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Última actualización 01/12/2005@00:00:00 GMT+1
NEUMANN, Arthur H.,
La caza del elefante
en África Ecuatorial Oriental,
Madrid, 2005, ed. Solitario(Isla de Timor 6, Bajo, 28034 Madrid; telef. 646 61 97 89); colección "Clásicos de la caza mayor africana"; Nota del editor (José De Grado), ilustraciones de Millais, Caldwell y Lodge, fotos en blanco y negro del autor; versión española de Pilar Outeiral Cobo y José De Grado Montañana; 4ª (24 X 17 cm.), un mapa desplegable, imitación de piel con sobrecubierta; 439 pp. + 1 h.; ed. de 1000 ejemplares. Pedidos al Catálogo Trofeo, referencia T78-02, PVP: 68 e. Tel. 91 327 79 67 y 327 79 93.
Leer a los clásicos es un placer tradicionalmente recomendado que suele encontrar el escollo del idioma original. Pero si un autor clásico ha sido traducido y adaptado con el exquisito cuidado que han tenido Pilar Outeiral y Pepe de Grado en esta edición, desde las notas hasta la encuadernación, la satisfacción resulta aumentada con creces. Neumann fue un observador atento y un hombre culto de la generación del famoso Abel Chapman. Como él, coleccionaba especímenes para museos, especialmente mariposas, y algunas subespecies de cebras y antílopes hasta entonces desconocidas, y apreció a los Ndorobos y otras tribus con las que se relacionó en sus largos periplos a pie, al frente de una caravana de indígenas, por el corazón de África. Fue, pues, un cazador naturalista y un hombre delicado, además de un intrépido explorador de Kenia.
Pero lo cortés no quita lo valiente. Neumann emprendió una expedición para cazar elefantes más allá de los cazaderos conocidos, esperando encontrar mayor abundancia de ellos, y cazaba todos los que podía porque si no vendía el marfil no podía ni siquiera costear su safari. De ahí que los pocos días en los que logró acercarse a una manada aprovechase la ocasión cazando varios de una tacada, machos y hembras, siempre que tuviesen un marfil aceptable. Y es por esta faceta -11 elefantes de una manada logró cobrar en una ocasión- por la que es más conocido por quien valora fundamentalmente las cifras de los grandes cazadores de marfil. Con un armamento tan rudimentario como demoledor, que le fallaba en ocasiones decisivas siendo gravemente herido por una elefanta, Neumann fue capaz de enfrentarse también a enormes cocodrilos, uno de los cuales se llevó a su ayudante delante de él en la orilla del Lago Rodolfo, o a leones devoradores de hombres, otro de los cuales se apoderó una noche de uno de sus mejores rastreadores en un campamento volante.
Sin embargo, un buen día se debió aburrir de exigirse a sí mismo ese enfrentamiento constante con su entorno al que se sometía, o quizá le ahogaran los problemas económicos, o su espíritu sensible se viera afectado por una desdicha que le pareció insuperable. El hecho es que decidió reservar su última bala para sí mismo, decisión tan respetable como cualquier otra, pero que marca la biografía de un personaje. Afortunadamente, el libro al que hoy dedico esta reseña –extremadamente raro en su primera edición, de 1898, lleno de excelentes fotos y finos dibujos de artistas ingleses de finales del XIX- nos ofrece una imagen gratamente humana de quien fuera un gran cazador –me encantan las minuciosas observaciones relativas al aire y a los obstáculos del terreno cuando rececha en solitario un antílope- y un valeroso explorador –el segundo europeo en recorrer la orilla del Lago Rodolfo hasta el extremo Norte, en un itinerario que puede apreciarse perfectamente en el mapa desplegable- de zonas recónditas del corazón de África.