Hemeroteca :: 01/06/2007
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Entrevistas

Juan Carranza Profesor de la Universidad de Extremadura y uno de los “ideólogos” de la certificación cinegética

Última actualización 01/06/2007@00:00:00 GMT+1
La certificación cinegética, de la que se habla desde hace tiempo, servirá, entre otras cosas, para demostrar que la práctica cinegética contribuye a la conservación del ecosistema de un coto.
Recientemente, la Universidad de Extremadura ha editado el libro sobre la certificación cinegética que recoge las conclusiones sobre un par de jornadas técnicas en las que se habló y debatió sobre certificación cinegética, en una de las cuales estuvo representado todo el sector cinegético. Aprovechando la publicación de esta obra, hemos entrevistado a Juan Carranza, profesor de la Universidad de Extremadura, uno de sus editores e ideólogos; el otro es Juan Mario Vargas.

Resuma en pocas palabras qué significa “certificación cinegética”.

La certificación cinegética se sitúa en la línea de otras certificaciones que ya existen sobre productos o servicios, pero en este caso referida a la actividad cinegética. En concreto se trata de garantizar que el producto y servicio que se ofrece es adecuado a una norma y se ha producido según un sistema aceptable. Al igual que en el caso de otras certificaciones, incluye tanto el servicio que se presta al cliente cinegético –el cazador– como el modo en que el producto cinegético llega a ser puesto a disposición del cazador, es decir, la gestión cinegética.

¿En qué estado se encuentra
esta idea en nuestro país?

Andalucía es la primera comunidad autónoma que ha recogido la idea de la certificación cinegética en una ley, la Ley de 2003 de Flora y Fauna Silvestre. En estos momentos se encuentra en elaboración el desarrollo de esa ley para poder llevarla a la práctica. Otras comunidades autónomas ya han mencionado también su intención de poner en marcha la certificación cinegética, aunque todavía está pendiente que se plasme en textos normativos.

La idea de la certificación nace en parte por el fracaso de los planes técnicos. ¿No es la certificación un plan técnico bien hecho y de ejecución controlada?
En realidad es un concepto diferente a los planes técnicos. Los planes son un requisito de obligado cumplimiento para poder mantener un coto. La certificación debe ser una marca de calidad, de carácter voluntario, premiada por el propio mercado o por el apoyo público, y que va más allá de las prácticas obligatorias, tratando de poner un sello de calidad a una gestión y a sus productos y servicios. Este carácter sobresaliente lleva asociado el que no se puede pretender que todos los cotos lo tengan y además permite definir mucho más la base sobre la que se sustenta la marca.

En el caso de la gestión cinegética, el elemento principal que se pretende garantizar con este certificado es su compatibilidad con la conservación del medio ambiente, incluidas las propias especies cinegéticas. Este principio es básicamente común a otras certificaciones y emana de la preocupación creciente de que la actividad humana no repercuta negativamente en el medio ambiente. La gestión cinegética puede ser muy buena o muy mala con el medio ambiente según cómo se haga.

¿Quiénes y cómo llevarían a cabo la certificación?
Cada comunidad autónoma tiene competencias para poner en marcha su propia normativa sobre certificación de calidad cinegética. Parece lógico que sean empresas independientes a la administración y a la propia actividad comercial de la caza las que lleven a cabo las tareas de evaluación y certificación, aunque acreditadas por la Entidad Nacional de Acreditación y Certificación (ENAC) y siguiendo criterios e indicadores definidos por la normativa autonómica pero deseablemente coordinados a nivel nacional.

¿Están los gestores de cotos preparados para esta certificación?
Todo lo nuevo requiere de una adaptación. Ya se lleva tiempo hablando de este tema y se han publicado muchas ideas que van permitiendo que los gestores de cotos y otros implicados en el mundo de la caza vayan formando su propia opinión. No obstante, el carácter voluntario va a permitir que muchos esperen a ver los resultados en otros antes de actuar.
¿Qué les falta a los cotos que conoce para que pudieran certificarse?
Realmente la clave es más una cuestión de principios que de elementos concretos que pudieran faltarles. El sistema de calidad pretende premiar la gestión más natural. Los cotos que apuestan por una gestión intensiva, que consideran las especies de caza como ganado que puede transformarse a capricho del gestor y que piensan que el resto de elementos del ecosistema son buenos o malos sólo en la medida en que favorecen o no a la caza, no van en la línea de la certificación.

¿Cuánto podría costar certificar
un coto por ejemplo de mil hectáreas?

Me temo que esto no puedo responderlo porque en ningún caso que yo conozca se ha llegado a un detalle suficiente sobre los indicadores que habría que medir sobre el terreno y las pruebas que habría que realizar. No obstante, se está trabajando en ello en estos momentos en varios equipos en España. Por otra parte, las administraciones públicas podrían contribuir de distintas formas a esas evaluaciones para favorecer que los cotos se acojan al sistema de certificación.

¿Mayor rentabilidad?
Al ser la certificación un acto voluntario, mucho me temo que muy pocos gestores se acogerán, a no ser que sea interesante económicamente. Algunos gestores con los que he hablado creen que un coto certificado, a la hora de vender la caza, no será más rentable que otro que no lo esté.

Este es un tema clave. El retorno económico de la inversión en certificación debería venir de la aceptación por parte del mercado, es decir, que los cazadores prefieran cazar en un coto con certificación. Ya sabemos que, siendo realistas, ésta no parece ser la situación actual. De hecho, sabemos que el mercado está favoreciendo lo contrario: la caza intensiva sin grandes consideraciones sobre medio ambiente, la hibridación de especies autóctonas, etcétera. Hay algunos sectores dentro del mundo de la caza que se quejan de esto y que prefieren una caza de calidad, pero parecen en buena medida resignarse al “correr de los tiempos”. En esta situación, la sociedad en general es la principal preocupada de que la actividad cinegética no suponga una amenaza para el medio ambiente. El medio ambiente en el que tiene lugar esta actividad, así como las propias especies de caza, no son un valor sólo para los cazadores sino también para el resto de los habitantes de este planeta. La sociedad que valora los sistemas y procesos naturales debe contribuir, a través de la administración pública, a fomentar que la gestión más compatible con el medio ambiente resulte interesante para el gestor de un coto. Hay muchos modos por los cuales la administración pública puede ayudar a los que se apunten al certificado de calidad. Por ejemplo, puede hacer publicidad de las bondades de esos cotos, colocándolos en la web o en publicaciones, lo cual irá redundando en su acogida por los cazadores. Puede incluirlos de modo preferente en las líneas de subvención para actuaciones en materia de medioambiente, ya que la calidad cinegética pretende precisamente favorecer la conservación. Puede aportarles beneficios fiscales asociados al certificado de calidad, o acceso a ayudas para gestores o guardería. Cada administración decidirá de qué modo quiere favorecer la orientación de la caza hacia la conservación, pero procedimientos hay.

El profesor Mario Vargas, otro de los padres de esta idea, afirma que un coto certificado debe tener, entre otros requisitos, las cuentas claras y una especie de “libro de reclamaciones” para satisfacción de los clientes. Esto, tal y como funciona la economía en el mundo rural y sabiendo lo que es la caza natural, ¿no son dos utopías?
Mi querido amigo Mario Vargas, que es el responsable de que él y yo nos hayamos metido en esto de la calidad cinegética, suele decir, citando a Oscar Wilde, que la utopía es la semilla del progreso. La transparencia y el control de la satisfacción del cliente no me parecen dos utopías sino dos metas deseables, que simplemente con el hecho de que sean alcanzadas por algunos marcarán una dirección interesante. La satisfacción del cliente, por ejemplo, no está reñida con la incertidumbre de la caza natural sino todo lo contrario. Probablemente en un coto intensivo el cliente se sentirá defraudado si no caza el número de piezas prometido, pero ésta no es la filosofía de la caza natural. En un coto con certificación de calidad el cliente se puede sentir defraudado si la caza está mal organizada o si en el coto realmente no existe la caza que se decía, pero el que la suerte no le haya sonreído en un día concreto no debe ser motivo de reclamación.

Por otra parte, no debemos olvidar que en un sistema de certificación de calidad siempre habrá elementos que sean indispensables y otros que añadan valor a la certificación pero no sean imprescindibles. A su vez, cada elemento se puede descomponer en indicadores con distinto peso. El nivel de exigencia debe ser realista y el distinto peso de criterios e indicadores forma parte de las herramientas para modularlo.

¿Qué opina de la certificación cinegética
que quiere poner en marcha
la Junta de Andalucía?

Ya me he referido a ella como la primera en plasmarse en una norma escrita. Creo que la Consejería de Medio Ambiente ha sido valiente y se ha adelantado a innovar en un terreno que puede ser conflictivo. Como he mencionado antes, aún se están elaborando las normas necesarias para que el sistema se pueda llevar a la práctica, pero la dirección de lo hecho hasta ahora va en una línea que no discrepa en lo fundamental del consenso que tanto científicos como representantes de diversos sectores del mundo de la caza alcanzamos tras nuestras reuniones sobre el tema en Madrid hace ya un par de años.

¿Qué le diría a un propietario
para que certificase su coto?

Primero le preguntaría si es partidario de una gestión natural de la caza o si prefiere apostar por la gestión intensiva. En el caso segundo el mercado actual ya favorece su actividad y no necesita del certificado de calidad. Si su respuesta es sobre caza natural es probable que nos diga que le gustaría que fuese así pero que no lo podrá hacer porque perdería dinero. En ese caso el sistema de calidad le propone una ayuda para poder mantenerse fiel a sus principios. La administración pública que ponga en marcha un sistema de certificación voluntario tendrá que favorecer a los que se acojan a él para no fracasar en su propuesta, al menos en tanto el mercado no responda adecuadamente a la marca de calidad. Si la administración apuesta por ello, los cotos que pretendan mantener caza natural tienen una oportunidad de poder hacerlo. Desde el punto de vista de la caza en general, estoy convencido de que cuantos más cotos se apunten a este sistema mejor valorada y más defendible será esta actividad en el mundo moderno.

Hagamos cábalas. ¿Cuándo cree que la certificación será una realidad
en gran parte del país?
Esta es una pregunta para un adivino. Andalucía es previsible que ponga en marcha el sistema durante esta legislatura que acaba en 2008. En Extremadura se encuentra en borrador un proyecto de nueva ley de caza, donde existe la oportunidad de incluir este tema que posteriormente debería desarollarse reglamentariamente. En otras comunidades como Castilla-La Mancha, ha habido compromisos que pueden plasmarse pronto en normas. En cualquier caso el proceso es lento y puede tardar siempre varios años. No obstante, si Andalucía empieza en el plazo de un año el sistema habrá empezado en España. Ese inicio servirá para pulir detalles y mejorar su aplicabilidad. Y algo que me parece muy importante: se han marcado los horizontes de lo que significa calidad en el contexto de la actividad cinegética, y ese referente, con su claro componente contracorriente, ya es una realidad que puede empezar a hacer efecto apoyando a los que creen en una caza más natural y menos “de bote”. No es fácil ir en contra de la artificialización excesiva de la caza. Todos nos quejamos de ello y nos resignamos a lo que nos parece inevitable. Yo creo que no lo es: el futuro lo hacemos nosotros, si queremos.
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