Hemeroteca :: 01/09/2007
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Reportajes

Ojeo a la investigación La liebre de piornal y perdiz pardilla se quedan sin hábitat

Pelayo.Acevedo@uclm.es Oscar.Rodriguez@uclm.es IREC (CSIC – UCLM – JCCM)

Última actualización 01/09/2007@00:00:00 GMT+1
El IREC ha publicado un estudio sobre dos especies cinegéticas tan escasas como olvidadas, la liebre de piornal, que se sigue cazando de forma muy controlada, y la perdiz pardilla, actualmente prohibida. Según este estudio, la continua pérdida de hábitat es el principal problema al que se enfrentan estas dos especies que comparten el mismo nicho ecológico.
De todas las especies de interés cinegético presentes en nuestra Península hay un par de ellas a las que se les puede considerar como las grandes olvidadas: la liebre de piornal y la perdiz pardilla.

Posiblemente, debido a su reducida área de distribución y a sus escasos efectivos, nunca se les ha dado el reconocimiento que se merecen. Habitantes de las zonas más remotas de la Cordillera Cantábrica, siguen sin conocerse muchos aspectos relativos a su ecología o distribución.

Descrita recientemente, la liebre de piornal (Lepus castroviejoi) es un endemismo peninsular que sólo vive en las partes más altas de la Cordillera Cantábrica, desde Palencia a Lugo. Aunque su área de distribución es muy reducida, dentro de ésta alcanza unas abundancias razonables, considerando las limitaciones ecológicas de la montaña cantábrica. Actualmente su caza, de gran belleza por su dificultad y paisajes en los que se desarrolla, queda restringida a unos pocos cotos y reservas de León y Palencia, donde se abaten unos pocos ejemplares en cada temporada.

La perdiz pardilla “española”. En cambio, el área de distribución de la perdiz pardilla es amplísimo y se extiende por gran parte de la Región Euroasiática. La subespecie presente en España (Perdix perdix hispaniensis) –una de las siete existentes– se encuentra en tres grandes núcleos poblacionales: la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y los Pirineos.

En la mayor parte de su área de distribución europea, la perdiz pardilla es un ave típica de llanuras cultivadas, similares a las que ocupa la perdiz roja en gran parte de la Península Ibérica. Por el contrario, la perdiz pardilla ibérica es una especie característica de las regiones montañosas.

En la Cordillera Cantábrica ocupa preferentemente brezales y piornales montanos situados por encima de los 1000 m. de altitud. Su caza, actualmente prohibida en las comunidades autónomas que integran la Cordillera Cantábrica, es una de las más apasionantes para los amantes de la caza menor de montaña con perros de muestra.

Fruto del convenio de colaboración existente entre la Consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras del Principado de Asturias y el IREC –para el seguimiento científico de la red de vigilancia epidemiológica en fauna silvestre y de la gestión de las especies de interés cinegético en el Principado de Asturias–, Pelayo Acevedo, Vanesa Alzaga, Jorge Cassinello y Christian Gortázar han publicado un estudio relacionado con la ecogeografía de estas dos especies en la revista científica Acta Oecologica (31: 174–184; 2007).

El citado estudio, centrado en el área asturiana de la Cordillera Cantábrica, está basado en datos sobre la presencia de las dos especies, obtenidos mediante la realización de encuestas a la guardería del Medio Natural del Principado de Asturias. En base a estas encuestas y con ayuda de Sistemas de Información Geográfica se pudieron analizar los requerimientos ambientales de estas emblemáticas especies de la Cordillera Cantábrica.

Causas del declive. Los resultados obtenidos en este estudio indican que ambas especies ocupan un nicho ecológico prácticamente idéntico, restringido en el espacio y fragmentado, caracterizado por una alta proporción de piornales, escobonales y formaciones de brezo blanco, elevadas altitudes y pendientes y zonas con poca accesibilidad humana.

El abandono actual de una ganadería de montaña tradicional, que facilitaba la existencia de pastos y matorrales en claros intercalados con zonas boscosas, puede afectar a la viabilidad de perdices y liebres, las cuales seleccionan este paisaje en mosaico. Como sigan desapareciendo estos hábitats y disminuyendo la conectividad entre ellos, las poblaciones de estas especies se irán segregando cada vez más en subpoblaciones aisladas, demasiado pequeñas para garantizar su continuidad a medio o largo plazo.

Aún no se ha constatado una disminución generalizada de las poblaciones de perdiz pardilla y liebre de piornal en Asturias, aunque sí una tendencia negativa en algunas zonas.

Quizás, pues, estemos a tiempo de establecer pautas de manejo que permitan establecer corredores ecológicos entre las subpoblaciones localizadas en las áreas óptimas, de tal modo que se facilite el intercambio natural de individuos para asegurar un adecuado flujo genético.
Éstas medidas, acompañadas de otras que favorezcan la presencia de alimento y refugio para estas especies, pueden permitir su recuperación. De producirse esta recuperación, y una vez constatada mediante censos rigurosos, sería posible disfrutar de nuevo de esta modalidad de caza menor tan exigente y apasionante.
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