Opinión
Última actualización 01/09/2005@00:00:00 GMT+1
Ahora Las Nuevas y la Marisma de Hinojos, entre otras muchas tierras ya irrecuperables, se están repoblando de especies jamás conocidas en aquellos parajes, y están convirtiendo aquello poco menos que en parques zoológicos de especies animales y vegetales foráneos y dañinos”
Las Nuevas y la Marisma del Guadalquivir se debería llamar este artículo, aunque me figuro que de todas maneras habrá muchos que me llamarán loco por mezclar cosas que ocurrieron hace mucho tiempo, siglos se puede decir, con nuestras marismas, cuando algún inglés loco intentó convertirlas en tierras normales de cultivo y, sobre todo, cuando después del año 1939 se crearon los cotos arroceros y se empezó a cultivar esta gramínea en unas parcelas que pronto se convertirían en miles de hectáreas, muy divididas al principio, pero que pronto y lógicamente se fueron concentrando en muy pocas manos para soportar los enormes gastos de la transformación de unas tierras marginales, con una altísima salinidad, hasta dejarlas lo suficientemente ''dulces'', decían, como para cultivar un arroz que en el Este se producía mucho más barato desde tiempos inmemoriales.
Aquello fue el primer ataque en serio contra algo que no nos pertenecía, pues era patrimonio de la humanidad y de los animales que la habitaban desde que el universo era tal. La marisma era un nicho ecológico que en otras partes del mundo habría sido cuidada y mimada con verdadero cariño, pero que aquí, los celtíberos, decidimos “mejorar” con el Instituto Nacional de Colonización a su cabeza, que empezó siendo republicano para terminar siendo el arma demagógica del régimen franquista con la que acallar las voces del agro pidiendo tierras para los que las trabajaban, y así se acabó con un nicho ecológico que a nuestra madre naturaleza le había costado millones de años crear.
Otro dato curioso es que en aquellos parajes, excepto los ganaderos que hasta el siglo XIX tuvieron pastando allí sus ganados, los primeros que se interesaron y descubrieron aquellas tierras fueron extranjeros, ingleses casi todos, unos en plan agrícola, en primer lugar para cultivar nada menos que trigo, en lo que por supuesto fracasaron rotundamente, y más tarde en plan cinegético y conservacionista los demás, en el extremo sur de esas tierras marginales.
Después llegaron otros, ahora sí españoles, aunque también un tanto demagogos, creyéndose en posesión de la verdad y no admitiendo otras posturas más que las propias, cuando en realidad los verdaderos descubridores y salvadores habían sido los cazadores, tal que auténticos ecologistas, que es lo que los cazadores son por su propio interés y beneficio.
El hecho es que entre demagogos y aprovechados destruyeron un medio que ahora va costar un enorme y carísimo trabajo recuperar si lo intentan, lo cual dudo. Aquello fue lo que empezó a polucionar unas tierras que debieron conservarse cómo se conservaron La Camarga y otros muchos humedales del mundo.
Ahora Las Nuevas y la Marisma de Hinojos, entre otras muchas tierras ya irrecuperables, se están repoblando de especies jamás conocidas en aquellos parajes, y están convirtiendo aquello poco menos que en parques zoológicos de especies animales y vegetales foráneos y dañinos como: gaviotas a miles, pelícanos, cangrejos chinos y cangrejos rojos, galápagos americanos, helechos que nadie parece saber de dónde vienen y que pronto cambiarán tanto la fauna autóctona como la migratoria que ya se está resintiendo y reemplazando sus destinos invernales por otros sitios donde les den mejor acogida.
No digamos nada de la vegetación cuyos almajos –“armajos” para los marismeños–, lo mismo los dulces que los salados, están desapareciendo así como toda la vegetación palustre que cubría la marisma.
Por supuesto que muchas especies de las que podemos llamar nuestras, o han desaparecido ya, aunque aún no lo notemos o sepamos, o están a punto de hacerlo sustituidas por las especies foráneas que, queramos o no, acabarán produciendo graves perjuicios a esa maravilla ecológica que era nuestra marisma.
La Marisma no puede aguantar todas esas agresiones sin deterioro, y aunque hay voces que pronosticaron que la marisma acabaría colmatándose, creo que sería una enorme estupidez por parte, ahora exclusivamente de los andaluces, no intentar al menos parar ese proceso que acabaría con una gran parte de nuestra fauna y vegetación marismeña autóctona, con lo que nos convertiríamos para la posteridad en unos de los destructores conscientes de la naturaleza. Ahora que precisamente presumimos de haber salvado de su extinción al lince ibérico, nos convertimos en unos pequeños dioses con derecho a destruir algo que precisamente los humanos no tenemos nada que ver con su creación.