo hace en los regadíos que se han creado últimamente en la cordillera del Atlas antes de entrar en España en marzo, y los pollos nacidos de estas puestas allí son capaces de criar ese mismo año una vez llegados al norte de nuestro país, y se cree que también lo podría hacer en sus cuarteles de invernada subsaharianos.
Esto es hasta cierto punto lógico, pues la codorniz es una especie presa, lo que unido a que también es especie cinegética, provoca que su vida media sea de tan sólo diez meses. Una codorniz es joven con 22 días y a los 60 ya es fértil. Si la tasa de natalidad no fuera tan alta, la especie correría peligro.
A pesar de esa alta tasa de natalidad,
¿ha disminuido la cantidad
de codornices que entran en España?
B.B.: Creemos que no. Sí es cierto que ahora se ven menos que antes, pero también lo es el hecho de que las prácticas agrícolas han cambiado y se han creado más lugares propicios para esta ave. Por eso pensamos que, a pesar de que no hay datos sobre la cantidad de codornices que entran cada año en España, esta especie no ha disminuido, sino que simplemente se ha dispersado.
Dispersadas o no, cuando ellas llegan comienza vuestro trabajo de campo.
S.I.: Sí. Este es el cuarto año a nivel nacional y, de las 9 provincias en las que lo hicimos en 2002, con 658 ejemplares anillados, esta campaña hemos pasado a 23. Y aunque todavía no hemos terminado con los anillamientos de este año, ya en 2004 los ejemplares capturados fueron 2.366.
¿Qué método se sigue?
B.B.: Tenemos que seguir un protocolo que consiste en establecer diez estaciones de escucha en cada área de estudio que se visitan al menos una vez a la semana. Están separadas por 500 metros entre sí, pues tenemos comprobado que el reclamo hembra electrónico que se usa –algunos anilladores manejan el reclamo manual de maravilla– es efectivo en un radio de unos 200 metros. Una vez llagados a cada estación se hace funcionar el reclamo. En el caso de obtener alguna respuesta por parte de los machos, se extiende una red japonesa que cubre unos cuantos metros cuadrados de cereal. Al acercarse la codorniz, se puede ver cómo las cañas de cereal se mueven mientras apeona. Una vez que el ave está debajo de la red, basta con dar una palmada o hacer un movimiento brusco para que levante el vuelo y se trabe en la red.
Y después…
B.B.: Entonces le llega el turno al otro miembro del equipo –suelen ser dos personas–, que se encarga, lo primero, de colocar la anilla en la pata de la codorniz. Y luego, lo más rápidamente posible para no provocarle estrés, se mide la longitud del ala, se averigua la edad según el desgaste de las rémiges, se le somete a un examen en busca de ácaros, garrapatas o cualquier otro parásito, se comprueba, por la cloaca, si ya ha fecundado a alguna hembra, se le pesa y, con mimo, se le devuelve la libertad.
Y, ¿qué se hace luego con todos esos datos?
B.B.: Se envían a la Universidad de Lérida, donde elaboran la memoria de cada año, que es un documento en el que se exponen todos esos datos y las conclusiones que se hayan podido sacar después de estudiarlos.
¿Quién forma los equipos de anillamiento?
S.I.: Algunas veces son los propios socios del coto en el que se anilla. También hay técnicos de la Federación e incluso algunos anilladores profesionales de la SEO (Sociedad Española de Ornitología). De hecho, este año algunos de nuestros técnicos han sido nombrados anilladores específicos de codorniz por esa organización. Esto trae una ventaja añadida, y es que podremos usar anillas oficiales en vez de las nuestras, lo que nos ayudará a recuperar un mayor número de ellas procedentes de países europeos a los que llegan muchas codornices después de pasar por España.
¿Reciben esos anilladores algún adiestramiento?
S.I.: Sí. Todos los años reciben un curso de una semana de duración que les enseña técnicas de manejo y otros aspectos que deben conocer antes de manipular las codornices.
Después de tanto trabajo y tantas jornadas de anillamiento, ¿hay recompensa en forma de anillas recuperadas?
– B.B.: Sí, y cada año más. En 2002 se recuperaron 47 anillas, lo que supone un 7,1por ciento, una tasa de recuperación mucho mayor que en otras especies. En 2003 la tasa fue del 6,6 por ciento con 96 recuperaciones y el año pasado llegamos al 14,6 por ciento, cifra que, con la colaboración de todos los cazadores, esperamos superar esta campaña.
Considerándolo de manera global, ¿cuál es el estado actual del proyecto?
S.I.: Este es el cuarto año que se hace a nivel nacional y todavía es pronto para sacar ninguna conclusión, pues aún nos quedan otros seis años por delante. Pero poco a poco se van averiguando cosas, como la existencia de los movimientos ‘Don Juan’, que hasta ahora se desconocía, o el hecho de que en la codorniz, como en muchas otras migratorias, se da la filopatria, que es la tendencia a volver al año siguiente al lugar de nacimiento. Habrá que trabajar duro las próximas temporadas, pero estoy seguro de que al final del proyecto seremos capaces de llevar a cabo una gestión de la codorniz mucho mejor y que se corresponda más con la realidad de esta ave que la que se practica ahora.
¿Qué errores se cometen ahora?
S.I.: Para empezar, la fecha de apertura es algo en lo que nadie se pone de acuerdo. Cuando saquemos las conclusiones del proyecto, tendremos herramientas objetivas para saber cuál es el mejor momento para levantar la veda. Otro fallo que se comete el de establecer cupos fijos. No estoy ni mucho menos en contra de limitar las capturas, pues es una herramienta de gestión imprescindible para todas las especies, pero sí de hacerlo de manera acorde a cada cazadero; no es lo mismo un coto en Salamanca que otro en la vega del Pisuerga, entre Palencia y Burgos.
Aparte de los anillamientos, ¿se está trabajando en algún otro aspecto con la codorniz?
– B.B.: Sí. Hay una experiencia piloto que busca averiguar si existe hibridación con las codornices japonesas. Para ello se cogen plumas del pecho y se envían para que se analice su ADN. Aunque de momento tan sólo estamos en la etapa de recogida de muestras, pues los análisis son muy caros, unos 150 euros cada uno.
– S.I.: También se está buscando un microchip que permita seguir a las codornices vía satélite, pero es complicado porque con sus cien gramos más o menos, esta ave solo admitiría uno de un gramo, hoy todavía imposible.