Hemeroteca :: 01/11/2005
32/33
Opinión

Mi rincón

Última actualización 01/11/2005@00:00:00 GMT+1
Hay una pregunta clásica que nunca supe responder: ¿Qué me hubiese gustado ser si hubiese podido elegir otra vida? Hoy, después de cerrar la última página de este libro, ya lo sé. Un podenco. Me hubiese gustado ser un podenco andaluz
Manolo Pedrosa ha escrito un libro que, por no sé qué oscuras reminiscencias, me ha transportado a las vacaciones pueblerinas de mi niñez. De cuando los pueblos eran pueblos, con las calles cubiertas de juncias y mastranzos de finísimo olor el día del Corpus. Cuando también el Corpus era el Corpus, uno de los tres días del año que relucían más que el sol. Por entonces, las puertas estaban siempre abiertas y los zaguanes tenían en el centro pasillos empedrados para el paso de las caballerías. Correteaban los chiquillos con sus vergüenzas al aire y siempre, siempre, iba o venía a su amor un podenquete de esos chicuelos, con las cañas de las patas finitas, aguda y alegre la dicha y vientos prodigiosos.

Aquellos podencos que parecían balduendos, formaban los domingos con su dueño una sabia alianza de ancestrales antecedentes. Y, ya en el campo tras los conejos, hubiese sido imposible apreciar quién era más feliz, si el cazador o su amigo asociado
Pero aquellos podencos alegres y libres aunque fieles, que pasaron con sus amos las hambres de los años cuarenta y cincuenta, son ya pasado. Hoy se han convertidos en unos semiurbanitas cuidados con piensos bien calibrados, instalados en perreras adecuadas, con un chip bajo el pellejo y cartilla de la Seguridad Social. Aunque, gracias a Dios, nadie ha sido capaz de sacarles del cuerpo ese imán que los lleva hasta el conejo aunque tengan que dejarse la piel en los zarzalones de los regajos.

Pero se da la circunstancia de que el podenco no es un perro más. Así como la mayoría de los perros de muestra cazan pendientes de su amo, el podenco caza para él mismo, brindando al cielo sus faenas y permitiendo generosamente a su dueño que cace con él y aproveche su eficacia. Eso sí, supongo que alguna vez agradecerá a la escopeta que sujete un conejo que ya se le iba a tapar en una boca.

Conseguir asociarse al podenco para cazar, sólo está al alcance de algunos privilegiados. Y para lograrlo se puede recurrir a este libro que, con claridad, buenas maneras literarias y generosidad nos brinda Pedrosa. Todos y cada uno de los detalles de la cría, enseñanza, modalidades de caza y corrección de resabios están contemplados y resueltos en este tratado no por breve menos enjundioso.

En la segunda parte, bien diferenciada, del libro incluye Pedrosa unos relatos deliciosos. Escribe con sencillez, con ese leguaje propio que con tanta fluidez mana de los narradores andaluces pero que resulta imposible componer a base de forzar en los textos vocablos autóctonos penosamente rebuscados. Tan buenos son sus relatos que, en mi opinión, debieran haber sido ampliados hasta hacer con ellos una edición autónoma. Pero hay más días que ollas, el camino es largo y aquí hay un excelente narrador al que hay que esperar con muchísima ilusión.

Hay una pregunta clásica que nunca supe responder: ¿Qué me hubiese gustado ser si hubiese podido elegir otra vida? Hoy, después de cerrar la última página de este libro, ya lo sé. Un podenco. Me hubiese gustado ser un podenco andaluz. Y, ya puestos a pedir, un podenco andaluz con una escopeta al lado como Manolo Pedrosa.
  • ) Del prólogo de "El podenco andaluz en la
caza menor". Manuel Pedrosa Valverde.

Otero Ediciones. Madrid 2005.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
32/33
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaza.com, web oficial de la revista Trofeo, decana del mundo cinegético
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.