Entrevistas
Última actualización 01/11/2005@00:00:00 GMT+1
Los ungulados cinegéticos suponen una fuente de alimento muy importante para las aves carroñeras. Algunas de estas aves, de las que España alberga la mayor parte de las poblaciones europeas, se encuentran en un estado desfavorable de conservación, como es el caso del buitre negro. Estas carroñeras pueden consumir óptimamente los restos de las reses cazadas si se depositan en unas condiciones determinadas.
Con la llegada del otoño y de las monterías, además del reencuentro con tantos amigos y conocidos, reaparecen algunos de nuestros más callados compañeros, los buitres. Y es que ellos llevan la temporada tan a rajatabla como el que más.
Las aves carroñeras tienen en la Península Ibérica su población más importante de toda Europa. En conjunto, España acoge el 85-90 por ciento del total de parejas reproductoras de los buitres de Europa –quebrantahuesos, alimoche, buitre leonado y buitre negro–, y una población muy importante de otras especies de rapaces carroñeras amenazadas –milano real o águila imperial ibérica–. Por ello, la conservación de estas especies depende en gran medida de las acciones que se hagan en nuestro país para mantener sus condiciones de alimentación, reposo y nidificación.
La Fundación CBD-Habitat desarrolla en la actualidad un proyecto LIFE-Naturaleza de la Comisión Europea, con la colaboración de las comunidades autónomas de Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura y el Ministerio de Medio Ambiente para la conservación del águila imperial ibérica, buitre negro y cigüeña negra. El ámbito de actuación son fincas privadas de la Red Natura 2000 con condiciones muy favorables para estas especies. Las propiedades son beneficiarias y partícipes del proyecto y realizan actuaciones de aprovechamiento y mejora del hábitat que promueven la conservación de las especies amenazadas, de forma que se establece un beneficio recíproco para las aves y las propiedades. Una de las líneas principales de trabajo es la mejora de la alimentación de estas especies.
El papel sanitario del buitre
El buitre negro es la más grande de las aves rapaces españolas y se distribuye por los sistemas montañosos del suroeste ibérico, además de una pequeña población en Mallorca. La mayoría de parejas reproductoras se encuentra dentro de terrenos de titularidad privada, cuyo aprovechamiento principal es la caza mayor. Es una especie típica del monte mediterráneo, que coloca sus nidos en laderas bien conservadas de alcornoques, encinas o enebros, y también en extensas superficies de pinares de montaña.
Al igual que el resto de aves carroñeras, su papel sanitario es muy importante; elimina de forma natural los cadáveres de ganado y ungulados silvestres, siendo especialmente útil en zonas de difícil acceso.
Sus tradicionales problemas de conservación están relacionados con la pérdida de matorral o arboleda en laderas tranquilas para nidificar y la ingestión de cebos envenenados. Una de las amenazas que podría surgir en un futuro próximo es la retirada de cadáveres de ganado doméstico –ovino, bovino y caprino–, en aplicación de las normativas relativas a las Encefalopatías Espongiformes Transmisibles –EET, o mal de las vacas locas–. En la actualidad, aún no se han comprobado problemas de falta de alimento por la aplicación de estas medidas legales, probablemente por las dificultades que entraña su cumplimiento, sobre todo en el ovino. No obstante, se están emprendiendo medidas de gestión en regiones como Extremadura y Castilla-La Mancha, que reducirán considerablemente las cantidades de cadáveres de ovejas disponibles para los buitres.
Los comederos del buitre
Los buitres negros aprovechan distintas fuentes de alimento. Los muladares son un importante recurso todo el año. Éstos se proveen de restos de cerdos de granjas, sobre todo en la meseta norte. También, a lo largo del año, los buitres prospectan zonas extensivas de ganado ovino, caprino y vacuno, aprovechando cadáveres y restos de placentas. Durante la primavera y verano, se observan buitres negros en cotos de caza menor, realizando una importante labor sanitaria, pues eliminan los conejos muertos como consecuencia de las enfermedades que les afectan. Y, como es sabido, durante el invierno frecuentan los montes en que se celebran monterías.
Las sucesivas carroñas y el sonido de disparos atraen a importantes cantidades de buitres, que se congregan para ingerir las vísceras o mondongos de las piezas cobradas. Incluso nos advierten con sus festines acerca de dónde cayó una res que se marchó herida, imposible de detectar de otra forma. En esta época la gran mayoría de los buitres negros ibéricos acuden a estas zonas.
Los restos de tripas y vísceras de los ejemplares cazados en monterías se pueden depositar para su consumo por las aves carroñeras. Aunque las autoridades oficiales no han definido la catalogación de