Reportajes
Caza internacional
La historia novelada del fraudulento récord del mundo de venado europeo
Sabino Santos
Última actualización 01/11/2007@00:00:00 GMT+1
La obsesión por los grandes trofeos, y más si se trata de un récord del mundo, está pervirtiendo la esencia de la caza. Algunos organizadores, sabedores de lo que puede costar un animal excepcional, recurren incluso a métodos fraudulentos como el de esta historia, que no es otro que criar en cautividad un animal extraordinario y luego soltarlo en una finca para que el ingenuo cliente lo “cace”. Pero esta vez el Consejo Internacional de la Caza estuvo al quite, descubrió el montaje y el trofeo se quedó sin su récord.
La noche del 30 de agosto del 2005, en su palacio de la alta Baviera, enredado entre las sábanas de su cama con dosel, no pudo conciliar el sueño. Llevaba negociando con Emil Dimitrov casi un mes desde que éste le ofreció un “tarabanco excepcional” en la berrea.
Durante la negociación, seguro que el precio era lo de menos. Y el arreglo sólo lo conocen ellos dos. Al barón Eberhard lo único que le preocupaba era que le firmase la garantía de que era el récord del mundo. Y se lo puso por escrito.
Emil, o alguno de sus ayudantes, ya habían localizado el venado unos veinte días antes, recién descorreado, y le habían echado los puntos. Y seguro que era el récord.
El barón Eberhard von Gemmingen sellaba a la mañana siguiente su pasaporte y la guía de su monotiro en el aeropuerto de Sofía. En el trayecto en coche hasta Etropole, en concreto a la finca “Elen”, los nervios no le dejaron echarse una cabezadita. Se lo pasó preguntando que si ya había berrea, que si había llovido, que si habían localizado el venado. En fin, cosas que el conductor ni entendía.
Al llegar a la finca y aunque el día estaba nublado, se colocó sus gafas oscuras para disimular sus ojos inyectados en sangre. Una bella señorita ataviada con el traje regional de la zona le ofreció en la entrada de la casa y según la tradición, una bolla de pan con un plato de aceite de oliva para que mojase.
Quedaba algo de luz, pero decidió cenar algo ligero, tomarse un “petrosco” y coger la horizontal hasta el día siguiente.
Cuando le despertaron ya había buena luz. Bajó a desayunar inquieto, pero le dijeron que no había prisa, que llovía a mares.
Al rato escampó y con pantalón verde de tirantes, camiseta y camisa rojas, chupa de camuflaje y gorra verde con publicidad de la finca, se subió en una pick-up con el que sería su guía esa mañana. El resto de la guardería, aunque él no la vio, hacían que oteaban y con las emisoras comunicaban que no encontraban el venado. ¡Vamos, un camelo!
Esa mañana le hicieron sudar. Aún no había nada de berrea y le subieron “a pata” hasta una cuerda donde entre unos portillos soltaron a dos laikas que pronto pararon a un íbex alpino de unos 90 cts. Le dijeron que tirara, que era muy bueno. Pero Eberhard, que por cierto tiene cara de listo, se olió el embarque y dijo que para él era pequeño y que tenía las paredes del castillo llenas de ésos animales.
Luego le pusieron dos “pavarrancos” de unos 240 puntos a tiro. También le dijeron que si quería tirar. Y él se limitó a preguntar ambas veces:
– Pero éste no es el grande, ¿verdad?
El guía se dio cuenta que no le podía endosar una pieza extra antes de llevarle al grande, pero habían sido las órdenes de su jefe. El negocio es el negocio.
Volvieron a la casa, comieron y por la tarde le cambiaron el guía. Dobrin Mateev le llevó derechito al record aún con mucho sol.
Raicho Gunchev y los demás guardas lo tenían localizado desde que había despuntado el alba. No berreaba y estaba en una hoya de helechos comiendo tranquilamente.
Sin salirse del camino, Eberhard, apoyándose con la vara de avellano, le enganchó de derechas, dos palmos trasero a la altura del hombro. Corrió el venado acusando, hasta caer de izquierdas sin vida, en un prado de heno a no más de 50 pasos. Y alocadamente corrió también el barón para aferrarse a las gorduras de semejante prodigio anual de fósforo y calcio, le contó sus 36 puntas y lloró.
Cuando regresaron a la casa con el venado ya estaba el agua hirviendo. La cocción, el descarnado y el blanqueo con agua oxigenada de 110 volúmenes del cráneo fue rápido, aunque a Eber se le hizo eterno.
Allí esperaba Emil, sonriente y tranquilo. Eber no oía nada, no sentía nada, estaba en una nube y sólo preguntaba:
– ¿Es el récord seguro?
Todos menos él sabían que sí antes de medirlo.
Eran las 10 de la noche. Con un secador de pelo eliminaron todo resto de humedad adherido al hueso y con gran protocolo se dispusieron a medir según la fórmula del CIC.
Con la confirmación de cada medida, Emil anotaba en la hoja de medición y el barón, en germánico y para que nadie le entendiera, blasfemaba de admiración como un gañan de la Cabrera:
– Promedio de ambas rosetas: 28 con 80.
– joooooder.
– Gorduras del segundo tramo del cuerno derecho: 20 con 60.
y Eber:
– La leeeeche.
– Peso 17,62 Kg, quitarle 700 gramos de cráneo y multiplicarlo por dos; o sea, 33,84 puntos.
Cuando las dieciséis valoraciones fueron hechas, Emil pausadamente las fue introduciendo en la calculadora intercalando el sumando. No se quiso “mojar” mucho con los puntos de belleza y para el color, perlas y puntas sólo adjudico un punto a cada.
A Eber se le salían los ojos de mirar la pantalla. Por fin, se apretó la tecla de resultado y apareció un número mágico. El 278,79, en verde pero por lo “bajini”. Era el récord con toda seguridad. Y el barón lloró.
Los tres meses de espera. Las normas del CIC exigen que no se proceda a la medición oficial de estos grandes trofeos hasta pasados tres meses de secado, y así el 3 de diciembre se reunieron en Traunreut, Alemania, seis miembros acreditados del CIC para proceder a su valoración oficial.
Eberhard descolgó con precaución el gran trofeo que adornaba la chimenea del salón principal de su palacio. Se le retiró la oscura tabla labrada de madera de haya y lo embaló cuidadosamente con plástico de burbujas.
Ya en la reunión, volvió a sentir el mismo nerviosismo que durante la primera medición.
Lógicamente el venado había mermado pero se compensó con algún punto de belleza. Después de remedirlo y resumarlo se procedió a rellenar, sellar y firmar por parte de los seis miembros del CIC el diploma acreditativo con su medición oficial: 278,03 puntos. Récord mundial.
Y de nuevo, aunque disimuladamente debido al protocolo, el barón lloró.
Volvió el gran trofeo, ahora con su medalla de oro, al mejor lugar del palacio. El barón todos los días antes de acostarse paladeaba un escocés a la piedra mientras lo contemplaba extasiado.
Adiós al récord. Pasó el frío invierno y ya entrada la primavera, Eber recibió una llamada telefónica donde le comunicaban que era anulada por parte del CIC la homologación de su venado y por lo tanto desposeído del récord. Que según las indagaciones del Comité, dicho venado había sido criado artificialmente en una cerca de los Alpes austriacos y posteriormente transportado hasta Bulgaria. Al barón se le heló la sangre y lloró de nuevo, pero esta vez amargamente.
Durante la 53 Asamblea General del CIC, celebrada en Limassol, Chipre, el 5 de mayo del 2006, uno de los temas a tratar fue éste. Se acordó por unanimidad anular el presente récord “al tener evidencias claras de que el macho había sido criado de una forma manipulada en contradicción a las prácticas establecidas y a los requisitos de la especie y del bienestar animal”. Además añadieron que “el cazador que participó de buena fe en su caza, fue defraudado deliberadamente”.
Esta declaración fue apoyada por la Ministro de Sanidad de la República Austriaca, su Excelencia Maria Rauch-Kallat, la cuál se encontraba presente en el acto y donde levantó su voz en contra de los trofeos artificiales y la “recordmanía” en la caza.
La posición de la Junta nacional. En España, durante la entrega de diplomas a los mejores trofeos del año, otorgados por la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza, su presidente, el marqués de Valdueza, recriminó el caso durante su discurso, abogando por la pureza en las líneas genéticas de cada especie.
En resumen, se sabía de antemano la puntuación del venado ya que durante su captura seguro que se midió. Se soltó en un sitio desconocido para él, por lo tanto se encontraba sin defensa ni querencias. Sin contar su mansedumbre manifiesta.
La sangre de elk o wapiti es evidente en su morfología. Con ella consiguen grandes longitudes de cuerna y mayor peso del animal.
No se informó al cazador sobre su procedencia ni que pudiera tener problemas en su homologación oficial.
Aparte del negocio mercantil, lícito en toda empresa, se intentó con este fraude dar publicidad a una finca en concreto, que de por sí es excepcional. Mi amigo Fran Barroso ha llevado a varios clientes y me dice que la calidad en todas las especies es extraordinaria.
En marzo de 2006 y durante las dos ferias de caza de Madrid, Ficaar y Venatoria, se hincharon a vender cacerías. Y el ex-futbolista del Barcelona, Hristo Stoichkov, parecía formar parte del equipo. Un gran mural colgado del techo con la foto del barón y su récord mundial de venado presidía el stand.
Por esas fechas aún no era el rey destronado.