Hemeroteca :: 01/10/2007
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Perros de caza

Qué nos dice el perro mientras cazamos y cómo lo hace

Por Redacción
Última actualización 01/10/2007@00:00:00 GMT+1
La muestra del perro de rastro o la “voz” del podenco, constituyen dos de las formas más exquisitas que tiene el perro de caza de comunicarse con el cazador y aumentar así la eficacia venatoria. Pero no sólo eso, estas formas de comunicación, y muchas otras que vamos a mencionar, son en sí mismas un deleite para el cazador que no busca exclusivamente la mera consecución de la pieza.
La forma comunicativa más conocida que utiliza el perro es el ladrido. Ladra por muchos motivos, y han sido numerosos los estudios que han intentado catalogar cada una de las razones que llevan al perro a expresarse así. En primer lugar, debemos clasificar el ladrido como un medio de comunicación auditiva, sabiendo que el perro ha desarrollado otras estrategias para expresar otras sensaciones, otros estímulos que quiere compartir. La palabra latina latrare deriva de latro, que se traduce como “ladrón” , de ahí que el ladrido se haya vinculado desde antaño a la función de guarda que efectuaron los primeros cánidos domésticos. A lo largo de la existencia del perro, el ladrido ha adquirido distintos cometidos, como organizar o emitir avisos del desarrollo de la acción de caza grupal, expresar amenaza, anunciar algún descubrimiento o estados de ánimo como la alegría, reacciones al dolor, sumisión jerárquica, reclamos sexuales, etcétera. Así mismo, se han desarrollado variantes del ladrido, también con su carga de significado, como el gruñido, el quejido, el aullido... A pesar de encontrar una gran variedad de sonidos dentro de estas posibilidades, resulta muy aventurado afirmar que el perro desarrolla un lenguaje propiamente dicho. Existen estudios que han logrado detectar la intención y ciertos significados a las formas de comunicarse que utiliza el perro con los humanos. El significado de los ladridos. Si pensamos en los sonidos que emite el perro, para su correcta interpretación no debemos separarlos del resto de señales que también usa, como la expresión de los ojos, el movimiento o la posición de la cola, de las orejas, sus expresiones faciales y su expresión corporal. Nuestro compañero nos “habla” muy a menudo a su manera. Su inteligencia y, sobre todo, la experiencia le ha llevado a normalizar una serie de situaciones que se han intentado clasificar de la siguiente forma: Una cadena de tres o cuatro ladridos rápidos –tono medio– con pausas se puede traducir como un aviso para otros perros para reunirse, funcionando como llamada de alerta que demuestra más interés que alarma. Cuando ladra mucho y rápido suele ser indicio de que ha detectado a un intruso en su territorio. Si esos ladridos son más pausados, el peligro se ha acercado, por lo que avisa que hay que entrar en acción. Si dejamos al perro en su perrera o le dejamos solo en casa y al alejarnos oímos cadenas largas de ladridos aislados con pausas entre ellos, los estudios han deducido que el perro está diciendo que se siente sólo, como preguntando si hay alguien cerca. Por el contrario, cuando regresamos y el perro nos ve, ladrará poco, alto y brevemente, lo que significa alegría, como si nos diese la bienvenida. Al servicio de la caza. A lo largo de la historia, muchos seleccionadores cinófilos han intentado fijar y utilizar al servicio de la caza determinadas expresiones caninas. Así, en muchas razas se ha trabajado para asentar comportamientos y reacciones ante situaciones concretas para hacer saber al cazador lo que está ocurriendo en cada caso. Si analizamos diferentes casos en los que el perro se expresa a su manera, encontramos reacciones durante la búsqueda, determinadas posturas, el movimiento del rabo, el porte de cabeza, los cambios de velocidad, los giros bruscos, muestras en distintas posturas, así como la poderosa capacidad comunicativa de la voz del perro. Generalidades que se producen en ejemplares de distintas razas y casos específicos de alguna de ellas que resulta interesante abordar. La muestra, la expresión máxima. Sin duda, la capacidad expresiva de un perro durante la muestra es algo difícilmente igualable y enorme su carga de significado. El perro nos dice: “La pieza está ahí, en esta dirección y a esta distancia”; incluso, si sabemos interpretarlo, nos dice si se está moviendo o permanece inmóvil. Un significado más que podemos destacar en la muestra es que el perro se pone completamente al servicio del cazador. El perro corre, busca y, cuando encuentra, cede el derecho de abatir la pieza al cazador. Es como si le dijera: “Ya he hecho mi trabajo, ahora es tu turno”. La muestra está envuelta en un contexto en el que se pueden producir muchas variables. Existen diferentes comportamientos anteriores a la muestra que van a desembocar en ella y que nos ofrecen señales de cómo se están desarrollando los acontecimientos. Un cambio en la velocidad de búsqueda, un ligero descenso de la cabeza durante el trote, un giro en la dirección que llevaba el perro, el movimiento del rabo... En este sentido, podemos considerar una serie de comportamientos inmediatamente anteriores a la muestra, así como las pequeñas pero trascendentales diferencias existentes entre la muestra y la conocida como “muestra a muerto”, que se produce cuando el perro señala el lugar en el que ha caído y se encuentra la pieza abatida por el cazador. En este caso, muchos consideran que el perro que “muestra a muerto” comete un error, pues carece de sentido mostrar algo que no va a escapar de ninguna forma. Otros lo permiten e incluso lo premian, pues estiman que el perro cuenta con un instinto mostrador muy desarrollado, algo que valoran a la hora de criar. Siguiendo con las múltiples situaciones que se pueden presentar en la muestra, podemos llegar a diferenciar entre dos manifestaciones de la misma actitud: la muestra de vista y la muestra de olfato. Siendo estrictos, toda muestra debe producirse a través de un estímulo olfativo, pero en determinadas circunstancias –viento a favor o llegando desde atrás, llanos sin vegetación en los que llevamos delante una pieza, etcétera– el perro advierte la presencia de la caza a través de su visión. En estos casos, la muestra suele ser menos firme, pues el olfato es el sentido que ha obligado a este tipo de perro a reaccionar de una forma tan vistosa y sorprendente. También resulta muy práctico distinguir cuándo la pieza se ha movido y esto obliga también al perro a modificar su posición inicial. Este caso no es exactamente el mismo que el de la guía, pues en ésta la pieza se puede encontrar inmóvil pero a cierta distancia, y el perro lo único que debe hacer es llevarnos de manera segura y lentamente hacia ella tras ordenárselo. Cuando la pieza se mueve, el perro se verá obligado a retomar la emanación. Lo llevará a cabo describiendo círculos, volviendo atrás, en pequeños movimientos de zig-zag... En perros jóvenes e inexpertos, el nerviosismo se hará patente y, si no encuentra pronto un nuevo viento portador del olor de la pieza, se alejará de la primera muestra, incluso llegará a desestimarla. Además, esto puede ser indicativo de que el perro no tiene la muestra fijada de manera correcta, que siente inseguridad ante la emanación que le llega y no sabe descifrar de dónde proviene exactamente o desconoce lo que hay al otro lado de esos olores que le hacen reaccionar con la inmovilidad. La muestra según las razas. Ante la gran riqueza y variedad de razas de perros de caza, vamos a elegir tan sólo unas pocas para destacar ciertos comportamientos cargados de significado que pueden aportar mucha y muy valiosa información sobre el devenir de la jornada de caza. Braco alemán: Si revisamos el estándar de trabajo del braco alemán, encontramos varios aspectos que nos indican cómo reacciona esta raza cuando entra en contacto con la caza. Podemos comenzar con el porte de cabeza. El más típico de la raza dice que no debe ser horizontal, ya que un ejemplar con estilo llevará la cabeza por encima de la horizontal, con la cabeza alta.
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