Hemeroteca :: 01/09/2007
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Reportajes

Especial media veda. Torcaces madrileñas

Última actualización 01/09/2007@00:00:00 GMT+1
El creciente aumento de “torcaces urbanas” está provocando que en los alrededores de la capital de España se celebren la mejores tiradas palomeras de media veda.
Amanece en Madrid. Entre dos luces, la ciudad se despereza para poco a poco alcanzar esa actividad frenética de todos los días. Miles de coches colapsan todas las entradas a la gran urbe. Los conductores, acostumbrados a estos extraodinarios atascos, emplean su tiempo para reflexionar, escuchar la radio o simplemente jurar en arameo.

Pero mientras todo esto ocurre, un espectáculo grandioso tiene lugar a pocos metros de altura. Grandioso para los cazadores, los únicos que se habrán dado cuenta de lo que está ocurriendo: el paso continuo de cientos y cientos de palomas torcaces que dejan la ciudad de Madrid y sus alrededores para buscarse la vida, en forma de grano, en las siembras y rastrojos que rodean la capital de España y sus muchas urbanizaciones periféricas. Es un fenómeno que viene sucediendo desde hace años, pero que parece crecer exponencialmente.

Ante este maná, los cazadores que tienen la suerte de tener sus cazaderos cercanos a la capital de España se aburren tirando palomas. Bueno, los que tienen coto y los que pueden pagar un puesto en alguna de las tiradas que organizan determinadas empresas cinegéticas.

La mayoría de estas tiradas, cada vez más famosas en toda España, ya están reservadas de un año para otro –las empresas consultadas hace meses que vendieron todos los puestos–, y sus precios oscilan entre los 300 y 600 euros por puesto y día. Lógicamente, la tirada más cara, y también la más segura, es la primera, en la que puestos de más de cien palomas cobradas entre mañana y tarde son habituales.

Juan Bautista Toledano, de la empresa Cuesta y Toledano, lleva unos quince años celebrando tiradas de torcaces en media veda en la Comunidad de Madrid, más concretamente en la zona de San Martín de la Vega y Brunete sobre rastrojeras y girasoles. Celebra unas veinte tiradas para 10-15 puestos, pero desde hace unos cuatro meses tiene todo vendido, a 600 euros las primeras tiradas y a 350 las demás.
“Bauti”, disminutivo por el que todo el mundo le conoce, afirma que la paloma “va a más cada año”, un incremento meteórico que repuntó hace cuatro años. No sabe por qué –nadie lo sabe–, pero echa mano de las evidencias: “Las grandes ciudades y las nuevas urbanizaciones les proporciona lugares seguros para refugiarse, dormir y reproducirse, y por otro lado en los campos que circundan Madrid hay mucha comida”.

Ciertamente cualquier parque de Madrid, y no digamos ya el Retiro, está plagado de palomas torcaces. Incluso los miles de árboles de sus calles albergan un gran número de nidos. En el olmo que tenemos junto a la entrada de América Ibérica, nuestra empresa editora, en la calle Miguel Yuste, nos cría, desde hace tres años, una torcaz.

Viñuelas, el paraíso. Viñuelas, ese paraíso terrenal de más de tres mil hectáreas que está al noreste de capital y que linda con Tres Cantos, es sin duda el lugar más emblemático de la Comunidad para buscarles las vueltas a las torcaces, tanto en otoño-invierno con el cimbel como en media veda al paso cuando entran a comer a las abundantes siembras que posee la finca, ya que también es una explotación agrícola-ganadera.

Pues bien, el que quiera entrar en este edén palomero en el que el año pasado se abatieron 13.000 palomas en diez tiradas, con varios puestos con más de cien ejemplares cobrados, tendrá que esperar e incluso tener mucha suerte porque todo está casi vendido de un año para otro, siendo sus principales clientes navarros y vascos. Y si tienen la suerte de encontrar un hueco, preparen la cartera porque este año la acción de tres tiradas cuesta 2.500 euros, IVA incluido.

En Viñuelas la paloma crece cada año, según cuenta Marisa Manglano, la gerente de La Paranza, la empresa propietaria de la finca, “pero es que también la cuidamos mucho”.

Curiosamente, como ha pasado en toda España, Viñuelas era famosa por sus puestos de torcaces de otoño-invierno. Se cazaban con cimbel y no era difícil superar, como ahora en media veda, el centenar de ejemplares. La torcaz se sigue cazando con cimbel en invierno, y aunque no se cazan tantas como antaño, sigue habiendo días muy divertidos y fructíferos. Pero su esplendor palomero brilla ahora con el sol de agosto.

El coche, el mejor puesto. José García Escorial, colaborador de esta revista y gerente de Safari Headlans, es un gran amante de la caza menor, sobre todo de la volatería, aunque siempre aparezca por esos mundos de Dios con los trofeos más rocambolescos.

Tiene también la suerte de tener un coto a veinte kilómetros de Madrid, en los términos de Arroyomolinos y Moraleja de Enmedio, muy cerca de Xanadú. Pues bien, asegura que entre la mañana y la tarde en su coto se pueden tirar entre 200 y 300 tiros a las torcaces. Y como el resto de entrevistados, dice que la cosa va a más cada año, aunque el fenómeno estalló no hace más de una década.
“Recuerdo como hace 6 ó 7 años me llamó mucho la atención ver a una torcaz beber en la fuente del jardín de mi casa, como hace 40 años las vi en los jardines londinenses. Hoy tengo un serio problema con ellas de lo que manchan. Mi mujer no las puede ni ver”, comenta.

La pasada media veda nuestro entrevistado abatió 600 palomas, y sin cazarlas intensamente. Y nunca ha pegado menos de cien tiros. Incluso las caza desde el coche... o mejor dicho, utilizando el coche como pantalla, un puesto inmejorable que descubrió un día por casualidad: “Estaba encima de un cerro dentro del coche mirando no sé qué y me di cuenta de que las palomas me pasaban por encima sin inmutarse. Llevaba la escopeta, así que me bajé y me coloqué detrás de él. Dejé de tirar porque se me acabaron los cartuchos. Además es un puesto fabuloso porque a través de las ventanillas puedes ver lo que viene sin ser visto; si hace malo te metes dentro, o te echas una siesta, y tienes todo a mano. Claro, ¿cómo va a extrañar un coche a una paloma madrileña, por muy torcaz que sea”.

Los jardines de Aranjuez. Aranjuez, y más concretamente los jardines del palacio del Príncipe, es otro foco palomero desde hace muchos años. Se trata de uno de los dormideros más estables de nuestro país en el que se han llegado a contabilizar 70.000 palomas. Incluso su “esplendor palomero” es anterior al de la capital de España. Por eso, la sociedad de cazadores de esta ciudad patrimonial y los cotos del término llevan años disfrutando de la torcaz tanto en invierno como en verano.

Por esta zona opera por ejemplo Eduardo Saavedra, del que ya hablamos el pasado número. Gestiona casi tres mil hectáreas, la pasada media veda abatió cerca de ocho mil palomas y desde diciembre tiene todo vendido. Y este año las expectativas parecen más halagüeñas que nunca.

Miles de Palomas. Sin embargo, las claves o las razones de este espectáculo palomero todavía no han sido estudiadas por la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid. No se sabe de cuántas palomas aproximadamente estamos hablando ni las razones últimas de esta expansión.

Sí tiene algunos datos la Federación Madrileña de Caza. Se trata de las torcaces abatidas en la Comunidad desde la temporada 2001-02 a la 2006-07. En estos periodos, la palomas abatidas fueron, respectivamente, 45.000, 46.000, 47.000, 49.000, 56.000 y 53.000. Al parecer no son datos muy exhaustivos porque proceden de los datos proporcionados por distintas sociedades, y muchas no enviaron sus números, pero la tendencia, con un pequeño descenso la última temporada, es creciente.

También la Federación se atreve a afirmar que se abate aproximadamente un 40 por ciento de la población existente. Para esta temporada de caza 2007-2008 la Federación prevé una cantidad aproximada de entre 150.000 y 175.000 torcaces, y dividiendo la Comunidad por zonas, calculan los siguientes porcentajes para la presente temporada: zona centro (Madrid capital): 60.000 palomas, 40 por ciento; zona norte, 37.000 ejemplares, 25 por ciento; zona este, 30.000 ejemplares, 20 por ciento; zona suroeste, 22.500, 15 por ciento.

La Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid tiene ante sí un fenómeno digno de ser estudiado. Deben ser muchas las razones que animan a la torcaz a dormir y reproducirse en los árboles de los parques y las calles madrileños y salir luego a comer a las rastrojeras que rodean la zona metropolitana, pero... ¿por qué lo hacen tan intensamente desde hace poco más de una década?
Sería interesante conocer cómo les afecta la predación en la ciudad, donde sólo tienen la amenaza de las urracas y los gatos. Pero se me ocurren otras muchas incógnitas: ¿muchas de estas palomas son migradoras que se quedan cada año o todas son sedentarias con una excelente capacidad reproductora? ¿Cuántas veces crían al año las torcaces “madrileñas”? ¿Les afecta la polución? ¿De qué se alimentan en otoño-invierno, aparte de las bellotas de los muchos encinares con que cuenta la región? ¿Migran hacia las dehesas toledanas o extremeñas?
Creo que un estudio de esta índole aclararía muchas incógnitas sobre nuestras torcaces sedentarias y su evidente aumento tanto en Madrid como en el resto de España.
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