Dos estudios llevados a cabo por el IREC sobre desparasitaciones internas en jabalíes y venados ponen en tela de juicio algunos de estos tratamientos y la necesidad de que se lleven a cabo tras el asesoramiento de un veterinario experto.
Muchas enfermedades son más frecuentes en los animales domésticos que en la mayor parte de las especies taxonómicamente afines de la fauna silvestre. Ello se debe, entre otros motivos, a que los animales domésticos suelen tener mayor contacto entre sí a consecuencia de las altas densidades y a la frecuencia con la que son trasladados. En el caso de las especies de interés cinegético se están originando modificaciones en la capacidad de difusión y mantenimiento de las enfermedades. Ello es debido a las nuevas medidas de gestión actualmente en auge, entre las que destacan: el uso de los cercados para el cerramiento de las fincas, el traslado y la suelta incontrolada de individuos y la práctica generalización de la alimentación suplementaria.
Una población abundante de cualquier especie será más susceptible a sufrir enfermedades que una población menos numerosa que ocupe la misma superficie, y es obvio que uno de los principales objetivos actuales de la gestión es el de disponer de piezas abundantes. Además, el uso de comederos y bebederos aumenta los contactos entre individuos, y también facilita la transmisión de enfermedades entre distintas especies animales que comparten los mismos recursos.
Estos problemas son más marcados –si cabe– en las granjas cinegéticas, donde las enfermedades de transmisión directa encuentran un terreno abonado para proliferar. Cuando los ejemplares de granja son liberados, pueden llevar algunas de esas enfermedades a las poblaciones autóctonas. Pero igualmente puede ocurrir la situación inversa, en la que los ejemplares recién liberados se encuentran en el campo con enfermedades frente a las que nunca han tenido ocasión de desarrollar defensas, cuestión que puede contribuir al escaso éxito de las repoblaciones. Ejemplos de estas situaciones ya han sido comentados en anteriores capítulos de esta sección.
Hablar de control sanitario no implica simplemente recomendar unos u otros tratamientos medicamentosos. Por el contrario, el control sanitario en sentido amplio debería basarse en la vigilancia sanitaria, en el control de granjas y traslados, en la higiene de comederos y bebederos, y sólo excepcionalmente en el recurso a vacunaciones y administración de tratamientos medicamentosos.
Desparasitaciones con la comida. El principal problema existente a la hora de medicar a nuestras especies cinegéticas es el de la vía de administración. Por ello, uno de los tratamientos más comunes en las granjas o explotaciones semi extensivas, de ciervos y jabalíes, de nuestra Península son las desparasitaciones con fármacos que se aplican mezclados con la comida.
En dos interesantes experimentos realizados por miembros del IREC en colaboración con fincas de caza manchegas se ha evaluado la efectividad de estas desparasitaciones en ciervos y jabalíes.
El primero de ellos, firmado por Isabel G. Fernández de Mera, Joaquín Vicente, Christian Gortázar, Ursula Hofle y Yolanda Fierro, está publicado en la revista Parasitology Research (92: 133–136; 2004). Para esta experiencia se utilizaron un total de 21 jabalíes, 12 de ellos fueron tratados con una premezcla medicamentosa a base de ivermectina al 0,6 % preparada para incorporar al pienso de los cerdos. A los 10 días todos los animales fueron eutanasiados para determinar las especies y el número de nematodos –también denominados “gusanos redondos”– presentes en cada individuo. La carga parasitaria también se determinó mediante la realización de análisis parasitológicos de las heces para ver las tasas de eliminación de los huevos de los parásitos.
En total se encontraron 9 especies de helmintos, de los cuales la ivermectina resultó ser eficaz en la eliminación de 5 de ellos. Frente a las 7 especies restantes, la ivermectina resultó tener poca efectividad. Es por ello que antes de realizar una desparasitación se deben de conocer las especies de parásitos contra las que se quiere actuar, utilizando siempre los fármacos más específicos para cada una de ellas, evitando así la aparición de resistencias frente a estos productos.
Desparasitación en ciervos. En el otro trabajo se evaluó la efectividad del mismo producto mediante la determinación de la eliminación de formas parasitarias en las heces de dos grupos de ciervos – uno de ellos tratado y el otro no– mantenidos en condiciones de semi libertad. El trabajo, realizado por Oscar Rodríguez, Isabel G. Fernández de Mera, Joaquín Vicente, Alfredo Peña y Christian Gortázar, fue publicado también en Parasitology Research (98: 176–178; 2006).
Elaphostrongylus cervi es un nematodo extrapulmonar recientemente descrito en nuestros ciervos, con altas prevalencias en la zona centro-sur de España. Las larvas de este parásito (L1) son eliminadas en las heces, permitiendo mediante su cuantificación evaluar la carga parasitaria de los ciervos. En ambos grupos se recogieron heces quincenalmente, viendo el patrón de excreción de las larvas de este parásito en los dos grupos de ciervos.
En los animales tratados se redujo, de manera significativa, la prevalencia y la intensidad de la eliminación de las larvas de este parásito. Aunque el fármaco resulto ser efectivo frente a estos parásitos, no está indicado su tratamiento, ya que estos parásitos son escasamente patógenos cuando la infestación ocurre sobre su especie hospedadora habitual, pasando habitualmente desapercibidos.
Al igual que ocurre con las medidas de control sanitario aplicables a un traslado, el uso de vacunas y de medicamentos debe basarse en un conocimiento previo de cada situación particular, y en un diseño hecho por un veterinario. En principio, el uso de esta herramienta de gestión debería restringirse fundamentalmente a las granjas cinegéticas, y menos frecuentemente a los traslados. En las poblaciones naturales es raro que no existan medidas de gestión alternativas que permitan alcanzar el objetivo del control sanitario sin recurrir a los tratamientos, aunque desde luego hay casos en los que así ocurre. Incluso existen situaciones en las que se ha comprobado un efecto negativo de las vacunaciones sobre la especie objeto de protección o de los tratamientos destinados a una especie determinada sobre otras especies que pueden compartir sus bebederos o comederos.
En resumen, el control sanitario en la gestión cinegética va más allá de la simple administración de vacunas o de tratamientos. La vigilancia sanitaria, pasiva y activa, así como el control exhaustivo de las granjas y de los traslados, deben constituir el eje de la gestión sanitaria de las poblaciones cinegéticas.
En todo caso, antes de llevar a cabo este tipo de actuaciones, es importante asesorarse con un veterinario experto. n
Christian .Gortazar@uclm.es
Oscar .Rodriguez@uclm.esIREC (CSIC – UCLM – JCCM)