Reportajes
Algunos consejos para la caza del conejo en verano
Última actualización 01/08/2007@00:00:00 GMT+1
Este mes, sobre todo en las autonomÍas mÁs sureñas, comenzará la caza del conejo. Es el periodo de mayor abundancia y éste Es un buen año, incluso hay lugares en los que se habla de plaga. He aquí algunos consejos para cazarlos en esta época.
La caza del conejo en verano me trae hermosos recuerdos de niñez y primera juventud; de frescos amaneceres y de tardes en las que se empezaba a respirar tras un día asfixiante; de barrancos vestidos de zarzas y adelfas en flor; de cañadas apretadas de pasto y olor a poleo.
En las últimas estribaciones de Sierra Morena, donde eché los dientes, el paisaje es una sucesión de cerretes apretados de monte mediterráneo. Los conejos salen al atardecer de las manchas y bajan a los barrancos y cañadas a calmar su sed y su hambre hasta el nuevo amanecer, cuando poco a poco vuelven a sus encames y a pasar a la sombra las peores horas del día.
De esta forma, una de las técnicas de caza más gratificantes y divertidas es rececharlos por estas cañadas a primeras horas de la mañana o a últimas de la tarde, caminando muy despacio, haciendo el menor ruido posible y con el viento de cara. Así hasta que salta alguno buscando el refugio del monte. Hay auténticos especialistas que cazan con tanto sigilo que son capaces de tirarlos parados. Puede parecer un “crimen”, pero es más fácil matarlos corriendo que tirarlos sin que se enteren.
También, a estas mismas horas, se cazan a la espera en zonas abiertas o charcas querenciosoas. Es la modalidad preferida por los más veteranos. Y a media mañana, cuando los conejos se han encamado, se cazan en batidas. Una fila de escopetas se coloca en los sopiés de cualquier manchón y tres o cuatros cazadores con perros –si se puede– y escopetas baten hacia ellos.
Aquí también hay expertos que les dan a los conejos sin verlos siquiera, tan sólo intuyendo su carrera entre el monte. Es cuestión de práctica. A los puestos, eso sí, si no van seguidos de perros, entran “muertos”.
Escuela de caza. Como ven, el conejo ha sido hasta la mejor escuela para la caza mayor. Con él se practica la “espera”, el “rececho” y la “batida”. Y de hecho, cuando nuestros lagomorfos se hundieron con la enfermedad hemorrágica y el jabalí se hizo abundante, estos mismos cazadores no tuvieron mayor problema en cambiar la munición por el cartucho de bala o el rifle.
En las zonas de campiña, mucho más abiertas, los conejos no están tan localizados como en las zonas de matorral espeso y donde menos se espera te salta uno. Pero incluso en estos terrenos siempre habrá zonas más querenciosas, las zonas de comida más próximas a linderos y barrancos, donde el conejo tendrá sus “bocas”.
En este tiempo y en esta caza, como en la codorniz, es aconsejable equiparse con unas buenas rastrojeras para evitar las molestas espigas en los tobillos y más de una garrapata. Hay hasta quien se fumiga las piernas.
En cuanto a la munición, basta cualquier carga del 12 a partir de los 24 gramos –si vamos a tirar cerca– y hasta los 32 con perdigones del 9, 8, 7,5 y 7. En función de las distancias de tiro de cada zona habrá que elegir la mejor opción. En la mancha, los cartuchos dispersantes y los chokes abiertos dan muy buenos resultados. También ocurre que si cazamos en zonas muy abiertas y cazadas muchos conejos pueden salir fuera de tiro, y en estas circunstancias no es descartable ir a cargas mayores y perdigones más gordos, por ejemplo del 6.
Evisceración y transporte. Aunque muchos cazadores, sobre todo en la zona centro, no evisceran a los conejos una vez abatidos, los calores de la época obligan a ello y a llevarlos lo más aireados posible. En este sentido, la mochila tradicional de cuero o loneta es preferible al chaleco de caza, que se va a convertir en un auténtico horno.
Otro aspecto a tener en cuenta es el transporte de los conejos hasta nuestro domicilio. Hay que tener en cuenta el calor y, quizá más importante, las garrapatas que van a ir soltando los animales. A nadie le gusta ver andar una garrapata por el vehículo. Una opción excelente es adquirir algunas de esas cajas de plástico herméticas y meter con los conejos un par de bolsas de hielo. Ya en casa, o congelarlos en bolsas antes o después de despellejarlos, y a continuación, fumigar la caja con algún insecticida doméstico y cerrarla hasta nuevo uso.