Hemeroteca :: 01/10/2005
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Entrevistas

Agricultura, ganadería y caza conviven en armonía en el Parque Natural de Bardenas Reales a través de las medidas agroambientales

Última actualización 01/10/2005@00:00:00 GMT+1
Desde 1998, la mayor parte de los agricultores y ganaderos del Parque Natural de Bardenas Reales, en Navarra, con el empuje y colaboración de la sociedad de cazadores, viene aplicando las medidas agroambientales recogidas en la actual Política Agraria Comunitaria. Estas medidas, tremendamente positivas para todo el ecosistema, cada vez estarán más presentes en los campos españoles.
La Sociedad de Cazadores de Bardenas Reales recibió el Premio Caza y Conservación en su undécima edición por ser uno de los principales impulsores de la aplicación en este territorio de las llamadas medidas agroambientales que Europa está imponiendo a agricultores y ganaderos. Al mismo tiempo realiza una gestión cinegética encomiable que pasa, entre otros objetivos, por la recuperación del conejo.

Este artículo cuenta precisamente en qué han consistido estas medidas agroambientales que poco a poco se irán aplicando en todo el campo español.

Las Bardenas Reales son un espacio de casi cuarenta y dos mil hectáreas situados en el extremo sureste de Navarra y por tanto lindante con la provincia de Zaragoza. Debido a su situación geográfica en la zona central del Valle del Ebro, posee un clima ciertamente hostil: fuertes vientos, lluvias escasas, el invierno acostumbra a ser frío, la primavera casi inexistente y el verano tórrido y largo, por lo que únicamente el otoño suele ser en cierto modo apacible.

A pesar de la limitada fertilidad de gran parte de sus suelos, la mitad alberga secanos que se cultivan con cereales de invierno en régimen de año y vez, además de otro cinco por ciento de regadíos con cultivos de verano, como maíz y hortalizas. Los residuos de estas cosechas, en forma de rastrojos, ricios y barbechos, así como los pastos arbustivos de las zonas no cultivadas, constituyen los recursos alimenticios de una cabaña ovina de fuerte variación estacional, con máximos que alcanzan las cien mil cabezas en otoño.
Las importantes comunidades botánicas y faunísticas, además de la singularidad de sus paisajes, motivaron su declaración como Parque Natural en 1999. Sus usos humanos y particularidades de gestión también llevaron a la UNESCO a reconocer Bardenas como Reserva de la Biosfera en el año 2000. Ese mismo año fue nominada Lugar de Interés Comunitario y por lo tanto integrante de la Red Natura 2000.
Éste es, a grandes rasgos, el escenario en el que se desarrolla la actividad cinegética. Un espacio protegido, muy influenciado por agricultura y ganadería, con la guinda de soportar un clima extremo y limitante. A pesar de ello, la Comunidad de Bardenas, administración local que desde hace siglos gestiona este territorio, ayudada y asesorada por la Asociación de Cazadores, está empeñada en mantener y fomentar la caza. Y la pesca, aunque este tema se queda para otra ocasión.

Evolución de la política agraria comunitaria
Sabemos que las relaciones entre agricultura, ganadería y caza no son fáciles. Dada la mayor relevancia económica y social de las primeras, la caza parece estar condenada a permanecer supeditada a ellas, pero hace tiempo que las cosas han comenzado a cambiar.

Desde hace ya veinte años, España forma parte de la Unión Europea, y por ello comparte un programa agrario común. Haciendo un escueto análisis de la evolución de este sector, se advierten tres fases muy claras:
La primera se inicia en los años cincuenta, inicio de la UE. En una Europa destrozada por sus guerras, la primera Política Agraria Común nació con una clara vocación productivista. Todos los medios y tecnologías se pusieron al servicio de la agricultura para superar la escasez de la posguerra y la dependencia de otros países. Ningún Tratado o Reglamento hizo referencia alguna al medio ambiente.

La segunda etapa se inicia en los años ochenta, y es una llamada de atención. El grado de desarrollo, intensificación y eficacia de la agricultura fue tal que tan sólo treinta años después empezó a ser insostenible mantener los excedentes agrarios para evitar el colapso de los mercados. Por otro lado comenzó a tomarse conciencia de que el coste medioambiental del proceso había sido tremendo: contaminación de tierras y aguas, transformación profunda de millones de hectáreas, etc. Se inició el desmantelamiento del proteccionismo comunitario hacia el sector.

Los años años noventa –tercera etapa– marcan un punto de inflexión: El Consejo Europeo estimó que el sector agrario era uno de los que debía recibir una atención especial, y los objetivos a perseguir tenían que ser la conservación de recursos genéticos, edáficos e hídricos, la reducción del uso de productos químicos, el uso equilibrado de fertilizantes, etcétera. En este entorno se gestó la Reforma de la PAC de 1.992, todo un hito para nosotros, cuyas medidas de acompañamiento ya establecían acciones y ayudas concretas: reducir la utilización de fertilizantes y fitosanitarios; extensificar las producciones vegetales y la ganadería; reducir la cabaña ovina y bovina; cría de razas locales en peligro de desaparición; retirada de la producción de tierras de labor; formación de agricultores y ganaderos en prácticas de producción compatibles con el medio ambiente; protección de aguas; reconversión de tierras de labor en zonas de pastoreo extensivo y fomento de la agricultura biológica.

Más recientemente se ha introducido el concepto de Desarrollo Rural, eje fundamental de la nueva PAC, y sus principios básicos son el desarrollo sostenible, protección del medio ambiente, creación de empleo, igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, facilitar la instalación de jóvenes y el ajuste estructural de las explotaciones. En definitiva, agricultores y ganaderos deben participar en los objetivos del Desarrollo, porque son los actores imprescindibles para hacerlo efectivo.

Por último debemos mencionar los compromisos de “eco-condicionalidad” implantados en la solicitud de ayudas PAC de este año, de modo que los agricultores y ganaderos que reciban ayudas directas de la política agraria común, es decir todos, deben respetar una lista de requisitos de gestión y buenas condiciones agrarias y medio ambientales.

La caza agoniza
El colectivo cazador lleva muchos años comprobando cómo la mayoría de las especies de caza, sobre todo las más emblemáticas, van siendo menos abundantes. Hasta el punto de que en muchas zonas la caza salvaje ha pasado al recuerdo. Es evidente que uno de los factores que más ha influido en este declive es la forma en que realizan su actividad la agricultura y ganadería modernas. Hecho que no sólo afecta a perdices, conejos y liebres, sino al conjunto del medio natural.

Toda esa larga introducción inicial quería precisamente indicar que esto va a cambiar. No que sería deseable o que debiera cambiar, sino que va a cambiar, que ya ha empezado a hacerlo.

La gran mayoría del terreno agrario de España son secanos más o menos extensivos, que en gran medida soportan y mantienen nuestra riqueza natural: la caza y lo que no es caza.

El incremento de producción tuvo sentido hasta los años setenta u ochenta, y los agricultores supieron hacerlo bien y responder a lo que la sociedad necesitaba y les pedía. Pero esa época ya pasó. Ahora podemos permitirnos bajar el pistón y dedicarnos a solucionar los “daños colaterales” que quedaron por el camino.

Europa está empujando fuerte en este sentido, y España todavía está en condiciones ventajosas para trabajar en este nuevo reto. Como siempre en este país, lo primero es que nos lo creamos, empezando por nuestros políticos y siguiendo por agricultores, ganaderos y todos nosotros.

En Bardenas ya comenzamos hace años este camino. En 1993 y en colaboración con la Sociedad Española de Ornitología, aliados en esta tarea, presentamos un proyecto al Gobierno Navarro, en la línea de la antes referida P.A.C de 1.992: las medidas agroambientales.

Quizás era demasiado pronto, los cambios en el sector empezaban con demasiada timidez y era difícil apostar en ello. Por eso tardó cinco años en llevarse a la práctica, pero a finales de 1998 el setenta y cinco por ciento de los agricultores y casi la mitad de los ganaderos se comprometieron voluntariamente a realizar esas prácticas agroambientales: casi diez mil parcelas de cultivo, más de diecisiete mil hectáreas, y más de treinta y cinco mil cabezas de ganado.

De manera muy resumida, las medidas agroambientales son actuaciones a realizar de forma voluntaria por agricultores y ganaderos para reducir su impacto sobre el medio natural, durante un plazo de cinco años. Cuentan con una prima económica que está financiada por la Unión Europea y la Comunidad Autónoma o el Gobierno Central.

Esas actuaciones ambientalmente beneficiosas deben diseñarse específicamente para sus ámbitos particulares de aplicación. A modo de ejemplo, las establecidas en la Bardena y otras áreas de Navarra fueron las siguientes:
Agricultura. Primer bloque: utilizar fertilizantes de forma equilibrada; utilizar productos fitopatológicos "AAA" –no contaminantes–; no contaminar puntos de agua; no emplear herbicidas en linderos, rastrojos ni barbechos; utilizar semillas sin productos fitosanitarios peligrosos para la fauna; no quemar rastrojos, lindes ni cunetas; labrar los barbechos entre el 1 de marzo y el 30 de abril, en el mes de julio ó a partir del 18 de septiembre, no pudiendo labrar en otras fechas; no cosechar durante la noche; no recoger la paja; mantener los cultivos de secano en régimen de año y vez.

Segundo bloque: cultivar leguminosas de grano en una superficie mínima del 3 por ciento de la explotación y máxima de 5 hectáreas; dejar una banda de tres metros sin tratar con herbicidas y sin cosechar en la periferia de la parcela.

Tercer bloque: labrar los rastrojos mediante laboreo superficial ó siembra directa; abandonar el cultivo por un mínimo de veinte años, en superficies con pendientes igual o superiores al 8 por ciento.

Esta estructura en tres bloques se debe a que el agricultor debe acogerse a ellos de forma ordenada, de modo que para aceptar el segundo bloque, antes ha de comprometerse con el primero, y para acceder al tercero, antes ha de aceptar los dos primeros.

Ganadería. Primer bloque: mantener y respetar una veda de pastos en verano entre el 1 de julio y el 17 de septiembre; desparasitar todo el ganado con productos que no tengan organoclorados; no pastorear en los días de lluvia ni en los dos siguientes.

Segundo bloque: respetar una veda de verano entre el 10 y el 30 de junio; respetar una veda de invierno entre el 1 de diciembre y el 15 de febrero.

Tercer bloque: pastar con rebaños inferiores a 700 cabezas.

Este fue el programa agroambiental de Bardenas entre 1.998 y 2.003, que a continuación fue renovado con medidas similares y mejorado con otras de mayor complejidad e importancia, como el cultivo de leguminosas o el semillado de rastrojos.

En resumen, se trata de reducir el uso de agroquímicos, no empacar la paja, dejar tres metros de cosecha en pie junto a los linderos, evitar el pastoreo en los momentos más delicados para el medio natural... No se cree necesario abundar mucho más en la importancia de estas medidas para la fauna en general y las especies cinegéticas en particular.

La caza en Bardenas
La segunda especificidad del territorio que hoy nos ocupa es su condición de espacio protegido, ya que el 94 por ciento está declarado Parque Natural y Reserva de la Biosfera y el 99 por ciento es Lugar de Interés Comunitario.

La visión tradicional de los espacios protegidos es que se trata de lugares donde muchas actividades humanas, en particular la caza, quedan muy limitadas o incluso prohibidas. Ciertamente fue así en muchos casos y en los inicios de las políticas conservacionistas, pero la experiencia ha venido a demostrar que no siempre es lo más correcto social ni ambientalmente. Las líneas de gestión en Bardenas vienen determinadas por su propio Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, instrumento legal previo a la declaración de parque. El tratamiento que la caza recibe en este documento es muy claro y se resume en dos de sus conclusiones:
“Este PORN se fundamenta en el reconocimiento, respeto y fomento de los usos tradicionales de este territorio, que son agricultura de secano en año y vez, ganadería extensiva y caza. La caza es un uso tradicional que se va a ver indirectamente favorecido, al mejorarse el hábitat por todas las medidas contempladas en relación a agricultura, ganadería y turismo. Además se exponen actuaciones directas para la recuperación de puntos de agua, el fomento del conejo y la potenciación del guarderío”.

En él también se determinan los principales objetivos que debe perseguir la gestión cinegética en el Parque: “Proteger la fauna en general, velando por su estado sanitario y genético; favorecer las poblaciones autóctonas de mayor valor cinegético; controlar las poblaciones y regular adecuadamente su aprovechamiento”.

Por lo tanto, el PORN determina que la actividad cinegética se mantiene en el espacio protegido; que los cambios antes comentados en la gestión agrícola y ganadera deben resultar beneficiosos para las especies de caza; y que esta actividad se desarrollará con mayor o menor intensidad en función del estado de las poblaciones cazables. En definitiva, el fomento de la caza y un aprovechamiento ordenado de la misma. Nuestra experiencia alecciona en el sentido de que el espacio protegido no puede contemplarse como un arma contra sus habitantes. Si un territorio ha llegado al siglo XXI razonablemente bien conservado, algo habrán tenido que ver las personas que desarrollan aquí sus actividades. Su ordenación debe pasar por un análisis sereno de todas sus circunstancias y un programa de actuación serio, pero también generoso con los afectados.

Con toda seguridad, los efectos de esta nueva gestión no tardarán demasiado en llegar. Pero nadie debe caer en estados de ansiedad por exceso de optimismo, porque cincuenta años de maltrato van a tardar en solucionarse. Se han comentado las líneas de trabajo en el sector agropecuario, que es muy importante, decisivo, pero hay más problemas. En nuestro caso particular hay al menos otros dos de la misma o mayor relevancia, que son el clima extremo y las gravísimas enfermedades del conejo, especie fundamental de este ecosistema. Ninguno de ellos tiene soluciones ideales, rápidas y milagrosas. Debemos continuar trabajando con imaginación, rigor, humildad y tesón, aprovechando las herramientas que vamos teniendo al alcance de la mano. Por fortuna las cosas están cambiando, posiblemente ya hemos tocado fondo. Si todos ponemos de nuestra parte, sin duda la Naturaleza responderá agradecida. Como siempre ha hecho.
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