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Última actualización 01/08/2007@00:00:00 GMT+1
El cazador y profesor de literatura Salvador Calvo Muñoz, a propósito de su reciente tesis doctoral, ha escrito el libro “Léxico cinegético castellano peninsular”, que se convierte sin duda en la mayor recopilación de términos venatorios publicada en España. Él mismo nos cuenta cómo se gestó esta obra.
Término, vocablo, palabra, locución, frase. Sepan vuesas mercedes que un servidor se refiere a eso, evidentemente; que aunque cazó conejos, liebres, perdices y demás piezas, o reses, hace ya la friolera de un lustro que me entró la revolera de atrapar “nuestras” palabras, juntarlas y arrejuntarlas.

Es así que, hace dicho tiempo, caviló uno en la necesidad de remozar sus conocimientos de lengua y literatura española, dado que por oficio se dedica a esos menesteres, y acordó con sus horas libres, las vespertinas, dedicarlas a la realización de los cursos de doctorado en la Facultad de Letras.

Allá me vi, el primer año, asistiendo a clases y rememorando y reviviendo aquellos dorados años de juventud en las, más doradas aún, piedras nobles salmantinas. Una de las siete materias elegidas fue precisamente “Niveles del lenguaje”, impartida por el doctor Miguel Ángel Rebollo, catedrático titular de la facultad. Sabedor él de mi condición de cazador me sugirió que trabajase sobre el lenguaje de la caza y yo, miel sobre hojuelas, me di a la tarea ilusionado y entretenido.

Elegí, al azar, unos cuantos ejemplares de mi colección doméstica de libros de caza y le emparamenté un vocabulario de términos precisos de la idiosincrasia cinegética. Al cabo del curso, le presenté el trabajillo a Miguel Ángel Rebollo, con el que he forjado una entrañable amistad.
“Esto tienes que ampliarlo. El segundo curso lo vas a dedicar exclusivamente al léxico cinegético. Y empieza por el principio”.

Vaya, la cosa se complicaba. Visto lo cual aumenté la nómina de títulos y los ordené de más antiguos a más recientes. Una sucesión diacrónica, al fin y al cabo. Acordamos mi director y yo incluir todos los términos que aparecieran en los textos que tuvieran algo que ver con el elemental hecho de un hombre armado en un escenario natural tras un animal silvestre. Los campos semánticos: etología, armas, perros, cazadero, utillaje, etc.

El trabajo ha tenido dos aspectos fundamentales: el primero, deleitoso, ha sido leer y revivir las experiencias cinegéticas de cada uno de los autores leídos y entresacados. El segundo, más costoso y arduo, ha sido ir armando en la pantallita dichosa el vocabulario desde la A a la Z con el consiguiente texto de cada una de las casi tres mil quinientas entradas.

Esperamos haber ayudado a conservar algo de ese ingente patrimonio lingüístico, que han producido nuestros antepasados cazadores a lo largo de la historia de esta tierra, que por lo visto los fenicios llamaron “Tierra de Conejos”.

Salvador Calvo Muñoz
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