Hemeroteca :: 01/10/2007
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Reportajes
Por Redacción
Última actualización 01/10/2007@00:00:00 GMT+1
Tras la apertura de la media veda, y a pesar de haber criado bien, no se están abatiendo, en general, muchas codornices.
En algún lugar deben estar las codornices, eso está claro, por lo menos las adultas y los pollos que sobrevivieron a la recolección y empacado de la paja, tareas agrícolas muy agresivas que siguen provocando muchas bajas y dejando sin hábitat tantas y tantas miles de hectáreas a lo largo de toda nuestra geografía. Los pronósticos eran muy optimistas. Las codornices se oían cantar y los corceros las veían saltar en sus salidas primaverales rifle en mano. Esto, unido a una primavera excelente, hizo que algunos pensáramos en otro 97, aquella media veda histórica en la que había codornices hasta en los jardines de las casas. Durante la recolección de los campos de Castilla-La Mancha la euforia seguía intacta. En campos de Albacete, Cuenca y Guadalajara las segadoras levantaban bastantes africanas, al igual que en tierras más sureñas. Pero llegó el desvede y las codornices brillaban por su ausencia o estaban muy por debajo de las previsiones. La media de ejemplares abatidos por cazador el primer día en tierras de Cuenca, Guadalajara o Soria no pasó de la media docena, y peor aún en Tierra de Campos, ahora plagada de topillos y regada de veneno. Las palabras de Magdalena Iturmendi y Miguel Ángel Romero, cazadores habituales en Castilla y León, eran desoladoras. Sólo la Ribera del Duero se salvaba del desastre. “Es algo inaudito –cuenta Miguel Ángel Romero–. He hablado con gente de La Rioja, Álava, Burgos, Palencia y cero patatero. Perchas de dos, otros bolo, y sí, algunos se han colgado treinta, pero una excepción”. Ante este panorama, surge la pregunta: ¿Dónde están todas esas codornices que se esperaban? Pues... o no eran tantas como parecían, o no criaron bien o están allí donde nadie se imagina. Sí han criado bien porque se están abatiendo un gran número de pollos que, por su inmadurez, quizá no hayan podido seguir a sus progenitores. Pero volvamos a la pregunta: ¿dónde están este año las codornices? Miguel Ángel Romero comenta que en Orense, en la comarca de Xinxo de Limia, las hay a montones, cada año más, y estamos hablando de pastizales generalmente. En Asturias también se ven, aunque aquí la Consejería no deja cazarlas. En la Babia leonesa también se están cazando algunas más. ¿Esta búsqueda de zonas más frescas de media montaña, con más pastizales que cultivos, es consecuencia del cambio climático, de la presión cinegética o sencillamente que tras el paso de cosechadoras y empacadoras es donde queda un hábitat apropiado? Pero también hay bastante codorniz en el sur, concretamente en las campiñas onubenses y sevillanas. En Andalucía existe un cupo de diez codornices por cazador y día, cupo que hicieron la mayoría de los casi 300 socios de la Sociedad de Cazadores de Trigueros (Huelva) que salieron a buscarlas entre rastrojos, girasoles y olivares. De todas formas esta zona suele tener codornices todos los años. ¿Podría ser también que los años de primaveras generosas, como éste, las codornices se queden más al sur? La existencia de un hábitat aceptable es esencial para que haya codornices. Y no cazarlas hasta la extenuación. Las zonas más codorniceras de la Península no tienen este año muchas codornices, y las que están, se encuentran en cuatro arroyos o en cuatro trigales que han quedado en pie. Parece que la codorniz, al igual que otra migradora como la tórtola, e incluso la torcaz, que en otoño nos llega del norte, hace tiempo que están cambiando sus querencias. Hoy se ven codornices en lugares nuevos, sobre todo allí donde llegó el regadío, pastizales de media monta o rincones sureños donde siempre hubo y siguen teniéndolas. La tórtola también hace años que se ve en abundancia en la mitad este de la Península detrás de los girasoles y la “torcaz europea” se mete de lleno en el sur de Portugal y no sale hasta que le falta la comida, la bellota de alcornoque. En síntesis, esta pasada primavera los codorniceros estaban ilusionados, y de hecho todo parece indicar que la codorniz crió estupendamente. Pero tras la siega, allí donde no queda hábitat, se produce la estampida general, y las que quedan, dado el gran número de cazadores que las buscan, abultan poco en el morral del cazador. Habrá que investigar qué hacer para lograr que las codornices aguanten en la zona y racionalizar más la presión cinegética, dos problemas difíciles de solventar.
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