Hemeroteca :: 01/10/2005
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Entrevistas

La media veda del 2004 rompió la tendencia a la baja del periodo 1996-2003

Última actualización 01/10/2005@00:00:00 GMT+1
Como ya intuíamos, en la media veda del 2004 la codorniz fue más abundante de lo habitual. Así lo ha constatado el Grupo Coturnix de la Universidad de Barcelona, que lleva 15 años analizando fichas de caza y publicando sus conclusiones en nuestra revista. Tanto es así que en 2004 se rompe esa tendencia a la baja que comenzó en 1996. No obstante, no hay que echar las campanas al vuelo porque esta media veda del 2005, con la sequía que padecemos, puede ser desastrosa.

Todo esto demuestra que la codorniz fluctúa en función de la meteorología y de cómo le deje criar la moderna agricultura.
A partir de los ya 15 años que llevamos trabajando conjuntamente con una serie de cazadores lectores de TROFEO que colaboran de una forma totalmente voluntaria, desinteresada y entusiasta rellenando unas fichas-encuesta de caza de la codorniz, podemos empezar a efectuar una serie de afirmaciones que tienen ya una sólida base empírica. Pero antes de entrar en materia y analizar de forma detallada cómo fue la temporada de caza del año anterior (2004) basándonos en las encuestas que hemos recibido, quisiéramos efectuar una serie de comentarios que consideramos de importancia, aunque puedan parecer algo reiterativos.

En primer lugar quisiéramos destacar la importancia que tiene esta colaboración entre el mundo de la caza y el mundo universitario. Estamos haciendo frente a una especie, la codorniz común, que resulta ser tremendamente difícil de estudiar y de comprender. Sus peculiares características –entre ellas destacaremos su gran movilidad y lo fácil que resulta que pase inadvertida a los ojos del observador– hacen que todavía a día de hoy persistan muchos enigmas y lagunas del conocimiento de su biología y comportamiento. De hecho, como acostumbra a decir uno de los firmantes de este artículo, “cuanto más la estudio, menos la entiendo”. La frasecita tiene su miga, después de llevar 24 años investigándola, pero es rigurosamente cierta. Obviamente, una especie tan sumamente difícil de estudiar, requiere de la colaboración de todos los colectivos que pueden ayudar a comprenderla mejor, y entre ellos está sin duda el de los cazadores. Es por esta razón por la cual nunca nos cansaremos de agradecer a estas personas su desinteresada ayuda y colaboración, llena de motivación e incluso, nos atreveríamos a decir, de ilusión. Y, en algunos casos, demostrando una fidelidad a prueba de bomba.

¿Para qué sirve todo esto?
Una de las cuestiones que pueden surgir en el momento, quizás tedioso, de rellenar las encuestas es: ¿y para qué sirve todo esto? Y aquí quisiéramos enfatizar la respuesta: estas encuestas son una fuente de datos que permiten, entre otras cosas, conocer las tendencias de la población de codornices que visita la Península Ibérica durante la época de caza.

No es ésta la única fuente de datos que barajamos, ya que estamos dirigiendo un programa nacional de censo y anillamiento durante la época reproductora, coordinado por Santiago Iturmendi, presidente de la Delegación Burgalesa de Caza y financiado por FEDENCA. Además, a un nivel forzosamente más local, también estamos efectuando un seguimiento del éxito reproductor en el único momento que ello se puede efectuar, es decir, durante la época de siega. Por tanto, la información que extraemos de las encuestas de caza se configura como una pieza más dentro de un mosaico general, que nos permite tener una visión más amplia y completa acerca de la demografía y de las tendencias poblacionales de la especie.

Entre otras cosas, gracias a esta información generada durante la época de caza, hemos podido establecer –y así consta en el “Libro Rojo de las Aves de España”– que, si bien existen fluctuaciones interanuales muy marcadas, en los últimos años no se puede hablar de la existencia de un declive poblacional que obligaría a las administraciones competentes a tomar las consiguientes medidas para intentar frenarlo. Por ello, un mayor y mejor conocimiento de la codorniz acompañado de medidas de gestión acordes con dicho conocimiento, solamente puede tener repercusiones positivas para la propia especie, lo que a su vez redunda en beneficio del colectivo de cazadores. Obsérvese, pues, que el simple hecho de rellenar y enviar encuestas de caza tiene una serie de connotaciones de enorme interés para todos, empezando por el interés del propio cazador.

Características de las encuestas
Hecha esta primera introducción, vamos a pasar a analizar la pasada temporada de caza basada en las encuestas recibidas. Y como ya viene siendo tradicional, empezaremos con una somera caracterización de las mismas. Como puede apreciarse en la figura 1 y en la tabla 1, en el presente año hemos contado con 18 colaboradores, que han cazado un total de 856 codornices y han enviado un total de 802 encuestas –ver la tabla 2 para más detalles–. Podemos, por tanto, estar satisfechos por el incremento de encuestas respecto a las recibidas el año anterior (656), que parece se va consolidando poco a poco (figura 2) y que se aproxima a las 940 encuestas que, en promedio, se acostumbraba a recibir. Por el contrario, y aunque no hemos tocado fondo como en el año 2002, ha disminuido ligeramente el número de personas colaboradoras a 18, que sigue estando además muy lejos de la media habitual, cercana a los 37; sin embargo, hemos de decir que, a pesar de que en los tres últimos años nos estamos moviendo entre 17 y 20 colaboradores, la tipología de los mismos es la de un colaborador muy a menudo fiel, que lleva muchos años colaborando, y que envía un abundante número de encuestas.

En los años que recibíamos un mayor número de colaboraciones, había una gran proporción de los mismos que a veces enviaba una única encuesta, por lo que poca cosa se podía sacar pensando en tendencias poblacionales. Por decirlo de una manera lisa y llana, parece que en los últimos años la tónica es: pocos, pero buenos. Y nos congratulamos de ello, al mismo tiempo que les agradecemos a todos ellos su esfuerzo y dedicación. En todo caso, huelga decir que serán extraordinariamente bien recibidos nuevos colaboradores…

Procedencia de las encuestas
En este apartado, podríamos hablar de una cierta estabilidad, ya que las cifras que manejamos son muy parecidas a las de años anteriores. Hemos recibido encuestas de 22 localidades distintas –el año anterior fueron 24– correspondientes a 14 provincias –el año anterior fueron 12– pertenecientes a 6 comunidades autónomas –igual número que en el año anterior–. De una forma nada sorprendente –ver figura 3–, la comunidad autónoma de Castilla y León se mantiene, como en los últimos 15 años, como la que goza de una mayor representación, seguida de Aragón, que en los últimos años se está consolidando como una digna segunda. Como ya hemos apuntado en otras ocasiones, creemos que no es ajeno a ello el incremento de los cultivos de regadío en los paisajes aragoneses. Las comunidades de Cataluña, País Vasco y La Rioja se mantienen a unos niveles estrictamente testimoniales en comparación con las dos primeras, lo que ya viene siendo habitual, pero nos encontramos con la sorpresa de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, que queda en el tercer puesto del “ranking”, con una nada desdeñable representación del 18 por ciento de las localidades en las que se ha cazado y se han rellenado encuestas. Desde una perspectiva global, aunque Castilla y León sigue siendo la comunidad codornicera por excelencia, da la sensación de que su predominio está descendiendo en favor de Aragón y Castilla-La Mancha, al menos si comparamos estos datos con los del año pasado, en la que ostentaba un 66.7 por ciento de representación frente al 36,4 por ciento actual. Habrá que permanecer atentos en los próximos años para ver si se trata de una tendencia o si, por el contrario, es una mera fluctuación estadística.

En relación con la procedencia de las encuestas basada en la altitud de las localidades donde se han cazado las codornices, puede apreciarse –figura 4– que el 68 por ciento de las codornices se ha cazado en localidades situadas a altitudes medianas o altas –600 a 1200 m de altitud–, tendencia más acusada que la observada el año anterior, en la que únicamente el 45 por ciento del total de la muestra se hallaba representado en esta escala de altitudes.

Se mantiene, al igual que ocurría el año anterior, una notable representación de localidades situadas a 200-400 m sobre el nivel del mar –18,2 por ciento–, lo que parece confirmar que este repunte en zonas que podemos considerar bajas se debe a la importancia que están cobrando los cultivos de regadío en la caza de la codorniz, especialmente las alfalfas y, en menor grado, los maizales.

Sexos y edades: algunas novedades
Habitualmente, como ya habrán notado los lectores habituales de Trofeo, en esta sección no acostumbraba a haber grandes novedades de un año para otro, ya que se solía dar una notable constancia en la composición de sexos y de edades de las piezas cazadas. Este año se han mantenido algunas situaciones que ya nos son más o menos familiares, pero ha habido alguna que otra novedad que ahora pasaremos a discutir y que apunta hacia una situación de difícil interpretación.

Primeramente, cabe señalar que, como es habitual, se han cazado más machos –410– que hembras –295–, mientras que se cazaron 64 individuos indiferenciados y pollos –figura 5–. Es precisamente en este punto en el que nos encontramos con una cierta sorpresa, ya que únicamente representan el 8,2 por ciento del total de codornices cazadas, mientras que en el año 2003 representó un 12,7 por ciento y en el 2002 un 23,4 por ciento. Ello nos da a entender que se cazaron menos individuos indiferenciados y pollos de lo que cabría esperar, lo cual es rigurosamente cierto a tenor de lo observado en la figura 6. Como puede apreciarse en dicha gráfica, se cazaron ligeramente más machos de lo que cabría esperar teniendo en cuenta lo que se ha cazado en los 14 años previos; también se cazaron más hembras de lo que cabría esperar, pero especialmente se cazaron muchísimos menos pollos e indiferenciados de lo que cabría esperar.

Estas diferencias entre lo observado y lo esperado son estadísticamente significativas, y apuntan inicialmente hacia dos posibilidades: o bien a un éxito de cría muy bajo en el año 2004, o bien a que esta cría fue más precoz en el tiempo, por lo que en la época de caza los individuos nacidos en el año serían ya del tamaño de un adulto.

Dadas las características pluviométricas del año 2004, que se puede considerar húmedo en la mayor parte de España, ninguna de las dos posibilidades acaba de parecer muy convincente, aunque la realidad nos muestra claramente el hecho incontrovertible de que se cazaron menos pollos e inmaduros de lo que cabría esperar. De hecho, datos propios tras haber efectuado un seguimiento de la reproducción en Mas Esplugues (Querol, Tarragona) durante la época de siega muestran que en el 2004 las nidadas fueron abundantes, y que la codorniz se reprodujo en dicha localidad durante toda la época de cría, apurando dichas tareas reproductoras hasta que las tareas de siega produjeron una destrucción en toda regla del hábitat cerealista que ocupaba. Por tanto, no coinciden en absoluto los datos que hemos recogido con los que nos muestran las encuestas, ni tampoco se ajustan a las dos posibles explicaciones que hemos propuesto inicialmente. Quizás podría influir en estos resultados contradictorios el hecho de que, como se ha indicado al principio de este artículo, el número de colaboradores es reducido, y además algunos de ellos nos indican en sus cartas que evitan, deliberadamente, tirar a pollos e individuos de menor tamaño que el de un adulto, lo cual resulta una práctica evidentemente encomiable y altamente recomendable si queremos asegurar el futuro de las poblaciones codorniceras.

Al calcular la razón de sexos –machos cazados:hembras cazadas–, se obtiene una razón de 1,39 machos por cada hembra; ello está por debajo de la media de los últimos 15 años, aunque entra dentro del rango de variación habitual –figura 7– y alcanza un valor muy parecido al obtenido en el año 2003 –1,36 machos por cada hembra–, en el que también se cazaron menos individuos indiferenciados y pollos de lo que cabría esperar.

Al efectuar el análisis de las codornices cazadas basándonos en su edad, puede apreciarse que se cazaron 498 adultos y 207 jóvenes, mientras que el número de individuos indiferenciados y pollos fue de 64 –figura 8–. Nuevamente, hallamos que se cazó en la temporada de 2004 una proporción de indiferenciados y pollos muy inferior a lo que cabría esperar con arreglo a lo que se había cazado en los 14 años anteriores –figura 9–. Se cazaron, además, más adultos y menos jóvenes de lo que cabría esperar, siendo las diferencias entre lo observado y lo esperado estadísticamente significativas.

Este resultado apunta a una matización en lo dicho anteriormente sobre como fue la temporada de reproducción de la codorniz en el 2004. Sabemos que la codorniz efectúa varias crías en una temporada de reproducción y realiza puestas de reposición cuando un intento inicial de reproducción fracasa. Si la temporada es mala –malos campos de cultivo–, los fracasos son numerosos, las puestas de reposición incrementan y la asincronía de las hembras en la reproducción se exagera.

Pues bien si los primeros intentos de reproducción fueron bien –como pronosticaba la buena situación de los cultivos en esa temporada–, habrá muchos individuos jóvenes que habrán pasado a la fracción adulta –nuestro criterio de joven y adulto está basado en la maduración de los testículos y eso se produce cuando los individuos jóvenes tienen más de dos meses– e incrementará esa fracción, tal y como vemos en estos resultados, por otro lado tendremos menos puestas de reposición, y una mayor sincronización en segundas o terceras puestas, que según el momento en el que se realicen con respecto a la siega y a la caza y a la actitud ya comentada de los cazadores que participan en este proyecto, podrían explicar la disminución de las otras dos fracciones de edad, jóvenes e indiferenciados y pollos.

La razón de edades –individuos no adultos : individuos adultos– fue de 0,54 (figura 10). Éste es, junto con el valor obtenido en el año 2003, el más bajo de todos los obtenidos en estos 15 años de estudio. De nuevo, los datos nos indican la posibilidad de que haya habido un menor éxito de cría, que se haya adelantado la reproducción –y que, en principio descartamos basándonos en nuestras propias observaciones– o que los datos estén sesgados por la prudente actuación de un grupo selecto de cazadores que evitan, deliberada y conscientemente, actuar sobre la fracción de indiferenciados y pollos.

Tendencias poblacionales
Como puede apreciarse en la tabla 3, existe una serie de localidades de la que tenemos una serie larga de datos acerca del número de piezas cazadas por cazador y día, concretamente desde 1996 al 2004. Desgraciadamente, como puede observarse, existen algunos “agujeros” que nos obligan cada año a quedarnos únicamente con aquellas localidades de las que disponemos de datos completos durante todo el período de tiempo analizado (1996-2004). Ello nos comporta, por ejemplo, eliminar de los análisis de este año la localidad de Villalba de Alcores, de la que no disponemos de datos en el 2004; por tanto, la gráfica que presentaremos seguidamente no es estrictamente comparable a la que presentamos el pasado año, ya que existe una ligera diferencia en el número de localidades sobre las que se ha realizado el análisis.

En este caso que nos ocupa, hemos efectuado los cálculos basándonos en las cinco únicas localidades de las que disponemos de datos durante el período 1996-2004 –nueve años de estudio–, mientras que durante el período 1996-2003 se utilizaron datos correspondientes a 6 localidades.
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