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Última actualización 01/07/2007@00:00:00 GMT+1
O me sorprende este nuevo libro de José Ramón de Camps, ni me sorprendería la estampilla de “edición agotada”, nuestro prolífico autor es un tipo expeditivo en sus asuntos y con una deportiva e incurable adicción al sarrio. El personaje me cae bien, le veo como una suerte de hijo natural y espiritual de Alfonso Urquijo, un heredero literario sin temor a impugnaciones de herencia, pues quién sino José Ramón ha seguido la pista que aquél trazó con “El Pirineo y los sarrios”. Un descendiente que Alfonso reconocería sin análisis de adeenes de por medio Pero, rifle en mano, de Camps siempre reconocerá otra paternidad, en concreto la de ese “ayo de campo” que ha representado para él el Vizconde de Belloch, o seáse Javier Mercader Rovira. El primer servicio de este jubilado –y prestigioso– cazador de “isards” fue sacar a José Ramón del monte bajo y la paramera, léase de la caza común, y llevárselo a las cumbres, universo ideal para que un luchador forje su propia épica. Le enseñaría, discretamente, a escoger la ropa adecuada, a saber respirar y a poner el pie en la pedriza, a juzgar serenamente antes de apretar el gatillo y asumir los chascos como gajes inevitables del oficio. Amistad aparte, el experto intuyó condiciones en el neófito. El noble se inventó un príncipe al que educar. No se equivocaría el ayo. Tampoco José Ramón aceptando aquel magisterio. El discípulo aprendió muy pronto y ahí le tenemos hecho realmente un príncipe con sus medallas de oro, sus cuatro libros sobre el deseado rupicaprino y su declarado amor por los impresionantes paisajes pirenaicos.
No es una decisión baladí, pues, que de Camps dedique “Cazando sarrios en el Pirineo” al vizconde de Belloch. Presiento un final de trayecto pero como quiera que todavía no imagino a nuestro autor colgando el rifle, sospecho que este libro podría coronar y, a la vez, dar por concluida la magnífica serie sobre el sarrio. ¿Cabe esperarlo? ¿Se apuró el tema? De Camps es inteligente y perspicaz para intuir y valorar el riesgo de no huir a tiempo de la rutina, de acomodarse en el gusto de explotar las fórmulas, de dejarse llevar por el juego, porque la literatura es un juego. De repetirse, sencillamente. En su primer libro (1) nos viene a decir: “amigos, aquí estoy yo con mi nueva pasión”. Y parirá una obra coral en la que algunos cazadores de sarrios de champion league colaboran transmitiendo sus experiencias. Rendido ya al hechizo de la alta montaña, en este caso el Canigó, se sentirá cómplice de la exaltación poética del gran Jacint Verdaguer: “(…) aqueixos cims miraven la bellesa / de son alt front avui esblanqueït”. La segunda entrega (2) nos lo muestra más suelto, más experto, y con su primer oro relatado en el texto. Ameno cronista de su andanza cinegética, es, también, un confidente de fiar. Insertará tradiciones y leyendas que la montaña hace más sugestivas. La nota bibliófila y la nota histórica, de agradecer, son una constante en José Ramón. Así su “Glosario…”(3) no es más que una guinda culta, oportuna como todas las guindas.
“Cazando sarrios en el Pirineo”(4) me parece un trabajo con cierta voluntad intimista. El formato reducido del libro –casi roza el breviario– armoniza con la atmósfera que contiene. Atrae su fina confección. Las fotografías dan una visión bella y completa del mundo que se quiere evocar. Los recuerdos devienen en memoria. De Camps se cree deudor de tanto goce recibido. Evocará (¿ o “biografiará”? ) macizos, collados, valles y desfiladeros: Núria, Ordesa, Pico del Grà de Fajol, Collado de Coma de Vaca, Maladeta, El Circo de Congrós…Con esa agilidad narrativa y esa actitud muy próxima al lector, improntas de su estilo, se entregará a un fascinante juego con el presente y el pasado. Así, en “Pedraforca”, aborda la vieja polémica sobre las diferencias entre el sarrio de bosque y el de las alturas, pero en la página anterior te habla de la estancia de Pablo Picasso en Gósol (en 1906), la amistad de éste con el lugareño Josep Fontdevila, viejo cazador de isards y contrabandista. Otro ejemplo: al relato del oro cazado entre Balandrau y el Collado de Tres Pics, codo a codo, y sangre a sangre, con Belloch y el guarda Josep Marsal, le precede la notícia de un curioso litigio histórico que finaliza en 1273 en que el infante Jaume, Rei de Mallorca, concede a los hombres de Queralbs, a perpetuidad, los pastos de Coma de Vaca…Y así. Los Bosch de la Trinxería, Maragall, Beraldi, Couturier, Urquijo, el barón Dietrich y P.M. Delfau, Laula son autores favoritos a los que acude José Ramón en busca de reflexiones apropiadas que enriquezcan el texto. Como esas preciosas observaciones sobre las costumbres y actividades del sarrio, de cosecha propia o contadas por guardas o amigos cazadores. No falta calor humano ni complicidad naturalista en este libro cuya lectura nos impele a la aventura y a la superación, aunque no nos propongamos cazar un sarrio en la vida. En fin, un libro para tenerlo a mano.
¿ Cerrará la serie? San Voto, que no Belloch, tiene la última palabra ¡
Xavier TRIAS DE BES