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Opinión

Recechando ideas

Última actualización 01/06/2007@00:00:00 GMT+1
Hoy la unión de la caza con la conservación o la sostenibilidad no está clara para la sociedad, y en los próximos años va a ser muy importante explicar y demostrar en qué y por qué es sostenible cazar
Es una palabra fea pero de moda, y más que de moda –costumbre pasajera– de tendencia –permanente–. El concepto económico-ecológico de sostenibilidad está afectando y va a afectar a todos los sectores económicos y a la vida cotidiana de los ciudadanos. Es la nueva Utopía del siglo XXI, una Utopía en la que, por primera vez en la historia de la humanidad, nos jugamos nuestro propio futuro.

Pero, como todas las grandes utopías, pueden desembocar en tiranías –si se llevan hacia el extremo de la imposición–, en fraude –si se utiliza como mero adorno verbal del desarrollo aniquilador–, en muletilla verbal –si se utiliza como simple argumento propagandístico– o en valor social –si se convierte en factor de transformación–.

Todos los datos demuestran que el actual sistema de desarrollo humano implica la aniquilación y el agotamiento de los recursos naturales, aniquilación y agotamiento que se ve tanto en los países desarrollados, en los países en vías de desarrollo y también en los países pobres.

Son ejemplos sangrantes los que están ocurriendo en África o India, de las que tenemos la falsa idea de la naturaleza salvaje en estado puro de los documentales cuando en la mayoría de su territorio, salvo lugares muy determinados, se han extinguido los grandes mamíferos debido a la inmensa presión demográfica.

En nuestro país el valor de la sostenibilidad está comenzando a transformar de forma silenciosa y en cadena sectores como el energético, en el que año a año se incrementa exponencialmente la inversión y la generación de megawatios de origen fotovoltaico; en la agricultura y ganadería, donde la producción de alimentos ecológicos –aún minoritaria– sufre igualmente un incremento exponencial o en las toneladas de papel y vidrio reciclado.

Sin embargo estamos muy lejos de ser una sociedad y una economía sostenible ya que el sistema de consumo, la obsolescencia planificada y el derroche como signo de bienestar, sigue esquilmando el planeta aunque nosotros, habitantes privilegiados, no lo veamos.

Ocio “natural”
Dentro de este sistema económico hay un sector que también sufre año a año un crecimiento exponencial y que se suele asociar a la sostenibilidad de forma automática cuando en muchos casos implica todo lo contrario. Se trata del sector del ocio y del tiempo libre. La revolución del consumo de bienes y servicios asociados al ocio llamado activo –también el pasivo– no sólo es un importante consumidor de materias primas y energía para la producción de los gadgets, equipos, instalaciones, medios de transporte, etc. necesarios para su disfrute, sino que se ha convertido en factor de transformación del paisaje y del medio natural en muchos casos irreversible.

Es cierto que dentro de sector nada tiene que ver el turismo de sol y playa con el turismo rural, el golf con el senderismo, un quad con unas zapatillas de trekking, por lo tanto también en este sector debe hablarse de prácticas sostenibles y prácticas insostenibles. Y dentro de este ámbito del ocio, por la parte que nos toca, hay que argumentar, explicar y defender la caza como una actividad inscrita dentro del desarrollo sostenible.

La caza es sostenible
También entre nosotros cazadores y entre las empresas que directa e indirectamente ofrecen productos y servicios a los cazadores el valor de la sostenibilidad debería ser tenido en cuenta y publicitado como valor de marca y valor social. Hoy la unión de la caza con la conservación o la sostenibilidad no está clara para la sociedad, y en los próximos años va a ser muy importante explicar y demostrar en qué y por qué es sostenible cazar.

Los cazadores cazamos para seguir cazando, y necesitamos que el entorno y el paisaje cambien poco, no queremos agotar, aniquilar o cambiar nuestros cazaderos. Practicamos por tanto una caza sostenible.

Miro mi viejo armero mientras escribo. Pienso de pronto, por ejemplo, en la socialmente denostada industria armera, mezcla de siderurgia, carpintería y artesanía. Pero nos encontramos sin embargo con un sector que no juega con la obsolescencia planificada como juega el sector de la automoción, la electrónica de consumo, la textil, etc. Escopetas y rifles suelen ser para toda la vida, incluso durar varias generaciones, si se rompen son reparables y su misma antigüedad es un valor para sus propietarios.

A los cazadores nos parece esta realidad, la gran durabilidad de las armas, como algo normal, sin embargo es algo excepcional en una sociedad de consumo en el que lo moderno y lo habitual es cambiar y tirar los productos, sean electrodomésticos, ropa o coches, cada pocos años aunque funcionen bien.

No me subvenciona la industria armera este artículo pero les doy gracias por no tener que cambiar de escopeta cada cinco años. ¿Cómo sería el mundo si los objetos que compramos y usamos durasen, fueran eficaces y funcionasen bien toda la vida?
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