Reportajes
Una oportunidad perdida para el sector cinegético
Luis Fernando Villanueva
Director de Aproca Castilla-La Mancha
Última actualización 01/09/2007@00:00:00 GMT+1
La nueva Política Agraria Comunitaria restringe las ayudas a la ganadería y a la agricultura, y en el 2013 desaparecerán por completo. Esto sin duda revolucionará de nuevo el campo español. A priori, las tierras menos rentables no se cultivarán, dejando paso al matorral. la caza menor será de nuevo la gran perdedora. Pero la nueva PAc apuesta también por las medidas agroambientales y por el desarrollo rural, aunque la caza puede quedarse sin parte en esta nueva tarta.
El día 26 de junio del año 2003, los ministros de Agricultura de la UE aprobaron una reforma muy importante de la Política Agraria Común (PAC), reforma que supone un cambio radical en el sistema de apoyo de la UE al sector agrario. Es lo que ha venido en denominarse “La Revisión Intermedia de la PAC”. Su fundamento es la desvinculación entre las ayudas y la producción, e intenta, al menos en su teoría, un mayor acercamiento a la protección del medio ambiente. Más adelante razonaré por qué dudo mucho de esta teoría.
La experiencia adquirida desde la primera reforma del año 1992 y, sobre todo, la incorporación de nuevos países a la UE con un grandísimo potencial agrario, han hecho que desde Europa se reoriente la programación agraria. En este nuevo “marco comunitario (2007-2012” jugaremos con la misma tarta, pero serán necesarios muchos más trozos. Además, a España, que ha sido uno de los países más beneficiados –quizás el que más–, le toca ahora ser solidario con aquéllos que se encuentren en la misma o peor situación que la que nosotros teníamos no hace muchos años.
Las claves. Como podemos ver en el cuadro anexo, las ayudas directas y el desacoplamiento, la modulación, la condicionalidad y el desarrollo rural son las claves de este nuevo periodo.
Para evitar un abandono masivo de la actividad agraria, algunos estados miembros han optado por vincular una parte de la ayuda a la producción. Realmente lo que se pretende con esta medida es más bien comenzar un abandono paulatino y que más allá del año 2013 sólo se mantengan aquellos agricultores que sean competitivos y que busquen su rentabilidad bajo la fórmula de la calidad. Siendo más claros, es la única –y creo que acertada– fórmula de “quitarse de enmedio” a esos “caza-ayudas” que durante los últimos años han estado más pendientes de los vericuetos de las órdenes, regímenes de ayuda, reglamentos y todo cuanto tuviera que ver con un perfecto control de las subvenciones, que de la propia labor agraria en sí.
Las ayudas de la PAC se crearon para compensar rentas por los bajos precios de los productos debido a la apertura de mercados. Permítanme decidles que quienes hayan aprovechado estas ayudas para tener una mejor calidad de vida, pero no hayan invertido en la mejora de sus explotaciones, en este nuevo periodo sin duda “morirán”.
Desarrollo rural y caza. En lo que se refiere a la modulación de las ayudas, nuevamente la teoría dice una cosa y la realidad otra. Si realmente los porcentajes que se detraen de las ayudas agrarias fueran a ir a parar al desarrollo rural, ¿por qué parte de éstas siguen derivándose al propio sector agrario? Alguien podrá decir: porque también forman parte del desarrollo rural. Por supuesto, pero deberíamos reflexionar acerca de qué se entiende por desarrollo rural porque tengo la sensación de que se está convirtiendo en el cajón de sastre del “todo vale”. Es aquí donde el sector cinegético tendría que hacer valer su fuerza porque, ¿acaso la caza y la gestión cinegética no forman una parte importantísima del desarrollo rural de nuestro país? Pero hemos estado y seguimos estando en nuestra absurda lucha interna…
Y llegamos al concepto más aplaudido y jaleado dentro del marco de la PAC, sobre todo por grupos ecologistas, como es la condicionalidad o ecocondicionalidad. Todas aquellas buenas prácticas agroambientales, la mayoría de ellas de obligado cumplimiento hasta la fecha –mantenimiento de bancales, roturación, mantenimiento de cargas ganaderas...– que la propia Administración tendría que haber controlado y que no ha sido capaz, ahora serán obligatorias para el sector agrario.
Para aquéllos que conozcan la Administración y que sepan de cuántos técnicos agrarios de campo disponen –además de los sistemas de teledetección–, sabrán que será imposible comprobar su cumplimiento y por lo tanto esta medida no es sino una forma de salvar los papeles ante los requisitos ambientales en forma de órdenes y reglamentos que se dictan desde Bruselas.
Desde la entidad de la que fui nombrado recientemente director, APROCA Castilla-La Mancha, hemos solicitado a la Dirección General de Desarrollo Rural de la Consejería de Medio Ambiente que se incluyan en estas medidas de condicionalidad de las ayudas algunas que son claves para el correcto desarrollo de la gestión cinegética: prohibición de cosechar por la noche, mantenimiento de bandas sin recolectar y modificar calendarios de recolección, así como un amplio número de requisitos que ya se contemplan en la normativa pero que, seguramente, no se cumplirán.
Las organizaciones agrarias –algunas de ellas reciente y gratamente incorporadas a la defensa de los propietarios cinegéticos– deberían defender esta postura en defensa de la caza porque ellos mismos saben que después del año 2.013 la actividad cinegética es una de las pocas alternativas en el medio rural. ¿Será posible defender al sector cinegético y a al sector agrario…? Seguro que sí.
Efectos de la reforma en el sector cinegético. Si se cumplieran todos los condicionantes de la nueva PAC sería difícil aventurarse a decir cuál sería el efecto de la desaparición de una buena parte de las explotaciones agrarias con la consecuente pérdida de hábitat y alimento y paralelamente, el cumplimiento de medidas agroambientales de forma obligatoria que beneficiarían sin duda a la gestión cinegética. Sería una balanza difícil de desequilibrar. Sin embargo, como parto de la base de que la condicionalidad de las ayudas no la va a cumplir absolutamente nadie, está claro hacia dónde va el peso.
En aquéllas zonas que predomina una agricultura de secano y una ganadería extensiva –coinciden tradicionalmente con las mejores zonas cinegéticas de este país–, donde la escasa rentabilidad de las tierras la compensaba las ayudas de la PAC, ahora que el 75 por ciento de las mismas, en el caso del cereal, vendrán sin necesidad de sembrar, la caza lo tendrá muy complicado. ¿Qué más da si la caza tiene hábitat pero no tiene qué comer? Sólo hay una esperanza, que los agricultores profesionales arrienden las parcelas agrícolas a bajos costes a aquéllos que no las cultiven.
El descenso de ganadería extensiva podría beneficiar a la caza –más pasto–, aunque el desacoplamiento de “sólo” el 50 por ciento de la ayuda no creo cause a corto plazo un abandono importante de las explotaciones. El posible desacoplamiento del cien por cien en un futuro puede ser una buena noticia para la calidad de los pastos y para los nidos de nuestras perdices, por poner algunos ejemplos.
Allí donde ha habido una fuerte intensificación de la actividad, sobre todo agrícola, probablemente la balanza se incline hacia el lado contrario. Seguramente veremos cómo el mantenimiento aún de las explotaciones profesionales y la disminución de las prácticas agrarias agresivas podrán producir un efecto beneficioso para nuestra fauna cinegética.
La Red natura 2000. Por otro lado, parece ser que la condicionalidad y el desarrollo rural tendrán muy en cuenta aquéllas zonas que estén incluidas en la Red Natura 2000, hablando incluso de indemnizar por las limitaciones que se impongan a aquellas explotaciones que alberguen estos espacios y especies. Perfecto, pero... ¿dónde está el dinero? Mejor dicho, dinero hay y mucho, pero... ¿de dónde se detraerá el dinero para la Red Natura 2000? ¿Están las organizaciones agrarias dispuestas a ceder el dinero de su “trozo agrario? ¿Están dispuestas las administraciones regionales que se han aventurado a proteger en la Red más de un 25 por ciento de su territorio a aportar financiación de sus presupuestos?
Señores de la Administración, si quieren proteger –y la protección conlleva limitaciones en terrenos privados–, o indemnizan o expropian. Pero es más, si lo que realmente quieren es conservar, en primer lugar hagan una buena labor de sensibilización con los propietarios que no han hecho otra cosa que defender la naturaleza y albergar en sus fincas especies protegidas o hábitat en peligro de extinción. A éstos, si además de no primárseles –no sólo hablo desde el punto de vista económico– se les limita, ustedes estarán causando un efecto contrario a la conservación.
Finalmente debemos señalar que es necesario estar atentos a los sucesos que se vayan produciendo, sobre todo en estos dos primeros años, seguir muy de cerca la evolución de nuestras especies y desde luego, tener una sola voz en el mundo cinegético que pueda ser la que dialogue en representación de miles de cazadores y propietarios. Si no es así, la caza y la gestión cinegética seguirán siendo “tabú” para cualquier político que tome decisiones sobre nuestro futuro