Hemeroteca :: 01/08/2007
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Reportajes

Caza mayor

Última actualización 01/08/2007@00:00:00 GMT+1
Las instalaciones que la Real Federación Española de Caza tiene en Castillejo de Robledo (Soria) acogieron los pasados 2 y 3 de junio el “I Curso de Batida y Montería”. Una treintena de alumnos llegados de todas las partes de España acudió a la primera edición de este curso, el primer paso para obtener el diploma de “capitán de montería y maestro de sierra”.
La Escuela Española de Caza ha iniciado unos cursos para informar, instruir y aleccionar a todos los alumnos que lo deseen en muchos aspectos de la caza mayor y sobre todo aquello que hay que tener en cuenta a la hora de organizar batidas y monterías.

Por este motivo, el pasado mes realizó el I Curso de Batida y Montería en Castillejo de Robledo. Se trata de un seminario en el que se imparten conocimientos básicos para todo aquel que quiera obtener el diploma de “Capitán de Montería” y “Maestro de Sierra” en el futuro. En resumen, es el curso de iniciación por el que hay que pasar obligatoriamente si se desea llegar a ser Capitán de Montería o Maestro de Sierra, cuyos seminarios se impartirán a finales de año y a los que, como ya hemos dicho, sólo podrán acudir los que hayan estado en el I Curso de Batida y Montería.

Según el coordinador, Santiago Segovia, Madrid acogerá dentro de poco un nuevo curso de batida y montería para que todo aquel que no haya podido acudir a Castillejo y desee obtener este diploma, indispensable para ser “Capitán de Montería” y “Maestro de Sierra”, pueda hacerlo. Al ser una modalidad en auge, cada vez son más las personas que tienen que organizar batidas y monterías, y para ello la Federación ha querido poner a su disposición los conocimientos necesarios para desarrollar su trabajo con el mayor rigor ético y en función a los usos tradicionales, que en muchas ocasiones se desvirtúan por desconocimiento del desarrollo de la tradicional montería.

El jabalí y el ciervo. El jabalí y el ciervo fueron las dos especies cinegéticas en torno a las que giraron las charlas, que inició Santiago Segovia, y de las que se ofrecieron datos de todo tipo. Posteriormente, el propio Segovia inició las ponencias sobre organización de monterías, en la que citó uno a uno todos los aspectos a tener en cuenta como Capitán de Montería. Pagar a las rehalas antes de la jornada, organizar correctamente los puestos, distribuir mapas, insistir en la puntualidad y discutir la propiedad de un trofeo sobre el campo, son algunos de los consejos que el conferenciante ofreció a sus oyentes.

Ningún detalle quedó al margen y el auditorio pudo tomar nota de todos los pasos a dar antes, durante y después de la celebración de la montería. Además, como complemento a este curso sobre la tradicional montería, José Manuel Taboada, propietario de perros de rastro, mostró cómo se realizan las batidas en el norte de España con perros de rastro y sus diferencias con las del sur de España.

A diferencia de la tradicional montería, en el norte los monteros –como se llama a los perreros– inician la jornada buscando rastros de cochinos o corzos principalmente, para localizar la mancha en la que se encuentran. Se trata de verdaderos pisteadores que disponen las armadas –más reducidas en número que en la montería– sobre la marcha, improvisando en función de dónde se encuentra el animal. Más tarde se sueltan los perros que con sus latidos dan con la pieza, la levantan y la conducen a los cazadores.

La seguridad. El tema de las traviesas fue otro de los puntos fuertes de las charlas, que no estuvieron exentas de polémica, ya que no todos los asistentes mostraron su conformidad con estas armadas cuya función, no lo olvidemos, es la de situarse en pleno corazón de la mancha para evitar que las reses se amparen en ella y no crucen las líneas de fuego.

El principal problema: la seguridad, que fue el tema que predominó a lo largo de los días de ponencias. Este fue un aspecto en el que todos los ponentes insistieron y que se consideró como principal premisa para la realización de una montería. No faltaron desgraciados ejemplos que sirvieron para poner en alerta al auditorio sobre la profesionalidad con la que debe de trabajar y las exigencias que deben imponer a los propios monteros.

Las rehalas. Las rehalas ocuparon un papel muy importante en este curso. La consideración de estos perros como animales de producción –sinónimo de ganado– avivó las conversaciones de los asistentes tanto en las ponencias como en los descansos, donde todos los rehaleros asistentes se mostraron airados con la administración por las recientes medidas adoptadas.

El presidente de la Asociación Española de Rehalas, José Luis Domínguez Torres, ofreció una charla en la que insistió en esta problemática y en la incertidumbre del sector ante una normativa desarrollada desde el desconocimiento.

Nuestro columnista Jorge Bernad añadió al curso el toque legal necesario, asesorando al auditorio en todas las preguntas que le plantearon. El eje central en torno al que giró su ponencia fueron los tipos de responsabilidad que se dan en las monterías y en especial la que recae sobre los organizadores en caso de que surja algún incidente. De esta manera, los futuros capitanes de montería pudieron comprobar la importancia legal de coordinar todo de forma correcta, salvaguardando siempre la seguridad. Un detalle como el hecho de colocar mal dos posturas facilitando un accidente puede hacerles responsables de las consecuencias, o de parte de ellas, que puedan suceder. Bernad asesoró también sobre la forma de tratar con la administración para obtener los permisos necesarios para realizar la batida, especialmente en los casos en los que éstos se conceden a través del conocido “silencio administrativo”.

ÉTica y caza. La magistral charla de Pablo Ortega, Presidente Honorífico de la Asociación del Corzo Español, fue una de las que más caló en el auditorio. A pesar de realizarse a las nueve y media de la mañana del domingo y girar en torno a una trama filosófica, consiguió que los oyentes reclamasen más tiempo para tratar este tema. Y lo hizo porque tocó el gran problema de la caza de una forma brillante, casi necesaria. Pablo Ortega se remontó al principio de los tiempos para explicar que la caza es algo intrínseco al ser humano que hoy somos, citando a Carveth Read y su libro “Los orígenes del hombre”, apoyando esa teoría que dice que la inteligencia del hombre se desarrolló al tener que utilizarla para fabricar lanzas, trampas o simplemente estrategias con la única y exclusiva intención de cazar. Fue avanzando con sus atinados comentarios a lo largo de toda la Historia y trató de dotar al auditorio de los argumentos necesarios para poder defender esta práctica –que no deporte–, frente a las críticas gratuitas y carentes de argumentos que, cada vez más, se escuchan en nuestra sociedad.

Anécdotas. Como toda buena reunión de cazadores, las charlas estuvieron salpicadas de anécdotas con las que conferenciantes y oyentes animaron los coloquios. Ricardo Ayala, presidente de Aproca Castilla-La Mancha, fue uno de los que más hizo reír al auditorio con su ponencia “Tradiciones y normas de la montería”, con la cual acercó la realidad de las monterías o “expediciones” –como entonces se llamaba– de la primera mitad del siglo pasado. Relató Ayala que aquellas cacerías duraban varios días y que eran todo un rito de costumbres en la que cazadores y batidores dormían en el monte en su afán por conseguir unas reses más escasas y hurañas que las de hoy en día.

Narró una graciosa anécdota protagonizada por un perrero durante una cacería en la que participaba un ministro del gobierno franquista. En ella, el afán por servir en bandeja una buena pieza a semejante autoridad hizo que el bueno del perrero se partiera el pecho en una extenuante carrera para cortar la huida de un hermoso venado y obligarlo a romper por la postura del ministro. Después de conseguirlo, el montero falló los disparos y el rehalero, de nuevo, inició una alocada persecución para volver a hacerlo cruzar junto a la autoridad. Después de mucho bregar por fin consiguió que el recelado animal volviera a ofrecer sus flancos al ministro, el cual, de nuevo, volvió a errar. Según Ricardo Ayala, al cabo de un par de horas se pudo escuchar a grito pelado en lo alto de la sierra: “¡Señor ministro, hijo de la gran p…!”, aunque nunca se llegó a saber quién fue el vociferante.

Coloquio final. Como colofón final, se celebró un coloquio al que asistieron el marqués de Valdueza, Ignacio Higuero, Javier Fernández Rabadán, los hermanos Carlos y Alberto Sánchez-Horneros y Patxi Andión como moderador. El tema central de esta mesa redonda volvió a girar en torno a la seguridad y al papel del capitán de montería dentro de la organización de las cacerías.

También se insistió en la falta de formación de muchos monteros y especialmente en la necesidad de que las nuevas generaciones acudan desde niños a las monterías para que puedan aprender todas las normas y las costumbres de mano de sus padres, como hasta hace poco se hacía.

Tras el coloquio se entregaron los diplomas y hubo una comida de despedida.

Israel Hernández Tabernero
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