Entrevistas
Nos espera una media veda peor que
la pasada y bastante irregular
Última actualización 01/09/2005@00:00:00 GMT+1
A priori, no será ésta una media veda para recordar. Quizá más para olvidar. El agua faltó como nunca en otoño y en primavera, resecando la tierra más de lo debido. El campo está marchito y encogido, esperando sin duda que más temprano que tarde le caiga ese chaparrón que anuncie un próximo otoño como Dios manda.
La consecuencia de estas sequedades es que la tórtola ha subido más al norte. No sabemos si han entrado más o menos, pero parece claro que en sus querencias andaluzas, castellanas y extremeñas no hay las del año pasado. Sin embargo, amigos tortoleros vallisoletanos y burgaleses dicen tener más. Lo mismo va a ocurrir con la codorniz que, buscando la primavera, se tuvo que ir más arriba del Duero para encontrarla.
De todas formas, en cuanto a la tórtola, la pregunta del millón sigue siendo, año tras año, la misma: ¿hay cada vez menos? No lo sabemos porque no hay forma de saberlo. Cazadores gibraltareños de toda la vida nos comunican que, en los últimos diez años, la tórtola sigue descendiendo. Aunque en este debate también habría que introducir un matiz fundamental: ¿Hay menos o muchas ya no pasan el Estrecho quedándose en el norte de África? Es urgente dar respuesta a este enigma, porque si de verdad tenemos cada vez menos tórtola seré el primero en dejar de cazarla... hasta que logre recuperarse. Sí, una moratoria, pero con fecha de caducidad y siempre que se lleven a cabo esas mejoras de hábitat que, sinceramente, son utópicas.
Sabrán, entre otras cosas porque se publicó el mes pasado, que en el Libro Rojo de las Aves de España la tórtola aparece como “Vulnerable”, afirmándose que su declive en la última década “puede estar próximo al 30 por ciento”. Y yo me pregunto, caso de ser cierto lo que se dice en el Libro Rojo: ¿hay o entran un 30 por ciento menos, caso de ser cierto dicho porcentaje?
El libro además afirma que esta paulatina disminución se debe a la degradación del hábitat –”pérdida del pasiaje mosaico, de setos y bosques de ribera”– y a la “sobreexplotación cinegética”. Estoy de acuerdo en el diagnóstico, aunque añadiría otro factor limitante, esencial: la caída espectacular del cereal de secano, principalmente trigo, en las dehesas tradicionales en los últimos 30-40 años. La tórtola no tiene nada que comer allí dónde criaba tradicionalmente, donde precisamente hay árboles para hacerlo.
Desgraciadamente, ese trigo no va a volver, al menos a medio plazo, ni tampoco por el momento los bosques de ribera ni los linderos llenos de plantas ruderales. Se puede ciertamente prohibir su caza, pero su población no subiría especialmente porque los problemas de fondo seguirían influyendo para mal. Hay muchos ejemplos paralelos que lo demuestran.
Sin embargo, en vez de prohibiciones facilonas y extremistas, ¿por qué no fomentamos su caza racional? O sea, quien dé de comer a la tórtola la podrá cazar controladamente, y el que sólo se acuerde de ella para pegarle un tiro, se quedará sin pegárselo, entre otros cosas porque no la tendrá.
Digo esto porque conozco fincas en las que desde hace años se cuida la tórtola. Por lo menos se le echa de comer. Luego se cazan, desde luego. Y se mantienen. Unos años tienen más, otros menos, pero vuelven y crían estupendamente.
Si esto es así, que las autoridades hagan un esfuerzo por fomentar esto y controlarlo. Hay muchas formas, desde la existencia de “observadores”, –ya sé que tarea complicada–, pasando por cupos, separación de puestos, distancia mínima de esos puestos al comedero-siembra, etc.
En fin, mucho me temo que seguiremos como hasta ahora: los conservacionistas pidiendo la moratoria indefinida, los cazadores cazando –unos mejor, otros peor– lo que se pueda mientras le dejen y la administración sin mover un dedo, salvo para ir recortando paulatinamente la caza de la especie sin preocuparse en absoluto de su futuro fomentando esa conservación activa que debe incluir por supuesto un racional aprovechamiento cinegético.
Pues nada, hasta que dure, aunque espero que pronto el proyecto sobre especies migratorias que va a poner en marcha la Federación Española de Caza nos diga qué está pasando con la tórtola. Ojalá anuncie que haberlas haylas, pero que ahora les gusta veranear más en África.
Y ahora la codorniz
La situación de la codorniz es, en parte, parecida, pero menos problemática. Para empezar, su capacidad reproductiva le permite superar baches poblacionales con mucha más facilidad y de un año para otro. Esto se vio por ejemplo en 1997, incluso el año pasado, que ante un buen año de cría la población se disparó.
Al igual que la tórtola, la codorniz ha sufrido las concentraciones parcelarias y la intensificación agraria: herbicidas, pesticidas, recolecciones tempranas del cereal, pérdida de ribazos y linderos, etc.
También la escopeta se ha multiplicado y sin duda provoca el mayor número de bajas. Por ello es también necesario cazar con racionalidad. De nuevo el recorte de días de caza, el establecimiento de cupos u otros muchos controles puestos por los propios cazadores se hacen necesarios para garantizar su aprovechamiento sostenible en los años venideros.
En el Libro Rojo antes comentado a la codorniz le otorgan “Datos insuficientes”, una “situación incierta”, y sus amenazas, según la citada publicación, son la pérdida de hábitat, la presión cinegética, la intensificación agrícola y la hibridación con codornices japonesas, ésas que soltamos los cazadores y que suelen volar menos que un conejo. Pero también falta ese estudio sobre su población global, porque puede que haya más codornices que nunca –ojalá– pero no nos visiten como antes.
Este año, al igual que la tórtola, la codorniz ha subido más al norte. Como se dice, la codorniz vuela detrás de la primavera, y este año ha sido escasa o nula del Duero para abajo. Puede ser un año espectacular para los terrenos codorniceros por excelencia del norte de Burgos, en donde suelen concentrase la mayor parte de la codornices ibéricas a medida que les van dejando sin comida ni cobertura.
Este año, más que nunca, la torcaz puede convertirse en la pieza reina, porque cada vez tenemos más y este año también ha vuelto a criar sin problemas. A falta de tórtolas, buenas serán las torcaces.
Cómo ha criado la codorniz
La perdiz ha criado francamente mal esta primavera, y parece que la codorniz ha seguido el mismo camino. La falta de cobertura y humedad han sido los factores limitantes.
Pero ante este año nefasto, surgen algunas dudas: ¿codornices y perdices no han criado por falta de humedad? ¿Han intentado criar con normalidad pero al no haber encontrado lugares seguros y protegidos no lo han hecho? ¿Han criado con normalidad donde han podido pero esa falta de cobertura ha arruinado, por efecto de la predación, casi todos los nidos?
Ésta última tesis parece haberla constatado el Grupo Coturnix. Manuel Puigcerver, uno de sus responsables, nos ha comentado que en sus áreas de estudio la codorniz ha criado con normalidad, pero que la predación estaba siendo altísima.
El Grupo Coturnix radiomarca todos los años, en una zona de Cataluña muy querenciosa para la especie, una serie de hembras, con lo cual pueden seguirlas, descubir dónde ponen el nido y seguir las puestas y las polladas.
Este año han comprobado que la cordorniz no ha criado, como suelen hacerlo, metida unos metros en el cereal a partir de un lindero.
Ante un cereal raquítico con poca cobertura, la codorniz ha elegido ribazos y linderos, con algo más de cubierta vegetal, pero habituales rutas de todo tipo de predadores terrestres, que han terminado predando casi todos los nidos.
Por tanto, aunque esta experiencia no tenga ninguna importancia estadística, marca sin duda una tendencia que habría que investigar y qué podría explicar en parte la desatrosa reproducción de la perdiz y, por ende, de la codorniz.