Hemeroteca :: 01/10/2005
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Entrevistas

De caza en Marruecos con las nuevas Browning y Winchester

Última actualización 01/10/2005@00:00:00 GMT+1
Entre los días 7 al 11 de julio probamos en Marruecos tres nuevas escopetas comercializadas por la empresa belga Browning International. Con ellas cazamos tórtolas, muy abundantes en el país vecino. El calor y los tiros pusieron a prueba a estas semiautomáticas.
Cuando llegué a Marrakech no tenía ni idea de lo sorprendente que me iba a resultar mi estancia allí. La empresa belga Browning International iba a presentar en esta localidad marroquí tres nuevas escopetas: las Browning Fusion Evolve II y Phoenix, y la Winchester Super X2 Light Elegance, armas que, tras conocer sus características técnicas, probaríamos cazando tórtolas.

Para la presentación y caza con las nuevas armas de Browning International, la empresa había convocado en un hotel a ocho periodistas especializados en armas de revistas de armas y de caza de España, Francia, Grecia, Italia y Rusia y había contratado a una empresa de caza local –Dynamic Chasse, cuyos datos de contacto se proporcionan en cuadro adjunto– seis tiradas de tórtolas que se realizarían dos por día, una de mañana y otra de tarde, durante tres días seguidos.También habían traído diez escopetas al país de los tres modelos citados que se utilizaron todas, pues con las dos restantes cazaron también el personal de Browning International.

Tras el acto de presentación de las características de las armas por parte de tres directivos de Browning International –ver cuadro adjunto– supe que también dispondríamos de 10.000 cartuchos. No está mal, pensé, 1.000 cartuchos por barba; la caza prometía.

Organización y rutina de la caza
El organizador de la cacería me comentó que hace unos años en Marruecos no había tantas tórtolas, pero desde que comenzaron a cultivarse los campos y a hacerse pozos de agua para regarlos, la tórtola encuentra en el país vecino todo lo que necesita: comida y agua abundante, así como más tranquilidad, al menos comparado con nuestro país, en el sentido de menor presión cinegética. No obstante, el agua puede llegar a escasear en la zona, pues la sequía dura ya ¡9años!
Marruecos tiene una diferencia horaria con España de dos horas menos. Todos los días salíamos por la mañana divididos en dos grupos en dos coches, conducidos cada uno por un marroquí que hacía las funciones de guía y jefe de caza. La hora de salida por las mañanas era las 5:00 y para antes de las 6:00 ya habíamos llegado, gracias a Dios, al cazadero. Digo gracias a Dios porque por aquella tierra no se conduce precisamente muy bien y, francamente, más de una vez creía que no llegábamos. Aunque peor era cuando volvíamos después de terminar la jornada de caza, sobre las 9 de la mañana –las 11 en España–, ya que había por las carreteras muchos más carros, bicicletas y coches que sortear que de madrugada.

Por las tardes salíamos a las 15:00 horas hacia otro cazadero distinto y que, a diferencia del de la mañana, en vez de estar cerca de un campo con comida –rastrojos o sembrados– era un lugar de paso hacia zonas arboladas donde dormían las tórtolas. No obstante una mañana también cazamos cerca de un dormidero.

Esto lo hicimos durante tres días seguidos y ya el primer día descubrí que había muchísimas tórtolas, por lo que todos tirábamos bastantes cartuchos.

En mi caso, la jornada que menos tiré fue una mañana y consumí cerca de tres cajas de munición, siendo lo normal llegar a las cinco –o sea, casi un cajón al día–.

Aunque nunca cazábamos en el mismo sitio, lo hicimos siempre cerca de la zona de Somihla.

El camuflaje, poco útil en Marruecos
Estoy convencido que un buen equipo de camuflaje es de utilidad para cazar en cualquier modalidad y como yo así pensaban otras personas que también lo llevaron a Marruecos. Por eso me sorprendió mucho el primer día el atuendo que llevaban los demás cazadores: pantalones cortos –obsequio de Browning durante la presentación, pero que yo pensaba utilizar en la piscina–, camisetas y gorras de colores poco apropiados, etcétera.

Sin embargo, nada más llegar al puesto comprobé que mi pantalón verde y camisa y gorra de Mossy Oak, un camuflaje moderno de alta calidad que me proporciona excelentes resultados, me serviría de poco cazando como lo hicimos nosotros al menos, en Marruecos. Efectivamente, ya cerca del cazadero veías cómo a nuestro coche lo iban persiguiendo en bicicleta o corriendo niños y muchachos de todas las edades que, cuando por fin nos deteníamos y comenzábamos a sacar las escopetas del coche, nos preguntaban si querías que te recogieran las tórtolas y trabajaran para ti llevándote los cartuchos, la mochila, etcétera, hasta el puesto. Estos ayudantes vestían de rojo o de blanco como Amid, un excelente ayudante con el que tuve el placer de cazar en dos ocasiones. Por otro lado, y lo más curioso, es que siempre se cazaba en caminos por el que transitaban personas de todas las edades, bien andando, en bicicleta o tartanas tiradas por burros o en coches, de modo que no sólo la ropa no importaba sino que incluso el hecho de esconderte bien no tenía sentido. Estaba claro que los que habían elegido el pantalón corto e indumentaria más propia para ir a la playa que para cazar, sabían lo que hacían.

Con las botas en el asfalto
Ver niños, personas y vehículos por todas partes, en su mayoría a pedales o en carros tirados por bestias, al principio fue muy estresante para mí, pues tiraba inseguro y más de una vez tenía que dejar de hacerlo para no disparar en línea con alguien, aunque estuviera muy lejos. Sin embargo poco a poco me fui acostumbrando a cazar de esta manera, de modo que de 11 tórtolas que logré cobrar la mañana del primer día en un caminillo por donde pasó poca gente, la última tarde logré cobrar 30 en una carretera por donde transitaban camiones, bicicletas, personas, ganado... Y no crean que me refiero a que cazábamos cerca de una carretera, sino literalmente en medio de una carretera con los pies puestos sobre su asfalto. Tanto es así que mi compañero de la derecha tiró una tórtola que no puedo recoger porque cayó en la caja de un camión que pasaba.

A un lado de la carretera había un rastrojo con la paja recogida en pacas y a lo lejos muchos árboles. Al otro arbustos y árboles que bordeaba el otro margen de la carretera y que me daban, gracias a Dios, algo de sombra porque las temperaturas a primera hora de la tarde sobrepasaban con creces los 40 grados.

Por otro lado, los “puestos” de los cazadores se ponían muy cerca, y siempre en caminos más o menos anchos o en la carretera, como ya he dicho. Y a veces estaban tan cerca que en ocasiones tirábamos dos o tres personas a la misma tórtola.

Yo le pregunté a algunos de mis “ayudantes” que hablaban francés –tuve en total cinco– si era normal cazar en caminos y carreteras y me dijeron que así se cazaba allí.

Quizás la razones sean por comodidad y tal vez también por seguridad: el camino permite al jefe de caza marroquí y a los ayudantes del cazador desplazarse rápidamente, por ejemplo para llevarte agua, cartuchos, etcétera.

Éxito total, pese a los cartuchos
Otra sorpresa me la llevé cuando me dieron las primeras cajas de munición y descubrí que no eran cartuchos Winchester ni tampoco Browning, excelentes marcas que comercializa Browning International, sino que eran cartuchos Fiocchi Top 2, de 28 gramos de perdigón de 7,5, que además resultaron ser muy irregulares.

Browning Internacional había intentado introducir en Marruecos sus cartuchos, pero no había sido posible debido a la legislación y a las normas del país, así que habían tenido que comprarlos. Además de Fiocchi había cartuchos Cheditte y UEE Diana, pero yo sólo tiré los Fiocchi y unas 4 cajas de Cheddite, que también eran de 28 gramos del 7,5 e igualmente le andaban a la zaga a los Fiocchi en irregularidad de presiones. Tanto es así que de vez en cuando notabas las diferencias hasta en el sonido de los disparos y a nivel práctico todo esto se traducía en que la mayoría de las tórtolas caían heridas, ya fueran las mías o las de mis compañeros de puesto, lo que contribuía aún más a que los chicos estuvieran más tiempo corriendo detrás de las tórtolas, buscándolas fuera del “puesto”.

Por supuesto esto no significa que Fiocchi o Cheditte haga malos cartuchos. Seguramente se trataría de munición embalada durante bastante tiempo en condiciones poco óptimas para su conservación. No hay que olvidar la temperatura, superior a 40 grados en verano durante el día y muchísimo más alta en el interior de los coches mientras se está cazando. Como después los grados bajan durante la noche, la munición que no se dispara se ve sometida a continuos cambios bruscos de temperatura que alteran sus prestaciones balísticas en unas cuantas jornadas puesto que se modifica la presión en recámara y sucede que cada cambio de presión entre tiro y tiro se traduce en un cambio del plomeo, en un plomeo muy diferente en cada disparo.

Prueba superada
Las dos escopetas Browning y también la Winchester son armas accionadas por gases. Llevan un mecanismo de toma de gas denominado Active valve system que elimina por unas salidas el gas de combustión innecesario para accionar el mecanismo. Gracias a él, estas escopetas pueden disparar cartuchos 12-70 y 12-76 cargados con 28 o más gramos sin que el cerrojo retroceda de forma violenta con las cargas más potentes ni se produzcan interrupciones con las más ligeras.

Pues bien, debido a la fiabilidad de este sistema, las Browning y Winchester funcionaron bien y se puede decir que superaron una dura prueba porque además no se limpiaron a propósito, y por tanto, después de haber disparado cada arma cerca de mil tiros, seguían funcionando como un reloj.

Primero probé las tres en el siguiente orden: Winchester Super X2 Light Elegance, Browning Phoenix y Browning Gold Fusion Evolve II. Luego usé otra Winchester en dos ocasiones seguidas y, en la última tirada, otra Fusion Evolve II.

Las dos primeras eran armas más manejables que la Fusion Evolve II, pues ésta posee una culata y guardamanos más dimensionados y además su cañón era de 76 centímetros, por lo que también era más pesada. No obstante, con este modelo fue con el que mejor tiré.

La Winchester Super X2 Ellegance me encantó desde el primer momento. Además su precio es muy atractivo: poco más de 800 euros. Sin embargo el cargador de la primera escopeta Winchester que disparé me pareció que resultaba difícil de cargar y, como esta apreciación mía no fue compartida por otros cazadores que habían utilizado Winchester –disponíamos de cinco escopetas Winchester–, decidí probar otra, que en efecto, funcionó bien. Salvo el primer día, que tiré mal, con las Winchester siempre sobrepasé con creces las 20 tórtolas.

Igual de suave y equilibrada me pareció la Browning Pohenix. Es algo más barata que la Fusion Gold Evolve II y se caracteriza por tener una carcasa de aleación que lleva un revestimiento especial gris mate para hacerla extremadamente resistente a la corrosión. Si pudiera –es imposible por falta de huecos en la licencia– me la hubiera comprado al día siguiente de volver a España.

La Fusion Evolve II la veo, más que como una escopeta de caza en mano, como un arma para practicar la caza en puesto fijo con cartuchos potentes, por ejemplo patos, o bien para practicar modalidades en las que se peguen muchos tiros. Además para este fin cuenta con un mecanismo excepcional llamado Speed Loading, pues permite cargarla muy rápidamente –ver cuadro adjunto–.

Tórtolas en Marruecos sí, pero...

La experiencia de caza en Marruecos fue, al menos para mí, más positiva por el hecho de haber probado allí tres armas y por todo lo que conlleva conocer un país nuevo, que por la caza en sí. Demasiada gente a tu alrededor: me gusta cazar con más tranquilidad. Eso sí, es un destino ideal para tirar muchas tórtolas y por tanto para realizar una prueba de armas como la que hicimos. Si no hubiera tantas tórtolas sería imposible hacer una buena percha cazándolas como se cazan. Baste decir que cobramos en total algo más de 1.200 –y hubiéramos cobrado bastantes más si hubiéramos contado con otra munición, pues muchas se iban tocadas o caían muy lejos– y que disparamos más de 7.200 tiros. Lástima que no se hubiera podido cazar algo más tranquilo; de haber sido así hubiese creído por momentos que estaba en España... cuando teníamos muchas más tórtolas.
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