Hemeroteca :: 01/11/2007
42/48
Reportajes

Causas y soluciones

Texto: Miguel Ángel Romero Ruiz Fotos: Magdalena Iturmendi y M. A. Romero

Última actualización 01/11/2007@00:00:00 GMT+1
750 millones de topillos –Microtus arvalis– invadieron dos millones de hectáreas de Castilla y León que afectaron a más de 38.000 agricultores y ganaderos, además de ¿contagiar? la turalemia a liebres y humanos.
La primera pregunta que hay que hacerse: ¿de dónde llegaron los topillos? No llegaron de ninguna parte, ya estaban aquí. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) titulaba un libro editado en 2001: “Daños en la agricultura causados por vertebrados”, donde en su página 61 describe perfectamente al topillo campesino –Microtus arvalis–. En la página 62 del citado libro se dice textualmente: “El topillo campesino ocupa toda la región pirenaica y cantábrica, llegando hasta el centro de la Península Ibérica. Actualmente, las zonas más pobladas están en la comunidad de Castilla y León”. ¿Cómo son los topillos? Posiblemente todos nos hemos encontrado con topillos en años meteorológicos similares a éste, pero no hemos reparado en si son topillos campesinos –Microtus arvalis–, topillos de montaña –Microtus agrestis–, u otros. Estamos ante unos vertebrados pertenecientes a la clase mamíferos, orden roedores, familia cricétidos, subfamilia micrótidos. Es un pequeño roedor de 8-13 cm. de longitud, de los que un cuarto corresponden a la breve cola. De constitución masiva, con orejas cortas, nada sobresalientes y cabeza ancha. El color dorsal es pardo-amarillento, y el ventral blanco-grisáceo; los jóvenes son grisáceos y no hay dimorfismo sexual en cuanto a color y porte. Es muy semejante al Microtus agrestis, del que se distingue con dificultad. Su peso varía mucho dependiendo del medio donde viven. Oscila entre 15 y 30 gramos, aunque lo normal en adultos son los 20 gr. Pueden transmitir enfermedades al ser humano como la tularemia, tanto por contacto directo como por el polvo que han tocado, y pueden tocar mucho, ya que llegan a andar dos kilómetros diarios empujados por el hambre como consecuencia de lo muy prolíficos que son, ya que se trata de una especie poligínica en la que cada macho fecunda a cierto número de hembras. Cada hembra está dotada de cuatro pares de mamas y pare cada vez de dos a cinco crías después de una gestación de unos 20 días y tiene varios partos anuales. Cada cuatro o cinco años, dependiendo del clima, hay una explosión poblacional. La Junta de Castilla y León este año admite una densidad de 1.500 topillos por hectárea. Su erradicación. ¿Se pueden erradicar sin echar veneno? Sin utilizar venenos es muy difícil combatirlos y aún utilizándolos, el éxito no está garantizado. Sin lugar a dudas es el medio más eficaz, pero hay que proceder al aislamiento de zonas mediante zanjas con agua para atacarles en superficies determinadas y... vigiladas. Luego se les va quitando la comida de los ribazos, linderas y linderones y cuando sea necesario, hay que utilizar venenos y quemas controladas. Los topillos construyen su nido en una cavidad esférica subterránea a 30-50 cm. de profundidad, que comunica con el exterior por varias galerías. En la superficie recorre siempre las mismas rutas, dando lugar a senderos reconocibles entre la vegetación. Para meter la reja del arado a medio metro hace falta maquinaria potente que tire de un monumental apero. La quema de rastrojeras, con ser eficaz, qué lo es, porque les quita la comida, no lo es del todo si pensamos en ratios de mortandad. Me explico, tomando como referencia lo publicado por la Junta de Castilla y León en uno de los Cuadernos de Medio Ambiente titulado “El fuego”, editado sobre el año 2000, dice en su página 19: “En los incendios, la temperatura en la superficie del suelo llega a ser muy elevada. Si el fuego es ligero la temperatura a tres centímetros de profundidad no pasa de 55º C. Si es muy intenso, el calor penetra mucho más, desecando y destruyendo la materia orgánica hasta los 10 centímetros”. Y dice bien la Junta, pero el topillo puede estar, y de hecho está, tal y como yo he comprobado con la azada, a más de medio metro. Si bien es cierto que el humo del fuego, al penetrar por sus troneras y pasadizos subterráneos, puede ser letal a más de esos 10 centímetros antes enunciados, tampoco es una solución infalible. Los culpables. ¿Quién ha tenido la culpa de la expansión de esta plaga? El mayor culpable ha sido la Junta de Castilla y León por varios motivos: Políticos: Después de las elecciones del 27 de mayo, José Valín dejaría de ser consejero de Agricultura y Ganadería y daría Paso a Silvia Clemente. Desconcierto: Varios jardineros municipales de Palencia podrían padecer tularemia –El Norte de Castilla 24-08-07–. Y varias centenas de noticias similares. Ecologistas: Sin comentarios. Denunciaron y lograron paralizar los primeros intentos de la Junta. Nadie dice nada del blindaje de las semillas y de la dependencia total de las multinacionales. El agricultor es un mero obrero del campo que cada vez tiene que ir a trabajar con una mayor inversión si quiere que sus tierras sean rentables. Aquí se siembra y se envenena la tierra con lo que las multinacionales del sector determinan. Punto. Desinformación: Todos los santos días el tema ha estado en los medios de comunicación sin especificar el mapa de los pueblos afectados y retrasando la información de los afectados por la tularemia que transmitieron los topillos a las liebres y a los cangrejos cuando los topillos cayeron al agua y fueron devorados por los crustáceos. A mediados de julio todos los hospitales castellanos tenían casos de tularemia y se hablaba tímidamente de que los topillos “podían ser la causa”. No sé si podían, pero pudieron y fueron centenas los asistidos médicamente por tularemia. Descoordinación: Hasta el 24 de septiembre no se anuncian subvenciones a los ayuntamientos. Pero si se han metido hasta en la zona sur de Palencia capital –Diario Palentino 24-08-07–. Ese mismo día 24 los lobos mataron 50 ovejas en Zamora –El Norte de Castilla 24-08-07, que también dice que los topillos están en la frontera con Portugal por tierras de Aliste. Buena cosecha: La cosecha de cereal supera en un 25 por ciento a la del pasado verano a pesar de los topillos –El Norte de Castilla 21-08-07–. Si los agricultores cosechan más que el año pasado, ¡dejemos que a los topillos los mate el invierno! Pero jamás pensaron en la Junta que la plaga iba a crecer tanto y con connotaciones sanitarias en los humanos. Esperpentos: La Junta contrata a un experto alemán en plagas, Jens Jacob. Fracaso. Aperos –los subsoladores son eficaces, pero no para esta plaga–, ultrasonidos, etc. etc. Con la media veda llegó el escándalo. Los ecologistas piden la suspensión de la media veda, pero tienen escaso eco. Ante los anuncios y publicaciones de la Junta tales como el publicado en la portada de El Norte de Castilla del 12-08-07, que dice textualmente: “La Junta advierte de que los cebos envenenados contra los topillos pueden intoxicar a perros y aves”, la Junta recomienda no ingerir piezas de caza. Antes ya se había pronunciado la Federación Castellana contra tal situación, tarde, muy tarde, pero se había pronunciado, y respondió a una evidencia contrastada de que el veneno no sólo mata a los topillos y que, por si esto fuera poco, contagian la tularemia a liebres y personas. Claro, en Castilla y León se expiden 143.000 licencias y en muchos pueblos la partida de ingresos por caza es la mayor del presupuesto. La Junta no da datos puntuales de los ingresados por tularemia en los diferentes hospitales y otros muchos que con un tratamiento muy simple no hubo necesidad de hospitalizarlos. El PSOE, que al final se da cuenta de que es oposición, anuncia cientos de casos de tularemia en contradicción con la Junta gobernada por el PP. Es curioso, el PSOE no decía nada al principio y parecía alinearse con ecologistas y similares. Pero luego reaccionó en agosto y se montó la marimorena. A todo esto se ponen en funcionamiento las primeras normas de la Junta de quemar rastrojos y quitarles la comida de caminos y cunetas mediante motoniveladoras y similares. Lo citado no daba el fruto esperado y al final se optó por repartir 700.000 kilos de clorofacinona de forma gratuita a 38.000 agricultores. Las publicaciones hablaban de más de 15 millones de euros por daños. La Junta se refugiaba en la burocracia para que la gente desista de hacer papeles en caso de que tenga pocos daños. Vamos, que quiso hacer lo mismo que hace con los lobos. Doy fe de primera mano. La solución final. El miércoles 15 de agosto todos los periódicos anunciaron que la Junta confiaba en erradicar el 95 por ciento de la plaga de topillos en cinco semanas. Para ello la consejería de Agricultura y Ganadería distribuyó 700.000 kilos de clorofacinona de forma gratuita a 38.000 agricultores y prosiguió con la limpieza de cunetas y quemas de labrantíos para llegar a los 621 municipios afectados –municipios, que pueblos son cerca de mil–. A últimos de agosto sólo se habían presentado 1.200 solicitudes pertenecientes a 480.000 hectáreas. Pasa lo mismo con el lobo y los pastores, pues en Castilla hay una aversión tremenda al papeleo. El veneno se mete en tubos de plástico a fin de que entren en ellos los ratones y se coman los granos envenenados sin sacarlos fuera de los artilugios ondulados y estriados. La consejera de Agricultura y Ganadería, Silvia Clemente Municio, anuncia que contratará a 55 técnicos para organizar los tratamientos químicos y se dará prioridad a los municipios de: Toro, Rueda y Cigales –los del vino–. Me acordé del castellano que lo vaticinó, pero no por ello dejé de admirar el valor y arrojo de la consejera de Agricultura Silvia Clemente Municio, quien casi antes de aterrizar en la consejería se armó de valor y se puso al frente de tamaño desaguisado heredado del anterior consejero, José Valín, quien después de diez años a cargo de la consejería se caracterizó por su inoperancia en muchos y variados asuntos tales como la falta de una comisión de expertos sobre plagas. La Consejería de Sanidad de la Junta pidió un estudio de urgencia al profesor de Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, Antonio Dueñas Laita, en el que se ha especificado que en los más de 30 años que lleva en el mercado la clorofacinona no se ha encontrado un solo caso de intoxicación humana por consumo de aves u otros animales que hubieran ingerido esta sustancia (http://www.fecaza.com). Tranquiliza a la población el Consejero de Sanidad de la Junta diciendo que el 98 por ciento de los casos de tularemia están curados en una semana –Diario Palentino 26-08-07–. Pero de la mortandad de las liebres, ni Dios dice nada. A estas alturas, es imposible acabar con los topillos sin daños colaterales, porque ellos pueden llevarse por delante a los humanos con sus contagios conocidos y desconocidos. Eso es así. La plaga, a pesar de todo, sigue sin erradicarse y no se podrá hacer una valoración definitiva hasta después de la sementera –mediados de octubre–. Esto se desprende de que la Junta recomienda meter la reja del arado 20 centímetros en la citada época –Agro Negocios nº. 372–. De todas las maneras, la UE permite seguir utilizando la clorofacinona a partir de diciembre de 2007 en casos excepcionales y con una serie de requisitos.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
42/48
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaza.com, web oficial de la revista Trofeo, decana del mundo cinegético
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.