Reportajes
La abundante cobertura vegetal y el retraso de los cultivos puede favorecer la cría de la codorniz
Última actualización 01/08/2007@00:00:00 GMT+1
Aunque es pronto para saber lo que nos deparará la media veda, las perspectivas son halagüeñas.
Tras las abundantes lluvias primaverales, tardías en muchos puntos de nuestra geografía e incluso excesivas como en La Mancha, donde provocaron serias inundaciones y grandes daños agrícolas, los cazadores nos hacemos ilusiones y pensamos que la próxima media veda, que está a la vuelta de la esquina, puede ser espectacular, sobre todo para la codorniz, cuya abundancia o escasez dependerá de cómo críe.
Y para que críe bien la codorniz tan sólo necesita que le dejen hacerlo, algo que no es tan fácil debido a las características de nuestra agricultura de secano.
A los cereales de ciclo corto, que maduran mucho antes de que la codorniz pueda sacar los pollos, se le une la preferencia de nuestros agricultores por la cebada frente al trigo, el mejor cultivo para la caza. La cebada es menos exigente en nutrientes y su grano se paga a un precio similar al trigo.
Luego llegan, siempre antes de tiempo para los animales, las grandes segadoras y empacadoras que van dejando los campos, de sur a norte, como un campo de golf de color amarillo. Ya no se deja ni la paja porque desde hace años compensa recogerla.
Hay esperanza. Pero este año hay esperanza. Las lluvias otoñales, que fueron muy abundantes, obligaron a muchos agricultores a sembrar más tarde, cosa que ha retrasado algunas cosechas, máxime cuando no ha dejado de caer agua hasta mediados de junio, fecha en que se escribieron estas líneas. Este retraso puede hacer que sean más polladas las que salgan adelante.
Pero también, al parecer, los animales han estado retrasados este año. Las perdices, por ejemplo, a decir de guardas y gestores, comenzaron a empollar más tarde de la cuenta.
Magdalena Iturmendi, gestora de cotos en la provincia de Burgos, es de las que se pasa muchas horas al día en los cotos que lleva. Afirma que el campo viene “buenísimo, aunque un poco retrasado, pero eso no quita que viera ya polladas de perdices, una con 13 y otra con 6 pollos, a finales de mayo”.
Dice Magdalena, que está al tanto de la campaña de anillamiento de codornices que todos los años lleva a cabo la Federación Burgalesa de Caza, que este año “se están anillando muchas, y aunque todavía no he visto ningún nido, están muy enceladas”.
Otra evidencia de que el año puede ser generoso es, según Magdalena, el número de pollos o camadas que sacan adelante los predadores, y este año “están criando estupendamente”.
Cuando le pregunto a Magdalena si éste puede ser un año parecido a 1997, año con unas características pluviométricas parecidas, me desmiente categóricamente y me dice: “En el 97 cazaba yo en rastrojeras que me llegaban por las rodillas, pero eso ya se acabó, la voracidad recolectora de la moderna agricultura ha ido en aumento y ahora no queda ni la paja, y sin cobertura la codorniz se va a lugares más atractivos”.
Llamo a Manuel Puigcerver, profesor de la Universidad de Barcelona, que lleva más de veinte años estudiando a la codorniz, estudios que siempre hemos publicado en TROFEO. Le pillo precisamente en el campo haciendo los muestreos de este año. Capturan, anillan, a algunas les ponen radioemisor, y todos los años en los mismos lugares.
Me dice Puigcerver que los mejores años codorniceros que recuerda fueron 1988, 1997 y 2002, “y el cereal estaba como este año”. Sin embargo, en 2007 hay cosas que no le cuadran a este investigador: “Mira, cada año sé menos sobre estas aves. Controlamos tres amplias parcelas cerealistas. En una hay codornices; en otra, donde el cultivo está de cine, no han entrado, y en la tercera la cosa tampoco está para tirar cohetes. No hay mucha abundancia, al menos por aquí. Lo que no está habiendo este año, a diferencia del pasado, es predación. El año pasado fue tremenda porque no había cobertura vegetal y a los predadores no les costaba ningún esfuerzo encontrar ni los nidos ni los pollos”.
Ibón Telletxea, técnico de la Asociación de Cotos de Álava, que cuenta con 225.000 hectáreas, afirma que “ahora –hablamos a mediados de junio– se están empezando a ver”. También afirma que los cultivos van retrasados, pero “como generalmente son de ciclo corto, una cosa por otra”. Y añade: “Nos la jugamos de aquí a agosto y de cómo críen en el sur y centro de la Península”.
Cada vez más torcaces. Con la esperanza de que las codornices críen bastante este año, nos vamos con las indudables reinas de la media veda: las torcaces. Qué caprichosa es la naturaleza. Hasta hace unos años, quitando la zona centro, la torcaz era muy escasa en la media veda, y abundante en otoño, cuando venían de Europa. Hoy las que llegan del norte apenas las vemos porque se quedan principalmente en Portugal, pero en verano, en cualquier finca se puede hacer una percha decente.
La torcaz cría varias veces al año y lo hace cada vez más en los árboles de las ciudades. La Comunidad de Madrid es sin duda la mayor reserva de torcaces de nuestro país. Crían en cualquier árbol de cualquier calle, y no digamos nada si se trata de un parque: en el Retiro ya hay más torcaces que bravías de ciudad.
Todas estas palomas salen ahora en verano a las rastrojeras repartidas por toda la Comunidad, donde se celebran magníficas tiradas ya famosas por superarse las cien torcaces por puesto a unos precios que rondan los 600 euros por puesto y día, sobre todo si es la primera. Viñuelas, por ejemplo, es un espectáculo.