Hemeroteca :: 01/10/2007
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Grandes firmas

Mi rincón - Mariano Aguayo

Por Redacción
Última actualización 01/10/2007@00:00:00 GMT+1

Hoy me he llegado a la vieja casilla de peones camineros donde tiene Antonio el Sastre los perros. De oídas ya los tenía bien conocidos, que todas las noches, antes o después, se les escucha ladrar vaya usted a saber los motivos. Y no es que a mí me molesten. Qué va. De nuestra ventana a la casilla hay una distancia suficiente para que la dicha de los perros quede asordada, lejana, asumida por la música de la noche, esa música compuesta por el suave silbar de las cornejas, los mayidos de los mochuelos y el incansable chirriar de los grillos. Bien conocidos los tenía, claro que sí. Pero tenía que ir a verlos o bajar mucho en la estima de mi amigo el Sastre. Amarrada a la sombra de una encina tiene una perra blanca, recalcada, que es su orgullo. Y eso que aún no la ha probado. – ¿Eh, qué le decía yo a usted? Una prenda. Para mí que algo tiene de pacho. De pacho y de podenco. Y con bastante sangre de labrador. Eso que resulte evidente. Que lo que tenga por dentro… Se la ha dejado un amigo que se va de Córdoba y tenía que llevarla a la atarazana municipal para sacrificarla. Y era una pena. Me enseñó luego dos podenquillos aún sin descolgar que le han traído de Villaviciosa. Uno de ellos apunta ya a pelibasto y, como tiene los ojos muy claros, casi blancos, me dio por pensar si habrá llegado hasta él aquella casta tan buena que hizo Carlos Escobar allá por los sesenta. Y, por allí en medio, está Curro. Un mil leches simpatiquísimo, como todos los chuchos. Fernanda, mi mujer, quiere que nos lo deje alojado mientras estemos por aquí, pero Antonio dice que, si se escapa, puede matarlo un coche en la carretera. Y Fernanda que sí y él que no quiere que ande suelto. Y en eso andan. De todas formas, hablando de perros con el Sastre siempre se acaba en lo mismo. Su Guerrero, el mejor podenco que pisó estas sierras. – Una cosa, mi Guerrero. Se llegó un día mi compadre con la escopeta, que venía cazucheando desde El Muriano, y le digo: ¿quieres matar un cochino? Mete una bala, súbete en una piedra que está ahí, en lo alto del cerro al otro lado del arroyo, y échame voces cuando te acomodes. Bueno, pues, suelto a mi Guerrero, se va derechito a la caja del arroyo, da con la cama del cochino y cay-cay, cay-cay, cay-cay… con el cochino para arriba, para arriba, hasta que oí tirar a mi compadre. Ea, me dije, ya lo ha matado. Una cosa, mi Guerrero, lo que yo le diga a usted. El Sastre, su cariño a los perros y sus entusiasmos. Nueva página Web de Mariano Aguayo: www.aguayoestudio.com Correo electrónico: info@aguayoestudio.com Mariano Aguayo.
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